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18 nov 2022

Muerte de Francesillo

Hay verbos de difícil conjugación, pues de hacerlo, llegan a plantear incoherencias imposibles, decía el abuelo Simón. ¿Por ejemplo? Mira, Machuca, nadie dice “yo lluevo” ni “me morí ayer”. No tiene muchas posibilidades de que alguien lo use. Obvio, pero ¿por qué lo dices? Mira hay un personaje que sí lo hizo, fue bufón en la corte de Carlos I de España, don Francés de Zúñiga, que llegó a tener más de un enemigo por lo afilada que tenía la lengua. Parece ser que uno de ellos lo mandó matar y el buen hombre recibió una puñada que le acabó causando la muerte allá en su Béjar natal. De esta guisa y mala traza sus amigos lo llevaron ante su mujer que no dejó de lamentarse y preguntar que qué era aquello. Y Francesillo, como también era conocido, usó ese humor negro que nunca le había faltado para contestar a quien fuera. Qué va a ser señora, sino que han muerto a su marido, dicen que dijo, ciertamente con verdad. 

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7 ene 2022

Alianzas que hicieron la historia

El grupo familiar se asentó en la orilla del rio. Un hombre se puso a pescar y dos mujeres hicieron acopio de agua y leña. Un anciano, el que entendía el fuego, prendió una hoguera y la estuvo azuzando todo el tiempo. En la otra orilla apareció un joven ajeno al grupo. Todos se pusieron en guardia, pero se tranquilizaron viendo que llevaba un venado al hombro y que pedía permiso para acercarse. Vadeó la corriente, saludó inclinando la cabeza y se acercó al fuego. En un santiamén despellejó el corzo, lo empaló y lo colocó sobre las llamas. La piel se la dio a una anciana, los cuernos al curandero y se inventó un juguete que regaló a la chavalería para que jugaran un rato, era la vejiga del animal muerto hinchada a modo de balón. Un precursor, aunque no se sabe de qué deporte. Al final todos comieron varios peces requetetostados y un venado sabrosísimo. La anciana, que ya estaba curtiendo la piel, le dio un codazo al curandero que estaba entretenido en tallar los cuernos, éste propinó otro golpe al hombre que atizaba el fuego y que se lo transmitió al jefe que no dejaba de roer un hueso, el siguiente codazo fue para su mujer y, ésta, dándose por aludida, cogió de la mano a su hija adolescente y se acercó al visitante. Los ojos se le abrieron desmesuradamente y le colocó un collar de dientes de jabalí que él llevaba al cuello. Y desapareció por donde había venido. Una semana más tarde reapareció con un ciervo a sus espaldas. El jolgorio que acompañó la escena desembocó en una fiesta que sirvió para sellar una alianza entre aquellas gentes que sabían que contaban con un nuevo miembro de mucho talento. Pena fue que el anciano que aventaba el fuego dejó su espalda dolorida y ya no desempeñó aquella labor por más tiempo. Pero daba igual, porque el joven cazador, con la ayuda de su nueva esposa, le suplían sobradamente.

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2 jul 2021

Un faro en Madagascar

En el extremo norte de la isla de Madagascar había un faro, en el faro una lámpara que disparaba centellas de luz y a su vera un humilde farero que se encargaba de su mantenimiento. Haja Velorinina era pobre, porque recibía un sueldo escaso y hasta miserable. Pero hizo de su miseria virtud y consiguió unos ingresos extra que le ayudaron a sobrevivir. Nada más y nada menos que regalaba luz. Así, tal como está dicho. Alrededor de las 18:00 horas, hora arriba hora abajo, anochece en El faro de Cap d'Ambre (también llamado Tanjona Babaomby). Y en aquellos años no todo el mundo disponía de luz artificial. El farero astuto abría la cancela que permitía acercarse al faro a cuantos querían leer, coser, pintar, arreglarse el cabello, crear artesanías, escribir, etc. Y de paso se dejaba regalar algo de lo que allí se cocía. No le faltaron alimentos, ropas, utensilios, conversaciones, ni amigos. Aquello llegó a ser todo un centro cultural que dinamizó el entorno. Cuántas veces oí contar a mi abuelo que él y mi abuela aprendieron a leer a la vera de aquel faro que se encuentra en el extremo noroeste de Madagascar, en el Océano Índico, a unos 60 km de la ciudad de Antsiranana y a 790 de la capital del país, Antananarivo. Valga esta historia como homenaje y sentido recuerdo de Haja Velorinina.

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1 mar 2021

Aventureros anónimos

Nadie cuenta que en el viaje que Juan Sebastián Elcano hizo alrededor del mundo viajaba un caracol emboscado en un tonel lleno de hortalizas. El pobre no pasó de Canarias. Se lo comió una gallina que tampoco llegó al Pacífico.

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8 ene 2020

Con rigor histórico

Cristobal Colón descendió de la nao Santa María y lo primero que hizo fue colocarse las calzas en su sitio. Los indígenas se echaron a reír por enésima vez y una voz de trueno puso las cosas en su sitio. ¡Corten! ¡A comenzar de nuevo! ¡Brad Pitt, póngase tirantes, pídaselos al sastre! Es que con el agua cogen peso y siguen el camino de la gravedad, protestó el aludido que, cansado de repetir la escena una y otra vez, deseó el papel de nativo. Por los menos, ellos iban en pelotas.
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12 jul 2019

Memoria histórica

Fulano de Tal se compró un aparato que detectaba la presencia de metales. Era cuestión de pasarlo por el suelo y esperar a que soltara un pitido. Si el metal oculto era grande o pequeño sonaba más o menos agudo. Al principio, Fulano de Tal encontró chatarra, monedas y poca fortuna. Pero un día se hizo muy famoso y apareció en todos los periódicos. Encontró en una cuneta una bala, para más señas, alojada en un cráneo que, por más señas, pertenecía a un personaje local desaparecido en la guerra y que, luego se supo, había sido sumariamente ejecutado. Pronto pusieron nombre y apellidos a los restos y se le rindieron los honores mínimos que un ser humano se merece. Como dijo el alcalde en un acto oficial, reparación, justicia y verdad. Fulano de tal, sorprendido y asustado por el revuelo y trascendencia de su inocente actividad, miraba a su aparato sin entender mucho. Eso de hacer aflorar la memoria triste de una guerra no le gustaba. ¿Para qué enredarnos con cosas del pasado? Y justo en aquel momento el artilugio detector de secretos comenzó a soltar un agudo pitido que desconcertó a Fulano de Tal. ¿Estaré equivocado? ¡Pi, pi, pi!, insistía el detector.
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9 nov 2018

Justicia sumarísima

Escondidos en un recodo del camino los bandoleros acechaban a los viajeros para desplumarlos. Aquella mañana estaba siendo provechosa, habían dejado sin blanca a dos aldeanos que volvían del mercado, también les habían birlado el morral a dos frailes mendicantes y aún tenían tiempo para dar otro asalto, ya que para el mediodía seguro que la guardia de caminos se presentaría por allí para poner orden. Y tuvieron suerte, porque en el horizonte se comenzó a divisar un bulto que se acercaba. Tomaron posición y cuando llegó el incauto viajero lo asaltaron, le dieron una manta de palos y le dejaron sin el atillo de sus pertenecias y sin faltriquera. Y se quedó casi desnudo, maldiciendo su suerte ante el borrico que le acompañaba sin entender nada. Los bandidos huyeron a su escondite e hicieron recuento de las ganancias. Fue un día provechoso. Bueno, no del todo, porque Saulillo, el meritorio de 15 años que se había sumando a la banda recientemente, le puso nombre a la última víctima. El del asno era el compadre Sancho Peregil, el padre del Cuadrillero Mayor de la Santa Hermandad, Alonso Peregil. Todos se quedaron pálidos y decidieron huir a lugares reconditos donde permanecer ocultos por un tiempo. En vano, al de un mes, aquellos disciplinados jinetes de la Santa Hermandad, vestidos de verde, con un coleto o chaleco de piel hasta la cintura y unos faldones que no pasaban de la cadera, les prendieron. Y transcurrido otro mes pasaron por el patíbulo para escarmiento de todos, para mostrar que la justicia debe presidir la vida de los pueblos y para mayor gloria de Dios, todo hay que decirlo. Los dos aldeanos y los frailes medicantes que iniciaron la historia como perdedores, al igual que Sancho Perejil, durmieron satisfechos. Dios estaba con ellos.
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6 abr 2018

El origen del saber

Cristina es una experta en Churchill. Al menos eso pensamos todos los amigos, pues ella siempre tiene a mano frases y dichos del que fue primer ministro de Downing Street durante la Segunda Guerra Mundial. Así, por ejemplo, nos cuenta que el prócer británico decía cosas como que quien habla mal de mí a mis espaldas, mi culo contempla. Yo hace tiempo que trato de aplicar esta máxima y me sirve de mucho consuelo. También nos asegura que el hombre del puro en la boca comentaba que a menudo me he tenido que comer mis palabras y he descubierto que eran una dieta equilibrada. Esto es algo que yo mismo tengo en cuenta, porque me viene bien de vez en cuando una lección de humildad. Pero Cristina lo completa con otra frase de Sir Winston Churchill sobre mascotas que acaba de ponerme los pies en el suelo: Me gustan los cerdos. Los perros nos admiran. Los gatos nos menosprecian. Los cerdos, sin embargo, nos tratan como iguales. Os podéis imaginar que éstas son algunas de la muchas citas que nos trae a la conversación nuestra amiga. Pero lo más sorprendente es el origen de esta afición. ¿Que de dónde me viene este saber? ¡Ay hijo, si yo te contara! Tengo muchos años y por fortuna tuve estudios. Mi madre, por contra, nació y murió analfabeta, cosas de la posguerra. Le gustaba que le leyeran cosas, así que desde niña, en cuanto aprendí a leer, todas las noches, durante muchos años y antes de acostarme, tenía que leer algo a mi madre durante media hora. Y en mi humilde casa de la posguerra, ¡sólo había un libro! con título y subtítulo elocuentes: "No nos rendiremos jamás. Los mejores discursos de Winston S. Churchill". 
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19 mar 2018

Bonita leyenda, romántica

Cierto día, un campesino suizo del pueblo de Bürglen en el cantón de Uri que, acompañado de su hijo paseaba por la plaza de Altdorf, fue detenido por no inclinar su cabeza al pasar por delante de la efigie del soberano de la Casa de Habsburgo. El gobernador lo detuvo de inmediato y le impuso un castigo para demostrar quién era allí el que merecía todos los respetos y más, si hacía falta. El mandamás, enterado de la fama de buen arquero del detenido tramó su castigo: Debía disparar a una manzana colocada a 100 pasos de distancia en la cabeza de su hijo, so pena de muerte en la horca en caso de no acertar. De nada valieron los ruegos. El angustiado padre introdujo dos flechas en su ballesta y acertó de lleno en la fruta en el primer lanzamiento, librándose de la pena, aunque no de la curiosidad del gobernador. ¿Por qué cargaste dos flechas? La segunda, en caso de fallar la primera, era para ti. El gobernador muy ofendido reaccionó de la peor manera. Estalló en cólera, y con una nueva arbitrariedad alentó definitivamente la independencia de los cantones suizos de Uri, Schwyz y Unterwalden contra los Habsburgo. Por eso, y otras cosas más, Guillermo Tell es un mito en Suiza.
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1 ene 2018

Intrahistoria

Visitaba yo una afamada bodega donde se elaboran caldos muy celebrados. Desde 1916 producimos vino, decía el guía, es decir, somos ya 5 generaciones seguidas acumulando sabiduría y éxito. El iniciador fue nuestro bisabuelo, Jordi Garamunt, añadía seguidamente, que plantó en sus tierras las primeras cepas de Garnacha y Malvasía; sus descendientes hemos mantenido su legado y hoy, aquí, se comercializan 350.000 botellas de crianza, reserva y gran reserva con la marca Garamunt vi negre. Nuestro bisabuelo fue un precursor, explicaba, él repobló nuestros montes con los primeros robles franceses de la comarca, él construyó sus primeros toneles con esta madera y él mimó los caldos en su interior, de forma que nuestra marca es reconocida en todo el mundo por su excelencia, en sabor, color y aroma. Podrán comprobar todo lo que digo en la degustación al final de la visita. Estas explicaciones, y otras más prolijas, finalizaron en la sala de catas donde en 4 copas diferentes saboreamos caldos que anunciaron como varietales y monovarietales, según la preponderancia o mezclas de cepas. A mí, bebedor aficionado y desconocedor de la habilidades de un sumiller, todos me parecieron buenos. ¿Notan el aroma de este reserva? ¿Perciben los compuestos fenólicos que aporta la madera? A todo dije que sí, que yo mismo sólamente estaba concentrado en aquel vino prodigioso que empapaba de aroma mi nariz, que saboreaba apretando la lengua contra el paladar sintiéndolo dulce en la punta, ácido en los costados y amargo en la parte posterior. Me dijeron que esto era por el tanino. Cerré los ojos y dejé que fluyera por mi garganta. El guía sonrió cuando los abrí y dije en voz alta algo así como que su bisabuelo había hecho un gran trabajo. Él me señaló una gran foto donde posaba un hombre con bigote y sombrero. Dele las gracias a él. Y me fui muy ufano de la bodega. En el exterior me topé con un anciano que paseaba apoyándose en un bastón. Un tanto espoleado por el alcohol entablé conversación. Buen vino tienen en este pueblo. Cierto, me contestó. Un gran hombre el señor Garamunt, añadí. Un negrero, eso es lo que fue, me contestó, que nos daba un jornal de miseria. ¿Sí? Nos pagaba con fichas para que compráramos género y comida en su economato, en las viviendas vivíamos hacinados, en navidad nos regalaba un saco de lentejas y nos cobraba el agua y la luz. Esclavos. ¡Ah!, le dije como única contestación. Os juro que no se me cortó la digestión, porque el vino era mano de santo, pero ganas, lo que se dice ganas, tuve.
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22 dic 2017

Dios estaba al este

Dicen que Rodrigo de Triana se quedó con la boca abierta, los ojos nublados y una respiración temblorosa. ¡Allí, allí! gritó. ¿Qué? preguntó un marino tumbado sobre unas estachas en la amura de babor, bien flaco por cierto, que se hurgaba la nariz de puro aburrimiento. ¡Tie tie tie rra a a a la vista!, balbució el vigía encaramado en el palo mayor. El flaco se incorporó de golpe, escudriñó entre las nieblas del amanecer y echó a correr hacia el puente para informar al oficial. ¡Que, que que..., vaciló el marino, que, que...! ¡Voto a bríos! ¿Qué pasa? gritó el segundo de abordo. ¡Que, que, continuó el marino, que ya tenemos a a a agua, vi, vi víveres! Para entonces Rodrigo de Triana pudo descender del puesto de vigía y traducir las palabras del marino. ¡Tierra a la vista! gritó. El oficial aguzó su mirada y entró como un caballo desbocado en el camarote de Cristóbal Colón. ¿Qué le dijo? Poco debió ser, aunque suficiente, porque el famoso marino que llegó a tierra americana el 12 de octubre de 1492, a las 2:00 de la mañana, salió en paños menores y allí mismo, viendo la culminación de su viaje, se arrodilló y mostrando la popa al nuevo continente, digamos que el culo orientado al oeste, entonó un Tedeum laudamus que secundó toda la tripulación que aún no estaba enferma o dormida. El marino que estaba sentado en unas estachas en la amura de babor imitó su gesto y presentó sus posaderas al este. No se sabe quién fue más honesto.
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3 nov 2017

Greconostalgias

Un mosquito se posó en la calva del tío Machuca y éste inmediatamente se defendió con un manotazo y un ¡cagüen Diógenes! que hizo huir despavorido al insecto.
-Pues a mí, le comentó el abuelo Simón, de haber vivido en la Antigua Grecia, lo que menos me hubiera gustado era cruzarme con Diógenes, el filósofo de las malas pulgas. Estoy seguro que hubiera salido escaldado con alguna de sus puyas.
-¡Uf! Ese sí que hablaba con toda la libertad del mundo.
-Si no que se lo pregunten al mismísimo Alejandro Magno que se llevó un rapapolvo por dar sombra a aquel hombre que vivía en un tonel cuando fue a ofrecerle sus favores.
-O al rico comerciante que le reprochó que escupiera en el suelo y se encontró con un, perdón, escupitajo en la cara bajo el argumento de que razón tenía, que su cara era el sitio más sucio que se podía encontrar.
-Por cierto, Alejandro le preguntó a ver si no le temía y el filósofo le hizo una pregunta más. ¿Te consideras un buen o mal hombre? Como el rey optó por la primera propuesta, escuchó un “por eso no tengo temor alguno”.
-Leí también que iba a los baños públicos y saludaba a un citarista del que los atenienses se burlaban por tocar y cantar fatal. Diógenes le llamaba cariñosamente el gallo y lo trataba con afecto. Cuándo el artista le preguntó el porqué del apodo, no pudo dejar de ser sincero. Le explicó que “eres como un gallo, cuando cantas levantas a todos" .
-No se callaba con nadie, era burlón y sarcástico, un auténtico filósofo cínico.
-¡Qué lejos estamos de él! Sus únicas pertenencias eran un manto, un zurrón, un báculo y un cuenco, bueno, hasta que un día vio que un niño bebía el agua que recogía con sus manos y se desprendió de él.
-Despreció siempre las comodidades...
Se hizo el silencio entre los dos amigos, sin duda recordando otros muchos detalles de la biografía del sabio griego que habían leído en una tertulia literaria en la que solían participar. Finalmente rompió el silencio el abuelo Simón.
-Cada vez que oigo mencionar eso del síndrome de Diógenes se me revuelven las tripas. ¡Mira que asignar el nombre de este gran filósofo a un trastorno de conducta...!
-El síndrome tendría que ver con el cinismo, no con un acumulador de basuras.
-Eso.
-Pues claro.
-¿Crees que si continuara en este en este mundo con un farol en la mano buscando a un hombre, como él decía, lo encontraría?
-¡Qué va!
-Ni aunque llegara al árbol este de las confidencias...
-Ni aquí.
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25 oct 2017

Un tal... Tales de Mileto

Cuenta nada menos que Platón una historia curiosa del personaje que da título a esta historia. Dice que, un día que estaba en labores de astrónomo, cayó a un pozo mientras iba andando por el campo y que una campesina tracia no paraba de reírse de la torpeza del pensador. Y cuenta que el sabio se sintió obligado a dar una excusa. Dicen que dijo que tenía tanta curiosidad por conocer el movimiento de las estrellas que se le escapaba lo que había justo a sus pies. Quedó como un tonto.
Pero cuenta nada menos que Aristóteles que sus coetáneos también le reprochaban su poca atención a los asuntos materiales. Y esta vez se la devolvió con creces, puesto que aquel mismo año compró un buen número de prensas de aceite, esas que por aquí se llaman almazaras o trujal, no sé muy bien, y sacó un buen dinero al arrendarlas en la siguiente cosecha. Y explica nada menos que Aristóteles que simplemente aplicó sus conocimientos astronómicos y fue capaz de predecir una gran cosecha. Esta vez quedó como un listo.
Por último, cuenta nada menos que Herodoto que Tales de Mileto predijo con exactitud un eclipse en un momento en que lidios y medos estaban en guerra. Por cierto, que dicen los astrónomos que tuvo que ser un 28 de mayo del año 585 a.C. Y el tal Herodoto cuenta que los contendientes lo tomaron como una señal divina y depusieron las armas, cesó la batalla, llegó la paz. Aylattes, el rey de Lydia, y Cyaxares, rey de los medos, dieron por finalizada la contienda. Aquel día Tales de Mileto quedó como dios.
Así dicen que era Tales de Mileto, filósofo, matemático, geómetra, físico y legislador. Y que se sepa, quizás se olvidó del sombrero, pues murió de una insolación. Nada menos que un tal Tales de Mileto. Tanto estudiar los astros y no saberse defender de sus peligros. ¡Ay! Cosas de genios.
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20 oct 2017

Historia olvidada

Nació en un poblado de la cuenca del río Congo con el nombre de Britto Mabila. Estaba destinado a ser un esclavo más, como su padre y su madre, en la explotación de caucho que una empresa belga mantenía en activo, por cierto, en unas condiciones impropias de los modos y maneras del S. XX. Que se sepa, el rey, Leopoldo II, propietario particular a todos los efectos del Estado Libre del Congo desde 1884, pasó a la historia como el artífice del llamado “holocausto olvidado”, ya que gestionó el país como si fuera su propia hacienda, se dice que llegando a exterminar de modo cruel hasta 10 millones de aborígenes. El caso es que Britto Mabila, que es el protagonista de esta historia, y no el monarca genocida, a la tierna edad de 8 años, y a punto de morir en una hambruna, fue recogido por los Padres Blancos en su horfanato. A partir de ese momento vio encaminada su vida como seminarista, mejorando claramente las expectativas de futuro a la vista de lo que le ofrecía el monarca europeo. Pero la historia de lo que hoy es la República Democrática del Congo dio muchos bandazos, hasta el punto que Britto Mabila aceptó más tarde, sin mucho conocimiento, ser adoptado por una familia protestante belga que estaba horrorizada con los abusos de su monarca. Y llegó a Europa, donde estabilizó su situación y se hizo, en todo el sentido de la palabra, un hombre libre, serio y respetado en el Reino de Bélgica que años más tarde comandaba el rey Alberto I de Bélgica, sobrino del esclavista que esquilmó el caucho y el marfil del país africano. Allí cambió su nombre y Britto Mabila pasó a llamarse Britt Martens, apellido de adopción que acabó camuflando sus orígenes y las vergüenzas de su país de acogida. Toda esta historia, resumida a toda prisa y en dos trazos gruesos, era lo que el protagonista de esta historia contaba a sus compañeros de faena en el cementerio de Tyne Cot, en Ypres, siempre que se interesaban por saber las circunstancias de la vida de aquel hombre de piel oscura. El lo remataba con un poco de humor. Trato mejor yo a los difuntos blancos que ustedes a los míos, decía, mientras cuidaba las 35.000 tumbas que dejó allí, en Ypres, la Gran Guerra.
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11 ago 2017

Momento histórico donde los haya

La partera, en cuanto vio asomar el bebé con el dedo índice extendido, lo tuvo claro. Este va a ser un adelantado, un prócer que va a alumbrar nuevos mundos. Y no se equivocó en nada, aunque ella no llegó nunca a enterarse de su acertado vaticinio. Sólo supo que el niño se bautizaba como Cristóbal y que era hijo de un tal Colón.
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10 feb 2017

Una de sofistas

La hilera de mujeres y esclavos que se acercaba al pozo a cargar los cántaros de agua era larga. Una vez llegados al lugar, primero se refrescaban y después los llenaban hundiéndolos en las aguas para, seguido cargarlos en la cadera, equilibrarlos en la cabeza o llevarlos a hombros. Apostado en el brocal, el filósofo en prácticas Critias de Efeso, disertaba todos los días sobre la conveniencia para los portadores de cualquiera de estas tres alternativas, aconsejando según sexo y edad la que consideraba más conveniente. Ya con la carga encima, su discurso resultaba tan inoportuno que más de un día tuvieron que sacarlo a punto de ahogo del mismo pozo. Pero el persistía una y otra vez, porque, como él argumentaba, un filósofo sofista era un maestro de la sabiduría. Y ésa era su aspiración.
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6 feb 2017

Cómo se hace un orador

La primera vez que aquel griego desconocido subió a una tribuna provocó chanzas y risas. Tiene una voz oscura, dijeron unos, tartamudea, denunciaron otros, encoge los hombros como si tuviera pulgas, se mofaron otros más. Pero él no se rindió, estaba acostumbrado a defender con argumentos aquello en lo que creía. Prueba de ello era su corta biografía en la que destacaba la lucha exitosa que llevó contra los fideicomisarios que abusaron de la herencia que su padre había dejado a un hijo huérfano de 7 años y que mostró lo dotado que estaba aquel joven para la oratoria. Y se dice que no se rindió, porque, cuentan las crónicas, que se impuso una disciplina severa que se ha hecho célebre: se ejercitaba en la dicción con piedrecitas en la boca para mejorar la elasticidad y sonoridad de la cavidad bucal y, por ende, el tartamudeo, acudía a la playa para hacerse oír a pesar del murmullo de las olas, se afeitaba media cabeza para obligarse a no salir y permanecer encerrado meditando y preparándose. Incluso se cuenta que copió de su puño y letra ocho veces la Historia de la guerra del Peloponeso del historiador Tucídides. Y ¿qué decir de sus movimientos convulsivos? Lo arregló por la tremenda, ya que ensayaba discursos en un espacio angosto con una lanza suspendida a la altura de sus hombros para que le hiriera en caso de elevarlos instintivamente. El caso es que aquel joven nacido en Peania, pueblo de la tribu Pandionida, en el Atica, núcleo duro de la cultura helénica, fue capaz se llegar a ser el más grande orador de la antigua Grecia. Y no se puede poner en duda esta afirmación, que hablamos de Demóstenes

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3 feb 2017

Santimamiñe, del magdaleniense

En la entrada de la cueva crepitaban las llamas y una vieja ahuyentaba el humo batiendo una piel. En el interior un anciano escarbaba con las uñas la médula de un hueso sacado del fuego y se soplaba las yemas para aliviar la quemanzón. Al fondo de la cueva, un hombre provisto de un tizón, pintaba en la pared. Un niño tiritaba sobre un lecho de hierba y una mujer joven y embarazada curtía una piel eliminado los pelos con una raedera que movía con enérgico vaivén. Tres adolescentes molían semillas sobre una piedra desplazando una rodillo por encima, recogían la molienda en un cuenco de calabaza con agua y lo acercaban al calor de la hoguera. Entonces apareció un hombre mayor de luenga barba y abundantes canas que llamó a todos con grandes voces. Se dirigieron al interior de la cavidad y se detuvieron frente a las pinturas recientes, seis caballos, un oso, unos cuantos bisontes y muchas cabras. Todos se postraron de hinojos con un silencio reverente. El oficiante de la ceremonia les juró que todo lo que había allí estaría pronto en sus manos. Todos se enardecieron y prorrumpieron en gritos de entusiasmo. El niño aterido se acercó a la pared, tomó el tizón y dibujó en pocos trazos un sol con muchos rayos. Todos aplaudieron, pues todos deseaban la desaparición de los hielos y templar de una vez sus cuerpos. Al chamán, sin embargo, no le hizo ninguna gracia aquella intromisión en sus poderes. Pero sonrió. Se le acababa de ocurrir una idea. Aquel niño desnutrido sería la próxima ofrenda que harían a los dioses si las cosas no se enderezaban. Volvieron todos a sus tareas y el chamán se tomó en grandes sorbos la sopa que le habían preparado en la calabaza. El niño lo observó con envidia y pensó que también tendría que haber dibujado en la pared una calabaza hueca.
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4 mar 2016

Actores sin glamour

Siempre he admirado a los pioneros del cine mudo que hicieron de un penoso trabajo una profesión muy apreciada en la primera mitad del S. XX. Hablo, por ejemplo, del hombre que no sonrió nunca, Joseph Keaton, conocido después como Buster, nacido en 1895 y que comenzó a pisar un escenario antes de los 5 años. Le disfrazaban como a su padre, actor de vodevil, y lo conseguía parodiar con mucho éxito. Su progenitor hacía gracias a su consta, como lanzarlo por el aire, arrojarlo al foso de la orquesta y, sujeto por los pies, usarlo como escoba para limpiar el plató con su peluca. Y así llegó a ser una estrella. Cómo sería el asunto que al llegar a los 12 años una sociedad de protección a la infancia, Gerry Society, consiguió por fin parar aquel espectáculo degradante e inhabilitar por dos años a Joe Keaton para actuar en USA. Emigraron a Gran Bretaña. Con 22 años regresó a su país y comenzó a labrar su merecida fama como comediante, llevando el control absoluto de todas sus películas y no permitiendo ser doblado jamás por ningún extra. Con 28 años esto cambió y pasó a trabajar bajo el control de una compañía como actor, viéndose sometido a la disciplina de un estudio cinematográfico, MGM, sin más, Y dicen las crónicas que a los 33 años comenzó su declive, relegado a guionista de gags y a entregarse en brazos del alcohol. Vaya este texto como homenaje a Stone Face, Pamplinas o Cara de Palo, un humorista y filósofo, triste, ingenuo, absurdo y humano. Un personaje que ya con 70 años ayer pude ver con nostalgia en un film de 1965, The rail rodder. Ese mismo año falleció.
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2 mar 2015

Los ona, pueblo perdedor

Entró en la cabaña y como si de un nuevo rito se tratara apretó el interruptor. De inmediato todo se iluminó y quedó a la vista lo que había en la estancia. Kupén Namentará sonrió satisfecho. Era el primer Namentatará de la historia que alumbraba su cabaña como lo hacía los gringos. Se volvió hacia atrás e hizo pasar a todos sus acompañantes que, con la boca abierta y mudos de sorpresa, no dejaban de mirar a la bombilla. En un momento recobró el protagonismo Kupén.
-Miren mi mano y verán qué poder tiene.
Giró la llave de la luz y se hizo la oscuridad, para de inmediato invertir el movimiento e iluminar de nuevo la estancia. Uno a uno pasaron todos los visitantes a probar el artilugio, quedando maravillados. Y ponderaron mucho aquel adelanto que, decían, alargaría los días del largo invierno.
-¿Cómo lo has conseguido? -le preguntó un anciano.
-Es un regalo del señor Brown -les explicó a todos-, a cambio de que pasten sus rebaños en las orillas del Beagle.
-Se llama Onashaga, el canal de los onas -le replicó el anciano, celoso del saber ancestral.
Se hizo un silencio espeso e incómodo que rompieron los más jóvenes.
-Pronto llenarán los pastos de alambradas.
-Y nos prohibirán cazar.
-Tendremos que buscar otros territorios.
Un cuarto ona allí presente no habló con palabras, sino con hechos. Dio un manotazo a la bombilla y se hizo la oscuridad, levemente rota por la débil luz del ocaso. Nadie se sintió incómodo, ni el mismo Kupén Namentará que comprendió que la bombilla del señor Brown estaba lejos de ser un progreso para los onas, más bien todo lo contrario.
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