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Juan Badaya, domador de dinosaurios
Es cierto que detrás de cada ser humano se esconde una historia, pero no es menos cierto que a cada persona le acompañan otras muchas más historias, tantas cuantas dinosaurios encuentra en cada despertar...
20 may 2026
Ironías ignoradas
Recuerdo el primer libro que dejó escrito Juan Badaya, editado en una fotocopiadora, montado, grapado y guillotinado en la imprenta de debajo de su casa. Era modesto, sí, pero ya dejaba entrever el nervio narrativo del citado. El asunto es que, para parecerse a un libro, hubo que improvisar una portada e inventar un remedo de registro en el que se hablaba de los derechos de autor, fecha de publicación y si era primera edición o no. El autor puso su ingenio en funcionamiento y dejó escrito lo siguiente: “Todos los derechos de reproducción del autor están reservados, los del libro se comparten citando la procedencia”. Así de fresco era Juan Badaya. Pero lo que de verdad dejó herido al autor, fue que nadie captó la ironía, a tenor de los comentarios que recibió después. Y todavía le duele.
18 may 2026
Trabajo cumplido
Después de 6 meses seguidos haciendo de aprendiz, el jefe le propuso a Juan Gris ser el autor del paso de cebra del conservatorio de la ciudad. Que quede bien y original, le pidió. Se lo tomó en serio. El fin de semana se lo pasó estudiando el terreno y preparando la estrategia, que había que quedar bien. Primero anularía el carril izquierdo, luego el central y finalmente el derecho. Como se anunciaba un día caluroso, esperaría 4 horas hasta que secara la pintura blanca y usaría un bote de color oscuro para tapar los restos antiguos del paso anterior. Contaba con una brigada de 2 peones y cintas de carrocero para acotar el espacio de la pintura de las franjas. El lunes se despertó ilusionado y allá que se fue al tajo. Todo salió perfecto y para las 16’00 h. ya estaba acabado y casi seco, hasta que llegó el camión de la basura que atolondradamente rodó donde no debía. Los peones se echaron las manos a la cabeza y casi agreden al chófer. Juan Gris los calmó. Tiene solución, gritó. Se subió al camión y observó el paso de cebra, habló con el conductor y le hizo maniobrar con órdenes precisas. El resto del trabajo ya lo realizó con el bote de pintura oscura y pronto el paso de cebra se dio por finalizado. Aquello era un auténtico teclado de piano, digno del conservatorio, como le pidieron. Juan Gris abrazó al camionero que no daba crédito a lo que veía y vio cómo hasta los ayudantes le aplaudían.
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15 may 2026
Seguro que así pudo ocurrir
Cuando llegaron a la desembocadura de un gran río, el capitán mandó girar el timón a estribor y enderezar el rumbo hacia el continente. Necesitaban agua y víveres. Cuidó que el barco no quedara embarrancado en los bajíos ni que chocara con troncos flotantes o rocas escondidas. Avanzó un par de leguas hasta que el agua perdió el sabor marino. Y se aprovisionaron allí mismo del líquido elemento. Cerca se elevaba una columna de humo. Mandó botar dos barcas de remos con hombres bien armados y les ordenó hacerse con fruta, carne, granos... Antes de zarpar todos rezaron dirigidos por un fraile escuálido que mostraba mucha fe y convencimiento de poder llevarse algo a la boca. Y rezaron un buen rato. Las dos barcas se alejaron cautelosas. El capitán estaba tranquilo. Si tenían éxito, la expedición estaba salvada. Si fracasaban, podía echarle la culpa al fraile por la inutilidad de sus rezos o a dios mismo por no ayudarles. A lo lejos durante un rato largo se oyeron gritos, disparos, gente corriendo por la orilla. Y al poco dos puntos negros y diminutos empezaron a distinguirse en la lejanía. El capitán ordenó el rezo del Te Deum.
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13 may 2026
Un platónico empedernido
Le bastó una mirada de apenas unos segundos para saber que aquella persona debía ser su prometida. Le entró por los ojos. Su cara, su cuerpo, sus movimientos gráciles, su sonrisa... bastaron para saber e imaginar todas las virtudes que atesoraba, todo el encanto que poseía. Aquella era, estaba convencido, la mujer ideal de su vida. Y tanto gozó con aquella idea que no hubo manera de albergar alguna duda. Entornó los ojos, ensimismado para mejor regodearse en su suerte, y no se percató de que el bus realizaba una parada y la chica amada desaparecía de su vista. Menuda frustración sufrió cuando quiso de nuevo posar su mirada en ella. Creyó enloquecer. Regresó malhumorado a su casa y ya en su habitación, se acercó al poster de su cantante preferida y marcó otra muesca más en la base del marco. Ya iban más de una treintena.
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11 may 2026
Lápidas que recuerdan
Encontramos un cementerio olvidado junto a la iglesia de una aldea en ruinas. Por pura curiosidad revisamos las estelas ocultas entre zarzas y malas hierbas tratando de descifrar quiénes eran los que allí yacían. Siguiendo las letras talladas en las lápidas pudimos descifrar algunos nombres que fuimos cantando en voz alta. Cuando ya teníamos una docena me percaté de que todas eran mujeres. ¿No hay hombres? Una amiga sonrió. Ya sabes, dijo, que el recuerdo es siempre para quien más se lo merece.
NOTA: Texto finalista en el concurso del mes de marzo de 2026 en Letras como espada. Condiciones: No más de 500 caracteres, incluido espacios, y "Mujeres extraordinarias" como tema.
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8 may 2026
Habla la alcaldesa
Pondremos nombre a la nueva calle. Sugiero que sea de mujer, que no tenemos ninguna en el callejero. Piensen en alguien que haya hecho algo por el pueblo. Manden propuestas por correo. Ayer se abrieron los sobres y apareció un nombre que, bien mirado, a todos complacía: La madre que me parió. Es de mal gusto, aunque sea merecido. Queda rechazado. ¿No encuentran a nadie? Y tras un silencio prolongado, la alcaldesa sentenció: Desde hoy será la calle del Olvido.
NOTA: Texto finalista en el concurso mensual El mundo del escritor de marzo de 2026. Condiciones: No más de 80 palabras y "Homenaje a las mujeres" como tema.
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