Hablan mucho de un influencer que arrastra cientos de seguidores presentando noticias de deportes. Se llama “Baldo, el de Barakaldo”. Tanto que los medios empiezan a tomarle en consideración y le citan a menudo. A la vez, hay una influencer en la que confían miles de fans que presenta moda y tendencias estéticas para la gente guapa. Se llama “Nora, la Depredadora”. Es muy considerada en los cenáculos del ramo. Y en un corto espacio de tiempo ha aparecido un nuevo influencer con una página de opinión que pone a los políticos en su sitio con un discurso demoledor. Se llama, “Damián, el Caimán". Resulta que éste último levanta tantos sarpullidos en los partidos políticos que estos han acabado haciendo sus propias pesquisas para saber quién está detrás. Y ha saltado la sorpresa: Los tres influencers citados son la misma persona. Y ha empezado una guerra que nadie podía imaginar. Viendo que es una persona con gran poder de comunicación, que tiene capacidad para influir en las decisiones, percepciones o comportamientos de las gentes, que posee autoridad y es admirado..., todos los partidos han peleado por incluirle en sus filas. Este hombre es un filón, aseguran, bueno, aseguraban. Porque cuando han contactado con él, cuando lo han conocido en persona, han cambiado de opinión. Es feo, bajito, rechoncho, tartamudea y es bizco, un perfil difícil de colar en este mercado electoral. En una entrevista a pie de calle de la televisión local un jubilado escarmentado ha soltado un zasca muy celebrado: ¡Ya me jode que la guapura dé más votos que la inteligencia!
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