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Juan Badaya, domador de dinosaurios
Es cierto que detrás de cada ser humano se esconde una historia, pero no es menos cierto que a cada persona le acompañan otras muchas más historias, tantas cuantas dinosaurios encuentra en cada despertar...
18 feb 2026
La importancia de un fracaso
Los amigos hablábamos en la taberna de los problemas mentales de los deportistas de élite. No hace falta ir tan lejos para comprenderlo, intervino Manu. Os cuento lo que me pasó a mí con 15 años y lo entenderéis enseguida. Habla, habla, le pedimos. Estábamos jugando el campeonato escolar de pala corta en el frontón de los jesuitas, ¿os acordáis? Sí, le dijimos. Era la semifinal del campeonato provincial y yo prometía. Nunca había jugado con tanto público. Recuerdo que en los primeros tantos lo hice bien y tenía controlado a mi contrincante que, en un resto en semifallo, me dejó la pelota cerca del frontis y yo solo tenía que dar un pelotazo largo al que él no podía llegar. Preparé el brazo, cerré los ojos dispuesto a arrear un palazo memorable y oí a un espectador que estaba a pocos metros decir un “a que no le da”. Joder, acertó de pleno, porque golpeé al aire y perdí un tanto hecho. Aquello me desmoralizó y ya no di una a derechas. ¿Veis? Aquella frase cruel hundió a un adolescente inseguro que perdió toda la confianza en sí mismo, tanto que salió convencido de que nunca llegaría lejos en nada. Bueno, bueno, me consolaban los amigos, que no te ha ido tan mal en la vida. Pues no sabéis la de veces que me acuerdo de aquello en los momentos de crisis, aquello me dejó tocado. Bueno, bueno, no nos des pena, me seguían consolando. Tú lo que quieres que te invitemos al trago. Sonreí. Y para mis adentros me dije bien claro que, si no fuera por los amigos, nunca me habría repuesto, en serio.
16 feb 2026
Cuando empieza la vulnerabilidad
Me cuenta doña Mercedes que su amiga se ha quedado sola, que enviudó en otoño. Que le está costando hacerse a la nueva vida, que se desorienta, que, vamos, que necesita compañía. Pero, le digo yo, ¿no es una mujer con autonomía suficiente para desenvolverse en casa y en la calle? Sí, eso pensábamos, pero mira lo que pasó ayer. Era la mañana de Navidad y yo salí pronto a pasear al perro. Me la encontré en la calle. Que voy a la carnicería, me dijo. Pero, por todos los santos, le repliqué, si todo está cerrado, que hoy es Navidad. Ah, ¿sí? ¿No me digas, le pregunté, que esta noche la has pasado como si fuera un día normal? Pues claro, en casa tranquila, viendo la televisión... No insistí, pero me percaté de la cruda realidad: Soledad y desorientación son sus acompañantes. Y qué es lo que puedes hacer, le pregunté yo. Pues tomar un café todas las tardes con ella y las demás amigas. Espero que no nos contagie, añadió. Sonreí, acaricié al perro y le di dos besos a mi amiga de siempre.
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13 feb 2026
El cuento de Valentín de Roma
Cuentan que en el año 269 d.C. el emperador Claudio II ordenó decapitar a un médico romano que se había hecho sacerdote cristiano y que casaba a los soldados de la legión romana. Esto, que le parecía al emperador una incompatibilidad inaceptable, fue suficiente para que lo convirtieran en mártir y, por ende, santo. Se llamaba Valentín. Y cuentan también que el papa Gelasio I en el año 494 instauró en el calendario litúrgico cristiano la festividad de San Valentín, como se ve, dos siglos más tarde de su muerte, por lo que se supone que hay más de leyenda que de historia contrastada. Tal es así que en 1969 el Concilio Vaticano II lo retiró del santoral, aunque a San Valentín no hay forma de que la gente lo olvide. Este es el cuento, que no un cuento en sentido canónico, y que contrasta con otra leyenda que, dicen, puede estar en el origen de esta fiesta que acabó sacralizándose: Parece que el 14 de febrero es el momento en el que los pájaros inician sus trinos y ritos de emparejamiento. Quizás esto explique mejor la fecha y las ganas de jolgorio entre los enamorados. Es más bonito, ¿no?
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11 feb 2026
Bala perdida
Salí disparada por el cañón de un fusil de asalto girando sobre mí misma para mejor perforar el aire y llegar muy lejos. Mi destino era alcanzar el corazón de un hombre que estaba escondido tras un árbol y que no dejaba de atosigar a mi dueño con sus disparos. Atravesé veloz la distancia entre ambos y pasé de largo, perdiéndome en la campiña, lejos de la vista de todo el mundo. Quiso mi destino que fuera disminuyendo altura y velocidad según avanzaba y acabé cayendo en un sitio indigno y sin brillo, exactamente en una boñiga de vaca, con perdón. ¡Plaf! La vaca autora de mi tumba miró sorprendida hacia atrás y se despidió de mí moviendo el rabo con desdén e indiferencia. Entonces me acordé del lema de la fábrica donde nací que estaba pintado en un muro con letras doradas y que estaba dirigido a mí y a todas mis hermanas por aquello de recordarnos nuestra alta misión en este mundo: “Tecum hostes debelamus”. Me sentí muy frustrada y de muy dentro me salió una queja en voz alta. ¡Conmigo no han destruido un ejército más que de moscas! No oí ni el eco, ni todos los ruidos y gritos que surgían en el fragor de la batalla lejana en la que había tomado parte aquella misma mañana. Si algún día investigan sobre el terreno quizás llegue a posar, para más escarnio, en la vitrina de un museo donde cuenten esta estúpida guerra y ensalcen mi insulso papel, en vez de glosar mi convicción de que con la violencia no se logra nada, más bien el deshonor, como es mi caso.
NOTA: Texto presentado en el concurso e Creatividad literaria, en la modalidad de cuento breve en el mes de diciembre de 2025. Condiciones: Entre 1000-1500 caracteres y contendido fantástico. Finalista.
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9 feb 2026
El soldado que siempre disparaba al aire
Fue movilizado contra su voluntad como soldado raso en la guerra civil de aquel país fratricida en la que su propio hermano, el mayor, llevaba ya dos años alistado. Le instruyeron en lo más básico y pronto lo llevaron al frente, donde penó como un fantasma en una trinchera llena de agua y barro. Un sargento le arrestó cuando se percató de que siempre disparaba al aire. Le hicieron consejo de guerra. Mi hermano está en el otro bando, fue lo único que alegó en su defensa. Lo fusilaron sin piedad.
NOTA: Texto presentado al concurso Creatividad, en diciembre de 2025. Condiciones: No más de 500 caracteres, incluido espacios, y "Así te lo cuento" como tema. GANADOR entre 34 finalistas
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6 feb 2026
Candidez
Andresín colocó una cuerda de nylon atada entre dos sillas para averiguar a qué hora repartían los reyes los regalos y descubrirlos in fraganti. Pero no funcionó, porque su sueño era muy profundo. Al día siguiente, entre tanto regalo no dejó de contar sus penas. ¡Jolín, otro año sin ver a los Magos de Oriente! Su padre, que llevaba un brazo en cabestrillo, se atrevió a hacer una sugerencia. María, el año que viene se lo decimos. Déjalo, pedía la madre, me encanta su inocencia.
NOTA: Texto presentado en el concurso mensual de El muro del escritor en diciembre de 2025. Condiciones: No más de 500 caracteres, incluidos espacios, y "Cuento de Navidad" como tema. Finalista.
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