En
la ciudad de Ispahan ocurrió una historia que me tiene cautivado
desde siempre. Para mí es el mejor cuento del mundo. Me lo dio a
conocer un maestro, Bernardo Atxaga. Cuenta que el criado de un rico
mercader se topó con la Muerte en el bazar de Bagdag. La Parca le
miró y lo marcó como objetivo para aquella noche. El criado,
aterrado, acudió a su señor y le pidió el caballo más veloz para
irse a Ispahan. La muerte viene en mi busca, debo huir. Y puso tierra
de por medio, refugiándose en la ciudad con el ocaso. Al atardecer
el propio mercader acudió al bazar de Bagdag y se topó también con
la Muerte. ¿Cómo has amenazado a mi criado?, preguntó. Me he
asombrado al verlo, contestó, porque en realidad me lo tengo que
llevar de Ispahan al amanecer, no entiendo que hacía todavía aquí.
Genial desenlace.
Pero,
un cuento es un cuento, y está claro que el criado debía acabar sus
días en Ispahan. ¿Así ocurrió de verdad? En la literatura todo es
posible, hasta cambiar la muerte. Porque hay una versión del propio
Atxaga que refiere que el aterrado criado se refugió en la
tienda de Kalbum Dahab y que allí lo sorprendió la de la guadaña
que, ¡oh sorpresa, vio con sus propios ojos a 15 ó 40 criados del
rico mercader de Bagdag. Al amanecer el anfitrión no pudo dejar de
comentar a su huésped: ¡Maldita sea, esta mañana he visto un
ladrón que huía con un espejo bajo en brazo! ¿Por qué le roban el
fruto de su trabajo a Kalbum Dahab, el honrado fabricante de espejos
de Ispahan?
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