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25 jul 2025

¿Y quién era Cnido?

Ahora llegó en turno del abuelo Simón que no dejaba de consultar su celular. Mira Machuca, el tal Praxíteles era más listo que el hambre. Hizo dos esculturas hacia el año 360 a. C. y las sacó a la venta, las dos al mismo precio. Una vestida y otra desnuda. La primera la compró la ciudad de Cos, una isla en el Egeo oriental cerca de Turquía, porque les parecía, dice la Wikipedia, más púdica y severa y, según Plinio el Viejo, por no ser indecente para su ciudad. Y quien se quedó con la estatua desnuda fue la ciudad de Cnido, que está en una península del mar Egeo en Caria, la Anatolia turca. La ubicó en un santuario dedicado a la diosa Afrodita Euplea, protectora de los marineros, donde fue muy visitada. En el Amores, atribuido a Luciano, se cuenta que era una estatua que dejaba toda su belleza al descubierto, salvo la parte intima que ocultaba con la mano, que el mármol tallado hacía justicia a su belleza, que, además, el templo tenía dos puertas para poder ver la belleza de la diosa de frente o espalda de modo que ninguna parte de ella quedara sin admirar, que fue muy venerada, que... Los griegos se traían su cachondeo con la escultura. Fíjate, según Antípatro en Antología griega dicen que la misma Afrodita visitó el templo y exclamó algo así como que París, Adonis y Anquises me vieron desnuda, esto es todo lo que sé, pero ¿cómo lo consiguió Praxíteles?» Y que sepas, todo esto esculpido en mármol, tanto el cuerpo como los ropajes de los que se despoja. Hoy día se conocen unas 200 versiones de la escultura para la que posó Friné. El abuelo Simón, sorprendido por el silencio de su amigo, decidió parar. Machuca, acabo, no te duermas, de advirtió. A principios del S.V un tal Lauso la instaló en su palacio de Constantinopla y un incendio en 475 destruyó el palacio y también el original de Praxíteles. El cierre a esta parrafada lo puso el tío Machuca: Amén, amigo, me dejas sin palabraaaas. Je, je, es que era muy guapa. 
Pero no acabó aquí la historia. Por la noche el tío Machuca mandó un mensaje a su amigo contándole por qué reaccionaban así los griegos de antaño. Mira, la Wikipedia esconde un párrafo con mucha miga: “Los griegos creían firmemente en la Kalokagathia (lo bello es bueno), como una verdad absoluta. Su base era que, si algo era totalmente bello, era imposible que pudiera albergar maldad alguna”. No me digas que esto no es romántico, eso salvó a Friné de ser condenada. Su amigo le contestó tajante: Eres un viejo sentimental. Cómo todos, se defendió Machuca. ¿O no?

 

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23 jul 2025

La curva praxiteliana no vale para cualquiera

Un día más tarde el abuelo Simón y el tío Machuca tuvieron un paseo entretenido de nuevo a cuenta de Praxíteles. He leído, decía este último, que, a Praxíteles, el más famoso escultor de la Grecia clásica no se le conoce ninguna escultura, todas han desaparecido, que nosotros hablamos de él haciendo caso del enorme prestigio que tuvo entre los griegos y los romanos en los siglos posteriores. Estos sí que conocieron sus obras. Cuentan, decía su amigo, que los arqueólogos sueñan con encontrar alguna vez una pieza suya, su última esperanza está depositada en el fondo del mar, en algún naufragio de aquella época. Fíjate, dicen que la más famosa de sus obras, Afrodita la de Cnido, desapareció en el S.V d.C. en Constantinopla. No podían aquellos ojos puritanos soportar un desnudo tan logrado. ¡Qué sabrás tú! Desapareció en un incendio. Eso se cuenta. Él inició el desnudo como arte, algunos no lo digerían. La verdad es que el marcó un estilo que todos los escultores posteriores copiaron. ¿Sabes qué es la curva praxiteliana? Explica, explica. Mira en los desnudos, lo cuerpos apoyan el peso en una pierna y flexionan ligeramente la otra, y de manera sutil curvan el cuerpo y vuelven sutilmente la cabeza al lado contrario, dando sensación de movimiento y naturalidad imprimiendo una belleza sublime. Espera, le comentó el abuelo Simón que se paró e hizo una pose que quería imitar exactamente, eso dijo, a la Afrodita de Cnido. Anda ya, viejuno, no te pases.
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21 jul 2025

Quién inspiró a Praxíteles

La copia de la Afrodita de Cnido
llamada de Altemps o Ludovisi.
Museo del Palacio Altemps, Roma.
El abuelo Simón venía al paseo matinal ya con ideas y antes de sentarse a la sombra del Árbol de las Confidencias inició la conversación. Machuca, hoy tengo una grieguería. ¿Otra de griegos? Cuenta, cuenta. Es la historia del juicio de Friné. Primera vez que oigo ese nombre. Tiene que ver con Praxíteles, el escultor del S. IV a. C. que esculpió nada menos que a Afrodita, una escultura perdida que los arqueólogos buscan como locos. ¿Y cómo ponderamos tanto algo que no vemos? Hoy hablamos de oídas. Dicen que La Afrodita de Cnido es una copia, fíjate qué nivel. Cuenta, cuenta. Resulta que Friné era una hetaira, una mujer que estimulaba, dígase así, intelectual y sensualmente a los hombres de la antigua Atenas. El mismo Praxíteles, dicen, la tuvo como modelo y amante. Pero con aquella Friné era una mujer de mucho desparpajo y amasó tanto poder y fortuna que llegó a mosquear a sus contemporáneos que la acusaron de impiedad, ya se sabe, la manida falta de respeto hacia las divinidades de la ciudad que era un pecado muy grave. Y la llevaron al Areópago donde el tribunal ateniense tuvo que dilucidar si merecía condena o no. Hipérides, su abogado, dice que se esforzó al máximo, pero no tenía, parece, argumentos poderosos y cuando ya veía perdido el juicio, desesperado, no se le ocurrió otra cosa que tirar de la túnica de Friné y dejarla desnuda frente a todos los presentes. Estos se quedaron mudos ante la belleza insultante de la misma Afrodita esculpida por Praxíteles. Claro, Friné había sido probablemente su modelo, dicho sea de paso, y la indultaron. Era como condenar a la diosa del amor y la belleza, debieron pensar. Y es así como acabó la historia. La leyenda, no te pases, la leyenda, le corrigió Machuca. Eso, eso.
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14 may 2025

Fakes de antaño

La historia que nos enseñaron está llena de fake news, Machuca. Y los antiguos fueron unos maestros, que sepas. A ver, qué te ronda por la mente, preguntaba su amigo. Es como para reírse, le replicaba el abuelo Simón. La leyenda es siempre tan bonita que a su lado sobra siempre la verdad. A ver, cuenta de una vez y no te enrolles. Mira, amigo, ayer leí que Helena de Troya huyó de Esparta, y de su marido Menelao, por amor a París o raptada por él, no se sabe. Vale, replicaba su amigo, así se encendió la mecha en la guerra de Troya. Pues cuentan que los espartanos salieron tras ella para rescatarla y poderla devolver a los brazos de su marido. ¡Qué bonito! ¿Y qué pasó? Tú dirás. Pues cuenta la leyenda que la dama hizo el camino soltando lágrimas de pena por abandonar Esparta y a su marido. Y ¿qué ocurrió? Pues que los soldados siguieron su rastro alimentándose de una planta que les daba vigor y coraje, nada menos que el tomillo (thymus vulgaris), que desde entonces crece allí donde fueron cayendo cada una de las lágrimas que surcaron el fino rostro de porcelana de Helena. ¡Hala, qué bonito! ¿Ves? Tú también te dejas engatusar por las falsas verdades. Bueno, de hace muchos siglos. Las de ahora son peor. Y ambos sonrieron en silencio.
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6 dic 2024

Ultracrepitarios por todas partes

Machuca, ayer me encontré con una palabra sonora y definitiva. El aludido levantó la cabeza y clavó sus ojos en el abuelo Simón. Cuenta. Espera, que coja carrerilla. Y sin vacilar soltó de golpe: Ultracrepitario. Vaya, tú dirás qué es eso. Mira es un tipo de gente que abunda mucho, nos rodean por todas partes, no descansan nunca, no callan ni debajo del agua. Pero, ¿qué es? Son los que opinan sin tener conocimiento, hablan sin saber ni entender nada. Jo, de esos sí que hay en abundancia en todo sitio y lugar. Están en todas las redes. Antes solo los encontrabas en los bares... Pero, ¿de dónde sale esa palabra, preguntaba Machuca? De Plinio el Viejo. ¿Cómo? Mira, el abuelo Simón tomó su móvil e hizo una búsqueda en pantalla. Lo contaba Plinio el Viejo, un militar y escritor del S. I, autor de una enciclopedia muy completa para su tiempo. Relata la historia de un zapatero que se puso a opinar de unos cuadros pintados por un tal Apeles. Primero criticó un defecto de una sandalia, algo en lo que se supone que sabía, pero luego se puso a opinar sobre más detalles del cuadro, que si esto, que si lo otro. Apeles, enfadado le soltó una frase redonda, Sutor, ne ultra crepidam que, dicho en román paladino es zapatero a tus zapatos. Joder, el Plinio, se enfadó, ¿eh? Pues a mí también me enfadan los ultracrepitarios que andan sueltos por todas partes. Y a mí.
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30 oct 2024

Recordando a Aristóteles

Caminaba el Abuelo Simón con su amigo por la ciudad charlando animadamente. Al pasar por una farmacia se entretuvo observando el luminoso en el que, dentro de una cruz verde, destacaba una serpiente enroscada en una copa. Qué curioso, comentó a su acompañante, que dure tanto el mito de Asclepio, el dios griego de la medicina, que tenía a su hija Higea como responsable de preparar pócimas y venenos en la copa que rodea la serpiente... En estas disquisiciones andaba cuando casi se tropezó con un mendigo que tenía extendida en el suelo una cajita de cartón para recibir monedas. Perdón, le pidió avanzando atolondradamente. Pero recapacitó, retrocedió sobre sus pasos y le echó unas monedas. El Tío Machuca le cuestionó la acción. ¿Cómo socorres a este indigente que tiene pinta de ser un drogadicto irredento? No le he dado al hombre, sino a la humanidad. ¿De dónde has sacado esa frase tan redonda? De Aristóteles. Lo tuyo es sabiduría, sí señor, aseguró con sorna su amigo. No te cachondees, continuó el Abuelo Simón. ¿Sabes lo que decía este griego inmortal sobre la sabiduría? Cuenta. Decía que el saber sirve de adorno en las prosperidades y de refugio en las adversidades. Y te amplio la explicación, continuó, con otra frase digna de recordarse mucho tiempo: Los padres que instruyen a sus hijos son preferibles a los que solamente los engendran, pues éstos les dan la vida, pero aquellos la vida feliz. El Tío Machuca cerró el discurso con una exclamación: ¡Tomaaa!
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23 ago 2024

Zaleuco de Locris/Locria, Zaleuko, Zaleucus o Zaleuchus , Ζάλευκος (III)

Ya está dicho que fue un gran legislador griego del siglo VII a. C. y es considerado autor del Código Locrio, la primera recopilación de leyes escrita en la Magna Grecia. Su historia está rodeada de un halo mítico que hace dudar de su veracidad histórica, a pesar de encontrar referencias en Aristóteles y hasta en Cicerón. Sea o no sea así, era toda una autoridad en el mundo griego y romano y se recuerdan solo 4 normas o leyes locrianas . Rescato algunas por ser singulares, simpáticas y/o severas en exceso. Ahí van:

Condénese a muerte al enfermo que hubiese bebido vino contra la prohibición del médico.

Prohíbase llorar a los muertos... tras haber sepultado el cadáver.

Prohíbase emprender juicio entre dos partes si antes no se ha intentado la reconciliación.

Impídase la venta de comestibles por otros que no sean sus productores.

El que proponga a la asamblea una reforma o sustitución de una ley vigente, debe llevar una soga al cuello, preparada para ahorcarle si la propuesta no se aprueba.

Particularmente esta última muestra la habilidad que tenía este hombre para acabar con la oposición. ¡Cualquiera le llevaba la contraria!

Fuente: Wikipedia. Enlace.

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21 ago 2024

Zaleuco de Locris o Locria (II)

Resulta que Zaleuco de Locris o Locria, como se quiera, (siglo VII a. C.) fue tenido en gran estima a lo largo de siglos y alguna de las cosas que aún hoy recordamos merece un comentario. Verdad es que rezuman paternalismo, pero sí es cierto que muestran que era un legislador comprensivo y de mucho saber estar. Se ve en las normas que dictó en su momento. Ahí van algunas:

A una mujer libre que no le acompañe más que una sirvienta, a no ser que esté ebria.
Que las mujeres no salgan de la ciudad por las noches, a no ser que vayan a cometer adulterio.
Que las mujeres no vistan ropas doradas ni vestidos bordados, a no ser que sean prostitutas.
Que los hombres no lleven anillos dorados ni vestido semejante al milesio (habitantes de Mileto), a no ser que frecuenten prostitutas o vayan a cometer adulterio.
Esto es lo que le hizo adorable a Zaleuco de Locris ante sus conciudadanos y desde luego parece que le sirvió para vivir sin enemigos y morir apaciblemente. ¿Alguien piensa que tendría trifulcas como tenemos en la actualidad entre la clase política?

Fuente: Javier Sanz. Historias de la Historia. Enlace
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28 jun 2024

Esclavo por un día

Cuentan de Diógenes el Cínico, filósofo griego fallecido allá por el año 323 a. C., que en uno de sus viajes fue capturado por piratas, por lo que parece una profesión muy común en la época. Lo vendieron como esclavo en Corinto y en el momento de la venta se le preguntó que a ver qué sabía hacer él. Y respondió sin perder la compostura, que mandar. Y añadió, mirad por ahí quién desea un amo, por favor. El amo demandado resultó ser un tal Xeníades de Corinto que entendió la indirecta y le dio la libertad de inmediato. Además, lo contrató como tutor de sus hijos. Diógenes, lejos de acomodarse, siguió fiel a sus ideas, admirado y temido por sus conciudadanos, y murió, eso dicen, dentro de la tinaja en la que se hospedaba. Genio y figura hasta la sepultura.

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17 abr 2024

Hombre cabal

Me sé una buena de Arístides. Cuenta, cuenta. Sabes que Atenas, eso se dice, es la cuna de la democracia y que allí existía el ostracismo como recurso político. Ejem, aquí vendría muy bien. No te enrolles, Simón. Pues es verdad, coño. Todos los años preguntaban a los ciudadanos si querían mandar al ostracismo a algún político. Y no era una tontería, pues se iban desterrados lejos de la ciudad durante 10 años. Figúrate cuántos lerdos mandaríamos a hacer puñetas hoy en día. Sí, asentía Machuca, no estaría mal... Pues, mira, los ciudadanos interesados en participar acudían al pie de la colina del barrio de los ceramistas, mandaban escribir un nombre en un resto de cerámica (óstrakon) salvado del vertedero y se entregaba a los responsables de la votación. En el recuento, si se llegaba al quorum establecido, salía el nombre del ciudadano que debía abandonar la ciudad en 10 días con un “hasta luego”. Pues cada año se quitaban un problema de encima, no estaría mal implantarlo aquí, proponía el tío Machuca. Pero ¿qué le pasó a Arístides? ¡Ja, ja! Un año se le acercó un analfabeto, algo frecuente en aquellos tiempos, y le pidió un favor, que escribiera en el trozo roto de cerámica un nombre concreto: Arístides. ¿Tienes algo contra él? ¿Te ha causado algún daño? ¡Qué va! Ni le conozco. Pero me fastidia que todos le nombren como “Arístides, el justo” y ya me he cansado. El citado, calló y entregó el óstrakon al iletrado aquel que se fue feliz por cumplir con su obligación democrática. Nunca supo que tenía en sus manos un autógrafo del gran estadista ateniense, sonreía el abuelo Simón. A veces, comentó maliciosamente el tío Machuca, aquí también se vota con criterios un tanto peregrinos. Pero qué categoría Arístides. Ya, aquel día no salió el más votado, pero años más tarde a él le tocó de verdad entonar el “hasta luego”. 

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12 abr 2024

Peleas entre historiadores (II)


Heródoto de Halicarnaso es considerado el primer historiador occidental. Empezó a recoger por escrito los hechos gloriosos de su época, allá por el S. V a. de C., en particular lo ocurrido en las guerras médicas (¡eh! No alarmarse, que eran contra los medos o persas). Dicho esto, quiero contar algo que ocurrió tras su muerte, por supuesto, contado no por él, sino por mí. Veamos. Como todo difunto clásico, se dirigió a la laguna Estigia con una moneda en la boca. Allí le recibió Caronte en su barca y una vez cobrado su óbolo lo llevó a la otra orilla para que ingresara en el Reino de Hades, el cielo de los griegos, probablemente en la sección de los Campos Elíseos o Isla de los Aventurados y no en el inframundo del abismo de Tártaro. El caso es que medio milenio más tarde murió el afamado historiador romano Plinio el Viejo, allá por el S. I d. C. Él también tuvo que pasar por las manos de Caronte, aunque esta vez portando dos monedas como peaje, ya se sabe, la inflación. Allí fue entregado al Can Cervero que le abrió las puertas del Reino de Hades y allí quedó instalado. Evidentemente, le costó familiarizarse con los residentes, pero con el tiempo llegó a conocer al gran Heródoto de Halicarnaso e hizo buenas migas con él. Aunque no faltaron discusiones. Como muestra la primera que tuvieron a la semana de verse. ¿Cómo es que escribiste, Plinio, que Esquilo de Eleusis murió por culpa del golpetazo de un caparazón de una tortuga que se le escurrió del pico a un quebrantahuesos? Oye, lo que llegó a mis oídos, se defendía el interpelado. Pero si el difunto y yo casi éramos contemporáneos, argumentaba el de Halicarnaso, y yo no me enteré. Por todos los dioses del Olimpo, te lo inventaste, reconócelo. Yo recogí lo que se contaba en mi época, se defendía el romano. Tú escribiste una fake news. ¿Qué? Una trola, Plinio, que aquí en el cielo ya hablamos así. ¡Ah! 

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1 abr 2022

Niké o Nenikékamen


Filípides fue un héroe, lo suyo fue una proeza. ¿De qué me hablas ahora? De Filípides, ¿no has oído? Pero, ¿quién es Filípides? El de la batalla de Maratón, joder. Joder tengo que decir yo, cuando empiezas a hablar sin contextualizar la frase, no entiendo nada. Hala sigue, que ya me aclaro. Así es como el Abuelo Simón y el Tío Machuca iniciaron un nuevo tema de conversación en cuanto se sentaron bajo su árbol preferido. Y continuaron. Figúrate la situación. Los persas con un ejército que contaba con el doble de efectivos, se acercan a la costa Ática para desembarcar y poder atacar y destruir la ciudad de Atenas que distaba unos 40 km. Corría el año 490 A. de C. Los ateniense se enteran y se acercan a la costa para presentar batalla con un ejército inferior en número y acuden con la certeza de que si son vencidos, los persas del rey aqueménida Darío I el Grande arrasarán la ciudad y matarán o esclavizarán a cuantos encuentren en la ciudad griega. Ante tal situación hacen jurar a las mujeres que quedan al frente de la ciudad que si no les llegan noticias de la victoria griega en un día concreto, que sacrifiquen a sus hijos e hijas y que se suiciden, cualquier cosa menos caer en manos de los invasores. Y con esta angustia metida en el pecho el ejército griego afrontó la batalla de Maratón. Déjame seguir a mí, que también me sé la historia o leyenda esta, le interrumpió el Tío Machuca. Verás. Pues se entabló batalla en la llanura de Maratón y los hoplitas helenos hicieron un gran papel haciendo huir sorprendentemente al ejército persa que abandonó la llanura de Maratón con el rabo entre las piernas. Inmediatamente se dieron cuenta de que la alegría de la victoria se trastocaría en tristeza si no se daban prisa en avisar a las mujeres que estaban a cargo de Atenas y, el general Milcíades el joven dio orden a un tal Filípides, soldado de élite que había combatido sin descanso durante los 4 días que duró la batalla, de que se fuera corriendo a la ciudad. El tal Filípides arrancó como una liebre y se hizo como si nada los más de 40 km de distancia. Y cuenta la leyenda que lo consiguió, que llegó a tiempo y que pudo dar noticia de la victoria de los suyos, con lo que salvó a mujeres, niños, niñas y ancianos de morir trágicamente. No cuentas, siguió el Abuelo Simón, que Filípides nada más informar de la suerte que les esperaba a todos, se desplomó muerto allí mismo. Es verdad, sí, Y ¿te cuerdas cuáles fueron la última palabra salió de sus labios? No. Niké, que es victoria en griego. Se hizo un rato de silencio que uno de los dos rompió. Niké o
Nenikékamen, no se sabe a ciencia cierta cuál de las dos palabras profirió. Victoria o hemos vencido. Ya. Hace 2.500 años al día de hoy. Un héroe. Nike es una marca de material deportivo, palabra más comercial que la otra, ¿no? Y así comenzaron otro hilo de conversación. 

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28 jun 2021

Pensamientos profundos

Un día Poseidón se despertó, se miró en el espejo de las aguas calmas de un lago y dicen que exclamó malhumorado algo así como ¡oh dioses, la belleza ya no me hace compañía! E hizo inmediatamente propósito de mejorar su imagen. Dejó crecer sus cabellos plateados, su barba nívea y adoptó una pose acorde paseando sobre los mares y aguas de la Hélade transportado en un carro tirado por blancos caballos y enarbolando un tridente plateado. Así se lo encontró, una mañana soleada entre las olas del Egeo, su esposa Anfitrite que se quedó sorprendida por la nueva imagen del dios que agitaba las tierras y los mares. Ante las prosaicas explicaciones que le dio su marido, dicen que dijo algo así como que el problema que sufres, oh divino esposo, no es de fealdad repentina, no. Lo que ocurre es que eres ya viejo. Ni que decir tiene que el dios que era tenido por una gran domador de caballos y salvador de barcos sufrió un tremendo ataque de melancolía que lo dejó hundido durante mucho tiempo en las profundidades del mar. Aquellas palabras de la ninfa Anfitrite, madre de Bentisicime, Tritón y Cimopolea, fueron pronto conocidas en todo el olimpo de los dioses y fueron tenidas como un principio que perdura en nuestras mente hasta el día de hoy. Séase, que belleza y juventud caminan de la mano.

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19 mar 2021

Lo mío fue casualidad

Mañana podemos hablar de Anaxágoras, propuso el abuelo Simón. ¿Por qué? Tengo algo leído y me intriga. El tío Machuca aceptó. Y a él le tocó empezar la conversación al día siguiente. Ya sé que Anaxágoras fue el primer gran filósofo griego allá por el año 500 a. C. Pero es un poco espeso para mí con eso del nous como origen del universo y causa de su existencia. Ya, dijo con una sonrisa maliciosa el abuelo Simón, yo me quedé en cuestiones más peregrinas y no pude seguir adelante. ¿Por qué? De risa. Mira, se interesó en la concepción humana y llegó a proponer que el sexo de los hijos dependía de ciertas posturas incómodas. Explícate. Sostenía que las hijas son concebidas con semen del testículo izquierdo y los varones con el del derecho. Y ¿cómo lo hacían? Se lo ataban. Aquí los dos amigos estallaron en una risa franca. Ríete, continuó el abuelo Simón, en la Francia del S. XVIII había gente que seguía sus consejos. No fastidies. Pues te digo una cosa, bromeó el tío Machuca, tú tienes dos hijas, ergo, ya sé de qué lado cojeas

NOTA: Fuente. de inspiración.

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14 abr 2014

El día del Juicio final

El día del Juicio Final acudieron todos los mortales al cielo a pasar el filtro de los justos y poder formar parte in aeternum de la Corte Celestial. Como cada cual argumentaba en su provecho, tuviera o no tuviera argumentos, hubo muchos veredictos, apelaciones y recursos que tuvieron que ser resueltos precipitadamente por el Juez Supremo de Todos los Tiempos, es decir, Dios Padre. Dada la cantidad de trabajo, y de aburrimiento, que esto le trajo, puso a trabajar a sus órdenes al mismísimo Salomón, rey de la Jerusalén de los tiempos bíblicos, pero fue despedido de inmediato porque pretendía dictar las sentencias descuartizando niños y, ya le dijeron, eso no era celestialmente correcto en tan excelso tribunal. Y se recurrió finalmente a Sócrates, famoso por su honestidad en la aplicación de la ley, aún cuando le perjudicara a él gravemente. 
Pero el Dios omnisapiente que estaba al tanto de la vida y andanzas del sabio griego, por un despiste celestial y disculpable, no contaba con que el filósofo heleno era más partidario de preguntar hasta la extenuación que de dictar sentencias. Y es así que, después de muchos años, el Juicio Final sigue inacabado, pues el bueno de Sócrates, fiel al método mayéutico, sigue aún lanzando preguntas al primero de los aspirantes al cielo que le correspondió, esperando que él mismo se juzgue y sentencie. Genio y figura hasta después de la sepultura.
Por lo que se sabe, Dios omnipresente ha parado el reloj del paraíso y asiste divertido al diálogo. Así que, ya saben los pecadores que esto leen, el Juicio Final va para largo, estén tranquilos, pero tengan preparadas respuestas por si les toca enfrentarse al juez ateniense.
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