Él era un pirómano compulsivo que tuvo a su comunidad en un vilo más de una vez. Llevado por sus furores internos se presentó a una plaza de bombero en el municipio y la logró con muy buena nota. Desde el primer minuto se ofreció voluntario a todo lo que ardiera por allá o acullá. Pero, como era de esperar, disminuyeron los incendios y se frustró mucho. Tanto que se dio de baja y no tardó en volver a las andadas.
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