Cayó el rayo en el cobertizo y nos atizó con ganas a mi hermano y a mí. Y cuando ya estábamos medio fritos, oímos el trueno avisando del ataque. Mi hermano que tiene mucha lógica se quejó. Esto no tiene sentido, primero nos chamuscan y luego nos avisan; debería ser al revés. ¿A quién hay que reclamar? Yo, que seguía aturdido y no estaba para bromas, le respondí que, a Zeus, el dios de todos los ruidos y luces del cielo. Y mi hermano, haciendo un gesto de desánimo y frustración, se dedicó a seguir echando humo por las orejas.
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