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Juan Badaya, domador de dinosaurios
Es cierto que detrás de cada ser humano se esconde una historia, pero no es menos cierto que a cada persona le acompañan otras muchas más historias, tantas cuantas dinosaurios encuentra en cada despertar...
30 mar 2026
Sabiduría que da la vida
Ya he contado que doña Mercedes es una buena amiga con la que disfruto charlando. El otro día estuve celebrado su cumpleaños, 93 hizo, y pasamos un buen rato con sus recuerdos. Reconozco que Juan Badaya a menudo busca inspiración en ella. Tal es el caso de este texto, porque cuando nos despedimos me dio un consejo que cuento: “Disfruta, disfruta de la vida; de esta vida, que la otra son fantasías”. Fue una frase tan redonda que aún sigo dándole vueltas.
27 mar 2026
Rigurosamente cierto
Cuando estas dos palabras salieron de la boca del director del periódico que más fake news publicaba por día y hora en todo el país, los contertulios no pudieron aguantar una carcajada. Que no sueltes muletillas, Pinocho, le dijo un enviado especial que había estado jugándose el pellejo en muchos conflictos bélicos. No dijo más, pero las risas fueron en aumento y tuvieron que dar paso a la publicidad. En la reanudación del programa, el burlado ya estaba ausente y, años más tarde y en sus memorias, admitió que fue el día más humillante de su carrera profesional.
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25 mar 2026
Guerra permanente
Se enfrentan dos ejércitos que buscan conquistar la ciudad de la Felicidad Eterna. Por un lado, se alinean los partidarios del Príncipe del Placer Mundano, comandado por sus generales, a saber, Hedonismo y Holganza, que disponen de batallones de soldados hábiles en el uso y manejo de armas poderosas como la gula, lascivia, vanidad, pereza y envidia. En el otro frente, dirigido por el monarca de La Vida Eterna, se alinean los generales Sacrificio y Piedad, que contratacarán con armas, eso creen, de gran poder disuasorio, como la humildad, paciencia, generosidad, castidad y caridad. Las formaciones están plagadas de soldados ansiosos por combatir en pos de la plenitud y el éxtasis, pero cuentan con una alta tasa de deserción. En ambos bandos hay muchos que piensan que la felicidad se alcanza más fácilmente en el campo enemigo.
23 mar 2026
Cuentos de otros
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| Foto archivo Gabriel García Márquez, Harry Ransom Center |
20 mar 2026
Esta sociedad insulsa
Por la forma de moverse se notaban que eran jóvenes decididos y resueltos, gente con ganas de comerse el mundo y ser tenidos en consideración. Vestidos con traje y una mochila a la espalda, seguramente con un ordenador, conversaban animosamente seguramente sobre sus andanzas laborales. Daban toda la pinta de ser la generación que estaba a punto de tomar las riendas de la sociedad. Inspiraban confianza, a no ser por un detalle que no le pasó desapercibido al Abuelo Simón. Mira, Machuca, llevan una copa cada uno en la mano. Otros que no saben que están robando, comienzan con un trago en una taberna y acaban con la copa en Sebastopol, protestó el amigo. A estos individuos se les llama “idiotas morales”. Te lo he oído más veces. Sí. Son los que no saben distinguir entre el bien y el mal, los bobos que no piensan en el impacto de sus acciones en los demás... Te veo muy duro. Ya, Machuca, se empieza por no pensar en el perjuicio que causan al tabernero y acaban haciendo lo mismo cuando están en cargos políticos y empresariales. En aquel momento uno de los aludidos depositó la copa en un banco, con delicadeza para evitar que se rompiera. Al acercarse los dos amigos no pudieron dejar de mirar la inscripción en el cristal. Mira de quién es, de Galarza, exclamó Machuca sonriente. El Abuelo Simón la tomó en sus manos y metió en una bolsa de plástico donde llevaba las compras. A la vuelta se la llevamos. ¿Sin fregar? Entera, que no es poco.
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18 mar 2026
A buscar amigos
Juanito había encontrado un amigo de su edad donde menos se lo esperaba, en el pozo artesiano de la aldea. Todos los días se acercaba al brocal y entablaba conversación con él. Le gustaba cómo reía y gesticulaba, aunque no le hablara. Debe ser mudo, como Antoñito, el hijo de Esmeralda, se decía. Cada vez que alguien se acercaba a por agua le avisaba. Escóndete, que te van a ver. Cuando se iban le llamaba y de nuevo reanudaban sus juegos. Tuvo un disgusto un día de verano, cuando el pozo se secó y se lo contó a su madre. Esta se percató de la ensoñación y se lo contó al cura y al boticario. Uno le aconsejó rezar y dejar limosnas Santa Dimpna, patrona de las personas que sufren enfermedades mentales y cuya vida, por cierto, merece un relato aparte. El otro, con más sentido común, le pidió al alcalde que pusiera un espejo en la parte superior del pozo, capaz de reflejar luz del sol en el fondo de la lámina de agua. Así se rompió el hechizo y el niño, sin entender nada, se quedó sin amigo. Anda, juega con Antoñito, le aconsejaba la madre. El niño se marchó enfurruñado y ya no le contó a nadie más que los días nublados su amigo venía al pozo a saludar a Juanito. Bueno, sí, se lo contó a Antoñito, que ése no se chivaba de nada.
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