Juan Badaya, domador de dinosaurios
Es cierto que detrás de cada ser humano se esconde una historia, pero no es menos cierto que a cada persona le acompañan otras muchas más historias, tantas cuantas dinosaurios encuentra en cada despertar...
4 nov 2026
Ay, la verborrea
2 nov 2026
La ortografía de la vida diaria
Acudí a la carnicería a una compra rutinaria, unas piezas de hígado de ternera que el médico me había recomendado en la consulta. Te veo flojo de eritrocitos y seguro que estarás cansado. Sí, le dije, últimamente sí, es cierto. Es que estás ferropénico, debes comer carne roja, hígado, pescado azul... Con estas cuitas me acerqué yo al puesto del mercado. El carnicero me sonrió y mientras atendía mi pedido planteó una pregunta que le rondaba la cabeza. Dijo que era una duda, pero luego comprobé que casi era una certeza para él. Venga, si sé te respondo. Oye, dime por qué río/rio llevan tilde unas veces sí y otras no. Juro que me había sido más fácil seguir la jerga médica que hacer entrar en razonamientos a aquel sujeto, porque el carnicero, mi amigo, armado de un cuchillo parecido a una cimitarra, sin dejar de gesticular, se negó a obedecer a la RAE. Que si las dos palabras son monosílabas, que no me hables de diptongos ni de hiatos, ni de tilde diacrítico, que él no está para distinguir vocales fuertes y débiles, que río o cauce de agua, vale, pero no vale si es de reír, que si/sí por qué no se escriben igual... Al final aceptó de mala manera mis argumentos de autoridad y cedió por fin. Ya le dije en la despedida: Me has dejado sin energías, me voy a comer todo el hígado ahora mismo. Al cerrar la puerta creo que me planteó si las vacas hacen “mu” con tilde... Vamos que me comí todo el hígado.
EPÍLOGO: Días más tarde entré de nuevo en la carnicería y me pude vengar. Tenía más energías. Vi una pieza de carne y le planteé: Eso es zancarrón, ¿no? Me miró con los ojos fuera de órbita y enfadado, salió del mostrador, se remangó la pernera del pantalón y tocándose la carne de la tibia y pantorrilla me explicó que zancarrón era eso en la pata de una vaca. ¿Cómo no sabes eso? Es que el gremio de carniceros no tenéis una Academia donde aprender, ni siquiera tenéis unificado el vocabulario, que en cada país se dice de muchas maneras distintas. Se quedó estupefacto. Es imposible de aprender, os falta una RAE. Total, que le pedí una docena de salchichas, de vacuno, por supuesto, y me puso una más, como siempre.30 oct 2026
Inseguridades que no cesan
28 oct 2026
Un día entretenido en la playa
26 oct 2026
La astucia de Friné
Es sabido que Friné era una hetaira de mucha fama en Atenas. Era culta y bella, tanto que vivía rodeada de la admiración de sus paisanos. Praxíteles, el escultor de más prestigio en la Grecia Clásica, la tuvo como amante y se dice que la tomó como modelo para esculpir la estatua de Afrodita, la más bella estatua, cuentan, de la Hélade. Hay una anécdota que más parece leyenda, entre los dos personajes citados. Se cuenta que Praxíteles, rendido a su belleza y ebrio de amor, le ofreció como regalo cualquiera de las esculturas que había en su taller. Elige la que quieras. Te lo diré hoy mismo, cuando vengas a cenar a mi mansión, propuso ella. Y esa noche Friné, conchabada con un sirviente, ideó una trampa para saber cuál era la mejor. Y es que entró corriendo el criado gritando que ardía el taller de Praxíteles y éste, azorado, dejó claras sus preferencias. ¡Salvad a Cupido, que no se destruya por nada del mundo! Friné tomó nota y esa fue su petición.
¿Os ha gustado, malandrines? Esa era la frase que cerraba el mensaje. Lo que no sabemos es como reaccionaron los dos amigos, ni qué piropos le dedicaron a Juan Badaya.





