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Juan Badaya, domador de dinosaurios
Es cierto que detrás de cada ser humano se esconde una historia, pero no es menos cierto que a cada persona le acompañan otras muchas más historias, tantas cuantas dinosaurios encuentra en cada despertar...
11 sept 2026
El secreto de la confesión
Cuando Moisés recibió en el Sinaí “Las Tablas de la Ley”, regresó muy feliz con sus gentes. Aquí os traigo el decálogo con las normas que todo seguidor de Yahvé deberá cumplir. No hizo falta argumentar más, todos lo aceptaron, porque todos tenían miedo de ser condenaos al infierno, que no era cuestión de jugar con el destino. Pero se abrió un debate espontáneo sobre la dificultad de cumplir aquellos mandamientos. Les pareció que no era difícil honrar y respetar a Jehová, a los padres y al prójimo. Eso era de cajón, pensaban. Pero lo de no matar era complicado, porque a menudo entraban en guerra con los vecinos y no había más remedio. Lo de robar estaba bien, pero más de uno se preguntaba qué podían hacer si pasaban hambre o se quedaban desamparados. ¿Y no mentir? Vaya, era una forma inocente de librarse de problemas, argumentaban otros. Más complicado fue lo de no fornicar. Jopé, con lo que nos gusta, comentaba la mayoría. Mira que ponen condiciones, se quejaban los jóvenes. Y no tener deseos ni pensamientos lujuriosos ¿por qué está prohibido? Aquello amenazaba rebelión, pensó Moisés abrumado por lo que veía venir. Bueno, les dijo. Dios perdona los pecados siempre que los confeséis, os arrepintáis y prometáis no reincidir. ¿Cuántas veces nos perdonará? Las que haga falta, no seáis desconfiados. ¡Ah, exclamaron todos aliviados! Y así hasta hoy.
9 sept 2026
El eclipse
Y llegó el 12 de agosto de 2026 de la era cristiana. Parece que una estrella llamada Sol se estaba aburriendo de tanta monotonía gravitacional y de estar en mitad de la galaxia dando luz y calor al planeta Tierra, tanto que pensó en una broma. Voy a dejar que Luna se me ponga delante y les voy a confundir con una mininoche de poco más de un minuto a ver qué pasa. El satélite lunar colaboró y por un momento deleitaron a los humanos llenos de espíritu científico y abrumaron a los supersticiosos. También provocó que las aves se pusieran el pijama antes de tiempo y que se montara una orquesta de grillos con una sinfonía brevísima. Los árboles liberaron oxígeno a trompicones y los topos obviamente siguieron a lo suyo. Cuando todo pasó, el sol se rio un buen rato. Qué de gente rara he visto con gafitas ridículas por ahí abajo. Pues a algunos le has dejado cegatos, comentaba incrédula Luna. Mira que hay estúpidos. ¿Y tú qué?, preguntaba el astro rey. Bien, me has dejado calentita lo que nadie ve, confesaba Luna. Pillina, le respondía, Sol. Qué bien nos enrollamos tú y yo, ¿eh? Otra vez no, que me has dejado la popa al rojo vivo. No era mi intención, perdona. Bueno, nos acoplaremos más veces, tranquilo. Habrá que preguntar a los astrónomos de ahí abajo cuándo nos toca. Lo haré yo, que estoy más cerca. ¿Sabes? Hay cohetes de un tal Elon Musk que me rondan a menudo, ellos lo sabrán. Eso. Y se desperdigaron felices y con orden por lo profundo de la galaxia con un beso sideral que no tuvo más trascendencia que unas cuantas tormentas de truenos interminables de los que no se percataron los terráqueos curiosones.
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7 sept 2026
Suerte dispar del Picudo Rojo
Paseaban por un parque inaugurado en la ciudad apenas dos años antes. El abuelo Simón de extrañó de ver las palmeras con unas bolsitas cosidas al tronco. Se acercó al árbol, se ajustó las gafas y leyó el nombre del departamento de control de plagas de la ciudad. Tratamiento fitosanitario contra el Picudo Rojo, leyó. ¿Y eso? Machuca enredó en su teléfono e hizo una llamada. Llamo al nieto que está preparando oposiciones. No le distraigas. ¡Qué va! El abuelo Simón se encerró en sus pensamientos. Este árbol, meditaba, no sirve ni para hacer leña, ni para producir madera, ni siquiera flota; es útil solo para dar sombra, cosa que los calvos agradecemos, je, je. Le sacó su amigo de sus cavilaciones. Que dice el chaval que el picudo rojo es un escarabajo que deja cientos de larvas que se comen las entrañas del árbol y lo matan, que es una plaga terrible que ataca a palmerales enteros. Y dice que me manda ahora mismo unos enlaces para que sepamos más. Se quedaron sorprendidos cuando abrieron la información. Simón, que dice que en Vietnam sus larvas se comen como si fuera un manjar, que se consumen vivas con salsa de pescado. Simón ya empezaba a poner mala cara. Y Machuca a lo suyo. Que en el África subsahariana es el escarabajo más consumido, que unas veces se cuecen, otras se tuestan, se fríen o cocinan al vapor acompañando a menudo los platos de arroz, que este insecto es tan nutritivo como la leche o las legumbres... Se oyó un ruido raro. Era del bastonazo que el abuelo Simón había propinado al tronco de la palmera. Pero ¿qué haces? Los estoy repatriando, los declaro ilegales, espero que se vayan volando. Pierdes el tiempo. Verdad es. No se puede luchar contra las fuerzas de la naturaleza. ¡Pero te juro que no los pienso probar!
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4 sept 2026
Getas
En la cola del supermercado se acercó un hombre nervioso que nos explicó a unos cuantos clientes que tenía prisa, que su madre mayor estaba sola en casa... ¿Me dejan pasar adelante? Permiso concedido. Llevaba unas cervezas y comida precocinada. Son muy amables, nos dijo y salió corriendo. De camino a casa me lo encontré tomando un vermú con una mujer en una terraza. Levantando la bolsa de mi compra y muy sonriente le dije que saludara de mi parte a su madre. El idiota de él agradeció mi buen humor.
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2 sept 2026
Historia olvidada
Revisando el viejo desván de la casa familiar encontré una rueca apolillada. De primeras no supe qué era, me lo aclaró un vecino ya mayor. Antaño, dijo, en todas las casas se trabajaba la lana. Primero se esquilaban las ovejas, se lavaba y secaba el vellón. Luego, una vez seco, se cardaba y salían hebras que se convertían en hilo con ayuda del huso o la rueca. Así se fabricaban las madejas que servían para hacer ropa. Eran trabajos duros, sí. ¿Lo hacían las mujeres? ¿Quién va a ser si no? Nosotros somos unos inútiles.
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31 ago 2026
Árbol familiar
Cuando era niño vi cómo se secaba un cerezo que los abuelos tenían en la entrada de la casa de pescadores donde vivían. Ocupaba un hueco pegado al tejado y servía de garaje para la camioneta. A todos nos dio mucha pena y nos despedimos de él como si fuera uno más de la familia. Cuando volvimos en navidades nos llevamos una sorpresa. Allí seguía el tronco seco y sus ramas limpias pintadas de esos colores que los pescadores dan a sus embarcaciones, un rojo escarlata que nos enamoró. La abuela colgaba la ropa a secar bajo su inexistente sombra y ya se convirtió de nuevo en uno más. Pasó el tiempo, murieron los abuelos, heredamos la casa y hoy es el día que el propietario soy yo, que sigo admirando al difunto cerezo como un miembro imprescindible en la familia y una referencia fotográfica para todos los paseantes del nuevo paseo marítimo del pueblo. Yo golpeo su tronco con los nudillos y compruebo que sigue vigoroso y con ganas de no morirse del todo. Para más sorpresas, la municipalidad me ha pedido permiso para colgar adornos navideños para fin de año, ya que es muy vistoso y gustará a los convecinos. Yo les he dicho que sí, siempre que sea compatible con el contrato de explotación que estoy a punto de firmar con un megaempresario que manda cohetes al espacio y que lo quiere utilizar como imagen de marca. Se han quedado boquiabiertos. Yo me he muerto de risa y les he avisado. Es broma, pero no lo descarto, eso puede ocurrir. Cómo se reirían mis abuelos si vieran lo querido que es nuestro cerezo, ja, ja, ja.
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