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12 ago 2019

Juan Badaya encuentra el camino de la santidad

Durante un tiempo odié a los pajaritos. Fue en la época en que aprendí a decir mentiras. Yo era inexperto y mi madre me pillaba siempre. Lo argumentaba diciendo que un pajarito se lo había dicho. Así que que desconfié de todo bicho volador y traté de hacer todo a escondidas, lejos de los chivatos con alas. Cuando me salió el bigote recuperé la confianza en los pájaros, aunque seguí practicando el noble arte de la mentira piadosa. Hoy es el día que no tengo interés en decir mentiras, apenas saco beneficio de ello, y me quedo embelesado ante el trino de un pájaro. Creo que estoy alcanzando la santidad, como San Virila, el monje del Monasterio de Leyre que se quedó 300 años embelesado ante el canto de un pajarito. ¡Cuántas mentiras debió decir antes para llegar a tanta quietud! Digo yo.
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18 feb 2019

Acerca del millar de relatos de Juan Badaya

Aquella mañana la conversación del abuelo Simón y el Tío Machuca giró alrededor de un tema. ¿Sabes? El tal Juan Badaya lleva ya 1000 textos breves publicados en su blog. Sí, ya sé, creo que los alcanza hoy. Tiene mérito publicar tres relatos todas las semanas, ¿no? Sí, es cierto. ¿De dónde sacará tantas ideas? ¡Qué imaginación! Bueno, hasta nos saca a ti y a mí de vez en cuando. ¿Cómo se entera de nuestras andanzas y discusiones? ¡Eh, no pensarás que yo me chivo! Pues ¿cómo lo escribe? Para mí que se lo inventa. ¡Je! Nos podemos querellar por intromisión ilegítima en nuestro derecho a la propia imagen y atribución de opiniones... ¡Bah! Pierdes el tiempo, a mí me gusta cómo me retrata, quedo bien. Bueno, yo no sé qué contestar. Que sepas, esto lo dijo el abuelo Simón, que me ha contado que hay lista de espera de nuevos personajes para aparecer en los relatos breves. ¡No jodas! Me ha dicho que ya le han escrito varios lectores para protagonizar algún microrrelato y que, incluso, le sugieren argumentos. ¡No fastidies que nos va a postergar a nosotros dos! Nada, tranquilo, hoy hablamos con él y alargamos el contrato, total, es cuestión de una cerveza. Vale, pero no te vayas de la lengua ni des ideas, ¿eh? Ni te preocupes, para lo que le publican...
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25 ene 2019

Historias de la resistencia


En mi época en la clandestinidad tuve que idear muchas tretas para despistar a la policía. Claro que muchas veces estuve a punto de ser atrapado o morir, pero tuve suerte. La ocasión más peliaguda, sin embargo, la pasé con mis aliados. Hice 500 km. disfrazado de cura y llegué hasta las posiciones de los maquis, soldados perdedores y republicanos que seguían en los montes después de acabar la guerra. Cuando me vieron, me querían limpiar el forro. Con razón. ¡Me tomaron por cura! Me costó unos cuantos juramentos y mucho tiempo convencerles de que yo les podía sacar por el mar y librarles de Franco y de la Guardia Civil. Y así fue. Al final les metí en un viejo pesquero y llegamos a la Francia liberada de los nazis. ¡Uf, que apuros! Esto contaba, entre risas y ya mayor, Lezo de Urreztieta. 
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18 ene 2019

Cuando yo era grumete

Me enrolé de niño en un barco de carga y llegué muy lejos. No tenía nada que ver que mi padre fuera el capitán, porque pronto mostré maneras. Estaba al servicio de todos, pero yo siempe encontraba la manera de sacar provecho. Por ejemplo, descubrí que era posible comprar hojas de afeitar en un puerto y venderlas en el siguiente por veinte veces su valor. Y de este modo es como hice amistad con el dinero. También reconozco que los marinos eran fáciles, porque mira que les engañaba con la bebida. Más de una vez me acercaba a la cocina y llenaba varias botellas con vino, sólo la mitad, porque el resto era agua que tomaba del tonel de los garbanzos que estaban a remojo. ¡Jo! Se lo bebían todo y hasta algunos se emborrachaban. Con estas y otras tretas es como fui haciendo fortuna y haciéndome mayor. Después ya tuve que hacer cosas más serias, de las que salí como pude, como la guerra en mi país y también en Europa. Pero eso lo dejo para después, que eso son palabras mayores y esto es un relato breve. ¡Ah, que no me he presentado! Me llamo Lezo de Urreztieta.
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15 feb 2017

Ventajas de ser un desmemoriado

Uno mismo en persona pasó por la experiencia de vivir interno en un colegio en el que se ocupaban unas horas en progresar en los estudios y otras muchas más en garantizar la supervivencia. Fueron tiempos duros de misas y rosarios, credos incuestionables, autoridad sagrada, reglas, castigos, sermones y recreos salvajes donde se aprendía que en la jungla también hay reglas, jerarquías, goces y muchos espacios para soñar. Un servidor hizo todo el aprendizaje desde novato a medio veterano y en todo ello prosperó, hasta el punto de mantenerse cuerdo, es un decir, pues no ha sido necesario ponerse en manos de un psiquiatra. Por suerte, la mala memoria de uno mismo, consigo mismo, valga la redundancia, hace olvidar hasta las paranoias.
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2 dic 2016

Algo de escatología

Hay versiones muy prosaicas sobre la muerte del gran matemático y filósofo griego Arquímedes, pero no cabe duda de que todas muestran el lado entrañable del personaje. Entre los distintos relatos sobre quién era el enemigo que lo perseguía, que finalmente lo mató, hay una coincidencia en culpar a las habas de haber sido parte importante del cuerpo del delito. Ya sean los discípulos despechados, los siracusanos o las huestes de Crotona los que buscaban su ruina, lo cierto es que las habas decidieron el momento y lugar de su muerte. ¡Yo no paso por aquí!, cuentan que dijo el filósofo cuando en plena huida los discípulos le invitaron cruzar por un cultivo de habas. Y lo cumplió, de verdad, porque tratando de rodearlo, perdió el tiempo justo para que sus enemigos lo alcanzaran y cayera herido de muerte por la espada. Pero, ¿qué tienen que ver las habas con ello? Según mis fuentes, el filósofo y sus discípulos defendían que las habas tenían alma, que en sus campos se refugiaban los espíritus de los difuntos, y que cuando las comían, éstas trataban de escapar al éter a través de las flatulencias, así como suena, y Arquímedes de Siracusa sentía mucho respeto por los muertos. Buen argumento, estoy pensando en si mantengo en mi dieta vegana estas legumbres tan conspicuas.
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17 ago 2016

Nacido en las profundidades marinas

Era un hombre corriente, no llamaba la atención por nada en especial. Sin embargo, era un hombre singular, no cabe duda. Se llamaba Gorgonio Grandes Tello, nada menos. 
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7 dic 2015

Lectora voraz

Sólo había una nube en el cielo y, aunque habían anunciado lluvia para la tarde, no parecía que el pronóstico se fuera a cumplir. Pero inesperadamente comenzó a jarrear por mi culpa. Sí, saqué mi paraguas publicitario, con los últimos textos del blog de Juan Badaya impresos en la tela y la nube, emocionada con mis creaciones, se acercó a tan alta velocidad y con tanto desenfreno que descargó todas las gotas de H2O que llevaba en su seno. Ella dejó saciada su curiosidad y yo quedé empapado de vanidad.

NOTA del autor: Texto número 500 del blog. Se da por finalizado el homenaje al autor.
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4 dic 2015

Sobreviviré en la nube

De niño soñé con pasar a la posteridad con mi nombre en el callejero de mi ciudad, vamos, por lo menos con una calle, plaza, avenida o parque donde figurara mi antropónimo con todas sus letras. Pero soy realista y veo que mis méritos no dan para el recuerdo, ni llenan de orgullo a mis coetáneos, por lo que me resigno a pasar desapercibido en breve. No obstante, me voy a preocupar de que haya una lápida que guarde mi recuerdo por años. Será en el cementerio y llevará esta inscripción.



NOTA del autor: Esta entrada hace el número 499 en este blog, por lo que el autor, perdonadle la vanidad, se hace un pequeño homenaje. Con vuestro permiso.  
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