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Es cierto que detrás de cada ser humano se esconde una historia, pero no es menos cierto que a cada persona le acompañan otras muchas más historias, tantas cuantas dinosaurios encuentra en cada despertar...
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24 abr 2026
Ni un remordimiento
El ejército enemigo entró en la aldea a sangre y fuego. Estaban hambrientos, desde retaguardia no llegaban víveres, ni relevos. Sabiéndose necesitados e impunes, arrasaron con todo y dejaron vacías las despensas y las bodegas, también abusaron de las mujeres y rapiñaron lo que pudieron. El botín será parte de la soldada, les había explicado un mando. El soldado Paul también lo hizo. Una vez acabada la contienda el exsoldado fue un ciudadano ejemplar que defendió la decencia y las buenas costumbres. Pero jamás se arrepintió de haber sido un vándalo, un asesino, un terrorista, un ladrón, un violador. En la guerra hacer el mal es una obligación, se justificaba.
16 mar 2026
Banalidad del mal
Entraron en una aldea a sangre y fuego. Dispararon a saco, derribaron puertas, invadieron casas, dejaron muertos y heridos a su paso, gritaron hasta atemorizar a los vivos y los dejaron inermes implorando una clemencia en la que no creían. Bravo, mis soldados, les felicitó el capitán, hemos tomado la posición sin bajas. ¿Qué hacemos con los prisioneros?, preguntó un sargento. Encerrar a los hombres y dejar que las mujeres se las apañen, ordenó. Y la primera sección que monte guardia, añadió. Cuando el soldado Bryan se posicionó en su puesto y observó la escena, se quedó pensativo. Esto es una atrocidad, le decía una voz interior que sonaba con mucha claridad. El mal ajeno es bien visto y yo lo provoco como si fuera algo banal e intrascendente. Justo en ese instante vio a una niña llorar al lado de una mujer desesperada que abrazaba un cadáver. Bajó la vista, no lo pudo contemplar. Si la vida es un bien preciado para mí, se decía, ¿por qué yo se la quito a esta gente? Le temblaron las piernas y se apoyó en un árbol. A la cabeza le venían conversaciones con su madre sobre cómo a menudo se trivializa la violencia. La cabeza le iba a estallar. Aspiró con fuerza y en aquel preciso instante desapareció el soldado, se acabó el guerrero, se esfumó la guerra y nació un desertor. Años más tarde, cuando una mañana de invierno salió absuelto de un consejo de guerra interminable, la sentencia dejaba sentado que padecía problemas mentales, estalló en un llanto incontenible. Todos mis esfuerzos baldíos, se han burlado de mí, se han reído de mis ideas, el mundo sigue igual o peor... Su madre le consolaba. Tu tía abuela estaría orgullosa de ti. ¿Quién? Hannah Arendt, ya sabes, la hermana mayor de la abuela; ella hablaba de la banalidad del mal, le aclaró. Hijo, contra eso has luchado tú. Cesaron las lágrimas, el desertor Bryan se calmó.
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18 feb 2026
La importancia de un fracaso
Los amigos hablábamos en la taberna de los problemas mentales de los deportistas de élite. No hace falta ir tan lejos para comprenderlo, intervino Manu. Os cuento lo que me pasó a mí con 15 años y lo entenderéis enseguida. Habla, habla, le pedimos. Estábamos jugando el campeonato escolar de pala corta en el frontón de los jesuitas, ¿os acordáis? Sí, le dijimos. Era la semifinal del campeonato provincial y yo prometía. Nunca había jugado con tanto público. Recuerdo que en los primeros tantos lo hice bien y tenía controlado a mi contrincante que, en un resto en semifallo, me dejó la pelota cerca del frontis y yo solo tenía que dar un pelotazo largo al que él no podía llegar. Preparé el brazo, cerré los ojos dispuesto a arrear un palazo memorable y oí a un espectador que estaba a pocos metros decir un “a que no le da”. Joder, acertó de pleno, porque golpeé al aire y perdí un tanto hecho. Aquello me desmoralizó y ya no di una a derechas. ¿Veis? Aquella frase cruel hundió a un adolescente inseguro que perdió toda la confianza en sí mismo, tanto que salió convencido de que nunca llegaría lejos en nada. Bueno, bueno, me consolaban los amigos, que no te ha ido tan mal en la vida. Pues no sabéis la de veces que me acuerdo de aquello en los momentos de crisis, aquello me dejó tocado. Bueno, bueno, no nos des pena, me seguían consolando. Tú lo que quieres que te invitemos al trago. Sonreí. Y para mis adentros me dije bien claro que, si no fuera por los amigos, nunca me habría repuesto, en serio.
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21 ene 2026
Metáfora del Congreso de Diputados
El etólogo estudiaba en profundidad el comportamiento de las gallinas, Gallus gallus domesticus, su estructura social, sus conflictos, sus mecanismos integradores... Era un experto en el tema y decidió aplicar su saber en el congreso de los diputados. Y pensó: Si en una comunidad de gallinas se rigen por una jerarquía que se manifiesta por el conocido principio de “el orden de picoteo” basado en un liderazgo que garantiza la paz social, la defensa y el acceso a la comida para todo el mundo, aquí, eso pensaba, también ocurrirá algo análogo. Bueno, era una hipótesis de partida. Y sí, encontró mucha sumisión, digo gallina, y mucho gallo, demasiado, con lo que llegó a la conclusión de que aquello era un corral con varios gallineros en conflicto permanente. Horror, exclamó desanimado, nunca había estudiado el encuentro entre varios gallineros enfrentados. Aquí, más que picoteo hay picotazos. Tendré que volver a hacer un estudio de campo y profundizar en las interacciones... Y se fue a investigar de nuevo. Todavía no ha vuelto y no podemos saber sus conclusiones, aunque nos tememos lo peor. Seguramente estará alucinado con el pobre patrón evolutivo que siguen los politicus vulgaris rei publicae, o sea, el político al uso en la cosa pública.
2 ene 2026
Conversaciones de madre e hija
¿Damos por perdido el caso de tu padre? No, tiene que entrar por el aro. Así que trazaron un plan que consistía en no dejar sentado en el sofá más tiempo al marido que a la mujer. La hija le metió el veneno de la cocina y acabó siendo un empeñoso cocinero seguidor de los Arguiñano, metiendo mucho tiempo en los fogones y en las redes sociales del ramo. No solo cocinaba, sino que la cocina era un primor de limpieza y orden. Fue un alivio para la esposa y una satisfacción para madre e hija. Esto me gusta, decía el hombre, me da mucho pie a intercambiar recetas con mis amigos “cocinillas”. Las dos mujeres tenían otro punto de vista: Por fin tu hermanito tiene un modelo homologable, ja, ja. Con el tiempo alguna nos lo agradecerá, reía la otra. ¡Ja, ja, ja!
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22 dic 2025
Un pueblo enamorado
No sabemos cómo, pero el caso es que aquella gallina llegó al barrio subida en el camión de la basura. Dicen los que la vieron llegar que se posó en el suelo con un vuelo atrevido, agitando las alas con fuerza y que miró a los presentes con indiferencia, se fue al jardín cercano y empezó a picotear por el suelo. Al cabo de una semana ya era conocida por todos y ella, se puede decir así, había encontrado su hogar. Los perros la respetaban, los gatos la admiraban y el vecindario fue tomándole cariño, tanto que pasó el verano sin ningún sobresalto, cacareando fuerte cada mañana y buscando intimidad para sus puestas. Eso fue un misterio, hasta que doña Mercedes descubrió que se escondía entre sus rosales y que allí había una docena de huevos. ¡Qué noticia para los vecinos! El estudiante de veterinaria nos dijo que aquellos huevos estaban “hueros”, vamos, no fecundados, porque no había ni rastro de gallo por las cercanías y que se podían consumir. ¡Uf! Alucinábamos con el tamaño, pero nadie se animó a freírlos en una sartén por aquello de que serían viejos. ¡Ah! También nos dijo el estudiante que si incubaba era por instinto, no más, y que se les llama gallinas melancólicas a las que actúan así. Vamos que nos sentimos enternecidos todos los vecinos por estos trances sicológicos de nuestra nueva vecina. Peor fue la mañana que apareció desplumada. La tonta de ella dormía siempre en un árbol, pero no se dio cuenta de que había llegado el otoño y que no había hojas suficientes para camuflarse. Por la mañana la encontró el alcalde en estado lamentable, aunque viva y “despeinada”. El sacristán apareció enseguida con una caja de madera que colocó en el árbol, poniendo un rótulo que decía Presumida, que era el nombre con el que todos la llamábamos. En realidad, tapaba el nombre de San Antón, el antiguo propietario de la “vivienda”. Y lo más curioso fue que nos llamó la radio para hacer un reportaje y allí salimos todos hablando y dando muestras de un rendido amor por Presumida. Un experto nos explicó que son aves sociales, inteligentes y llenas de sorpresas. Le dimos la razón, por supuesto. Creo que el día que muera le haremos un entierro con todos los honores. Prometo que lo contaré.
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12 nov 2025
Niños de hoy
Sorprendí en la calle a dos niños conversando camino del colegio. Mi hermana, comentaba uno de ellos con una preocupación notable, dice que ella se va a quedar con toda la herencia de mis padres, porque ella es la mayor. El compañero le consolaba. Eso es imposible, hay que repartir entre todos los hijos, lo sé por mi abuela que ha dejado la casa a mi padre y a mi tía, mitad por mitad. ¿Sí? Sí, pregunta hoy en clase a la profe, ya verás. ¿Y si preguntamos a la IA? Aquello me dejó descolocado y dejé de curiosear. No está bien que un señor mayor ponga la oreja, ¿no? Andarían por los seis o siete años.
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18 abr 2025
Historia de un buscador de oro
Cuando revisó la casa familiar a fondo encontró muchas cosas abandonadas en el desván, y entre todos los cachivaches hallados hubo uno que le tocó en el alma, una batea. Le costó que le explicaran que sí, que en otros tiempos la gente buscaba oro en el río, que se pagaba muy bien y que hoy se había abandonado por su escasa rentabilidad. Además, le contaba un viejo del lugar, te puede detener la policía si te pilla. Uf, aquello le dio una pista, pues indicaba que había furtivos. Le dio muchas vueltas al asunto, estudió videos y se animó. Un día se acercó en coche a un meandro del río y llenó dos grandes cubos de caucho con la arena que estaba más pegada a la roca. Y huyó como un ladrón. Allá en el patio de su casa la fue cerniendo en la batea decenas de veces hasta que se dio por rendido. Encontró piedritas brillantes que al primer martillazo se deshacían como el azúcar. Eran “oro de tontos”, que según supo por un tutorial, eran calcopiritas. No se desanimó y repitió varias veces la operación. En una de estas, por fin, apareció una pepita de un amarillo potente y sin brillo y tuvo una corazonada. Era lo que buscaba. No se esperaba lo que ocurrió a continuación. Llamaron a la puerta de la casa y una voz amenazadora le invitó a abrir. Somos la mafia local, controlamos todo el oro extraído, venimos a pedir cuentas, le dijeron tres matones. Le registraron, le amenazaron y él se limitó a contar la historia de un iluso que tenía más pájaros en la cabeza que oro en mano. Estás advertido, le avisaron, trabajas para nosotros o te largas. Cuando se quedó solo, amedrentado y contento, puso todo su empeño en guardar todos los rastros del oro, devolvió la vieja batea al desván y se concentró en recuperar la pepita que se había tragado. En vez de batea, se dedicó al váter (así admite la RAE para referirse al inodoro), sin tener la certeza aún de que aquello que transitaba por su intestino fuera o no oro. Le está bien merecido vivir lejos del brillo, hala, por aparentar, se consolaba.
NOTA: Se sabe que, por mucho que hurgó en sus deposiciones, nunca apareció la pepita.
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6 ene 2025
Alguien se jugó el pescuezo
La policía política rabió la noche en el que alguien puso un cartel colgado del tridente de Neptuno en la plaza del susodicho en mitad del Paseo del Prado en Madrid. En realidad, se llama Plaza de Cánovas del Castillo, pero a nadie le importa hoy tal cuestión. Y si no, que se lo pregunten a los seguidores del Club Atlético de Madrid que celebran muy a gusto sus títulos con el dios de las profundidades marinas, sin más. El asunto es que, en los inicios de la dictadura franquista, justo en los momentos más duros de la posguerra, alguien protestó y lo hizo con humor, porque al bueno de Neptuno le colgaron un cartel en el tridente que decía: “Si me hacéis pasar hambre, quitadme el tenedor”. Muchos rieron la gracia, pero ya se sabe que la Brigada Político-Social, que era la policía secreta encargada de perseguir y reprimir los movimientos de oposición al franquismo, humor, lo que se dice humor, tenía poco.
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9 dic 2024
Tratamiento de don o doña
El viajero tuvo la fortuna y la dicha de viajar por Chile, un país remoto donde perduran antiguas costumbres del tiempo colonial. Y tropezó con un viejo uso que provocó alguna que otra risa. El bueno de Juan Badaya escuchó que al uno le llamaban don Héctor, al otro don Carlos y a un tercero directamente Manuel. Confuso por este tema de los tratamientos decidió innovar en lo social y un día que tenía que sacar un auto de un parking se dirigió directamente al encargado de la barrera con el generoso saludo. Hola, don Luis. El tal don Luis se partía de risa y abrió la cancela, no sin antes ser agradecido y obsequiar a un servidor con un regalo. Mire, le voy a regalar una pulsera del club de fútbol. Y gentilmente me colocó en la muñeca una pulsera de goma amarilla y azul del Club Deportivo Santa Cruz. La llevé orgulloso al menos durante tres días, lo justo que tardó en romperse. Para Juan Badaya aquello era un pasaporte. Lo comenté con la familia allí residente y también se troncharon de risa. Aquella noche tuve que consultar con el tío Google y encontré lo que creo es la explicación a mi zozobra. Dice más o menos en distintas entradas que es un tratamiento, el don o doña, que denota la pertenencia al nivel social más alto, político o económico de antaño, reservado a nobles e hidalgos, que se ha acabado extendiendo a otros estratos sociales, siendo el origen europeo uno de ellos. Tate, me dije, por una vez en la vida voy a ser de la élite. Y cierto, en uno de los países del mundo con una mayor desigualdad social, fui durante un tiempo señor Badaya y hasta don Juan Badaya.
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22 may 2024
Incomprendido
Soñé que un malhechor me pegaba mientras estaba tendido en mi cama y con las manos atadas a la espalda. Para mí era un momento angustioso y ni sé qué me decía. Intenté huir de aquella pesadilla a la desesperada saltando de la cama y lo logré. Bueno, ésa era mi intención, pero no lo apreciaron así en mi entorno familiar, porque lisa y llanamente me caí ruidosamente de la cama y acabé sangrando por un golpetazo en la frente contra la mesilla. En parte suspiré de alivio, mas por otro lado, ¡qué de explicaciones tuve que dar!
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22 ene 2024
Dolce far niente
Era un hombre muy ocupado que siempre se veía envuelto en mil tareas, todas con prisa y nunca con calma. No encontraba tiempo para acabarlas y era su vida un puro estrés. Le llegó la jubilación y tuvo sus dudas sobre como enfocarla. Dada su tendencia a hacer mil cosas a la vez y a lo loco, como dicen que andan las gallinas descabezadas, se programó cientos de actividades, organizadas en un cuadro de Excel, por horas, días, semanas y meses. Pero ¡ay!, en la primera semana de su nueva vida se rompió un tobillo y se le fueron al traste todos los planes. Se reorganizó de nuevo con otro cuadro de Excel y llenó todos los minutos de su vida sedentaria de otras tantas actividades llenas de frenesí. Pero ¡ay, ay! Le encontraron una piedra en la vesícula que necesitó intervención quirúrgica y acabó casi hundido. Reseteó el último cuadro Excel y se puso en onda de nuevo. Pero ¡ay, ay, ay!, a su edad se echó de repente una novia no programada y se le acabaron trastocando las meninges por no poder cumplir con ninguna de sus intenciones. Una noche, mientras contemplaba la luna y contaba las estrechas que la rodeaban por todas partes, mientras los dos amantes se cogían las manos tiernamente y mientras meditaban sobre el sentido de su vida, le surgió una duda que rápido le planteó a su chica: Es bonito no hacer nada, ¿verdad?
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27 mar 2023
¿Quién da cuerda al reloj?
Hoy, a las 2:00 h. han sido las 3:00 h., cosas de Europa. Yo, que, desde hace 24 años doy cuerda al reloj de la torre de la iglesia de un pequeño pueblo, he tenido que maniobrar en el mecanismo para cumplir. Eso sí, a las 8:00 de la mañana, que uno no está para cumplir tajantemente con el horario. Me lo han agradecido, porque a mí gracias se han podido sentir europeos de verdad. Cierto que me he sentido reconocido por mis convecinos, pues todas las semanas me las arreglo para levantar las dos pesadas piedras que mantienen vivo al viejo reloj, una que ayuda a dar las campanadas y la otra que mueve las horas, sin que nadie me lo agradezca. Hoy sí, hoy me lo han dicho expresamente. En realidad, y si darse cuenta, han asegurado que siga otro año en el empeño. Es que uno es muy sentimental.
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