La famosa pintora inauguró una exposición en la ciudad y cosechó un gran éxito entre los entendidos y el público en general. En aquella sala estuvo un viejito arrugado y tímido que siguió el acto con curiosidad y admiración. Nunca dejó de escrutar con la mirada a la protagonista de la exposición. En un momento dado se acercó a ella y saludó. ¿Te acuerdas, le preguntó, de un profesor medio chiflado que tuviste en la adolescencia? La reconocida pintora observó fijamente a aquel desconocido y pronto se le iluminó la cara. ¡Hombreeee! Le dio dos besos y le dijo que muchas veces se acordaba de él. Fui feliz en aquella época, comentó. ¡Qué alegría verte! Intercambiaron información sobre la familia, amigos comunes y viejas experiencias, mientras la prensa no acababa de entender qué hacía aquel entrometido robándoles tiempo con la famosa pintora. Finalmente aquella inusual pareja lo dejó, no sin antes intercambiar números de teléfono y otro par de besos. El profesor jubilado se marchó feliz. Para otro día, pensó, dejo lo de la camiseta que diseñó para sacar dinero en el viaje de estudios. Le va a dar un mal, sonreía maliciosamente. Es que a los viejos, ahí ya reía abiertamente, la ropa nos dura mucho...
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