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4 oct 2021

Conflicto

Un día se cruzaron en una acera estrecha un hombre cargado de orgullo y otro sobrado de inteligencia. Como ya he dicho, la acera no era tan ancha como para que pasaran los dos, de forma que uno de ellos debía bajar al camino encharcado. Hasta el último momento ambos se miraron, el uno en tono intimidador y el otro con cara expectante. Finalmente uno cedió y mojó sus zapatos y el otro siguió paseando su estúpido orgullo por el reino de don Nadie, convencido de su indiscutible valía. El humillado sacudió sus pies. Por lo menos, me he librado de dar explicaciones ininteligibles a ese cafre. Y se olvidó del asunto.

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1 ene 2021

Ego

Hice un master en Relaciones Interpersonales que me costó 9999 € y ahora soy concejal, presumía el uno. Perdone, se defendía el otro, yo soy fontanero y no me discuta esta factura de 69 €. Pagó con desgana, hasta tiró el dinero al suelo.

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21 feb 2020

La vuelta al mundo en menos de 80 días

Tomé un tren equivocado y acabé en el sur. Como no soy dado a admitir errores propios, y menos en público, seguí adelante explicando a todo el mundo que seguía un reto personal. La metedura de pata me costó mucho dinero y bastantes días de viaje, pero llegué a mi destino con mi orgullo intacto. Menos mal que la tierra es redonda y pude disfrazar mi error como una aventura personal. 
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19 dic 2018

Microimperialismos

El sapo se enfrentó al perro guardián exhibiendo sus armas. Se hinchó como un globo y mostró su piel purulenta para amedrentar. El mastín se achicó y el batracio cantó victoria. Aquellos eran su dominios. El perro, arrogante, levantó la pata con desdén y se marchó dejando marcado el territorio con sus orines. Todos satisfechos. Menos la señora María, que aquel día notó que sus fresas tenían un sabor desacostumbrado.
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5 mar 2018

Cuñado a la vista

Tengo un vecino que me gusta. Él sabe mucho de ordenadores, pero también sabe que los demás somos unos ignorantes, por lo que apenas saca el tema y desde luego no presume de nada. Es encantador, y estoy pensando seriamente en pedirle para salir. Sin embargo, me frena su hermano menor, que es un charlatán impertinente que castiga los oídos de todo el que se le acerca presumiendo de saber de todo. A mí en particular, me ataca siempre con lo que él entiende que es lo que más me interesa: el fútbol. Todo, porque un día comenté que me gusta nosequé jugador. Me abruma con la manida información de todos los días. Ayer, harto de tanta cháchara, le pregunté directamente si fútbol tiene tilde o no. Tras sopesarlo detenidamente dijo que no. Mi sonrisa debió ser muy hiriente, y a la vez efectiva, porque torció el gesto y ya lleva varios días sin dirigirme la palabra. A su hermano, el de los computadores, ya se lo he contado y me informa irónico que el hermanito está a punto de entrar en el mundo de la política, que ya solo habla de eso. Y me ha parecido demasiado. Esto de que busques novio y que en el paquete te entre un plasta es para pensárselo. Se lo voy a plantear.
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17 nov 2017

La ira

El otro día sufrí un ataque de ira, se me llenó el corazón de emociones encendidas y exploté en fuegos de artificio con el primero que topé. Cuando se apagó el volcán, comprobé un panorama desolado donde no crecían las flores, ni brillaba el sol. Yo mismo había arrasado con todo, aquello parecía la quinta glaciación. No había vuelta atrás. Todo desolado. Y yo solo en medio de la inmensidad. Solo.
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20 sept 2017

De tanto en cuanto, un escarmiento

Arístides Valdés era un conductor agresivo que pedía paso en la carretera valiéndose de mil tretas y bastantes infracciones. Ponía su camioneta a la velocidad máxima y se colocaba a rebufo de los vehículos que le precedían hasta conseguir un resquicio por el que efectuar el adelantamiento, algo que siempre iba acompañado de toques de claxon de los demás conductores, disconformes con aquella mosca cojonera que tanto les incomodaba. Cuántos amigos tengo, solía decir a los raros acompañantes ocasionales que se atrevían a viajar con aquel homicida en potencia. Pero un día tuvo que rendirse, hay que reconocerlo, por la causa más inesperada que pudo imaginar. Se ubicó tras un camión que transportaba reses, a tan escasos centímetros de la caja, que incomodó a algunos pasajeros y sufrió las consecuencia de manera fulminante. Media docena de tremendos escupitajos acabaron en la luna delantera de su camioneta, impidiéndole la visión de la vía. Y tuvo que detenerse a limpiarla. Reanudado el viaje, Arístides Valdés tuvo mucho cuidado de no acercarse al camión enemigo y lo adelantó con mucha precaución y en zona segura. En las cartolas leyó: Sansón Reses, tratante de llamas y alpacas. Por si fuera poco, tuvo que soportar la risa burlona del conductor cuando se puso a la altura de la cabina del camión.
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10 abr 2017

Lecciones de humildad

En cuanto el semáforo se colocó en verde, metió la primera marcha, seguido la segunda, la tercera... y giró a la izquierda para adelantar un carro tirado por un burro que avanzaba por el arcén. Sintió dentro de sí un acceso no de tos, sino de modernidad, ya que él manejaba un vehículo híbrido de última generación, con todas las bendiciones de la industria automovilística y con todos los requisitos de la sostenibilidad. Miró de reojo al “arriero” y no pudo por menos de sentirse íntimamente superior. Respiró hondo para que le llegara a todos los poros la dichosa sensación. Y hasta cerró los ojos para disfrutarla en profundidad. Y tan profunda fue la meditación que se fue a una zanja lateral. Levantó mucho polvo y estropeó el césped, abollando una de las aletas de su sofisticado vehículo. Juró en arameo, dicen que son los exabruptos que primero salen del alma, y se apeó. Allí estaba el hombre del carro dispuesto a ayudarle y a su lado el asno que, indiferente, empezaba a mordisquear las hierbas que encontraba a su lado. 
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30 sept 2016

Jactancia

Ayer me tendí en la hierba y contemplé el cielo. Había muchas nubes. Eres muy fea, le dije a una de ellas, por deslabalada, insulsa y vaporosa. No me respondió. A los diez minutos había cambiado de forma y se presentaba al mundo desafiante y hermosa. Hasta parecía esbozar una sonrisa burlona. Casi pedí perdón por mis palabras y no tuve más remedio que sentirme un poco más humilde.
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25 mar 2016

Media marathón

Los corredores avanzan a trote, acomodando la velocidad a las energías que aún les quedan. Son muchos los aficionados que se han animado a cruzar la ciudad sin escatimar esfuerzos. Los paseantes se hacen a un lado, librando el camino y animan a los más titubeantes. De repente aparece una moto con un policía que parece velar por el buen desarrollo de la prueba. Impresiona ver la máquina, colorida y llena de antenas, luces intermitentes y un uniformado escondido tras unas gafas oscuras y un casco. Él también reclama su espacio y avanza con un aire intimidatorio, exigiendo sitio a espectadores y atletas que se retiran a su paso. El agente está ufano, no pasa desapercibido. Hasta que llega a la altura de una mujer que porta el dorsal 14.003 y que no se desvía ni un cm. del camino que ha tomado, obligando a la autoridad a echar pie a tierra y subirse a la acera. Herido, acelera ruidosamente y gana la posición, por delante de la atleta a la que inoportuna ralentizando la marcha. ¡Estás estorbando!, ella le dice. ¡Hago mi trabajo!, le grita el policía. ¡Mal lo haces, gilipollas!, le replica la mujer. El agente hace un ademán de parar para arreglar aquel menosprecio y, ante el cariz del asunto los otros corredores que se mueven alrededor unen sus voces y recriminan al policía su actitud. Surte efecto, pues un tremendo acelerón de la máquina hace que todos pierdan de vista a aquel hombre que padece un ataque de ego tan inoportuno. ¡Será capullo!, comenta un corredor de los que van en el pelotón. Dejarlo en paz, pide la atleta ninguneada, era mi ex, aclara. Unos callan, muchos sonríen y todos aprietan el paso. La meta está a 1 km. 
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5 feb 2016

Penurias de un tiralíneas

Se situó en el punto marcado, miró a los lejos buscando su destino y arrastró la tinta por el camino más corto que pudo. Al final, miró hacia atrás para contemplar su obra y quedó satisfecho a medias, pues la raya estaba trazada, aunque bien mirada, no muy íntegra.
-¡Jesús! -exclamó- Es recta pero no uniforme ¡Qué difícil es cumplir con Pitágoras!
Pero aquel pequeño estallido de rebelión pronto quedó neutralizado cuando la voz interior que tanto le incomodaba se dejó oír.
-Sé más humilde, que sólo Dios escribe derecho con líneas torcidas.
Y el pobre tiralíneas hundió su cabeza en el tintero y se quedó a la espera de un nuevo desempeño. A fin de cuentas él vivía siempre en conflicto entre la perfección propia de la geometría y las debilidades de un delineante.
-No se puede servir al Dios y al diablo -pensó. Y quedó consolado.
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26 ago 2015

Ofuscación


Por aspirar a todo me quedé en la mitad, hoy apenas levanto un peldaño del suelo.
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25 may 2015

Sapo común a la vista

Tenía el ego tan sobredimensionado que ante cualquier situación en que se pusiera en duda un ápice de su prestigio, hinchaba el pecho y escupía por la boca cuantas imprecaciones y argumentos era capaz de proferir para restablecer su estatus.
En los círculos en que se movía era conocido por su parecido con una clase de anfibio, de la orden de los anuros, perteneciente a la familia de los bufónidos, exactamente al especimen más común, el bufo bufo.
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10 abr 2015

Temeridad


Desafié al sol y lo miré de frente. Primero vi un punto negro, al poco un agujero considerable y finalmente me quedé en la más completa oscuridad. Fue una experiencia inolvidable, de las que duran toda la vida.
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NOTA DE AUTOR: Texto presentado en marzo-2015 en el concurso Calendario Microcuentista 2016, del blog Internacional Microcuentista - Revista de lo breve.  Entre 115 trabajos remitidos los resultados fueron los siguientes::
       - ASTRO REY, por La Marca Amarilla (Microrrelato ganador) 
       - HOMO AD CIRCULUM, por Gabriel Bevilaqua (Primera mención)
       - TEMERIDAD, por Juan Badaya (Segunda mención)
Se agradece sinceramente tan positiva valoración.

25 mar 2015

Desajustes en el planeta Tierra

Dicen que hubo un tiempo en el que la luz y la oscuridad tenían repartido el mundo, de manera que cuando una de ellas reinaba, la otra se apartaba con discreción. Pero llegó un día en el que la luz, en un ataque de ambición, empezó a rasgar las tinieblas con malas artes allá por donde pudo, creando un caos delirante que rompió la quietud de las noches y trastornó la vida de los terráqueos hasta lo que hoy conocemos.
Aseguran algunos que este hecho es la madre de todas las paranoias terrenales.
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26 ene 2015

La verdad que esconden las sombras

Abelardo Casagrande, llevaba sobre sus espaldas un apellido de mucho peso, pues era hijo de un marqués, algo que le hacía presumir de un estatus que no era paralelo ni a su fortuna ni a su inteligencia. Pero la verdadera realidad quedó desnuda el día que en medio de la plaza del pueblo contempló su sombra y, para su desconsuelo, comprobó que no era más llamativa que las de otros mortales, pues apenas daba información de su preeminencia y distinción, por lo que decidió protestar al mismo sol en persona. Así que giró su cuerpo serrano y enfrentó su mirada con el astro rey, que tardó mucho menos que el brevísimo suspiro de un poeta enamorado en dejarlo cegato. Y así se atemperaron para siempre las ínfulas de grandeza de Abelardo Casagrande que murió, ciego y triste, cumpliendo al pie de la letra el refrán, que dice ni cuna ni gaitas, todos soplagaitas.
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8 ago 2014

El silencio amigo

A la sombra del árbol de las confidencias, los dos compadres daban rienda suelta a sus pensamientos. El abuelo Simón llevaba la voz cantante.
-Siempre me han asombrado las explosiones de ira que he visto a mi alrededor.
-Te refieres a esos enfados en los que brotan chispas -abundaba el tío Machuca.
-Sí, me han parecido fuegos artificiales que no servían más que para satisfacer el ego del protagonista.
-Osea, que si discutimos tú y yo es por cultivar el ego ¿no?
El abuelo Simón, no respondió de inmediato. Miró a los ojos a su amigo que, por supuesto esperaba un exabrupto del cascarrabias de su compañero, y clavando su mirada en él, sentenció.
-Me has entendido perfectamente, ¡carajo!
-Eso es argentino.
-O gallego, ¡carayo!
-Ya estamos...
-¡Ja!
Y se hizo el silencio, esa forma de tregua inteligente que tantos fuegos apaga.
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30 may 2014

Razones para el orgullo

El cerezo florido rebosaba satisfacción por sus doscientas ramas cargadas de flores y de frutos en proceso de cuajar como mandan las leyes de la naturaleza. Sus extremos se balanceaban a merced del viento y el tronco se erguía orgulloso mostrando la exuberancia de su ramaje, pugnado por ser el más fuerte y bello de todos los frutales del entorno.
El manzano iba más rezagado en su proceso de florecimiento y cuajado. No se sentía humillado, ni ofendido por su tardanza, todo lo contrario. Su soberbia estaba escondida, pues sabía de sobra que el cerezo perdería sus frutos en menos de un mes y él, sin embargo, tenía tiempo de presumir de los suyos hasta bien entrado el otoño. 

El olmo, al que nunca nadie le ha visto con frutas, y menos con peras como dicen que dice el famoso dicho, apartado en una esquina del huerto, los miraba con hastío. Sabía de sobra que las heladas traidoras de la primavera atlántica podían dejar a los dos árboles presumidos apenas con el follaje. El año anterior, sin ir más lejos, él fue el más elegante del lugar, pues todos perdieron sus frutos y quedaron reducidos a puros árboles llenos de hojas, no más.
Mientras, la humilde ortiga crecía a la sombra de aquel bosque cargado de egos y sonreía para sus adentros, pensando que aquellos árboles presumidos eran unos fatuos, pues no querían darse cuenta de que andaban los pobres medio año desnudos. No como ella que mantenía su poder intimidatorio y frescura durante todo el año.
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12 feb 2014

Autoconfesión de un estúpido


Descubrí sorprendido que una hormiga tenaz ascendía por mi pierna desnuda.
-¿Dónde vas, estúpida? -le advertí en tono amenazador.
-Busco semillas en esta selva tan tupida -me contestó llena de convicción.
-Que son mis pelos, cegata -amenacé ya directamente y sin disimulo.
-¿No me has dicho que es tupida? -me interrogó de nuevo.
-¡Estúpida, es lo que he dicho! -le grité levantando el brazo para asestarle un golpe mortal que no llevé a efecto, porque un dolor repentino me paralizó la extremidad inferior y la superior. La muy impertinente de la hormiga me había mordido.
-Ácido fórmico de la mejor calidad – presumió la muy petulante de ella, emprendiendo la retirada, sabedora de lo inútil de su búsqueda de alimentos en mi respetable cuerpo.
Rojo de ira y necesitado de calmar mi ego, tomé mi pistola Smith & Wesson con mi brazo libre y le asesté un tiro a quemarropa con resultados desastrosos para mí y mortales, supongo, para el insecto del que, por cierto, no volví a saber más.

Hoy, con harto pesar, confieso que antes que cojo, nací estúpido.
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12 ene 2014

Choque de egos

El repartidor de bebidas se conocía la ciudad como nadie, inclusive los espacios legales o no para aparcar. Había llegado a una entente con la policía local para ocupar por cortos espacios de tiempo las aceras, esquinas, pasos de cebra, etc... para poder descargar lo que le reclamaban los clientes. Era una ley no escrita hasta que un día dejó de serlo por culpa de un policía novato que le dejó en el limpiaparabrisas una nota en la que se hablaba de nada menos que 200€.
El repartidor de bebidas pensó que tenía básicamente dos opciones para conseguir que le retiraran la multa y no le mermaran parte de su apretado sueldo: Acudir con diplomacia y buenos modos a pedir que le retiraran la sanción, o protestar enérgicamente por lo que, a su modo de ver, era una ruptura unilateral de un pacto, una intromisión en su trabajo y un abuso de poder. Optó por lo primero.
Pero se topó con un agente joven, recién salido de la academia, que entendía como imprescindible dejar claro desde el primer día que él era autoridad insobornable. De nada valieron los argumentos del repartidor de bebidas sobre su acuerdo tácito con el sargento local, ni tampoco la precariedad de espacios que dejaban las autoridades para el reparto, ni siquiera que tenía familia que mantener, ni...
La altivez del agente hizo que la situación se le fuera de las manos y que ocurriera lo menos deseable, que el repartidor de bebidas estallara en cólera de manera incontrolada y le asestara un golpe en la cabeza con una botella de Coca Cola light de dos litros, dejándole gravemente afectado.
Fue una catástrofe para ambos. Uno quedó indefinidamente inútil para el servicio y el otro arruinó su vida para siempre. Fue una multa asesina.

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