Resulta, dice el interesado, que yo solicité una subvención para seguir siendo pobre. El incrédulo funcionario del ayuntamiento aguza el oído. Escribí y firmé una solicitud a los Servicios Sociales, explica, diciendo que estoy dispuesto a vivir ordenadamente en la calle y sin acosar a los viandantes, que es algo que afea la concivencia. Yo solo pido 200 € al mes, añade, mayormente para tabaco, que es lo que me ayuda a pasar el tiempo y lo que me llevará a la tumba con pocos gastos en Sanidad. De comer y dormir ya me apaño yo, que soy veterano y tengo mi sabiduría al respecto. Estaré sentado o paseando durante el día, consuela a su interlocutor, y no molestaré a los turistas, que ya sé que a ustedes les disgusta. El empleado parece repuesto del susto y retoma el hilo de la conversación por donde sabe. ¿Sabe usted el número de solicitud o fecha? Enséñeme su carné de identidad. El solicitante se lo sabe de memoria y consigue que después de repetirlo varias veces lo apunte. Mira en el ordenador y lo encuentra. Efectivamente consta como solicitud presentada. Quieren, le informa al afectado, una entrevista con usted, pues no consta ni domicilio ni número de teléfono. Normal, se ríe el homeless. ¿Le importa que avise a la asistente social para que le haga una valoración? El solicitante encoge lo hombros dando su conformidad. Espera un rato sentado y al poco ve cómo se le acercan 3 personas que lo invitan a pasar a una sala. Y allí están en animada conversación más de una hora. Por fin salen despidiéndose muy educadamente y el auto titulado sin techo acude al mostrador del funcionario que le había recibido. Me contestarán por escrito y me lo tendrá que imprimir usted mismo. Me dicen que yo no soy persona vulnerable, más bien un cachondo mental. Que me olvide de los 200 €. Pero me han solucionado el asunto económico. Me han dado la dirección de un hatter rehabilitado para que me monte una campaña de crowdfunding. Me han dicho que hay gente de buen corazón en todas partes. Pero, protesta el funcionario, vas a sacar mucho dinero, ¿no? Lo donaré, no te preocupes. Y ¿eso te han dicho los de Servicios Sociales? Sí, ellos mismos. Esos sí que son cachondos, son las últimas palabras del funcionario municipal.
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