Por cosas que pasan en la vida, yo mismo tuve que pasar una larga temporada en la cárcel. Eran motivos políticos y al sátrapa de turno le convenía tenerme más callado que libre. El caso es que por cuestiones técnicas me tocó permanecer mucho tiempo en un módulo de presos comunes. No fue mala experiencia, allí aprendí mucho y me hizo tomar la vida con más calma e interés. Hice amigos con más humanidad de la que esperaba encontrar. Ellos me enseñaron mucho sobre filosofía de la vida y me dieron un punto de humildad del que no andaba sobrado. Allí parece que todo cobra sentido. Recuerdo especialmente a un colega muy apreciado que cada vez que abandonaba la prisión, me tocó despedirme de él más de una vez, siempre se iba con un hasta luego. Tan convencido estaba que su sitio estaba allí y que no era mal lugar para vivir. No sé cómo se las apañaba, pero era, digamos, fijo en el módulo que compartíamos los que estábamos, decían, fuera de la ley.
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