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13 feb 2026

El cuento de Valentín de Roma

Cuentan que en el año 269 d.C. el emperador Claudio II ordenó decapitar a un médico romano que se había hecho sacerdote cristiano y que casaba a los soldados de la legión romana. Esto, que le parecía al emperador una incompatibilidad inaceptable, fue suficiente para que lo convirtieran en mártir y, por ende, santo. Se llamaba Valentín. Y cuentan también que el papa Gelasio I en el año 494 instauró en el calendario litúrgico cristiano la festividad de San Valentín, como se ve, dos siglos más tarde de su muerte, por lo que se supone que hay más de leyenda que de historia contrastada. Tal es así que en 1969 el Concilio Vaticano II lo retiró del santoral, aunque a San Valentín no hay forma de que la gente lo olvide. Este es el cuento, que no un cuento en sentido canónico, y que contrasta con otra leyenda que, dicen, puede estar en el origen de esta fiesta que acabó sacralizándose: Parece que el 14 de febrero es el momento en el que los pájaros inician sus trinos y ritos de emparejamiento. Quizás esto explique mejor la fecha y las ganas de jolgorio entre los enamorados. Es más bonito, ¿no?
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14 ene 2026

Argumentario barato

Se juntaron una vez dos contertulios televisivos avezados, uno sobrado de orgullo y otro más prudente y educado. El primero se hartó de opinar de todo, profiriendo insultos y descalificando a medio Congreso. El segundo callaba, mientras el furibundo le desafiaba. ¿Qué? ¿No tengo razón? Estoy esperando, respondió el aludido con voz queda, a que cese el desahogo y empiecen los argumentos.
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3 nov 2023

Cuando el desamor llama a la puerta

Sabía que no era muy querido por su pareja, no obstante, contemporizaba con ello. Jamás quiso abordar el tema y plantearlo abiertamente con su compañera, no fuera que quedara en evidencia que aquello ya se había terminado. Sin embargo, había una pregunta que le venía a la cabeza a menudo. ¿Qué es lo que nos mantiene juntos? La respuesta la encontró un día que vino a su casa un fontanero a revisar un radiador. Hablaba por teléfono con otro empleado y oyó que le contestaba entre risas: Tú no me quieres nada, tú me necesitas, eso es lo que hay entre tú yo. ¡Ahí va, se dijo, esto es lo que me pasa a mí! Y desde entonces empezó a mirar de otro modo su relación. Nos necesitamos, no hay otra razón. No sabemos qué pensaba ella, pero el caso es que así llegó a viejo. O, mejor dicho, llegaron a viejos. 

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