10 jul 2026

Simón y Machuca publicitas (III)

Foto: Kontxi, una amiga
Mira, Machuca, nunca pensé que tú y yo nos íbamos a inmortalizar en el libro de Juan Badaya. En casa no se lo creen, la mujer solo sonríe, contaba Simón. Además dice que ella quiere leer en papel, que no le gusta mirar pantallas enanas. Pues le compras un tapa blanda, ¿no? Ya, le he pedido un billete de 10 € para comprárselo. Tacaño, regálaselo tú, le reprochaba Machuca. Anda, prefiero esperar a que nos pase el ejemplar que nos prometió Badaya. Dice que pidió dos docenas y que llegarán pronto. A saber. ¿Sabes si ha vendido mucho? Me contó que 4 e-books y 1 libro. Vamos, que a ti y a mí no nos conoce nadie... Igual que al Badaya, ja, ja. ¡Menudo trío de famosos! Pero una cosa tenemos que contar.  Anteayer le convencimos de que tenía que hacer unos días de promoción con el e-book, exactamente poner 3 días gratis para quien entre en Amazon y lo descargue. Ah, es verdad. Nos dijo que lo arreglaba esta noche. ¿Y? El abuelo Simón, consultaba su WhatsApp y encontró la respuesta. Sí, el 14/15/16 de julio. Vale, pues lo ponemos al final de este texto. Oye, Machuca, sin pasarse. ¿Quién escribe esto, él o tú? Vale, que lo escriba él, se lo cuentas. Se lo cuento. Y que no se invente nada. Vas a salir un poco cascarrabias, reía el abuelo Simón. Machuca ya no hacía caso. Había escrito algo en un papel y lo clavó en el tronco del árbol de las confidencias. Su amigo se acercó y leyó lo que ponía.

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e-book "El árbol de las confidencias"

Promoción gratis: 14/15/16 de julio de 2026

https://mybook.to/9kV3BkU

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6 jul 2026

Musas que no faltan

Cuando era niña su madre le leía cuentos al acostarse. Los fines de semana su padre, sentado en la cama, le contaba unas historias que él mismo inventaba. La madre, escritora aficionada, no se explicaba la súbita creatividad del marido. ¿Cómo tienes tanta imaginación? Es innato, sonreía él encogiendo los hombros. Pero no tardó en saberse la verdad, En el ordenador de casa apareció un día el historial de búsquedas en la IA. Allí estaba el cuerpo del delito.
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3 jul 2026

Tiempos de pan y circo

Llegaron los partidos del mundial de fútbol y mucha gente se atiborró de información. Era sorprendente el nivel de las conversaciones que se oían en la calle, había gente que parecía una enciclopedia. El abuelo Simón no soportaba el éxtasis de muchos aficionados. Machuca, decía, odio la industria del fútbol, es un invento desbocado que ocupa la cabeza y gasta las energías de la gente produciendo pingües ganancias a unos cuantos. Te veo cabreado, Simón. Estoy harto de ver cómo inunda las televisiones y la prensa, cómo la FIFA saca dinero a espuertas, cómo muchos países aprovechan la ocasión para lavar su imagen en estos eventos, cómo pasan a un segundo plano problemas muy serios que tenemos en el mundo... Es un analgésico social. Vale, vale, Simón. Estamos en el momento del “pan y circo” que utilizaban los romanos para calmar el descontento de la ciudanía, le consolaba Machuca. Se hizo el silencio. En el camino encontraron una lata vacía de una bebida energética de moda, con las caras de famosos futboleros. El abuelo Simón la sacó de la carretera con un taconazo digno de Messi. Su amigo sonrió. ¿Pero a ti no te gusta el fútbol? Mucho. Mira, tú tienes un nieto en juveniles con una zurda prodigiosa, toca el balón con mimo, qué gol de cuchara metió el otro día. Pues anda detrás de él un primera. No le dejes, primero que disfrute, que para eso es el fútbol. Ya veremos. Otro esclavo más, murmuró entre dientes el abuelo Simón.
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1 jul 2026

Concurso de talentos infantiles

Señoras y señores, amable público. Ante ustedes el hijo del carpintero. (Se oyó una salva de aplausos. Acto seguido, en medio de una música ruidosa, un niño serró una tabla de pino dándole forma de pájaro carpintero, se entiende el porqué, ¿no?). Aplaudan, señoras y señores, aplaudan. Tenemos un artista. Aquí hay talento. (Los aplausos sonaron largo rato).

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29 jun 2026

Encima era camarero en el bar de enfrente

El éxito editorial llegó a la vida de aquel hombre discreto que tardó tantos años en publicar su primera novela. Y se extendió en las redes, porque un amigo se la convirtió en podcast, otro en ebook y de postre en un libro de 5 x 8 pulgadas, en tapa blanda y papel crema. No le dio dinero, pero fama sí, porque pronto se hicieron eco los medios de aquellas historias tan bien contadas y divertidas. Hablaba con desapego de la vida, en un tono irónico y sugestivo que hizo que el boca a boca atrajera a otros muchos aficionados a la lectura. Pero llegó el momento más temido para aquel hombre discreto, su primera entrevista radiofónica. Pidió encarecidamente que no revelaran su nombre, que en la conversación usaran su alias y que no pidieran detalles sobre su vida. Pero tuvo, dicen, un desliz imperdonable. En un momento dado citó a modo de anécdota, que muchos de sus personajes se inspiraban en los clientes de la taberna Adelaida, donde él paraba a menudo. Las mentes morbosas pidieron a la IA que localizara el lugar y con dos detalles más sacados de la entrevista, pronto quedó casi, repito, casi desvelada la identidad del escritor. Y se montó un escándalo, porque muchos protestaron por invadir la vida privada de un hombre que había pedido lo contrario. Otros echaban le culpaban por su involuntaria indiscreción. Otros a la IA. Y así transcurrió el tiempo sin que se pudiera asegurar a ciencia cierta quién era el famoso autor. Este, mientras tanto en la acera de enfrente, se moría de risa  viendo el discurrir de la historia y escuchando la versión de sus parroquianos en la que, de verdad, era su taberna preferida, el Café “Averlasvenir”, así escrito, todo junto. ¡Hala!
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26 jun 2026

El día que llamaron maleducado al abuelo Simón

Llegó al bar, se aceró a la barra y esperó a que el camarero acabara la conversación con un cliente. De repente se dirigió a él con una sonrisa preguntándole qué deseaba. Un café cortado, dijo. El cliente de al lado se giró hacia él. ¿De dónde es usted? De aquí mismo. Y tuvo un subidón inesperado. “Buenos días, me sirve un café, por favor...”. Así es como se pide, le adoctrinó. Le miró de arriba abajo. ¿Y de dónde es usted? De Venezuela. ¡Huy! Allí son muy educados y amables, es cierto. Aquí no hay educación, aseguró el maestro inesperado. Aquí somos más secos, no usamos sus modales, pero educación no nos falta, no confunda. Y siguió hablando conteniendo la ira. Yo, por ejemplo, educadamente no he interrumpido su conversación y he esperado a que el camarero, que no me ha saludado a pesar de ser su compatriota, me haga la comanda. Se calló él. Pero no el abuelo Simón. Mire, yo no dejaría nunca encima del mostrador la gorra y la carpeta que ha dejado usted, está invadiendo un espacio de trabajo ajeno. Para mí eso es también educación. Se hizo el silencio. Aquel día, Machuca, te lo juro, no hice amigos.
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