El éxito editorial llegó a la vida de aquel hombre discreto que tardó tantos años en publicar su primera novela. Y se extendió en las redes, porque un amigo se la convirtió en podcast, otro en ebook y de postre en un libro de 5 x 8 pulgadas, en tapa blanda y papel crema. No le dio dinero, pero fama sí, porque pronto se hicieron eco los medios de aquellas historias tan bien contadas y divertidas. Hablaba con desapego de la vida, en un tono irónico y sugestivo que hizo que el boca a boca atrajera a otros muchos aficionados a la lectura. Pero llegó el momento más temido para aquel hombre discreto, su primera entrevista radiofónica. Pidió encarecidamente que no revelaran su nombre, que en la conversación usaran su alias y que no pidieran detalles sobre su vida. Pero tuvo, dicen, un desliz imperdonable. En un momento dado citó a modo de anécdota, que muchos de sus personajes se inspiraban en los clientes de la taberna Adelaida, donde él paraba a menudo. Las mentes morbosas pidieron a la IA que localizara el lugar y con dos detalles más sacados de la entrevista, pronto quedó casi, repito, casi desvelada la identidad del escritor. Y se montó un escándalo, porque muchos protestaron por invadir la vida privada de un hombre que había pedido lo contrario. Otros echaban le culpaban por su involuntaria indiscreción. Otros a la IA. Y así transcurrió el tiempo sin que se pudiera asegurar a ciencia cierta quién era el famoso autor. Este, mientras tanto en la acera de enfrente, se moría de risa viendo el discurrir de la historia y escuchando la versión de sus parroquianos en la que, de verdad, era su taberna preferida, el Café “Averlasvenir”, así escrito, todo junto. ¡Hala!
Llegó al bar, se aceró a la barra y esperó a que el camarero acabara la conversación con un cliente. De repente se dirigió a él con una sonrisa preguntándole qué deseaba. Un café cortado, dijo. El cliente de al lado se giró hacia él. ¿De dónde es usted? De aquí mismo. Y tuvo un subidón inesperado. “Buenos días, me sirve un café, por favor...”. Así es como se pide, le adoctrinó. Le miró de arriba abajo. ¿Y de dónde es usted? De Venezuela. ¡Huy! Allí son muy educados y amables, es cierto. Aquí no hay educación, aseguró el maestro inesperado. Aquí somos más secos, no usamos sus modales, pero educación no nos falta, no confunda. Y siguió hablando conteniendo la ira. Yo, por ejemplo, educadamente no he interrumpido su conversación y he esperado a que el camarero, que no me ha saludado a pesar de ser su compatriota, me haga la comanda. Se calló él. Pero no el abuelo Simón. Mire, yo no dejaría nunca encima del mostrador la gorra y la carpeta que ha dejado usted, está invadiendo un espacio de trabajo ajeno. Para mí eso es también educación. Se hizo el silencio. Aquel día, Machuca, te lo juro, no hice amigos.
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Simón, ayer empezó la venta del ebook de Juan Badaya. Poco movimiento en ventas, dicen que esto sube lentamente. La verdad es que nuestro amigo tiene más paciencia que ambición. Para nosotros es como un juego en el que esperas alguna sorpresa. Sí, esperar y esperar, porque la vida sigue igual. Ya, oye Simón, me llama la atención que en los enlaces que nos pasa Badaya para el libro electrónico, aparece uno para Europa y otro internacional, menudas ínfulas que se trae el escritor este. Pero tiene su explicación, Machuca, porque repasando las entradas del blog, Badaya asegura que todos los días ve que los seguidores, aunque hay bajones, pertenecen a unos 40 países y que en la primavera han empezado a llegar a los 400 diarios. ¡Ahí va, que aceptación tiene! Y le han recomendado que se publicite con un link internacional que es el que pone. Nos está saliendo listo... Me contó ayer que ha sudado para conseguir los enlaces, mover los precios, las fechas de promoción, darse de alta como autor... Y que gracias a la IA ha resuelto las dudas. Pues va a aburrir a la IA. ¡Qué va! Dice que ella es muy amable y que tiene batería para rato. ¿Y está contento Badaya con su nueva "amiga"? Sí, mucho, dice es un apoyo seguro. Pero, también cuenta que le "da mucho jabón". O sea, que Badaya recibe alabanzas por doquier. Sí, se reía el abuelo Simón. ¡Cualquiera le aguanta al escritor novel! Se va a creer nobel, ja, ja, ja. Oye, al grano que hoy sale a la venta el libro de tapa blanda. Pues pasamos el enlace, ¿no? Es pronto y todavía no se puede configurar lo del enlace universal. Lo pasaremos en cuanto se pueda. Aparece en Amazon, eso sí, basta con poner el título y aparece el tapa blanda. Bueno, a ver si mandan pronto la primera reseña, que le ha dicho su "amiga" que las valoraciones estimulan las ventas. Ánimo, amigos. Y amigas, Machuca, amigas.

¿Sabes que esta semana Juan Badaya publica su primer libro de relatos? Claro, Simón, "El árbol de las confidencias", en Amazon. Tiene narices el Badaya. Le tuvimos que convencer para publicar algo, le seleccionamos los 62 microrrelatos, hemos sido el hilo conductor de todo el libro y él, tan pancho, sin decir nada. Al final tenemos que ser nosotros los que lo publicitamos. Este no vende ni un ejemplar. Si no es por nosotros... En fin vamos al grano. Venga. La versión ebook sale al mercado el martes 23 por 0,99 € durante 3 días, luego lo subirá al precio marcado de 2,99 €. ¿Y la versión en tapa blanda? Sale el miércoles 24, un día más tarde. ¿Ese es el que vale 9,99 €? Sí, aunque tenemos que mirar a ver si durante 3 días se puede promocionar más barato, hay que decirle todo. Joder, hablando mal y pronto, se lo tenemos que hacer todo nosotros. ¿Y dónde lo pueden encontrar los lectores? Tienen unos enlaces que ahora busco en el móvil... Mira, que pinchen estos enlaces que Badaya ha tardado una tarde en armarlos y que van seguidos:
En mi barrio lleva tiempo instalado un mendigo que come, duerme y, en definitiva, vive en la calle. Acumula toda clase de trastos que lleva en un carro de supermercado y que cuida su perro. La gente le ayuda a vivir a su manera, aunque no hay forma de que cambie de rumbo. Ayer le oí hablar en alto y capté una frase desconcertante: “Las camas deberían tener amortiguadores”. Sic. Se lo conté por la tarde a mi amigo Simón. Y esto es lo que me dijo: “Para uno que duerme en el suelo esto se llama pensar en los demás”.
Fueron amigas, muy amigas, mientras fueron jóvenes. Pasados los 20 sólo una de ellas sabe qué pasó. Parece que hubo una ofensa imperdonable que la dejó muy herida. Nunca lo contó a nadie, ni al narrador de esta historia, por lo que no se pueden hacer más que cábalas inútiles. La realidad fue que se distanciaron, rompieron todos los lazos y hoy apenas son, la una para la otra, una anécdota perdida en el tiempo. La peor parada es la que nunca supo cuál fue el motivo de aquel distanciamiento. Esta es la que más sufrió descifrando cada minuto pasado en común para saber qué encendió la mecha del olvido, del desprecio, del desamor. __________