DINOSAURIOS singulares

Los ojos se me hacen chiribitas cuando me topo con algún dinosaurio o texto memorable. Aquí recojo algunos que han provocado el "efecto chiribita" (Especie de lucecillas que se ven por alguna anormalidad en los ojos, María Moliner dixit). Son experiencias personales e intransferibles, pero creo que les debo un homenaje a sus creadores. Ahí van algunas:

  • Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construida a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricosEl mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo. 
Me detengo siempre un rato largo en el párrafo inicial de 
Cien años de soledad de Gabriel García Márquez. 
¿Quién no ve ahí más de un mini-relato inquietante? 
Me quedo ya abducido con los que se esconden en las primeras líneas...   


  • For sale: baby shoes, never worn” 
Dicen que Ernest Hemmingway se tomó como una apuesta hacer un relato en 6 palabras y lo consiguió con este flash fiction o short-short, como se denomina en inglés. Es impresionante para mí el uso de la última palabra... Vaya este recuerdo como un homenaje a un genio.



  • "...el drama del desencantado que se arrojó a la calle desde el décimo piso, y a medida que caía iba viendo a través de las ventanas la intimidad de sus vecinos, las pequeñas tragedias domésticas, los amores furtivos, los breves instantes de felicidad, cuyas noticias no habían llegado nunca hasta la escalera común, de modo que en el instante de reventarse contra el pavimento de la calle había cambiado por completo su concepción del mundo, y había llegado a la conclusión de que aquella vida que abandonaba para siempre por la puerta falsa valía la pena de ser vivida".

Este fragmento arrancado, ¡vaya usted a saber de dónde!, siempre me ha cautivado, porque recoge un instante crucial y definitivo en apenas media docena de líneas.  Está claro que para mí Gabo (Gabriel García Márquez) es un puro disfrute.


  • Las funerarias viven a duras penas de los que mueren.
En 10 palabras Mario Benedetti dejó escrita, no una frase lapidaria, 
pero sí un breve contundente sobre el duro tránsito que nos espera a todos los mortales. Eso es hablar metafóricamente muy claro.


  • Aquel hombre era invisible, pero nadie se percató de ello.

    Es un relato que estaba escondido ahí, justo donde su autor lo hizo salir a la luz. Tiene una economía de palabras tremenda y un remate brillante y genial.  Gracias Gabriel Jiménez Emán



  • La flecha disparada por la ballesta precisa de Guillermo Tell parte en dos la manzana que está a punto de caer sobre la cabeza de Newton. Eva toma una mitad y le ofrece la otra a su consorte para regocijo de la serpiente. Es así como nunca llega a formularse la ley de gravedad.
    Ana María Shua teje un texto que yo siempre habría querido escribir. 
    Su hilo conductor son las manzanas famosas que han existido en nuestro imaginario y juro que lo borda. Mi admiración para ella.

    • Estuvimos hablando un rato. Era inteligentísimo. Estaba de acuerdo conmigo en todo. Al despedirnos, le dije: --Fue una conversación muy interesante. Aprendí mucho escuchándome. (CONVERSACIÓN)
    • Cerré los ojos para que nadie me viera. (ESTRATEGIA)
    Oscar Peyrou sostiene que "el relato es más impreciso que el cuento 
    y deja al lector más libertad para imaginar el comienzo y desenlace de lo narrado". 
    Y aquí dejo dos muestras de que cumple de verdad con su credo.

    • Una mañana, nos regalaron un conejo de Indias. Llegó a casa enjaulado. Al mediodía, le abrí la puerta de la jaula. Volví a casa al anochecer y lo encontré tal y como lo había dejado: jaula adentro, pegado a los barrotes, temblando del susto de la libertad.

      Este relato, "Miedo", lo dejó escrito el gran maestro 
      Eduardo Galeano. 
      Creo que en pocas ocasiones se puede encontrar una manera 
      tan directa de describir el miedo a la libertad.
    • Estoy arrellanado en el sillón junto a la chimenea en que crepita el fuego. Tengo la copa de coñac en la mano derecha. Con la mano izquierda, caída descuidadamente, acaricio la cabeza de mi perro... hasta que descubro que no tengo perro.
    Arthur Conan Doyle dejó escrito este texto, 
    con un desarrollo previsible y un final sorprendente.
    Un maestro.

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