Siempre
fue un caracol fiel, en el sentido más literal de la palabra, pues
formó una pareja estable y duradera con una caracola lozana y
hermosa con la que procreó en las huertas del lugar, siendo la
envidia de todos colegas.
-Jamás
me ha molestado que mi pareja me llame baboso o se queje de que me
arrastro por la vida.
A
su interlocutor, un erizo sin fronteras, se le erizaban las espinas
del cutis de pura emoción y envidia, pensando que ya quedaban pocas
parejas tan modélicas y firmes en este mundo convulso.
-Y
eso que a mí siempre me han contado que no hay amor sin espinas -se
quejaba, mientras limaba sus púas en solitario.
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