Acudí a la carnicería a una compra rutinaria, unas piezas de hígado de ternera que el médico me había recomendado en la consulta. Te veo flojo de eritrocitos y seguro que estarás cansado. Sí, le dije, últimamente sí, es cierto. Es que estás ferropénico, debes comer carne roja, hígado, pescado azul... Con estas cuitas me acerqué yo al puesto del mercado. El carnicero me sonrió y mientras atendía mi pedido planteó una pregunta que le rondaba la cabeza. Dijo que era una duda, pero luego comprobé que casi era una certeza para él. Venga, si sé te respondo. Oye, dime por qué río/rio llevan tilde unas veces sí y otras no. Juro que me había sido más fácil seguir la jerga médica que hacer entrar en razonamientos a aquel sujeto, porque el carnicero, mi amigo, armado de un cuchillo parecido a una cimitarra, sin dejar de gesticular, se negó a obedecer a la RAE. Que si las dos palabras son monosílabas, que no me hables de diptongos ni de hiatos, ni de tilde diacrítico, que él no está para distinguir vocales fuertes y débiles, que río o cauce de agua, vale, pero no vale si es de reír, que si/sí por qué no se escriben igual... Al final aceptó de mala manera mis argumentos de autoridad y cedió por fin. Ya le dije en la despedida: Me has dejado sin energías, me voy a comer todo el hígado ahora mismo. Al cerrar la puerta creo que me planteó si las vacas hacen “mu” con tilde... Vamos que me comí todo el hígado.
EPÍLOGO: Días más tarde entré de nuevo en la carnicería y me pude vengar. Tenía más energías. Vi una pieza de carne y le planteé: Eso es zancarrón, ¿no? Me miró con los ojos fuera de órbita y enfadado, salió del mostrador, se remangó la pernera del pantalón y tocándose la carne de la tibia y pantorrilla me explicó que zancarrón era eso en la pata de una vaca. ¿Cómo no sabes eso? Es que el gremio de carniceros no tenéis una Academia donde aprender, ni siquiera tenéis unificado el vocabulario, que en cada país se dice de muchas maneras distintas. Se quedó estupefacto. Es imposible de aprender, os falta una RAE. Total, que le pedí una docena de salchichas, de vacuno, por supuesto, y me puso una más, como siempre.Juan Badaya, domador de dinosaurios
Es cierto que detrás de cada ser humano se esconde una historia, pero no es menos cierto que a cada persona le acompañan otras muchas más historias, tantas cuantas dinosaurios encuentra en cada despertar...
2 nov 2026
30 oct 2026
Inseguridades que no cesan
Giras a la izquierda y en el primer portal está la Capitanía Marítima. Allí podrás hacer las gestiones para embarcarte. Observó que el amigo había movido una mano para señalar el giro y se fue tranquilo. No obstante, consultó en su móvil el sentido de babor/estribor, pero no texto, sino en imágenes. Esta era siempre su gran duda, la que le atormentaba cada vez que tenía que dar órdenes al timonel. Lo olvidó por un instante e hizo sin problemas el trámite, nada menos que la revalidación de la Tarjeta Profesional que le permitía hacer su nuevo trabajo de capitán en un barco comercial de cabotaje. De regreso al puerto se colocó en su puesto y con mucho disimulo escribió en el frente de madera con un rotulador de tinta perenne B/E, de manera que siempre pudiera consultar hacia qué lado estaba exactamente y sin ápice de duda el babor y el estribor.
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28 oct 2026
Un día entretenido en la playa
Llegó a la playa con pocos trastos, la prueba es que cuando decidió darse un baño se quedó pensando cómo dejar a buen recaudo la toalla, el bote de crema, la camiseta, las chanclas, la cartera, las gafas de sol y el celular. Se le ocurrió fiarse de una señora que tomaba el sol como una profesional, pero cerraba los ojos. Valoró dejarlo cerca de los socorristas, pero pensó que tal vez saldrían corriendo a atender a alguien. Vio una zona acotada de tiro con arco donde un grupo de jóvenes trataban de acertar con una diana colocada a distancia, en una duna. Se acercó al que parecía el jefe. ¿Os importa que deje mis cosas aquí mientras me baño? Las vigiláis, ¿no? Aquel hombre sonrió. Mira, si te atreves en dejarlo a la sombra de la diana, te juro que no se acercará nadie y, vista la puntería de esta gente, tus pertenencias acabarán intactas. El turista entró en confusión, pero vistas las garantías lo aceptó. Pero tienes que hacerme dos favores. Al volver me traes todas las flechas desperdigadas por allá y lo mismo haces al recoger la ropa, ¿vale? Vale. Cesaron los lanzamientos y se cumplió la parte de trato. El protagonista se bañó. Y el instructor, preocupado por si la casualidad hacía que alguien empezara a apuntar mejor, dedicó un tiempo a cuestiones técnicas en el manejo del arco y de las flechas. Pero no hubo suerte, una de las flechas se clavó al lado de la toalla. Ya puedes perdonar, le dijo al dueño cuando regresó. ¿Quién ha sido? Este, dijo señalando a uno que usaba gafas de alta graduación. Se llama Cupido. El bañista se encogió de hombros, fue a recoger sus cosas y acarreó unas 30 flechas caídas por allá. Mira, me ha agujereado una chancla, se quejó. Seguro que encuentra pareja, ironizó el instructor mirando de reojo a Cupido. Qué va, ya tiene, dijo mostrando la otra chancla. Sólo tiene un rasguño. Todos rieron, le dieron una palmada, y se fue feliz, con pocas ganas de repetir experiencia, más cuando notó que Cupido, además de miope, parecía bizco.
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26 oct 2026
La astucia de Friné
Al día siguiente de la anterior conversación entre el abuelo Simón y el tío Machuca, los dos amigos recibieron un mensaje de Juan Badaya en el móvil. Sabedor del alto aprecio en el que me tenéis, decía, os quiero obsequiar con una grieguería. Es una primicia que, no tengo la menor duda, sabréis apreciar. Ahí va:
Es sabido que Friné era una hetaira de mucha fama en Atenas. Era culta y bella, tanto que vivía rodeada de la admiración de sus paisanos. Praxíteles, el escultor de más prestigio en la Grecia Clásica, la tuvo como amante y se dice que la tomó como modelo para esculpir la estatua de Afrodita, la más bella estatua, cuentan, de la Hélade. Hay una anécdota que más parece leyenda, entre los dos personajes citados. Se cuenta que Praxíteles, rendido a su belleza y ebrio de amor, le ofreció como regalo cualquiera de las esculturas que había en su taller. Elige la que quieras. Te lo diré hoy mismo, cuando vengas a cenar a mi mansión, propuso ella. Y esa noche Friné, conchabada con un sirviente, ideó una trampa para saber cuál era la mejor. Y es que entró corriendo el criado gritando que ardía el taller de Praxíteles y éste, azorado, dejó claras sus preferencias. ¡Salvad a Cupido, que no se destruya por nada del mundo! Friné tomó nota y esa fue su petición.
¿Os ha gustado, malandrines? Esa era la frase que cerraba el mensaje. Lo que no sabemos es como reaccionaron los dos amigos, ni qué piropos le dedicaron a Juan Badaya.
23 oct 2026
Cavilaciones de un escritor animoso
Machuca, ayer me encontré con Badaya y estuvimos hablando un rato. ¿Qué cuenta? Nada, dice que su vida es rutinaria. ¿Qué tal le van las ventas? Mal, vende pocos libros de "El árbol de las confidencias". Se quejó de que la culpa es del algoritmo de Amazon, que es donde publica. No entiendo. Pues que los lectores no le escriben reseñas y la IA de marras no le da importancia y no le promociona. ¿Y de eso se quejaba? No le da vueltas, que le da igual, decía. Que pasará lo mismo que en el blog ese donde dice que doma dinosaurios, como Monterroso. ¿Qué pasó? Pues que antes tenía diariamente pocas entradas y ahora raro es el día que no supera las 500 entradas. ¡Joder, qué de seguidores! Alucina, tiene visitas de Singapur, Hong Kong, Brasil, India, EE. UU., Bangladés, Pakistán, México, Filipinas, Argentina, Sudáfrica... Más de 50 países, oye. Es un escritor exitoso, ¿no? Con el blog sí. Pero ¿tan buen escritor es? Mira, dice que él preguntó a la IA a qué se debía su éxito en el extranjero y no le convenció la repuesta. ¿Qué le dijo? Pues que en esos países hay una colonia de hispanohablantes que pueden estar interesados, que hay centros de aprendizaje de castellano, que estos textos narrativos y breves se adaptan bien a gente extranjera, que en el trabajo hay una oportunidad rápida de visitar textos cortos, que en el propio blog ofrece un traductor a otros idiomas... Pero, Simón, ¿los que entran son robots o personas? Bueno. asegura que de vez en cuando encuentra entradas de boots afincados en Alemania, que lo sabe porque de repente recibe 2000 visitas de golpe y de madrugada. Sin embargo jura que entran personas, porque hay pausas entre visita y visita y se mantiene un ritmo pausado durante el día. Aunque nadie cuelga comentarios, si lo hicieran podría saber más. Bueno, pues hay que reconocer que tenemos un escritor en casa, hay que animarlo. Eso, le proponemos que este invierno publique otro libro. Pues ya sabes, le haremos nosotros la mitad del trabajo, como siempre. Lo negociaremos. ¿Pedimos un porcentaje en ventas? La carcajada cerró la conversación.
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21 oct 2026
Rebelión en el teclado
Abrió el ordenador y se desplegó una página en blanco donde caprichosamente aparecía escrita la letra "e". ¿Qué hago con esto? Añadió una "r" y milagrosamente el texto predictivo completó una palabra, "érase". Vaya, me invitan a contar un cuento, pensó; y se puso a ello. En poco tiempo creó una situación absurda con un problema irresoluble, así que quedó atascado y sin musas. El cuento era tan malo que lo borró de un plumazo, como hacían antaño los escritores de papel, tinta y pluma. Pero allí seguía en el fondo blanco del ordenador la "e". ¿Qué pasa? ¿Eres inmortal? Ni le respondió. Molesto decidió seguir en el juego y añadió una "s". El texto predictivo fue contundente y dejó claro su enfado con un término ofensivo: "Estúpido". Aquello parecía una rebelión de las máquinas. Cerró el ordenador y no lo abrió en una temporada. No me atrevo ni a preguntar a la IA, decía a los amigos. Creo que es una venganza de ella, porque el otro día le dije que era una sabionda y que se equivocaba. ¡Uf, qué soberbia!
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