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2 ene 2023

Santa Tecla de Iconio 

El sacristán se quedó pasmado cuando se llevaron de su casa un cuadro de Santa Tecla a la que había estado rezando tres avemarías antes de acostarse desde que tenía uso de razón. Es puro arte del Renacimiento, le dijeron. Y tan pasmado se quedó que sólo se atrevió a protestar por un motivo: ¿A quién voy a rezar yo desde hoy cuando me acueste? El director del Museo Diocesano le regaló una estampa de la santa y le reconvino. Usted no debe olvidar que esta mujer fue virgen y mártir allá por el siglo primero en Anatolia, que sufrió persecución y padeció más que usted. No se queje. Y contento con que le proteja. El sacristán ni siquiera protestó por la clara enajenación de patrimonio que sufrió aquel día. Cosas de la iglesia.
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18 oct 2021

Para olvidar

Y pagar la entrada para acceder a él fue lo mínimo que puede hacer un servidor. 12 pavos que me dejaron sin tela para el menú del día en El Riazor. Claro, don Claudio, tan feliz. Volvía al pueblo despues de 20 años de misionero en Malawi y quería ver el museo local conmigo. Lo noté menos bravo. Ya no me metía la mano en el bolsillo y hurgaba para saber si le sisaba dinero del cepillo. Pero le noté excitado cuando miraba las fotos de la procesión del Corpus que se exponían en una sala. Aparecíamos todos los monaguillos de aquellos tiempos.

NOTA: Texto presentado el 06-10-21, en la semana 4 del XV Edición de Relatos en Cadena, concurso de microrrelatos de la Cadena Ser, cuya condición de inicio es dar comienzo al relato con la última frase o fragmento del cuento ganador de la semana anterior.

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1 oct 2021

Parroquias de antaño

El cura subió al púlpito y posó la mirada en los fieles. Don Fortunato descubrió que había algunos forasteros y mucho cliente habitual. Notó la presencia de gentes con posibles, pueblo llano y fiel al fin y al cabo, y de algunos desconocidos que no le infundían mucha confianza. Aún así, se dejó dominar por un inevitable ataque de euforia. Carraspeó antes de iniciar el sermón con un "queridos feligreses que acudís a honrar a la patrona Santa Tecla...". Se extendió en glosar las virtudes de la santa del primer siglo de nuestra era, ponderando el ejemplo de vida que daba a todos. Y recalcó lo importante que era la generosidad que tanto podía ayudar a sostener la iglesia y a sostener a los pobres a los que debía atender, sobre todo, dramatizó en tiempos de pandemia. Un buen cristiano, recalcó para acabar, ama al prójimo y ama en ellos a Dios. Y las limosnas son una gran prueba de amor. La misa continuó con el cepillo, dos monaguillos se pasaron un buen rato recorriendo los bancos donde estaban los feligreses. No os olvidéis del coro, les había dicho el oficiante. Al acabar depositaron los canastillos con el dinero en el altar. Don Fortunato no dejaba de mirarlos. En la primera ojeada vio montones de monedas y varios billetes semiocultos de color morado e incluso verde. Al despedir a los fieles se mostró efusivo y deseó que todos se fueran en paz. Todos notaron la euforia de don Fortunato. El pescatero, al igual, se mostraba contento. Ya sabía que aquella semana le llegaría parte en la cesta de la compra del ama del cura. Y el carnicero, y el de la bodega, y... Ya lo dijo el banquero. El dinero debe circular, así se disimula la pobreza y aumenta la alegría. El mendigo de la puerta, como siempre resignado a su suerte, también se alegraba, pues estaba seguro de que algo también le tocaría. Y como era un intelectual venido a menos, ensalzaba, sin que nadie le entendiera, la importancia de la economía circular.

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