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16 oct 2019

Valor de una voz

Tenía la voz ronca y profunda y era, a pesar de las apariencias, un hombre amable. Los amigos malvados, que siempre los hay, le llamaban Afonías, aunque siempre contaban con él para las celebraciones, pues era un buen maestro de ceremonias. Su voz era su gran atractivo y a la vez su problema, ya que espantaba a los niños, ahuyentaba a los perros y con él pasaban desapercibidos hasta los truenos. Pero aquel hombre era un borbotón de humor y un dechado de humanidad. Todos sintieron mucho su pérdida. No murió, que conste, que se lo llevó la Paramount Pictures Corporation a Hollywood para dar voz a los rugidos de King Kong. Y no volvió.
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17 oct 2018

Franceses que odiaban a Napoleón

Chantal Fleury nunca habló bien de Napoleón, nunca entendió que sus compatriotas vivieran seducidos por el Petit Caporal, el pequeño cabo, como le llamaban orgullosamente sus soldados. Y nunca lo entendió, porque el emperador se llevó a su padre y a dos tíos a la campaña de Rusia y más tarde a dos de sus hijos varones a Waterloo. Todos fueron enterrados lejos de la aldea de donde partieron. Chantal Fleury jamás pudo querer al que muy a menudo, y a escondidas, llamaban el Ogro de Ajaccio, en honor a sus méritos y lugar de nacimiento. Pero eso sí, siempre maldecía con sus peores juramentos al pasar por delante de la estatua del hombre de la mano en el pecho que erigieron en la capital.
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28 sept 2018

El sobrino el jefe

En mi empresa trabajamos en equipo, entre todos definimos la tarea y cada uno desarrolla lo previsto con la ayuda del resto del grupo. Cuando el trabajo se hace largo o surgen las dificultades, todos respondemos a una y acabamos encontrando la solución menos mala. Así es en teoría, porque excepción a esta regla sí que hay: Ponciano Lagarde. Este es un compañero risueño y charlatán que nunca tiene tiempo para nada. Le vemos que se ahoga en mitad de las tareas y se dedica al arte de marear la perdiz. Pero el jefe, que es muy listo, ya le ha encontrado nuevo trabajo, nada menos que impulsar las señas de identidad de nuestra empresa. Por eso el jefe que, repito, es muy listo, le ha hecho una tarjeta que reza, junto al logo de la empresa, su nombre y el cargo: Ponciano Lagarde, training manager. Es decir, desde hoy es responsable del desarrollo del activo más valioso de la empresa: el talento. Ya se ve, esto es puro I+D. Desde entonces, los de mi equipo, que somos muy malos, padecemos un ataque de risa floja.
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8 ago 2018

Formas de aprender

Su primer día de trabajo fue memorable. Acababa de ser admitido en una empresa de mantenimiento de ascensores y, tras las consabidas prácticas iniciales y el aprendizaje al lado de un veterano, llegó el día en el que él solito tenía que solventar un arreglo que había solicitado una comunidad de vecinos. Era muy sencillo. En la botonera del ascensor modelo HTH564 faltaba el número 6, ya que alguien de potente dedo lo había dejado inútil. Y allí se presentó Otilio, un joven técnico que estrenaba cargo. Hizo el trabajo con profesionalidad, rápidamente, y al acabar se acercó a un vecino para que certificara su ejecución. La señora María firmó el parte sin ningún problema. Se retiró ufano y regresó a la empresa a esperar otra tarea. Pero no fue así, porque el jefe, muy sonriente, le mandó volver, eso dijo, al lugar del crimen. Hoy metes una hora extra gratis, le retó. Te vuelves al edificio donde has estado, y colocas el 6 de nuevo. Porque, mira, en la vivienda hay 6 alturas y tú has puesto el botón del piso 9. Anda, dale una vuelta al asunto, le dijo muerto de risa. Otilio aún se acuerda de las carcajadas de sus compañeros. Y que conste, hoy es todo un profesional.
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23 mar 2018

Nalopeón Partebona

Yo siento mucho respeto por las gentes que padecen alguna minusvalía y por eso me da un no sé qué contar esta historia. Pero lo tengo que hacer y punto. Me han dicho que un famoso general y emperador de la Francia vecina escondía muy a menudo la mano en su casaca. ¿El motivo? Disimular. Era tan torpe en aritmética que contaba con los dedos. ¡Je, je! Como se ve, todo el mundo tiene un algo, nadie es perfecto. Yo por ejemplo, soy disléxico y corrijo todos mis textos mil veces para que nadie se percate de mi incapacidad. Un crack.
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18 dic 2017

Se salvó por los pelos

Se pasó gran parte de su vida abriendo y cerrando puertas. Era ordenanza. Y muy educado. De su boca únicamente surgían frases amables. Buenos días, don Pelayo, adiós doña Isabel, bienvenido don Pedro, que tenga buena tarde don Jorge... Todo esto lo ejecutaba abriendo y cerrando la puerta del banco con una ligera inclinación de cabeza que engordaba el ego de los gerifaltes que, por cierto, parecían estar muy satisfechos con aquel empleado. Pero puso en peligro su futuro laboral por culpa de doña Inés, la esposa del apoderado, que había acudido de visita con su gato Michifú en brazos.
Porque de forma inesperada el felino doméstico saltó sobre Anselmo, éste era el nombre del protagonista, se llevó por delante la gorra de plato y el peluquín del buen hombre, dejando al aire una calva reluciente y una cicatriz de lado a lado del cráneo. El conserje, confuso y apurado, recompuso rápidamente su figura y sonrió cuanto pudo a la propietaria del gato Michifú. Pero ahí no acabó la cosa, pues quedó en el aire que aquel hombre era calvo, algo esperable, y que ocultaba un terrible pasado que intrigó pronto al staff de la empresa. Al final, Anselmo confesó a don Ignacio, su protector en el Consejo de Administración, que la cicatriz era fruto de una reyerta en su juventud en la que hubo un muerto y que le retuvo un tiempo en prisión. Todo ocurrió cuando estaba alistado en la legión, defendiendo heróicamente su país. Esto último fue determinante para que le mantuvieran en su puesto de trabajo. Don Ignacio, un hombre enclenque y enfermizo, nieto de un general, muy patriota él, supo argumentar lo justo ante el Consejo de Administración del banco para que las cosas siguieran en su sitio.
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20 ene 2017

Reacciones

Hagámonos una idea de lo ocurrido. En el suelo de una calle unas gafas y al lado su propietario rascándose la cabeza. Por dios, dice, ¿por qué me tiene que pasar a mí esto? No hay derecho a que se me rompan después de lo que he pagado. La culpa es del Ayuntamiento, que no deja sitio de paso entre la marquesina del autobús y el árbol. ¡Qué poco piensan! La escena se enriquece con otros personaje que escuchan al afectado y un bus que se acerca a la parada. Miren, protesta, yo con un coscorrón y las gafas rayadas por el golpe contra el suelo, no hay derecho, qué país... Ante el inminente desenlace que se avecina alguien grita ¡eh! señalando al suelo. Ya es tarde, la rueda delantera derecha del vehículo aplasta definitivamente las gafas. Y su dueño cree enloquecer. ¡Lo que faltaba!, grita fuera de sí, y comienza de nuevo un discurso en el que pasa por autocompadecerse, culpar a alguien, describir el problema y, como siempre, no pensar en el paso siguiente y necesario. Una niña allí presente le pregunta a su madre. Mamá, ¿por qué las ha dejado tanto tiempo en el suelo? Hija, hay mucha gente que primero se desahoga y luego hace algo. ¿Como los políticos? Algo así, hija, algo así, la solución es lo último.
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16 nov 2016

Elocuencia, la de antes

La decadencia de Atenas, cuentan, comenzó cuando los espartanos se hicieron con la ciudad tras vencer en la guerra del Peloponeso y unos años más tarde cuando los macedonios alcanzaron la hegemonía en la zona en el año 388 AC, tras vencer a los atenienses en la batalla de Queronea. En poco más de dos siglos, amén de otras muchas más batallas, llegaron los romanos y las tierras helénicas pasaron a formar parte del imperio. La verdad es que no quiero hablar de historias de soldados y generales, sino de Demóstenes, el más grande orador que ha dado la historia, a juicio de los entendidos. Pues resulta que las gentes de aquella época vivían de continuo en trifulcas con los vecinos, y era raro que una generación pisara aquellas tierras sin tener que calzarse casco, coraza o escudo y manejar espada, lanza, honda o jabalina. Así que Demóstenes fue un personaje necesario que tuvo que enardecer a sus conciudadanos en cada una de las citas bélicas que tocara. Pero era un realista con dos pares de narices, pues no dudaba en defender que la huida era toda una buena estrategia en los combates. Argumentaba, lisa y llanamente, que cuando una batalla estaba perdida, sólo los que habían huido podían combatir en otra. Era muy práctico él, que no era cosa de perder efectivos alegremente. Hablaremos más de este orador.
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9 nov 2016

Historia de un pirata

Juan de Ereño salió de su tierra huyendo de la miseria y de los mandamases que anulaban sus ansias de prosperidad. Alcanzó las tierras de América donde topó de nuevo con caciques y sátrapas que hicieron imposible que sus aspiraciones cuajaran. Y se volvió a la mar donde, él decía, allí mandaba sólo el viento, donde la libertad le acariciaba la piel, donde sus aspiraciones no tenían fronteras, ni sus sueños límites. Y es así como se enroló en la tripulación del bucanero Henry Morgan, formando parte de un buque que cometió un buen número de tropelías allá por la mitad del S. XVII en el Caribe. Cuando ya anciano relataba sus muchas aventuras y sinsabores en su tierra natal, a la que había regresado como un viajero rico, remataba todos sus peroratas con un lema revolucionario, “ni papa, ni rey, sólo el viento es el que manda”.
Sus convecinos se escandalizaban, sin sospechar que era nada menos que un precursor de los tiempos modernos que se avecinaban. Y eso ocurrió en Ereño, donde aún perdura vagamente su memoria y donde sólo los cipreses del cementerio parecen hacer honor a los principios de Juan de Ereño, un hombre singular cuyos restos yacen en un osario sin honor, donde no se distingue clase o condición de los difuntos allí presentes.
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7 oct 2016

Por Sócrates

Justo cuando la tormenta se encontraba en su momento más álgido, con una fábrica de rayos y truenos capaz de abrumar al más valiente, el famoso gallo de Asclepio se puso a cantar. La señora Eulacia de Samos se acercó al gallinero a calmar al inquilino. No son horas de anunciar el amanecer, le reprochó. Pues lo parece, se disculpó el ave, pido perdón, aunque tengo un presentimiento fúnebre, anunció. Calló la dueña por puros remordimientos y no dijo que el día anterior había convenido con un tal Sócrates vendérselo para poderlo sacrificar en el altar de Asclepio, dios griego que tenía el don de la curación. Los hechos se precipitaron y primero murió el gallo por imperativo religioso en el ara sagrada y después el filósofo griego por efecto de la cicuta y por decisión de los rigurosos guardianes del orden establecido, no sin que antes, en plena agonía, Sócrates pronunciara las últimas palabras de su vida: "Critón, le debemos un gallo a Asclepio. Paga mi deuda y no la olvides". Es así como el gallo de Esculapio, para los romanos, Asclepio para los griegos, alcanzó la fama universal, fama que no sirvió para convertirse en símbolo de la salud que, por cierto, le birló la serpiente que vemos en la farmacopea.
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5 oct 2016

El poder de la convicción

Norberto Samacona era un hombre de una dentadura especial, conservaba todos los molares, algún premolar y dos caninos, pero solo dos incisivos asomaban en su boca cuando reía, así que parecía un desdentado de verdad. Él lo llevaba bien, porque era un hombre muy macho al que nadie desafiaba. Pero un día se empezó a preocupar, porque sencillamente le costaba hincar el diente hasta a los guisos más tiernos de la cantina. Y acudió al dentista don Heraclio de las Cartas. Mire usted, este diente se me mueve, déjemelo sujeto y firme, le dijo. Por dios, ¿qué le pasó? Pues déjelo, cosas de hombres, explicó. Pues de ahora en adelante, le anunció, va a tener que masticar como un bebé, que esto no tiene remedio. Es la hora de las papillas.Y desde entonces Norberto Samacona, lejos de venirse abajo, acrecentó su fama de hombre duro. Es cierto que en la cantina comía como un bebé, con leche, purés, carne picadita y troceada, fruta en jugos y demás, pero también es cierto que todos los platos los condimentaba con chile jalapeño muy picante que revolvía con la punta del revólver que tenía siempre apoyado en la mesa junto a su mano derecha. Nadie se burla de Norberto Samacona, doctor, le dijo al dentista en la siguiente visita.
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13 ago 2014

Xantipa y Sócrates

En cierta ocasión el conocido filósofo se hallaba platicando con sus amigos a la puerta de su casa, ensimismado en una conversación honda y excitante. La esposa del buen hombre, molesta por las razones que fueran, decidió poner fin a la escena vertiendo un cubo de agua desde la azotea, con tan buena puntería que acertó de lleno en la cabeza del marido que, además, escuchó una buena retahíla de improperios.
Los amigos se molestaron, pero el sabio varón, ducho en tempestades maritales, pidió calma, miró fijamente a su malhumorada esposa e hizo sonreír a los contertulios.
-En mi casa, cuando hay tormenta, llueve -les dijo apoyándose de nuevo en la pared del jardín y reiniciando la conversación.
Los amigos no pudieron menos que reconocer que aquel hombre sabio era un modelo de mansedumbre.

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30 jul 2014

Batalla imposible





Durante toda su vida Matusalén luchó con gran éxito por tener buena salud. Perdió el último día.





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30 jul 2013

Este cuento me suena

El diálogo se repetía un día tras otro.
- Urna mágica, ¿hay algún político mejor que yo?
- No, excelso líder de masas, tú eres el más aclamado, reconocido y celebrado de todo el arco parlamentario.
Hasta que un día cambiaron las tornas.
- Líder adorado, en las filas de la oposición emerge con fuerza un personaje que te relevará en las próximas elecciones –profetizó la urna mágica.
El desairado político urdió trampas en los medios para desacreditar al opositor, argumentó de mil formas su mayor valía, utilizó perversamente la ley y los tribunales, prevaricó incluso, pero finalmente fue derrotado sin apelación posible en los comicios correspondientes. Y fue castigado con la indiferencia y el olvido de sus conciudadanos, hasta hacérsele insufrible una existencia sin notoriedad ni adulación. 

El ganador de las elecciones, célebre hasta el éxtasis, formó un consejo de ministros con siete enanos mentales y se coronó con más fastos que un nuevo príncipe azul, gobernando su país con tan escasas virtudes como su predecesor, algo que sus conciudadanos, como de costumbre, tardaron en captar. Hasta el punto de que, pasado un tiempo, les costó ubicar en su contexto la noticia que publicaron todos los medios en páginas interiores, dando cuenta de la cruel muerte que sufrió el político antecesor: Se fue de este mundo por una explosión de ego incontrolable, realmente electrocutado, ya que asestó un puñetazo a su rival político metiendo literalmente el puño en el interior de un televisor.
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10 jul 2013

¿Qué es el amor?


Menudo jolgorio se montó en el monte Parnaso cuando Hamlet, mirando fijamente a la cara de Narciso, lanzó la mencionada pregunta.
A Bécquer, Góngora, Garcilaso y a otros muchos se les abrillantaron los ojos y pronto pusieron en marcha sus gargantas de forma alborotada. Los hizo callar SanchoPanza con recia voz. Y dejó atónitos a los presentes con el diálogo que mantuvo con el autor de la cuestión.
-Mi señor decía que "el amor con facilidad ciega los ojos del entendimiento".
-Eso es cierto -le replicó el Príncipe de Dinamarca-. Ofelia era “un florero quebradizo: plantaron una encina en vez de plantar una violeta, y se quebró”.
-También decía mi señor -insistía el escudero- que el amor “cuando toma entera posesión de una alma, lo primero que hace es quitarle el temor y la vergüenza".
-Mi amada -Hamlet era todo confidencias- poseía ”un corazón de cristal que en vez de someterlo a la dulce temperatura del amor, lo sometieron a la presión de las pasiones, y estalló”.
-Es que ya lo dijo el caballero andante al que serví -se explicaba Sancho-. Que "el amor antojadizo no busca cualidades, sino hermosuras”.
-¡Ay! -exclamaba el príncipe-. No era el caso de mi amada, porque“ el primer amor, el amor único, es la forma primera de la felicidad, quizá la única“.
-Lo decía mi señor -apostilló el escudero-. “El amor nunca hizo ningún cobarde”.
Suspiró profundamente el príncipe de Dinamarca y todos los presentes callaron, sorprendidos de ver a SanchoPanza tan cuerdo. 
Y sentados a la sombra del árbol donde reposaban las musas, Shakespeare y Cervantes aplaudieron con entusiasmo, bueno, éste último con alguna dificultad.
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2 feb 2013

Pinocho

dibujospedia.com

Era un mentiroso compulsivo, pero era explicable, pues su padre vivía del cuento 


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