31 jul 2026

Pocos ven cuándo llega el momento de envejecer

Al pie de la obra un peón, a todas luces emigrante recién llegado, escuchaba órdenes de un veterano albañil. Sube tú estas cosas al piso cuarto, que eres joven. El chaval inició el ascenso por el andamio, dejando un comentario estimulante para su compañero. Tú viejo no, tú tienes mucha correa. Ya, le respondió el otro; yo ya soy viejo y estoy jugando la prórroga.
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29 jul 2026

Okupa con razón


Revolvió en su bolso buscando una moneda inexistente. Pero era tanto su empeño y obcecación por dar una limosna al mendigo que le entregó las llaves de casa. Ningún juez encontró delito en ello.
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27 jul 2026

Juicio postrero

La primera reacción cuando sufrió el accidente con el camión fue palparse para ver si seguía vivo con todas las partes del cuerpo en su sitio. Después pensó en el daño causado y el quebranto económico que sufriría su empresa. Luego buscó al culpable. ¿Yo? No, el tacómetro demostrará que he sido prudente, que he tenido que frenar para evitar un atropello. Hizo una lista larga de argumentos y esperó a dar explicaciones. No hizo falta. Que pase el siguiente, oyó que decía San Pedro.
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24 jul 2026

Alumno del doctor Bacterio

Llegaron fechas de calores extremos que obligó al gobierno a declarar alerta roja. Las gentes se encerraron en sus casas abrazados a botellas de agua y esperaron pacientemente a que volvieran los termómetros a recuperar el sentido común. Honorato puso en práctica la técnica alemana que había leído en prensa. Congeló 3 litros de agua en un botellón, antes añadió 4 cucharadas de sal para reducir el punto de congelación, lo colocó en la parte superior de un armario, encima de un plato y esperó a que fuera enfriando el aire del entorno y creara una corriente descendente que llevara el frio a sus pies. Añadió al invento un ventilador y así fue el hombre más feliz de su escalera. Durante un tiempo Honorato presumió entre el vecindario de sus mañas. El plato era para defenderme de la condensación y lo del armario para establecer corrientes de convección, porque, ¿sabes?, el aire frío baja hasta lo pies y el caliente sube al techo. Además, la sal, añadía, hace que el agua se hiele a –18 º C por aquello del descenso crioscópico y el enfriamiento dura más. Este hombre es un científico, comentaba la anciana del 1ºC. Si ya venía listo de pequeño, aseguraba la Sra. Teodosia. Es como el Elon Musk ese, decía su marido. Cualquier día sale en un cohete por la ventana. ¡Jesús!, exclamaban las mujeres a coro.
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22 jul 2026

En honor de Argos

Me parece, Simón, que no contamos bien ayer la historia de Argos. ¿El perro de Ulises? El mismo. Resulta que el can era fuerte, veloz, gran rastreador, amigo, cómplice y compañero de Odiseo, el rey de Ítaca, etc y etc. Vamos que eran amigos muy queridos, como puede ser un humano y un perro. El caso es que desapareció su amo y el perro quedó solo, abandonado, triste y falto de cariño. ¿Qué hizo? Jurar fidelidad eterna a su señor y esperarle hasta su vuelta. ¿Exactamente lo mismo que Penélope? Lo mismo, Simón. Es curioso que en el S. VIII a.C. ya se escribiera sobre la lealtad de los perros. Los griegos se lo sabían todo y lo explicaban en sus relatos míticos. Es verdad, Simón. Pues resulta que, trascurridos 20 años, muchos para un can, regresó su amo disfrazado de mendigo y con los rasgos alterados con la ayuda de la diosa Atenea. Nadie lo reconoció, salvo su hijo Telémaco que guardó el secreto, y su leal amigo Argos. El pobre estaba tumbado en estiércol, enfermo y débil. Pero acertó a incorporarse, bajar las orejas y mover el rabo. Ulises, por no perder el anonimato, pasó de largo soltando una lágrima que debió ser suficiente para el perro, porque, dando por cumplida su promesa de esperar a su amo, se desplomó muerto allí mismo. Bonito ¿eh? Ay, Machuca. A los perros les hace grandes la falta de ambición, eso que tanto nos sobra a los humanos. Va a ser que sí, Simón.
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20 jul 2026

Cómo ensalzaban la fidelidad en Grecia

En el árbol de las confidencias los dos amigos han descubierto un nido de tórtola. Lo saben por el canto repetitivo del ave. Como su banco no corre peligro ellos charlan tranquilamente. ¿Sabes que ya los griegos admiraban estas aves por su fidelidad? Son monógamas vocacionales explicaba el abuelo Simón. Viven como tortolitos, se reía el tío Machuca. Parece que eso cuesta más en el género humano. Ya, pero siempre se ha valorado en muchas culturas. Fíjate, los griegos ponderaban mucho a Penelope. Cuenta, cuenta, que lo tengo olvidado, pedía Machuca. A ver si lo recuerdo bien. Sabes que Ulises se fue a la guerra de Troya y tardó 20 años en volver. Su mujer, Penélope, le fue fiel. Aguantó las proposiciones de muchos nobles con la argucia de que lo haría el día en el que acabara de tejer un sudario para su suegro. Pero ella, cuca, por la noche deshacía el trabajo del día y así nunca acabó. Oye, interrumpió Machuca, pero ¿qué pasó cuando regresó Odiseo? Llegó disfrazado de mendigo y no le reconoció nadie. Miento, su perro Argos lo reconoció, movió la cola y murió en paz por el reencuentro, je, je. ¿Y Penélope? No, tampoco lo reconoció. Ella, para hacer tiempo seguía con sus argucias; tenía preparada una prueba imposible, quien la superara sería su marido. ¿Por qué imposible? Los aspirantes a conquistar su corazón tenían que disparar el arco de Ulisses a través del ojo de 12 hachas alineadas. Oye, pues nada, todos fracasaron para satisfacción de la reina de Ítaca. Y la sorpresa llegó cuando el mendigo se acercó al arco, parecía una broma. Pero el invitado inesperado, lo tensó con habilidad, soltó la flecha y ésta voló a través de los ojos de las doce hachas alineadas y se clavó en la diana entre la admiración de todos los presentes. Entonces el ganador se despojó del disfraz, se identificó y con una la sangre fría inesperada se dedicó a matar uno por uno a los pretendientes que buscaban como podían un escondrijo. Todo muy trágico, como gustaba en Grecia, ya ves. ¿Y Penélope? Machuca, no seas ansioso. Penélope, tan prudente ella en los 20 años anteriores, reaccionó con cautela y desconfianza. ¿Era un sueño? ¿Era verdad? Preparó otra prueba que solo el verdadero Ulises podía superar. Esta noche, propuso, dormirás tú en el lecho nupcial, después de que mis criados saquen la cama de mi alcoba. Ulises la miró sorprendido. Es imposible, protestó. Y dio detalles que solo el verdadero Ulises podía saber. A saber, Machuca, que la cama la talló él en un olivo centenario que crecía allí mismo, que dio forma al lecho con sus propias manos y que las raíces todavía penetraban en tierra haciendo imposible moverla. Ante la revelación de aquel secreto conyugal, Penélope se derrumbó y creo que aún estará consolándose en brazos de Ulises. A Machuca se le caía la baba. Bonito, ¿no? Precioso Simón, qué memoria tienes para las cosas románticas. Calla, que tú eres un blando. Yo me regodeo en la historia viendo la cara que pones, ja, ja, ja. Y te perdono lo de Odiseo, que es el nombre griego. Ulises es más corriente, es latín. El tío Machuca ya no oía más.
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