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27 abr 2020

La dureza del deporte


Su preferido no era yo, que mi padre siempre tiraba más hacia mi hermano Ramón. Nunca sentí envidia de ello, aunque me tocaran los horarios más incómodos, los compañeros más insoportables o no tuviera oportunidades. Ramón Rubiera, siempre por delante de mí, se llevaba los aplausos y hasta los consuelos cuando la vida se torcía. Era el preferido de mi padre. Y yo me alegraba, porque hacer de esparring en el gimansio de mi progenitor era mucha responsabilidad.

NOTA: Texto preparado para 09-04-20, en la  XII Edición de Relatos en Cadena, concurso de microrrelatos de la Cadena Ser, cuya condición de inicio es dar comienzo al relato con la última frase o fragmento del cuento ganador de la semana anterior.
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8 jul 2019

Atleta hortelana

La saltadora de altura inició la carrera, se giró a un lado, batió con fuerza su pierna izquierda y se elevó en el aire volando de espaldas sobre el listón, pasando los glúteos muy justito y rozando con los gemelos el listón. Este empezó a saltar sobre sí mismo frenéticamente y tras unos instantes eternos reposó mansamente en la altura. El público aplaudió, ella se quitó mucho peso de encima. Todo el año entrenando y el éxito depende de este listón tembloroso, pensó. Has ganado la medalla de bronce, enhorabuena, gritó su entrenador. Me retiro, le contestó. ¿Cómo? Es extenuante vivir entre el éxito y el fracaso, no soporto esa frontera, prefiero cultivar lechugas. Y lo cumplió.
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5 may 2017

El minuto del miedo


Él me clavaba sus ojos tratando de adivinar mis intenciones. Yo, que sabía que si retiraba la vista le daba información sobre mi inseguridad y hasta de mis intenciones, le sostuve la mirada y me sonreí para intimidar y mostrar mi poder. Y me di la vuelta en señal de desprecio hacia aquel individuo que era claramente un enemigo. A la señal indicada, tomé carrerilla y como un poseso solté una patada al aire que hizo salir como un obús la esfera de cuero que había en el suelo.  
Dicen que el proyectil golpeó en el marco superior, rebotó en el suelo y acabó impactando en la cara de mi adversario para alojarse en el interior de su garita. Yo abrí los ojos y vi a mi contrincante derrotado en el suelo y a mis compañeros corriendo hacia mí para abrazarme. Yo era un héroe, estaba claro, pero tuve un ataque de misericordia y me dirigí al arquero para consolarle. ¿Te has cagado?, me preguntó él. Yo asentí con la cabeza. También yo, me confesó. Esto de los penaltis es malo para el corazón, nos va a matar, me dijo. Nos abrazamos. Él era el villano, yo el campeón. Hubo unanimidad en la prensa en considerar aquel penalti como el más feo que se ha podido ejecutar en un campo de fútbol. Y yo pasé a la historia, qué curioso.
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24 abr 2017

Coucher de nuestros días

En el equipo de fútbol tenemos un entrenador que nos obliga a practicar mucho con los penaltis. Gramaticalmente. El primer día ya nos pregunta cómo se escribe la jodida palabra y, aunque es difícil de creer, obtiene cinco versiones, por lo menos este año que es en el que yo debuto en primera división. El problema empieza a partir de la séptima letra, ya que los jugadores no nos ponemos de acuerdo, algunos lo acaban con con -i, -y, -is, -ys o -ies. Vamos, que el entrenador se enfada mucho y nos dice que no hay peor que un futbolista inculto, que menudos pavotes, otras veces dice boludos, salen hablando delante de un micrófono, que lo menos que podemos hacer es hablar con corrección y léxico apropiado. Cualquiera sabe qué será eso... El asunto es que desde el primer momento he sabido quién manda y quién es el que lleva la voz cantante en el campo y en vestuarios. Así que en los entrenamientos yo corro y obedezco a todo. El porteño, que hace de delantero centro, es el que menos problemas tiene, él dice penal, y el entrenador no se ofende. Claro es de Rosario, como Marcelo Bielsa, tiene más labia y juega con ventaja. El caso es que yo, y todos los demás, corremos como locos en la cancha, que es como dicen ellos. Para mí que esto es una táctica premeditada para incentivar, así dicen, ¿no? 
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15 mar 2017

Felicidad y miedo

El partido se desarrollaba según los cauces previstos, el equipo local, alentado por sus seguidores, ponía más corazón que orden y el equipo visitante, con alguna que otra brusquedad, mantenía de renta el único gol que ondeaba en el marcador. El público presenciaba el encuentro entre aburrido y malhumorado, animando a su equipo e increpando al árbitro y a los jugadores contrarios. Pero de repente llegó la catarsis. Penalti a favor. El público enfervorizado gritaba, aplaudía, se excitaba presumiendo el empate. En la grada local todo era euforia y éxtasis. Menos en uno de los vomitorios. Allí había un niño de unos cinco años que empezaba a llorar desconsoladamente encima del helado que llevaba en la mano. Su cara era la pura expresión del pánico, estaba perdido, buscaba a su padre. Y el chiquillo fue el único que no se enteró de que aquel penalti fue gol. El padre, descendido del mismo cielo en aquel preciso instante, se percató del drama del niño y le hizo señas. El niño se calmó sin más, dio un lenguetazo al helado y se acercó a su localidad. Gol, ha sido gol, le explicaba el progenitor. Está salado, se quejaba el niño levantando el cucurucho. No le importó que acto seguido se le cayera al suelo tras el quinto golpe en la espalda que le propinó su padre que, ya eufórico perdido, no dejaba de gritar, gol, gol, gol.
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4 abr 2016

Sobre las formas de motivar

El paseante deambula por la ciudad sin rumbo fijo, mas no sin objetivo. Busca distraerse un rato con lo que ofrece la ciudad. Y para su sorpresa y alegría descubre cómo trotan un sinfín de paisanos que se han animado a participar en una carrera popular. Acomoda su paso y observa cómo se esfuerzan, resoplan o charlan entre ellos. Una pareja de chicas le llama la atención, se han detenido en una fuente pública y, mientras una bebe como si estuviera en plena travesía de un desierto, la otra le anima a seguir.
-¡Venga, que queda poco! Apenas 1 km.
La otra resopla, sorbe el agua y se coloca la mano en la zona del bazo, dando muestras de querer abandonar. Su amiga insiste en los ánimos. Ella, exhausta, se defiende.
-¡Lo mío es la halterofilia!
 -Hoy no, hoy te toca correr.
El paseante se siente con derecho a intervenir y les dice algo así como ¡venga chicas! Éstas se sorprenden con el intruso, se miran y deciden abandonar la zona por si las moscas, no sea que el mirón les dé más conversación.
-Es que los espectadores estamos para algo -se dice el paseante mientras sonríe. 
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16 oct 2015

Citius, altius, fortius

El ciclista se retorcía en la bicicleta de manera agónica para llegar el primero a la meta. Pantaleón Buenafuente no entendía tamaño esfuerzo y ambición y no pudo dejar de comentar al que tenía a su lado.
-¿Todo por ser primero? Qué más da llegar segundo o tercero. Mejor estar sentado todo el día, como yo.
El interlocutor, absorto en la carrera, lanzó un grito de desesperación y un par de gruesas palabras cuando vio que el corredor era rebasado. Pero aún tuvo tiempo de aclarar las cosas a su vecino.
-Se corre para ganar, si no, no es deporte -le explicó furioso al iniciador del diálogo. Y además añadió para dar más fuerza a su argumento-. Mejor que te compres una bici, gordo de mierda. Ten mi gorra para que ahorres en equipo.
Pantaleón Buenafuente se quedó boquiabierto. Por la noche siguió el noticiario con la gorra puesta, que apenas le entraba en la cabeza, y descubrió que su amigo de meta era el director deportivo del protagonista.
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28 ago 2015

Las complicadas tácticas del fútbol

El veterano jugador tenia muy despistada a la prensa deportiva, pues un día jugaba por la derecha de la cancha y otro ocupaba un puesto en la izquierda, incluso en un mismo partido alternaba los dos puestos.
-Flaco, defínase -preguntaban los de prensa-, ¿cuál es su posición natural?
-Esto lo decide el míster -respondía-. Hablen con él.
Pasaron los años y el afamado futbolista, ya mayor, desveló el secreto.
-No soportaba el sol, pedí al míster jugar siempre en la banda con sombra. Así de sencillo.
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26 jun 2015

Dejé propina

Entré en el bar y ya me di cuenta de que incomodaba. El dueño no dejó de mirar a la pantalla mientras me sirvió la caña de cerveza que le pedí y en cuanto acabó se atornilló a la pantalla del televisor en el que daban una carrera de Fórmula 1, sin ni siquiera pensar que yo quería tomar algo más. Me convertí contra mi voluntad en un cliente transparente.
Lo entendí enseguida, cuando reparé que toda la decoración del bar tenía que ver con el automovilismo, inclusive las servilletas que llevaban impresa la imagen de un tal Fernando Alonso que, por lo visto, corría en una escudería de nombre McLaren.
Trasegaba yo mi cerveza, embebido en mis cuitas, cuando todos los presentes prorrumpieron en gritos. Los parroquianos y el dueño estaban desolados por el accidente de su ídolo y por un nuevo fracaso, decían, en la trayectoria de gran piloto.
-A éste le persigue la mala suerte y hasta el diablo -decía uno.
-Le sacan con un carro de bueyes en vez de con un bólido -decía otro.
-Para mí que alguien le ha echado mal de ojo -decía un tercero.
-O le hacen vudú -añadía un cuarto.
Sólo en aquel momento me percaté de que yo había estado agujereando con un mondadientes la figura del accidentado en la servilleta del bar. Nunca creí que yo tuviera tantos poderes.
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5 nov 2014

Todo estaba previsto

Le flaqueaban las fuerzas al atleta y era dudoso que pudiera
completar la carrera. Sin embargo, su orgullo hizo el resto.
Exhausto cruzó la meta y se desplomó. Fue atendido al instante. Y en un abrir y cerrar de ojos se sucedieron los hechos que se narran a continuación: La organización hizo aparecer un coche fúnebre para trasladarlo al tanatorio, ofrecíó una reseña biográfica para los obituarios de los periódicos y en una conferencia de prensa urgente otorgó una compensación económica a la viuda e hijos que, por cierto, conocía por sus nombres. Un holograma gigante con la efigie del difunto se extendió por el cielo del estadio, mientras la música del Requien de Mozart sonaba en el ambiente. Todo en 5 minutos, como aquella canción trágica de Victor Jara.
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17 oct 2014

Tabú en casa

Un día pregonó a los cuatro vientos su felicidad e hizo creer a cuantos le rodeaban que era el ser más satisfecho del mundo. No transcurrió mucho tiempo hasta que cambiaron las tornas y al buen hombre se le cambió el semblante, se le mudó el ánimo y se transformó en un alma que vagaba por el mundo sin consuelo.
-Cariño -le dijo un día su mujer-, no entiendo cómo te altera tanto una cosa tan intrascendente. ¿Por qué no lo olvidas?
Los gritos se oyeron hasta en Pekín y cerró su parlamento con una frase digna de figurar en el frontispicio de cualquier estadio.
-¡Antes olvido a mi mujer, a los hijos y al gato... que a mi equipo!
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12 sept 2014

Jornadas sobre Fanatismo Deportivo

En el XXVI Congreso de Psicógos Urbanos se debate en
profundidad el tema de la Psicosis Colectiva y Forofismo,
entendido éste como una psicopatología social. Están llegando
a grandes conclusiones que, sin duda, contribuirán a mejorar la prevención y superación de conflictos, en particular los referidas al fanatismo deportivo. La sesión de ayer consistió en un trabajo de campo en el que los propios asistentes fueron objeto de una investigación. En concreto, acudieron a visionar el partido de las semifinales de la Champions Cup entre el Manchester United y Real Madrid.
Por lo que se sabe, se obtuvo un material de gran valor que servirá para hacer propuestas de futuro. Por cierto, las actividades previstas para la jornada de hoy han sido pospuestas sin fecha, debido a que el 80% de los asistentes permanecen en comisaría después de los altercados de ayer.
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9 dic 2013

El llanto de la bella durmiente

El mosquito zumbaba por la habitación de manera intimidante. Era de esperar que lanzara un ataque en el momento que ella, la bella durmiente, bajara la guardia. La acongojada mujer recordó que al día siguiente tenía una sesión en el estudio fotográfico en el que trabajaba y que su rostro debía estar inmaculado. Se temió lo peor. Así que se cubrió por completo con la sábana y sacó un pie por un costado, ofreciendo de cebo la parte menos fotogénica de su cuerpo. Pasó mucho tiempo en vela hasta que se durmió de puro cansancio.
Al despertar comprobó que había rastro de varios picotazos en su pie izquierdo, con un enrojecimiento que delataba que ella misma se había rascado con ganas.
Aquella mañana acudió temprano al estudio y justificó su mala cara con el incidente nocturno. El fotógrafo la miró atónito.
-Hoy tomamos fotos para una catálogo de sandalias de Christian Dylon...
La cara de la modelo se descompuso en una mueca de pura desesperación y antes de estallar en un llanto histérico se desahogó con su compañero de faena.
-¡Fea sería más feliz!
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27 sept 2013

Paradojas de la vida

Sus protestas fueron muy airadas, no dejó en ningún momento a nadie dudar de que a él le acompañaba la razón. Parecía que aquel contratiempo había producido un gran quebranto en su vida. Así que el empleado del transporte suburbano puso, en las manos de aquel histérico que casi le derrumba la instalación, el libro de reclamaciones para que dejara constancia de su queja. Así escribió:
En el día de la fecha, en el lugar que se indica y a la hora señalada en el impreso, ante el empleado nº 23Q17, hago constar que he tenido que subir penosamente el tramo de escaleras desde el andén hasta la superficie, ya que no funcionaban ni las escaleras mecánicas ni el ascensor, por lo que he hecho el camino a pie, algo a lo que he sido obligado por su no prestación del servicio mecánico, por lo que firmo con mi nombre y apellidos para que surta efecto la reclamación de daños y perjuicios en forma, por lo menos, de devolución del importe del billete de transporte en la zona A.
Los efectos de la reclamación fueron inmediatos. En primer lugar, el perplejo empleado tomó el teléfono y le transmitió la queja a su inmediato superior para que procediera. Pero,
dado que el párrafo era tan largo, se le atragantaron las comas y sufrió un ahogo repentino que le dejó a punto de ahogo. Su compañero de ventanilla, al tanto de todo el episodio, le dio dos fuertes palmadas en la espalda e hizo que volviera en sí de inmediato. Reanudada la lectura, y a punto de cumplir con el texto, le sobrevino otro nuevo colapso respiratorio al leer la firma del reclamante y el cargo que decía desempeñar:
Fidel del Delta del Delaware,
coucher personal, especialidad en fondo físico y autocontrol.
El ataque de risa que de sufrió el empleado desembocó directamente en un conato de angina de pecho que el compañero de ventanilla, siempre atento como se ve, no arregló con las dos palmadas consiguientes en la espalda, sino aplicándole directamente el desfibrilador.
Al interesado acabaron devolviéndole, al cabo de 45 días, 0'85 € en compensación por las fatigas y quebrantos sufridos.
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12 sept 2013

Fútbol de diseño

Luisa Holguín - Triple C
Fue el secreto mejor guardado en el club en los últimos años: la camiseta del segundo equipaje del equipo. La teníamos en la pared del vestuario y resultó bastante costoso acostumbrarse a la nueva elástica y mantener la concentración en lo nuestro.
-Dejad de pensar en mujeres, carajo -nos insistía el entrenador.
Y en el vestuario no eran pocos los comentarios que surgían entre nosotros.
-Somos profesionales ¿no? -nos acuciaba el capitán del equipo-. Esto no nos debe afectar.
Así durante todo un mes. Al final nos autoconvencimos de que para nosotros ya era una talismán. Y así fue.
La estrenamos, para sorpresa de todo el mundo, nada menos que en el partido contra el Real Madrid. No quiero decir nombres, pero a más de un contrario se le iban los ojos hacia nuestras elásticas y se olvidaban de nuestras piernas y movimientos. El colmo fue el gol que marcamos de penalti. Me tocó lanzarlo a mí. Noté que el portero, Casillas, me miraba directamente al ombligo, alisé mi camiseta, imprimí a mi cuerpo un ligero baile de samba y chuté suave y por el centro, introduciendo el balón en la portería por entre las piernas del cancerbero que permanecía firme y quieto con la boca abierta... 
Ni que decir tiene que desde entonces estamos haciendo una campaña extraordinaria. Y todo gracias a la indumentaria diseñada por una tal Luisa Olguín.
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7 jul 2013

El gregario

Pensando únicamente en una de ellas, exactamente en la duodécima etapa, acudí con mi equipo al Tour de Francia.
Pertenecía a un equipo prestigioso, pero mi papel era de puro gregario. Obedecía órdenes del director, controlando la carrera en los primeros km y estando pendiente de que no faltara, agua, comida y apoyo estratégico al jefe del equipo y a los dos compañeros encargados del tramo final.
Pero había un día que nos dejaban buscar nuestra oportunidad. Y yo elegí la etapa duodécima, de 193 km, en el Tourmalet, puerto “fuera de categoría”, 2.115 m, 7’47% de desnivel, en Pirineos.
Dicho y hecho. En los primeros 30 km entré en una escapada que alcanzó, a falta de 52 km, 12‘ de ventaja sobre el pelotón. Para no ser cazado me fui en compañía de un polaco astuto. Juntos nos mantuvimos con 5’ de diferencia hasta las primeras rampas del puerto, a 18 km de meta.
Mi director me animaba incrédulo. Yo, como se dice en argot ciclista, apretaba el culo y pedaleaba. Y me quedé solo a mitad de ascensión. Era todo agónico, mis ojos estaban vidriosos y el público, dicen, me llevó en volandas. A falta de 1 km era el primero con 59’’ de diferencia. Me veía ganador y pedaleé ciego de ambición. Tan ciego que ni siquiera vi que en los 50 últimos metros unas sombras borrosas y coloridas me superaron por derecha e izquierda. Uno de ellos me dio una palmada en el culote. Era Miguel Indurain. Fue mi mejor premio.
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24 mar 2013

Pena máxima

Soy portero profesional de un famoso equipo de balompié y, como es de suponer, tengo interiorizados cientos de movimientos y rutinas físicas que me ayudan a cumplir con mi trabajo. Una de ellas consiste en lanzarme en el aire con el cuerpo totalmente estirado, tratando de atrapar el balón con mis manos antes de que se cuele en la portería. Hasta aquí todo normal y previsible.
El problema es que mi mente empieza a confundirse. Tal es el caso que me ocurrió hace poco tiempo. Estaba sólo en mi habitación y por un simple y rotundo acto reflejo traté de detener tres sombras que se deslizaban por el ángulo superior izquierdo de mi ventana. Y aquí surgió el problema que arrasa actualmente en los medios: Un paparazzi apostado frente a mi casa disparó su cámara en el instante justo en el que pasé por delante de la ventana. Encima sin gayumbos…

13 feb 2013

Mi ombligo



El equipo de balompié de mi ciudad sufrió el pasado domingo una derrota bochornosa en su propio campo, de las que no se olvidan en una generación o dos.
Ni que decir tiene que se han tambaleado los cimientos del universo entero… Y prueba de ello es que en la semana entrante hemos sufrido las peores inundaciones de los últimos años, la nevada de la década, se ha precipitado aún más en el abismo el gobierno del estado y hasta el Papa muy afectado ha presentado su dimisión. 
¿Quién dijo que la tierra gira alrededor del sol? ¡Qué va! Gira alrededor de mi ombligo.
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4 feb 2013

El alpinista

Hola, me llamo Wenceslao Gorkit y soy de profesión alpinista. Les confieso que me he visto en situaciones complicadas, pero nunca en una como ésta.
by Juanlu en Triple C
Tengo que ascender por una mujer, exactamente desde el hombro hasta la coronilla. Y todo a cuenta de que hay que hay que dejar patente la supremacía del hombre en el planeta Tierra. Es una tendencia que los varones llevamos en los genes, creo.
Pues bien, me va costar ascender sin recibir un merecido manotazo kafkiano, pero lo intentaré. Descarto la vía suroeste, donde parece que hay unos aros que facilitarían la ascensión mermando mis méritos deportivos y trataré de hacer un ascenso encordado por el sureste, aprovechando el lánguido pelo que cae desde el cráneo de la dama. Con el vigor de mis falanges y bíceps ascenderé hasta llegar a la coronilla, donde debo poner la enseña de mi club, de mi país y el rosario que me regaló el Papa. Me olvidé decirles que soy polaco.
Tendrán cumplida información de mi hazaña.
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