16 mar 2026

Banalidad del mal

Entraron en una aldea a sangre y fuego. Dispararon a saco, derribaron puertas, invadieron casas, dejaron muertos y heridos a su paso, gritaron hasta atemorizar a los vivos y los dejaron inermes implorando una clemencia en la que no creían. Bravo, mis soldados, les felicitó el capitán, hemos tomado la posición sin bajas. ¿Qué hacemos con los prisioneros?, preguntó un sargento. Encerrar a los hombres y dejar que las mujeres se las apañen, ordenó. Y la primera sección que monte guardia, añadió. Cuando el soldado Bryan se posicionó en su puesto y observó la escena, se quedó pensativo. Esto es una atrocidad, le decía una voz interior que sonaba con mucha claridad. El mal ajeno es bien visto y yo lo provoco como si fuera algo banal e intrascendente. Justo en ese instante vio a una niña llorar al lado de una mujer desesperada que abrazaba un cadáver. Bajó la vista, no lo pudo contemplar. Si la vida es un bien preciado para mí, se decía, ¿por qué yo se la quito a esta gente? Le temblaron las piernas y se apoyó en un árbol. A la cabeza le venían conversaciones con su madre sobre cómo a menudo se trivializa la violencia. La cabeza le iba a estallar. Aspiró con fuerza y en aquel preciso instante desapareció el soldado, se acabó el guerrero, se esfumó la guerra y nació un desertor. Años más tarde, cuando una mañana de invierno salió absuelto de un consejo de guerra interminable, la sentencia dejaba sentado que padecía problemas mentales, estalló en un llanto incontenible. Todos mis esfuerzos baldíos, se han burlado de mí, se han reído de mis ideas, el mundo sigue igual o peor... Su madre le consolaba. Tu tía abuela estaría orgullosa de ti. ¿Quién? Hannah Arendt, ya sabes, la hermana mayor de la abuela; ella hablaba de la banalidad del mal, le aclaró. Hijo, contra eso has luchado tú. Cesaron las lágrimas, el desertor Bryan se calmó.
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13 mar 2026

Desgraciadamente se pierde la memoria

Los Schmitt llegaron a aquel país a finales del S. XIX en un vapor que los tuvo encerrados en un camarote de tercera clase casi tres semanas. Al llegar al continente alquilaron una habitación y encontraron trabajo, ella limpiando escaleras y él repartiendo sacos de carbón en la ciudad. Su vida fue precaria durante demasiado tiempo y decidieron viajar al medio oeste con los pocos ahorros que habían conseguido. Se detuvieron en un pueblo recién fundado en Kansas y buscaron la forma de montar una granja familiar en tierras “gratuitas” que el gobierno ofrecía. Fueron años de esfuerzo en los que tuvieron de todo, penurias y desprecio por ser pobres y alguna buena racha que al final dieron algún fruto: Una exigua manada de vacas, una yeguada testimonial, unos cerdos sueltos, gallinas, tres perros que defendían la hacienda, una carreta que servía para todo, una casa de madera que aumentaba de volumen según nacían los hijos, un pozo, una huerta, un bosque donde recoger leña y un camino que los unía con la iglesia y el pueblo cercano. Cuando fallecieron, sus cuerpos descansaron de verdad en una colina cercana, con una cruz y sus nombres escritos a fuego en un trozo de madera. Allí han vivido sus descendientes hasta hoy, por lo menos seis generaciones más, que no recuerdan quién llevó a aquellas tierras el apellido Smith, ahora así se llaman, ni qué triste historia vivieron. Se consideran ciudadanos nativos, creme de la creme, y desprecian, y hasta despotrican de los emigrantes que llegan al país a iniciar una nueva vida. Por supuesto, en las elecciones votan a quien prometa expulsar a todos ellos, porque con su presencia el país empeora, los sueldos bajan, el trabajo escasea y la inseguridad aumenta, eso dicen. En fin, si aquellos pioneros que están enterrados en la colina cercana levantaran la cabeza, seguro que pensarían que este S.XXI mal arreglo tiene. Y hasta los tres perros de la casa primigenia, enterrados también en la colina, ladrarían harto para mostrar su disconformidad.

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11 mar 2026

Tremebundo final

El autor llevaba atascado un tiempo en la última escena. Había escrito un drama de época en el que había trabajado a fondo personajes y argumento. Hablaba de ambición, poder, lujuria, lealtad y demás pasiones del homo sapiens. Sus mentores le felicitaban por el trabajo y daban por seguro el éxito. Hacía tiempo que no veíamos un texto de tal nivel, comentaban. Tanto elogio y tanta expectativa acabaron en ansiedad y el autor anduvo todo el invierno como alma en pena de taberna en taberna dándole vueltas al desenlace. Esta última escena me va a matar, se quejaba. Y exactamente ahí encontró la solución. Porque en el momento cumbre del final de la función, los personajes, hartos de pasear sus penas por el escenario y al grito de dónde está el bellaco que nos atormenta y vitupera, dónde está el malandrín que nos perturba, do mora el villano escribidor, hacían subir al autor al escenario y lo ajusticiaban frente al público rebanándole el cuello con una cimitarra entre los gritos de espanto del público que, una vez percatado del engaño y viendo que el supuesto difunto se incorporaba, comenzaban a aplaudir como locos a todo el elenco de actores que saludaban sin parar al público entre gritos de bravo, bravo, bravo. Y qué decir de la notoriedad del autor. Ha sido fantástico, fascinante, irrepetible, me he consagrado, exclamaba. Sin embargo, acabó tomándose el éxito como una lección de humildad y no volvió a escribir más por no sufrir de nuevo el desprecio de unas musas tan esquivas.

NOTA: Texto presentado en el concurso de de creatividad literaria en el modalidad de cuento breve en enero de 2026. Condiciones y tema: Entre 1000/1500 caracteres, incluidos espacios, y "el color del invierno" como tema..GANADOR entre 29 finalistas.

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9 mar 2026

Incertidumbre

El abuelo se ponía muy triste con los noticiarios de la televisión y sólo se relajaba cuanto llegaba el parte meteorológico y podía encontrar un poco de lógica a este mundo. Te compadezco, menudo mundo te espera, prefiero no mirar al futuro, le comentaba a su nieto. Tranquilo, abuelo, le respondía el chaval. Ahora la historia corre mucho y mañana mismo puedes encontrarte lo que no quieres ver hoy. El anciano cerraba los ojos y dejaba escapar un suspiro.


NOTA: Texto presentado en el concurso de Creatividad literaria en enero de 2026 en modalidad de micronarrativa. Condiciones y tema: No más de 500 caracteres, incluido espacios, y "mirando hacia delante" como tema. Finalista.

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6 mar 2026

Cansada de la vida

Lo mío es pura rutina, decía. Sé qué voy a hacer cada día de la semana, cada mes, cada año. Soy como una funcionaria atada a un protocolo inalterable. El abuelo miraba por encima de las gafas y se arrancó con una idea. Hazte hortelana, nunca te aburrirás. ¿Y eso? Conocerás las plantas, sabrás de sus costumbres, manías y debilidades, aprenderás a defenderlas, les darás cariño y sufrirás con sus penas... ¿De verdad? Ya lo dijo un sabio chino, quien tiene una huerta conoce la senda de la felicidad.

NOTA: Texto presentado en el concurso El muro de escritor en enero de 2026. Condiciones y tema: No más de 500 caracteres, incluidos espacios, y "año nuevo, vida nueva" como tema. Finalista.

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El muro del escritor Año nuevo vida nueva (500)

4 mar 2026

Reproches de hermanos

Al entierro se acercó la familia y fue el momento de arreglar cuentas pendientes. Te olvidaste de tu padre y me dejaste a mí toda la responsabilidad de atenderle. Es que vivo lejos. No es excusa, te olvidaste de él. Tengo tres hijos. No vale, los cuida tu ex, ¿no? Mira, hermana, no valgo para cuidar viejos. ¿Y yo sí? Se hizo el silencio y sus miradas se posaron en el perro que hacía guardia junto al féretro. Este tiene más humanidad que tú. Y aquí se acabó la relación para siempre.

NOTA: Texto presentado en el concurso de Letras como espada en enero de 2026. Condiciones y tema: No más de 500 caracteres, espacios incluidos, y "valores humanos"como tema, FINALISTA.
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