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Es cierto que detrás de cada ser humano se esconde una historia, pero no es menos cierto que a cada persona le acompañan otras muchas más historias, tantas cuantas dinosaurios encuentra en cada despertar...
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5 nov 2021
Victimismo del privilegiado
Onassis
Valderrana era el hombre más poderoso del lugar y cuando tuvo que
presentarse ante el juez por una demanda que le presentó un
colectivo de gente insignificante no tuvo ningún empalago en
defenderse con algunos argumentos que sonrojaron al mismo tribunal.
Esta gente quiere discriminarme, señor juez, quieren que les ceda
gratuitamente agua del río que pasa por mi propiedad. Pero, le
interrumpió el juez, ellos presentan pruebas de que usted desvió el
cauce del río en el Desfiladero del Espino. No señor juez, fue un
cambio natural que la Providencia quiso que ocurriera. Cayeron dos
roquitas del desfiladero y taponaron la corriente. Pero, le insistió
el juez, tienen pruebas de que el agua encontró al lado un canal que
usted mandó excavar intencionadamente. Señor juez, era no más que
una piscinita para abrevar mis reses, todo estaba previsto por la
Providencia. Pero estos campesinos, argumentó el juez, se han
quedado sin recursos hídricos. Esos campesinos, señor juez, me
acosan y hostigan. Dios quiso que en este mundo hubiera ricos y
pobres, señor juez, eso es cosa de la Providencia. Pero, se puso
serio el juez, quien dijo eso no señaló quiénes debían ser los
pobres y quiénes los ricos. Eso, aquí y ahora, lo digo yo. Y dio un
sonoro martillazo en la mesa para dictar sentencia. El río
recuperará su curso. Las obras las ejecutará la municipalidad
cuanto antes y los costes correrán a cuenta del señor Onassis
Valderrana. He dicho.
11 may 2020
Hablar con el más allá
En
el jardín del palacio del emperador Piwang de
la dinastía Hun hay unas esculturas maravillosas que parecen tener
vida, si no fuera por su inmovilidad. Cuentan que el citado señor
habla con ellas y que está muy molesto porque no le contestan. Ha
hecho llamar al escultor para que resuelva el problema. Señor, yo
hago cualquier figura en madera o piedra, pero no soy capaz de
dotarles de vida ni movimiento. Inténtelo, se lo manda el emperador.
Señor, no hay nadie capaz de hacerlo, salvo dios. Tráiganme a dios,
pidió a sus funcionarios y a su ejército. Los súbditos salieron en
su busca y nunca volvieron. Pero al fin el emperador encontró lo que
buscaba. En su vejez, pasaba horas consultando a sus esculturas y
éstas, curiosamente le respondían. Casualidad, todas insistían en
que abdicara de una vez y dejara el trono a cargo de su hijo Yiwang.
Cuando lo hizo, todas las esculturas recuperaron su mutismo. No
entiendo, el emperador comentaba a su asistente, antesdeayer me
hablaban, hoy ya no.
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11 nov 2019
Déspotas de otros tiempos
La
hija de los Condes de Targa tiene 12 años y sus padres ya dejan que
se mueva con más libertad por el castillo. Eso sí, siempre
acompañada de una dama que la instruye y protege. Ya conoce las
caballerizas, la cocina, los graneros, la plaza de armas, los puestos
de guardia, el foso y hasta los nombres de las montañas que se
dibujan en el horizonte. Le han dado una consigna que debe cumplir
siempre, y no es otra que no llevar la contraria al señor Conde.
Este es un hombre severo y temido que gobierna sus tierras con mano
de hierro e impone tremendos castigos a quienes no cumplen sus
deseos. Cuando la niña observa algo que no es de su agrado se lo
comenta a su acompañante que le recomienda no hablarlo con nadie
más. Pronto ha entendido la niña que así debe ser. Sobre todo
después de ver cómo azotaban a un mozalbete que trabajaba con los
caballos y ahorcaban a su padre en el patio del castillo. ¿El
motivo? La mejor yegua del Conde de Targa había muerto en un parto
malhadado. Así que la niña ha empezado a aceptar las
recomendaciones. Ya sabe, nunca protestará porque maten a todos los
pájaros que se posan en las almenas o en la torre del homenaje y
molestan con sus trinos al conde, tampoco preguntará por qué muchas
campesinas jóvenes pasan un buen rato con su padre en la planta
noble, ni por qué su madre llora muchas noches, ni por qué todos
los sirvientes agachan la cabeza al paso de su padre, ni por qué el
cura que atiende la capilla se persigna tan a menudo en su presencia,
ni por qué el miedo está instalado en el castillo. La gente baja la cabeza a mi paso, protesta la niña. ¡Shhhh!
Calla y no pienses en eso, le aconseja la dama de compañía. La hija
de los Condes de Targa no se resigna a una vida tan triste, a ver y
callar. Eres mujer, le advierte su instructora. Ambas se miran a los
ojos, es una lucha entre la resignación y la rebeldía. Y se firma
la paz. Una sonrisa maliciosa acompaña la frase final de la dama de
compañía. No olvides que algún día tú serás la Condesa de Targa.
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27 jun 2016
El ángel exterminador
Me
muero tranquilo, dijo el dictador. He hecho el bien todo lo que he
podido, dejo un mundo mejor y un pueblo que vive en paz, justificó
ante el confesor que le acompañaba en la hora suprema. Allí mismo
recibió la absolución del sacerdote y unas palabras de consuelo
para quien estaba llamado a disfrutar de la vida eterna.
Naturalmente
daba por hecho que los miles de enemigos que había liquidado
estarían todos en el infierno, lejos de su parcela en el cielo. Se
las prometió felices y expiró. El propio cura cerró sus ojos y
cruzó sus manos en el pecho. Parecía un ángel.
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10 feb 2016
Invasión de blátidos
Hace
pocos días oí esta palabra por primera vez y me ha costado poco
encontrar su significado. Dicen que así se llaman los insectos
conocidos vulgarmente como cucarachas. Ahondando en el tema me
informan que se distinguen la cucaracha común (Blatta orientalis),
cucaracha rubia (Blatella germanica) y cucaracha americana
(Periplaneta amaericna). Y me ha entrado la duda, ¿a cuál de ellas
persigo, piso o aplasto yo? Mi vecino culto, arquitecto especializado
en rehabilitación de casas atacadas por termitas y otros insectos,
me cuenta que en mi casa hay cucarachas rubias, esas de cuerpo
aplanado, patas largas, abdomen oval, antenas largas, que aparecen de
noche, que buscan sitios húmedos y oscuros y que devoran toda clase
de comestibles. Ante tamaña amenaza, ya con nombres y apellidos, no
he tenido más remedio que reunir un arsenal de armas bacteriológicas
para hacer frente a la invasión. Yo mismo manejo ya un lanzallamas,
mi hijo un espray insecticida y mi mujer fabrica cebos que las
atraigan. Esta semana llevamos 143 cadáveres de blátidos y ya
apenas los vemos. Creo que hemos acabado con todos. La pena es que
también me he quedado sin casa, arrasada por las llamas y sin
vecinos. Sé que esto es muy duro de contar, pero tengo algo claro:
entre las cucarachas o yo, siempre un servidor.
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