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10 sept 2021

Despido fulminante

Érase una vez una convención de descontentos. Se acercaron unos cuantos y un periodista de una famosa cadena televisiva entrevistó a algunos en el hall del Palacio de Congresos. Y éstas fueron las entradas deslabazadas que emitieron en el noticiario del mediodía. No sé por qué los días tienen noches, se quejaba el topo. Ni yo entiendo por qué las nubes tienen prisa, añadía la veleta. Y por qué las penas duran tanto, se lamentaba el poeta. Y ¿cuándo se acaba la soledad?, protestaba el incomprendido. Y ¿a qué cuento sopla viento?, clamaban las mariposas. Y ¿por qué el pan se queda duro? protestaba el caminante. Pues yo no entiendo que haya que trabajar, insistía el vago y ¿qué me dicen del absurdo de las guerras? cuestionaba el pacifista. Y como el noticiario corría peligro de alargarse más de la cuenta, el locutor cortó con una frase de su propia cosecha. Razón tienen, a fuer de sincero. Y que conste que no entiendo por qué he empezado este noticiario anunciando que les voy a contar todo lo que ha pasado hoy. No me crean, miento como un bellaco.

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24 sept 2018

La dificultad de engañar

Paúl era un niño difícil de engañar. Siempre miraba profundamente a los ojos de sus interlocutores y presumía de leer los pensamientos ajenos, sin necesidad de intercambiar palabras. Con la boca se miente y se disimulan las intenciones, explicaba. Un día su maestro, que ya atisbaba estas cualidades, se interesó por este don tan extraño y recibió una respuesta sorprendente y obvia. Mire, mis padres son sordomudos, lo sabe ¿no? Pues eso, que yo sé lo que quieren, porque lo leo en sus caras. Desde aquel día el maestro se esforzó por ser siempre muy sincero.
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20 jun 2018

Mentira compulsiva

Amancio dijo una vez una mentira, y para taparla tuvo que añadir otra, y otra y otra. Total, que la vida de Amancio era pura mentira. Tantas mentiras, siento tener que ser tan reiterativo, llegó a decir, que todo el mundo sabía siempre cuál era la verdad. Ya se lo dijo un día el maestro en la escuela: Eres al alumno más coherente del pueblo, Amancio, que no tienes dos dobleces como los demás.
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