1 may 2026

Naturaleza generosa

Descansaba a la sombra del sauce, con un libro en la mano, con la música del viento y las caricias del sol. Cuando el ambiente se hizo ligeramente más frío, me abrigué más y continué con mi solaz. Pero al poco el fragor de un trueno prendió la alarma y me hizo buscar refugio en casa. Pronto se presentó la tormenta y disfruté asustado de las iras desatadas y de la soberbia incontenible de la naturaleza. Fue un espectáculo completo de lluvia, relámpagos, vientos recios y estruendos. Al acabar, el cielo quedó despejado y dejó a la vista los destrozos causados. El sauce estaba medio desnudo, a sus pies se extendía una alfombra de hojas húmedas que escondía mi libro olvidado. Lo recogí y, oh sorpresa, sus hojas estaban en blanco, todas las letras habían huido, quizás llevadas por el agua al río cercano, quizás arrastradas por el viento sin orden ni concierto. Pero había otra posibilidad, pensé. ¿Estarían enterradas en el jardín, atrapadas en las raíces del sauce? No supe responder, pero esperé con ansia la primavera siguiente para ver si crecía algún texto hilvanado, ¿por qué no de poemas? Por si acaso vigilé las ramas y escudriñé todos los brotes. Al final no pudo ser, no surgió ningún libro, solo este modesto cuento.

NOTA: Texto finalista en el concurso mensual de Creatividad literaria, modalidad de cuento breve. Condiciones: Entre 1000/1500 caracteres, incluido espacios y tema "Surcando el viento".
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29 abr 2026

Peligros de pasear por el parque

La gota de agua dio de lleno en su cabeza. Entonces supo que comenzaba a llover. Pero alzó la vista y vio un cielo limpio y azul. Cambió de hipótesis, debía ser alguien regando macetas. Alzó la vista y no vio ningún balcón florido. Entonces supuso que era una paloma que le había dejado su “recado”. Pasó la mano sobre su calva y no encontró más que un grano que le recordó su adolescencia. Se quiso olvidar de todo, pero ni pudo. Allí había un niño travieso con una pistola de agua que a duras penas aguantaba la risa. Lo miró severo, pero, por esos rescoldos de la infancia que nos quedan a los “viejos”, cambió de opinión. Se acercó al chaval, le robó la pistola y lo fusiló ante una madre que se quedó atónita. Las risas de ambos evitaron el conflicto y el grito de la madre aclaró la situación: ¡Juan, no cambiarás nunca! ¡“Mecagüen” tu padre y tu madre juntos! ¡Jo, jo, jo! Tonta, que son tus abuelos...
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27 abr 2026

Pensamientos que llegan del aire

Aprovechando que el abuelo Simón y el tío Machuca ya no descansaban bajo el árbol de las confidencias, las aves del lugar celebraron al anochecer una asamblea de vecinos en el famoso árbol. Nosotras, estamos preocupadas por el rumbo que toma el mundo, anunció una cigüeña ¿Qué pasa con los hombres?, preguntó el chorlito. Y las mujeres, añadió rápido la golondrina. Sí, sí, me has pillado. He visto muchas guerras en mi vuelo hacia acá, contó el vencejo. Es que vemos ese mundo de ahí abajo inquieto y sin rumbo, ¿podemos hacer algo?, preguntó la lechuza que, como siempre, hacía de moderadora. Esperar a que se mueran, que yo me los como, je, je, dijo el buitre. Menos bromas, que eso va en serio, protestó el milano. ¿No veis que están acabando con el mundo? No seas pesimista, aquí hemos venido a hacer propuestas constructivas, se quejó la paloma. A ver, pidió atención el mirlo, ¿qué deben cambiar los humanos? Se hizo un murmullo que dio paso a oír algunas propuestas. Un jilguero trinó fuerte para decir que hay cosas que sobran en la vida humana, por ejemplo, el egoísmo y la ambición. Muchos aplaudieron con las alas. Lo peor es la soberbia, no hay quien los apee de sus errores, manifestó el cuco. Para mí es la falta de empatía, parecen que solo valen sus vidas y nada la de los demás, protestaba la paloma. Y qué decís del odio que sobra por todas partes, exponía el cuervo. La lechuza pidió silencio porque el búho pedía la palabra. Hay una lista de pecados capitales que los humanos se saben de carrerilla. Los enumeró y propuso una votación. ¿Cuál creéis que es el peor? Venga, empezar a discutirlo en cada rama en la que estáis posados, sugirió la moderadora. Como los pájaros diurnos tenían prisa por cerrar los ojos en sus cobijos, la votación se hizo rápido y fueron soltando propuestas. Al final ganó la que recitó el murciélago que, muy gracioso empezó diciendo que, aunque él estaba bocabajo colgado de una rama, él no veía el mundo al revés. Menos rollo, le cortó la lechuza. ¿qué propones? Que no hay peor defecto en los humanos que el orgullo y la ambición, les ciega y no dan una a derechas. Fue el que más movimiento de alas recibió y quedó como la propuesta final. Como siempre el pájaro escribano hizo el acta y la dejó pinchada en el tronco con un picotazo de la urraca. Al día siguiente, bajo el árbol de las confidencias se oyó esta conversación. Machuca, buena nos ha caído. Estos pájaros son muy ingenuos, Simón. Bueno, por lo menos nos dan la razón. Pero ¡qué difícil es abandonar el orgullo! Sí, lo contaremos por ahí, pero ni tú ni yo valemos para profetas. Nadie vale. Bueno, aprovecharemos a Juan Badaya para que divulgue este mensaje. Eso, Simón.
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24 abr 2026

Ni un remordimiento

El ejército enemigo entró en la aldea a sangre y fuego. Estaban hambrientos, desde retaguardia no llegaban víveres, ni relevos. Sabiéndose necesitados e impunes, arrasaron con todo y dejaron vacías las despensas y las bodegas, también abusaron de las mujeres y rapiñaron lo que pudieron. El botín será parte de la soldada, les había explicado un mando. El soldado Paul también lo hizo. Una vez acabada la contienda el exsoldado fue un ciudadano ejemplar que defendió la decencia y las buenas costumbres. Pero jamás se arrepintió de haber sido un vándalo, un asesino, un terrorista, un ladrón, un violador. En la guerra hacer el mal es una obligación, se justificaba.
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22 abr 2026

Vivimos tiempos que nunca se podrán olvidar

Has visto lo que ha dicho el loco ese que cree que gobierna el mundo. Dime, Simón. Que “Esta noche morirá toda una civilización”. ¿Se refiere a que borra del mapa a Irán y a su ancestral cultura? Sí, Machuca. Precisamente eso es lo que no tiene él, cultura, que desconoce casi todo. Necesita un baño de historia, sociología, antropología, ética... Es mucho pedir, lo que necesita es más humildad, más empatía, menos ambición. ¡Ay, no me digas, Simón! Se hizo el silencio debajo del árbol de las confidencias. Al rato quedó roto con paradojas que brotaban sin parar. Él es hijo de emigrantes y odia a los emigrantes. Sí, se instalaron en una tierra de otros sin pedir permiso y ahora llama ilegales a los que llegan. Aspira al Nobel de la Paz y no deja de alentar guerras. Alcanza el poder en EE. UU. y se mete a gobernar el mundo. ¿Habrá leído algo en su vida? ¡No creo! Es un fanfarrón con mucho ego, nadie le puede dar lecciones. ¿Te digo una cosa, Machuca? Todas las mañanas me despierto con miedo de que haga algo irremediable. ¿Como qué? Que quiera arrasar Irán, por ejemplo. Aparte de ser pretencioso e imposible, esa cultura no morirá nunca. No puede acabar con Darío, Jerjes, Ciro el Grande. Ni con Zoroastro que dejó huella en la ética, con rastros en las religiones actuales, incluso la que él dice seguir. Es verdad, fue el primero en hablar del bien y del mal. Pues eso, el de la cabellera de oro no tiene ni idea. ¿Qué será el bien para él? Seguro que todo lo que le conviene... Bueno es lo que le interesa, ¿no? Bah, déjalo. Me hace pasar un mal rato hablar de él.
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20 abr 2026

Procesiones de Semana Santa

La niña tenía poco más de 4 años, unos ojos que observaban todo y una mente bien aguda como quedará demostrado en las siguientes líneas. Los abuelos la llevaron de paseo a presenciar la procesión del Santo Cristo del Enredo y ella, ante aquella exhibición de tremendismo ya fue mentalmente protegida, que aquello no era ocasión de sufrir viendo un cuerpo marcado por los latigazos y abrumado por el peso de una cruz, semidesnudo y casi congelado. ¿Por qué cuento esto? Me lo chivó una de sus tías. Resulta que a poca distancia había otra niña, mayor que ella, hecha un mar de lágrimas. ¿Por qué llora?, preguntó. Es que, le respondió la abuela, va a morir Jesucristo. Enmudeció la niña curiosona, pero por poco tiempo, porque como el llanto de la otra arreciaba, quiso consolarla a gritos con una frase que en la familia se recordará mucho tiempo. ¡Oye, niña! ¡No llores que va a resucitar mañana!
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