Atardecía en Oklahoma, un estado donde se concentra el mayor número de indígenas de todo Estados Unidos, nada manos que 39 etnias diferentes. El adolescente Osceola Anumpa Smith miraba el ocaso del día y también recordaba el ocaso de su pueblo Seminola. Sí, porque la caprichosa historia y esa manía que tienen los estadounidenses de ordenar la historia hizo que en 1830 se desplazaran allí forzosamente a muchas de las tribus del Este y suroeste de EE. UU. Cómo sería el viaje que hoy se le recuerda como el Sendero de Lágrimas. Resulta que eran pueblos agrícolas y, por casualidades de la vida, esclavistas; en consecuencia, viajaban también cientos de afroamericanos que eran la servidumbre. Bueno, hay que apuntar que los africanos estaban allí, porque fueron acogidos por estos pueblos originarios cuando huían del mercado esclavista de los ocupantes europeos. Osceola Anumpa había oído contar a su abuelo cómo en 1830 despojaron de sus tierras a muchas tribus y cómo les concentraron en un estado que luego se llamó Oklahoma. Y que 60 años más tarde sufrieron la enajenación de más tierras para repartir en una carrera entre colonos a 160 acres por barba, unas 65 hectáreas por cada asentamiento. Hoy los nativos americanos son apenas el 10% de la población. Osceola Anumpa está cargado de resignación, no hay un ápice de rebeldía en su semblante. Vive en un país donde la empatía con los aborígenes es un sentimiento escaso. Por eso mira hacia el oeste y ve cómo el sol es empujado fuera del cielo sin resistencia. No olvides, Osceola, recuerda que le decía su abuelo, que perdimos todo y para más humillación nos hicieron llevar un apellido de rostro pálido.
Juan Badaya, domador de dinosaurios
Es cierto que detrás de cada ser humano se esconde una historia, pero no es menos cierto que a cada persona le acompañan otras muchas más historias, tantas cuantas dinosaurios encuentra en cada despertar...
19 oct 2026
Otra historia olvidada
Atardecía en Oklahoma, un estado donde se concentra el mayor número de indígenas de todo Estados Unidos, nada manos que 39 etnias diferentes. El adolescente Osceola Anumpa Smith miraba el ocaso del día y también recordaba el ocaso de su pueblo Seminola. Sí, porque la caprichosa historia y esa manía que tienen los estadounidenses de ordenar la historia hizo que en 1830 se desplazaran allí forzosamente a muchas de las tribus del Este y suroeste de EE. UU. Cómo sería el viaje que hoy se le recuerda como el Sendero de Lágrimas. Resulta que eran pueblos agrícolas y, por casualidades de la vida, esclavistas; en consecuencia, viajaban también cientos de afroamericanos que eran la servidumbre. Bueno, hay que apuntar que los africanos estaban allí, porque fueron acogidos por estos pueblos originarios cuando huían del mercado esclavista de los ocupantes europeos. Osceola Anumpa había oído contar a su abuelo cómo en 1830 despojaron de sus tierras a muchas tribus y cómo les concentraron en un estado que luego se llamó Oklahoma. Y que 60 años más tarde sufrieron la enajenación de más tierras para repartir en una carrera entre colonos a 160 acres por barba, unas 65 hectáreas por cada asentamiento. Hoy los nativos americanos son apenas el 10% de la población. Osceola Anumpa está cargado de resignación, no hay un ápice de rebeldía en su semblante. Vive en un país donde la empatía con los aborígenes es un sentimiento escaso. Por eso mira hacia el oeste y ve cómo el sol es empujado fuera del cielo sin resistencia. No olvides, Osceola, recuerda que le decía su abuelo, que perdimos todo y para más humillación nos hicieron llevar un apellido de rostro pálido.
16 oct 2026
El cuento que no es un cuento
El proceso de investigación se fue complicando, alambicando, deberíamos decir, ya que estas tareas se emparentan ya con la más pura alquimia. Un leve tueste del grano extrae aromas de saúco, azahar, jazmín y almendra. Con 4 minutos afloran frutos secos, castañas y almendras tostadas y nueces de macadamia. Con 5, surgen esencias terrosas, de cacao y de legumbres secas. Pasados los 6 minutos de tueste asoman aromas ácidos y florales, de canela, vainilla, haba tonka, achicoria y algarroba. Con 7 llega el momento de la malta, la carne asada, la cebolla caramelizada y la avena. Cerca de los 10 minutos hablamos ya de café puro, de madera tostada y de ribetes ácidos, los ‘must’ que persigue cualquier cafetero de raza.
Al acabar se miraron los amigos y Machuca pidió un bis. A ver si lo entiendo, protestó. A la segunda sacó una conclusión. Esto es una investigación de laboratorio con instrumental de alta precisión. ¿Quién lo ha hecho? Un cocinero famoso. ¿Quién? Josean Alija, del restaurante Nerua, en Bilbao. ¿Y cómo descubre tantos aromas, matices y palabrería? Calla, que todo esto que cuenta se esconde en un simple grano de café cuando se tuesta. Tú, ¿cómo lo titularías? Pues, tú lo has dicho, "los misteriosos aromas que esconde un simple grano de café". El abuelo Simón ya sonreía, pues había llevado la conversación a donde quería. Yo le he buscado un título mejor: "¡Tiene narices!"
NOTA: Josean Alija es el chef del restaurante Nerua Guggenheim de Bilbao y es el creador de este texto, una crónica gastronómica publicada en el diario El Correo que se titula "Resuelto el misterio de emplatar el café", donde describe el fascinante proceso de la metamorfosis del grano y los perfiles de sabor que se van desarrollando minuto a minuto durante el tueste.



