El autor llevaba atascado un tiempo en la última escena. Había escrito un drama de época en el que había trabajado a fondo personajes y argumento. Hablaba de ambición, poder, lujuria, lealtad y demás pasiones del homo sapiens. Sus mentores le felicitaban por el trabajo y daban por seguro el éxito. Hacía tiempo que no veíamos un texto de tal nivel, comentaban. Tanto elogio y tanta expectativa acabaron en ansiedad y el autor anduvo todo el invierno como alma en pena de taberna en taberna dándole vueltas al desenlace. Esta última escena me va a matar, se quejaba. Y exactamente ahí encontró la solución. Porque en el momento cumbre del final de la función, los personajes, hartos de pasear sus penas por el escenario y al grito de dónde está el bellaco que nos atormenta y vitupera, dónde está el malandrín que nos perturba, do mora el villano escribidor, hacían subir al autor al escenario y lo ajusticiaban frente al público rebanándole el cuello con una cimitarra entre los gritos de espanto del público que, una vez percatado del engaño y viendo que el supuesto difunto se incorporaba, comenzaban a aplaudir como locos a todo el elenco de actores que saludaban sin parar al público entre gritos de bravo, bravo, bravo. Y qué decir de la notoriedad del autor. Ha sido fantástico, fascinante, irrepetible, me he consagrado, exclamaba. Sin embargo, acabó tomándose el éxito como una lección de humildad y no volvió a escribir más por no sufrir de nuevo el desprecio de unas musas tan esquivas.
NOTA: Texto presentado en el concurso de de creatividad literaria en el modalidad de cuento breve en enero de 2026. Condiciones y tema: Entre 1000/1500 caracteres, incluidos espacios, y "el color del invierno" como tema..GANADOR entre 29 finalistas.
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