2 ago 2026

Amazon Kindle ofrece la oportunidad de leer el e-book de 62 relatos seleccionados por Juan Badaya y comentados por el Abuelo Simón y el tío Machuca con su habitual desparpajo y salero. Aprovechen la oferta.



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los días 4 y 5 de agosto

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El plazo acaba el miércoles 5 a las 23:59 p.m. del Pacífico,
(8:59 a.m. del día jueves 6 en España)

31 jul 2026

Pocos ven cuándo llega el momento de envejecer

Al pie de la obra un peón, a todas luces emigrante recién llegado, escuchaba órdenes de un veterano albañil. Sube tú estas cosas al piso cuarto, que eres joven. El chaval inició el ascenso por el andamio, dejando un comentario estimulante para su compañero. Tú viejo no, tú tienes mucha correa. Ya, le respondió el otro; yo ya soy viejo y estoy jugando la prórroga.
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29 jul 2026

Okupa con razón


Revolvió en su bolso buscando una moneda inexistente. Pero era tanto su empeño y obcecación por dar una limosna al mendigo que le entregó las llaves de casa. Ningún juez encontró delito en ello.
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27 jul 2026

Juicio postrero

La primera reacción cuando sufrió el accidente con el camión fue palparse para ver si seguía vivo con todas las partes del cuerpo en su sitio. Después pensó en el daño causado y el quebranto económico que sufriría su empresa. Luego buscó al culpable. ¿Yo? No, el tacómetro demostrará que he sido prudente, que he tenido que frenar para evitar un atropello. Hizo una lista larga de argumentos y esperó a dar explicaciones. No hizo falta. Que pase el siguiente, oyó que decía San Pedro.
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24 jul 2026

Alumno del doctor Bacterio

Llegaron fechas de calores extremos que obligó al gobierno a declarar alerta roja. Las gentes se encerraron en sus casas abrazados a botellas de agua y esperaron pacientemente a que volvieran los termómetros a recuperar el sentido común. Honorato puso en práctica la técnica alemana que había leído en prensa. Congeló 3 litros de agua en un botellón, antes añadió 4 cucharadas de sal para reducir el punto de congelación, lo colocó en la parte superior de un armario, encima de un plato y esperó a que fuera enfriando el aire del entorno y creara una corriente descendente que llevara el frio a sus pies. Añadió al invento un ventilador y así fue el hombre más feliz de su escalera. Durante un tiempo Honorato presumió entre el vecindario de sus mañas. El plato era para defenderme de la condensación y lo del armario para establecer corrientes de convección, porque, ¿sabes?, el aire frío baja hasta lo pies y el caliente sube al techo. Además, la sal, añadía, hace que el agua se hiele a –18 º C por aquello del descenso crioscópico y el enfriamiento dura más. Este hombre es un científico, comentaba la anciana del 1ºC. Si ya venía listo de pequeño, aseguraba la Sra. Teodosia. Es como el Elon Musk ese, decía su marido. Cualquier día sale en un cohete por la ventana. ¡Jesús!, exclamaban las mujeres a coro.
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22 jul 2026

En honor de Argos

Me parece, Simón, que no contamos bien ayer la historia de Argos. ¿El perro de Ulises? El mismo. Resulta que el can era fuerte, veloz, gran rastreador, amigo, cómplice y compañero de Odiseo, el rey de Ítaca, etc y etc. Vamos que eran amigos muy queridos, como puede ser un humano y un perro. El caso es que desapareció su amo y el perro quedó solo, abandonado, triste y falto de cariño. ¿Qué hizo? Jurar fidelidad eterna a su señor y esperarle hasta su vuelta. ¿Exactamente lo mismo que Penélope? Lo mismo, Simón. Es curioso que en el S. VIII a.C. ya se escribiera sobre la lealtad de los perros. Los griegos se lo sabían todo y lo explicaban en sus relatos míticos. Es verdad, Simón. Pues resulta que, trascurridos 20 años, muchos para un can, regresó su amo disfrazado de mendigo y con los rasgos alterados con la ayuda de la diosa Atenea. Nadie lo reconoció, salvo su hijo Telémaco que guardó el secreto, y su leal amigo Argos. El pobre estaba tumbado en estiércol, enfermo y débil. Pero acertó a incorporarse, bajar las orejas y mover el rabo. Ulises, por no perder el anonimato, pasó de largo soltando una lágrima que debió ser suficiente para el perro, porque, dando por cumplida su promesa de esperar a su amo, se desplomó muerto allí mismo. Bonito ¿eh? Ay, Machuca. A los perros les hace grandes la falta de ambición, eso que tanto nos sobra a los humanos. Va a ser que sí, Simón.
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