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25 ago 2021

Cómo diezmar la población


Llegó el mes de julio y no paró de llover. El pueblo llano se cobijó bajo una encina centenaria y todos aprovecharon para discutir asuntos graves. Se lamentaban de que la pandemia no cesaba. Aquellas buenas gentes andaban confusas y veían cómo el número de tontos crecía. Esto es una plaga bíblica, se quejaban los hombres temerosos. Un castigo divino, insistía la gente piadosa. Esto es más una hecatombe traída por el cambio climático, defendían los cuidadores del planeta. Estamos modificando peligrosamente el equilibrio natural. Esto es culpa de los chinos y de un gobierno errático. Los jóvenes tienen la culpa, acusaba un viejito, no saben o no quieren autoprotegerse. Parece mentira que estemos tan desinformados con tanta información, protestaba un veterano docente. Es que yo quiero ser libre, gritaba un "porretas". Al final cerró la discusión un anciano arrugado, biólogo en sus años jóvenes, y hoy cargado de saber, con un exabrupto: Pedazo burros, les recriminó, estamos aquí todos juntos y nadie lleva la mascarilla en el pico. Iros al carajo.

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4 may 2020

Todos filosofamos


Una vez estuve enfermo de paperas, decía el abuelo Simón, y lo pasé mal.¿Síntomas? No me acuerdo, creo que me dolía la garganta y no podía tragar ni un vaso de leche. Pero, preguntaba el tío Machuca, mal, ¿por qué? Era un niño, estaba encerrado en casa y los días se me hacían eternos. Y cuando se acabó el encierro, fui feliz, fui consciente de que la vida era bella. ¿Lo dudabas? No sé, en aquella edad no filosofaba tanto. Pues qué quieres que te diga, decía el tío Machuca siguiendo el hilo, ahora que soy mayor filosofo un poco y me doy cuenta de que Marx no tenía razón con aquello de que sólo hay dos clases sociales, los ricos y los pobres. ¿? Sí, ahora me doy cuenta que hay dos clases más evidentes, los enfermos y los sanos. ¡Ah!
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5 sept 2018

Experiencias de quirófano

Juan Badaya se pasó cuatro horas en un quirófano, en manos de un equipo de especialistas que lo dejaron listo para enfrentarse de nuevo a la vida. Naturalmente, los profesionales de la medicina trabajaron con todos los sentidos alerta, mientras Juan Badaya permanecía anestesiado sin ser consciente de nada de lo que ocurría a su alrededor. Al despertar, preguntó la hora y vio como unas batas verdes desaparecían del entorno como escondiéndose entre la niebla. Bastante tenía él para preguntar más. Medio adormilado, aguantó como pudo y tuvo que esperar hasta el día siguiente para empezar a ser consciente de su nueva situación. Atado a una cama blanca, muy blanca, vio desfilar a mucho personal sanitario que le llamaban por su nombre, que le atendieron bien, que le mimaron, en pocas palabras, y que le permitieron tomar conciencia de su estado. Pero la sorpresa llegó cuando un sonriente equipo médico de cuatro mujeres y un varón rodeó su cama, saludaron, por supuesto, y con una familiaridad excesiva, le miraron hasta las entretelas, le informaron de los pormenores de la intervención y sobre el proceso que restaba. Sabían mucho sobre Juan Badaya, a pesar de que el enfermo, eso creía, no les había dado pie. Evaluaron las cicatrices, la evolución de la zona de intervención y con los mejores deseos y acertados consejos, acabaron yéndose a otra parte. Juan Badaya quedó confuso. ¡Corchos! se decía, mientras yo estaba dormido, ellas y ellos se han pasado 4 horas trajinando con mi cuerpo y han cogido confianza, ¿no? Eso será. Y entre risas les decía a los amigos, parafraseando al bufón de la Corte de Carlos V, don Francés de Zúñiga, que "por lo menos, no me han muerto".

28 abr 2017

Desahogos de un longevo

Anoche soñé que bebía un vino de la cosecha de Rioja 2050. Hice trampa, porque en vez de seguir el brindis que me proponía el anfitrión, me fijé descaradamente en la etiqueta de la botella y vi que ésa era la fecha del embotellado. Además era un reserva, por lo que la fecha de la celebración sería, como mínimo, dos años más tarde. Lo entendí como una premonición. Me desperté ilusionado, porque el futuro se me presentaba halagüeño, con buena salud y centenario. Estos son las pruebas, diagnósticos o chequeos que me gusta que me hagan, no los escáneres, ecografías, colonoscopias, resonancias magnéticas, biopsias, radiografías, endoscopias y demás gaitas del Servicio de Salud que tanto esfuerzo despliega por convertirme en inmortal.
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13 nov 2015

Ansiedad

Las pastillas para combatir la ansiedad que últimamente me receta mi médico vienen en dos tabletas de 28 pastillas cada una, con lo que hacen 56 en total. He pasado varios meses pensando en el porqué de esa cifra caprichosa y hasta he pensado en quejarme en la farmacia de ese despropósito. Menos mal que no he dado el paso, porque yo sólo he descubierto la razón. Y es que al lado de cada pastilla diminuta, en letra pequeñísima viene escrito en seis idiomas los días de la semana (Zo, Dim, So, Søn, Sin, Dom, por ejemplo en domingo). Y menudo quebradero de cabeza tengo ahora para acertar con la que debo tomar cada día. Creo que si me equivoco no me harán efecto. ¿Por qué, si no, han escrito los días de la semana al lado de cada una? No tengo más remedio que ir de nuevo a mi médico para que me recete algo contra esta angustia que me asalta cada mañana frente al pastillero.
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