23 oct 2026

Cavilaciones de un escritor animoso

Machuca, ayer me encontré con Badaya y estuvimos hablando un rato. ¿Qué cuenta? Nada, dice que su vida es rutinaria. ¿Qué tal le van las ventas? Mal, vende pocos libros de "El árbol de las confidencias". Se quejó de que la culpa es del algoritmo de Amazon, que es donde publica. No entiendo. Pues que los lectores no le escriben reseñas y la IA de marras no le da importancia y no le promociona. ¿Y de eso se quejaba? No le da vueltas, que le da igual, decía. Que pasará lo mismo que en el blog ese donde dice que doma dinosaurios, como Monterroso. ¿Qué pasó? Pues que antes tenía diariamente pocas entradas y ahora raro es el día que no supera las 500 entradas. ¡Joder, qué de seguidores! Alucina, tiene visitas de Singapur, Hong Kong, Brasil, India, EE. UU., Bangladés, Pakistán, México, Filipinas, Argentina, Sudáfrica... Más de 50 países, oye. Es un escritor exitoso, ¿no? Con el blog sí. Pero ¿tan buen escritor es? Mira, dice que él preguntó a la IA a qué se debía su éxito en el extranjero y no le convenció la repuesta. ¿Qué le dijo? Pues que en esos países hay una colonia de hispanohablantes que pueden estar interesados, que hay centros de aprendizaje de castellano, que estos textos narrativos y breves se adaptan bien a gente  extranjera, que en el trabajo hay una oportunidad rápida de visitar textos cortos, que en el propio blog ofrece un traductor a otros idiomas... Pero, Simón, ¿los que entran son robots o personas? Bueno. asegura que de vez en cuando encuentra entradas de boots afincados en Alemania, que lo sabe porque de repente recibe 2000 visitas de golpe y de madrugada. Sin embargo jura que entran personas, porque hay pausas entre visita y visita y se mantiene un ritmo pausado durante el día. Aunque nadie cuelga comentarios, si lo hicieran podría saber más. Bueno, pues hay que reconocer que tenemos un escritor en casa, hay que animarlo. Eso, le proponemos que este invierno publique otro libro. Pues ya sabes, le haremos nosotros la mitad del trabajo, como siempre. Lo negociaremos. ¿Pedimos un porcentaje en ventas? La carcajada cerró la conversación.
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21 oct 2026

Rebelión en el teclado

Abrió el ordenador y se desplegó una página en blanco donde caprichosamente aparecía escrita la letra "e". ¿Qué hago con esto? Añadió una "r" y milagrosamente el texto predictivo completó una palabra, "érase". Vaya, me invitan a contar un cuento, pensó; y se puso a ello. En poco tiempo creó una situación absurda con un problema irresoluble, así que quedó atascado y sin musas. El cuento era tan malo que lo borró de un plumazo, como hacían antaño los escritores de papel, tinta y pluma. Pero allí seguía en el fondo blanco del ordenador la "e". ¿Qué pasa? ¿Eres inmortal? Ni le respondió. Molesto decidió seguir en el juego y añadió una "s". El texto predictivo fue contundente y dejó claro su enfado con un término ofensivo: "Estúpido". Aquello parecía una rebelión de las máquinas. Cerró el ordenador y no lo abrió en una temporada. No me atrevo ni a preguntar a la IA, decía a los amigos. Creo que es una venganza de ella, porque el otro día le dije que era una sabionda y que se equivocaba. ¡Uf, qué soberbia!
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19 oct 2026

Otra historia olvidada


Atardecía en Oklahoma, un estado donde se concentra el mayor número de indígenas de todo Estados Unidos, nada manos que 39 etnias diferentes. El adolescente Osceola Anumpa Smith miraba el ocaso del día y también recordaba el ocaso de su pueblo Seminola. Sí, porque la caprichosa historia y esa manía que tienen los estadounidenses de ordenar la historia hizo que en 1830 se desplazaran allí forzosamente a muchas de las tribus del Este y suroeste de EE. UU. Cómo sería el viaje que hoy se le recuerda como el Sendero de Lágrimas. Resulta que eran pueblos agrícolas y, por casualidades de la vida, esclavistas; en consecuencia, viajaban también cientos de afroamericanos que eran la servidumbre. Bueno, hay que apuntar que los africanos estaban allí, porque fueron acogidos por estos pueblos originarios cuando huían del mercado esclavista de los ocupantes europeos. Osceola Anumpa había oído contar a su abuelo cómo en 1830 despojaron de sus tierras a muchas tribus y cómo les concentraron en un estado que luego se llamó Oklahoma. Y que 60 años más tarde sufrieron la enajenación de más tierras para repartir en una carrera entre colonos a 160 acres por barba, unas 65 hectáreas por cada asentamiento. Hoy los nativos americanos son apenas el 10% de la población. Osceola Anumpa está cargado de resignación, no hay un ápice de rebeldía en su semblante. Vive en un país donde la empatía con los aborígenes es un sentimiento escaso. Por eso mira hacia el oeste y ve cómo el sol es empujado fuera del cielo sin resistencia. No olvides, Osceola, recuerda que le decía su abuelo, que perdimos todo y para más humillación nos hicieron llevar un apellido de rostro pálido.
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16 oct 2026

El cuento que no es un cuento

Estaba un día el abuelo Simón leyendo un periódico y se encontró con un texto magnífico y sorprendente, tan es así que cortó la hoja del periódico y se la llevó para mostrar a su amigo Machuca. Él juraba que era un cuento en el mejor y peor sentido de la palabra y se lo leyó a su compañero de fatigas y discusiones. Escucha lo que dice, le pidió.

El proceso de investigación se fue complicando, alambicando, deberíamos decir, ya que estas tareas se emparentan ya con la más pura alquimia. Un leve tueste del grano extrae aromas de saúco, azahar, jazmín y almendra. Con 4 minutos afloran frutos secos, castañas y almendras tostadas y nueces de macadamia. Con 5, surgen esencias terrosas, de cacao y de legumbres secas. Pasados los 6 minutos de tueste asoman aromas ácidos y florales, de canela, vainilla, haba tonka, achicoria y algarroba. Con 7 llega el momento de la malta, la carne asada, la cebolla caramelizada y la avena. Cerca de los 10 minutos hablamos ya de café puro, de madera tostada y de ribetes ácidos, los ‘must’ que persigue cualquier cafetero de raza.

Al acabar se miraron los amigos y Machuca pidió un bis. A ver si lo entiendo, protestó. A la segunda sacó una conclusión. Esto es una investigación de laboratorio con instrumental de alta precisión. ¿Quién lo ha hecho? Un cocinero famoso. ¿Quién? Josean Alija, del restaurante Nerua, en Bilbao. ¿Y cómo descubre tantos aromas, matices y palabrería? Calla, que todo esto que cuenta se esconde en un simple grano de café cuando se tuesta. Tú, ¿cómo lo titularías? Pues, tú lo has dicho, "los misteriosos aromas que esconde un simple grano de café". El abuelo Simón ya sonreía, pues había llevado la conversación a donde quería. Yo le he buscado un título mejor: "¡Tiene narices!"

NOTA: Josean Alija es el chef del restaurante Nerua Guggenheim de Bilbao y es el creador de este texto, una crónica gastronómica publicada en el diario El Correo que se titula "Resuelto el misterio de emplatar el café", donde describe el fascinante proceso de la metamorfosis del grano y los perfiles de sabor que se van desarrollando minuto a minuto durante el tueste.

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14 oct 2026

Filosofía e infancia

A Davicín le contaron de niño que la vida es el período que transcurre entre el nacimiento y la muerte. Le pareció una idea muy precisa, aunque había muchas cosas más que explicar. Tú quieres hablar de filosofía, le dijo su maestro. Pero que sepas, todos los seres vivientes, nacen, crecen, se reproducen y mueren. Uf, esto aclara un poco más las cosas, decía Davicín. Pero la vida es algo más, ¿no? Eres muy pequeño todavía para pensar en esas cosas, no te devanes los sesos. O sea, que tengo que ser tonto desde niño, protestó. ¡Ay, Davicín! Eres como una mosca cojonera. ¿Y eso qué es? Vale, mañana te cuento lo que dijo el filósofo más famoso de Grecia. Al día siguiente el niño no le dejó empezar la clase sin que el maestro contara lo que había prometido. Mira, curiosón. Sócrates dijo que la vida no es simplemente estar vivo, sino con eudaimonia que en griego es felicidad, que es lo mismo que actuar con justicia, rectitud moral y virtud. Davicín abrió la boca para preguntar algo más, pero le cortó el docente poniéndose el dedo índice en los labios. Apunta, que la felicidad es actuar buscando el bien. Te lo piensas. ¿Puedo hablar? No, los filósofos piensan mucho antes de hablar, mañana seguimos. Davicín le dio muchas vueltas al mensaje, tantas que tuvo tiempo de pintar en su cuaderno un rótulo con aquella palabra extraña que tan bien sonaba y que había quedado escrita en la pizarra. No lo olvidó. Aquel maestro dejó huella.
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12 oct 2026

La IA se sincera

Andaba el abuelo Simón hurgando en un buscador con una cuestión de largo recorrido. A ver, dime, ¿cómo explicas el origen del mundo? ¿Cómo nació el ser humano? Y encontró dos líneas de respuesta, la científica del Big Bang que no dejaba de ser una hipótesis y la idea creacionista que da a un dios, cada cultura presenta uno o varios, todo el protagonismo. Y el bueno de Simón se sumergió en una vorágine de preguntas que la IA no dejó sin contestar. Casi perdió el sueño, pero no las ganas de contárselo a su amigo. Oye, Machuca, mira lo que me dijo ayer la IA. Te pusiste pesado, seguro y te mandó a freír espárragos. Me pidió perdón. No me lo puedo creer. Pues me explicó el origen del mundo apoyándose en argumentos científicos y en mitos de todas las culturas. Y ¿qué le dijiste? Mira, eminencia, los mitos son explicaciones que se daban en la antigüedad, no creo que sea de recibo mantenerlos en el S. XXI. Y le pregunté directamente a ver si se los creía. ¿Y cuál fue la respuesta? Soltó una frase redonda: Yo no creo, yo proceso información. Manda narices. Encima añadió que ella se surte de fuentes de datos, la mayoría del mundo anglosajón. Y que eso es lo que encuentra más a mano para explicarlo. ¡Qué jeta! La IA no se moja, da por bueno todo lo que está escrito por ahí. Y no protestes. ¿Te has fijado cuántos dirigentes políticos muestran sus creencias religiosas y las usan como argumentos para convencer a los ciudadanos? Uf, no me cuentes. Machuca, los humanos seguimos teniendo un pensamiento mágico. Y supersticioso, amigo. La IA es como un loro, repite lo que le enseñan. Y deja al personal devanándose los sesos con la dichosa pregunta. ¡Ay, amigo! Lo de pensar es cosa nuestra.
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