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17 sept 2021

Así era antes

La embarcación se desliza por el río con una suavidad y con un silencio que la hacen casi invisible. El pescador maneja los remos lentamente, dibujando una estela que él mismo mira con devoción. Se dirige a la orilla para realizar una delicada operación. Está nervioso, porque ha pescado un sollo, otros lo llaman esturión, de unos 2 m. y unos 200 kg. Le ha costado lo suyo izarlo a bordo. Se trata de una hembra y está seguro de que esconde muchos huevos en el útero, caviar mismamente. Fondea la embarcación con calma y coloca el pez a lo largo de la canoa, con la cola encima de un lienzo blanco y limpio. Salta al agua y rápidamente masajea el abdomen desde el centro hacia la cola. Una masa negra de millones de huevas se va depositando sobre la tela. Sabe que puede ser hasta un 10% del peso de la madre. Cuando acaba, recoge aquel tesoro y lo coloca en lugar seguro. Seguidamente, y sin perder tiempo, empuja la barca unos metros y la balancea. Cae el esturión al agua, lo abraza, lo masajea y lo besa. El pez revive. Y con una palmada amistosa lo despide. Hasta el año que viene, le dice.

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11 jun 2021

Supervivencia vegetal

Las hojas de la higuera son las más tímidas de mi jardín. Lo digo, porque el árbol aún permanece desnudo en plena primavera, mientras los nogales, manzanos, ciruelos, cerezos, perales, etc., están vestidos mucho mejor que la Eva que paseaba su cuerpo serrano por el mítico Paraíso. El otro día me acerqué a preguntar cuál era la razón. Una hojita que lleva tres semanas estirándose a menos velocidad que un caracol despistado me lo explicó. No nos metas prisa, tienes que ser más inclusivo y aceptarnos tal como somos. ¿Por qué? En la última asamblea de afectados de cooperativistas de esta higuera analizamos la situación y vimos por qué los de la higuera estamos en desventaja. Tenemos raíces audaces y atrevidas, tenemos nutrientes de sobra y agua a nuestro alcance, el sistema vascular funciona bien, pero las hojas, sin embargo, sufrimos falta de suministros y, aquí se detuvo para enfatizar sus palabras, hay un problema de equidad. ¡Tenemos un déficit de insolación que nos dificulta la fotosíntesis! ¿Es por mi culpa? Sí, por supuesto. Pusiste un avellano, un ciruelo, un castaño, un roble y un acebo que nos acosan y acaparan todo el sol. Y ¿qué remedio hay? Los talas. No, jamás. Pues que sepas, nuestras raíces se extenderán por el subsuelo hasta acaparar con avaricia toda la humedad y minerales del suelo. Entonces sabrán los demás árboles qué es ser ninguneados. ¡Manda narices, esto es pura lucha por la supervivencia!, exclamé ¡Ja! La hojita humilde se mostró tajante. Aquí funciona el principio clásico del bosque, apréndetelo: Arbor arboribus predator est. Me quedé sin habla. No por aquel latin macarrónico, sino por la lucha subterránea y despiadada que hay siempre en el bosque y, lo reconozco, hasta en mi modesto jardín. Volví a mi hamaca lleno de pesadumbre e hice como que dormitaba mientras rumiaba lo acontecido. 

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14 may 2021

El duro trabajo del horticultor

Con el primer golpe de azada apareció una lombriz hermosa y brillante. Salió de un terrón y trató de volver al mundo subterráneo en el que se sentía segura. El horticultor sintió alivio al ver que no la había mutilado. Y se quedó observándola. El ya sabía que era un colega en eso de preparar la tierra para su plantación, no en vano se les denomina "ingenieros de ecosistemas". Y no dejó de sorprenderse con su cuerpo elástico dividido en anillos y más en su empeño por desaparecer en el terreno. Recordó que había leído que era hermafrodita y que se reproducía por huevos. Miró al abultamiento que tenía entre los primeros anillos y comprobó que sí, era cierto, allí debían estar los huevos. Luego supo que se llama clitelo. Y su pensamiento se volvió triste. He estado a punto de matarla, se recriminó. Recordó que de niño había oído que si se las partía por la mitad se regeneraban. Tengo que mirarlo a ver si es verdad, pensó. Y sí, era cierto a medias, porque la parte que se regenera era la de la cabeza. Tiene su lógica, sí, porque su aparato digestivo es prodigioso, a diario comen materia orgánica hasta un 90% de su peso y convierten todo en humus. Ya dijo Darwin que la humanidad les debe mucho. Aquel hortelano se quedó absorto, miró con aprensión a su azada y solo le faltó llorar. O reír, porque aquel día entendía mejor el mundo.

19 feb 2021

El pájaro que nunca es anónimo

En aquel atardecer el abuelo Simón y el tío Machuca tenían alma ecologista. Ayer escuché cantar al cuco un buen rato. Yo también, creo que nos ronda. No te rías, a mí me intriga. Y a mí, es un ave peculiar. Fíjate, llega al principio de la primavera y pone un huevo en una docena de nidos ajenos. O sea, podemos decir que a los  hijos se los crían padres postizos. Claro. Y sin ninguna relación con sus progenitores, los jóvenes repiten los mismos patrones de conducta que sus padres biológicos. Es decir, que no reciben educación o adiestramiento directo como otras aves y, sin embargo, aprenden. Fíjate, los adultos emigran a África en julio y las crías en septiembre sin ayuda ¿Lo harán por puro instinto? Así será, es increíble. Y se hizo el silencio entre los dos amigos que sin duda rumiaban todo lo que se había hablado. Tras unos minutos el tío Machuca levantó los ojos del móvil y reanudó la conversación. Leo en Google que antiguamente se pensaba que el Cuculus canorus, después de la puesta, se convertía en halcón, pero que eso es absolutamente falso, pues son especies diferentes. Es que eso sería el colmo. No deja de intrigarme, de verdad. Mira lo que pone aquí: ¿Sabes que el cuco es el único pájaro que sabe decir su nombre? Lo que me faltaba por oír.

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28 oct 2020

Intruso


Sentado en la mecedora, de noche y en el jardín, descubrí una luciérnaga. Y muy cerca, emboscado en el césped, chirriaba un grillo. Cuanto más intenso era su tono, más brillaba el insecto. Estos se entienden, pensé. Mas no fue posible averiguarlo. En mi primer paso el uno calló, la otra perdió su fulgor. Avergonzado, emprendí la retirada y la noche recuperó su orden y concierto.

NOTA: Relato finalista en el VI Concurso Literario de minicuentos "Un caleidoscopio de letras". Ver Mundo escritura. Setiembre 2020. (http://www.mundoescritura.com/concursos/microrrelatos.php).

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5 ago 2020

Guardián



Oí un disparo de rifle en la sabana. A los dos segundos escuché un bramido. Supe que víctima y verdugo estaban en un radio de no más de 1 km. Conecté la sirena. Y una nube de polvo me señaló el camino de escape del furtivo.
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29 ene 2020

Vocación fustrada

Andrés se hizo cazador por puro instinto. Le gustaba observar los animales que deambulaban libremente por los montes, se movían en las aguas o surcaban los aires con suficiencia. Sentía en su interior una necesidad de dominarlos, de agarrarlos con su manos. Por eso se compró una escopeta de dos cañones y los cartuchos convenientes, amén de la licencia correspondiente y un seguro, por si acaso. Todo por unos 1000 €. Se unió a una cuadrilla que se movía por un coto, donde tres veces por semana hacían batidas contra los jabalíes. La compañía de gente veterana le ayudó mucho a situarse y cumplir su papel. El primer día le asignaron un puesto de vigilancia y allí estuvo 5 horas a la intemperie, a la espera de una pieza que se pusiera a tiro. Pero no, no apareció ninguna víctima huyendo del acoso de los perros. Vale, soy novato, me dieron el peor puesto, fue su explicación. Así tres jornadas más, hasta que llegó el momento deseado. Fue cuando vió frente a él una hembra de buen porte saliendo de un riachuelo. Apuntó con rapidez, aunque el corazón le latía con fuerza y le dificultaba centrar la mira del arma en la pieza. Pero más le desconcertó ver cómo media docena de jabatos surgían de la nada siguiendo a la madre. Se detuvo, dudó, dudó tanto que fue incapaz de apretar el gatillo, dejando huir a aquella familia acosada. Se percató en aquel preciso instante de que amaba hasta tal punto la naturaleza que lo de matar había que dejárselo a otros. Fue más que una aparición milagrosa, comentó. Te entendemos, le comentaron sus colegas, nos has dejado piezas para el año que viene, muy bien hecho. Os dejo, sí, contestó, os dejo, que yo no vuelvo por aquí. 
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17 jul 2019

Naturaleza cruel

Descansaba a la sombra del sauce, con un libro en la mano, la música del viento y las caricias del sol. Cuando el ambiente se hizo ligeramente más frio, me vestí un jersey y continué con mi solaz. Pero al poco el fragor de un trueno prendió la alarma y me hizo buscar refugio en casa. Pronto se presentó la tormenta y disfruté asustado de la iras desatadas y de la soberbia incontenible de la naturaleza. Fue un espectáculo completo de lluvia, relámpagos, vientos y estruendos. Al acabar el cielo se despejó y dejó a la vista los destrozos causados. El sauce estaba medio desnudo, a su pies una alfombra de hojas húmedas. Recogí el libro olvidado y, oh sorpresa, sus hojas estaban en blanco, todas las letras se habían caído.
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19 jun 2017

La primavera ha venido, nadie sabe cómo ha sido

En abril llegaron las golondrinas que ahora veo volar. A ninguna le he preguntado lo que tanto me intriga cada otoño, cuando desaparecen. ¿Dónde os escondéis en invierno? La alegría de saber que ha llegado mi estación preferida me reconcilia siempre con ellas, olvido su traición y se me pasan las ganas de preguntárselo. ¡Viva Antonio Machado que me lo descubrió!
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14 jun 2017

Marchitada

En la cuneta de la carretera reposa olvidado un cadáver. De un ser vivo. De una flor. Exactamente un ejemplar de aciano o azulejo (Centaurea cyanus). Su color azul ha dejado de ser intenso, languidece, y en dos días estará confundida con el humus. Triste final. Un tractor asesino, armado de un brazo que blandía una desbrozadora, ha realizado la roza en el vial y ya no hay color que alegre mis pupilas. Ha llegado el progreso. Naturaleza domesticada. Uniformidad en la carretera. Todo limpio, todo perfecto. Es el occidente rico. Y yo, llorando por una flor, con nombres y apellidos, aciano o azulejo, Centaurea cyanus, por más señas.
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17 abr 2017

Poeta y biólogo

No entiendo a las lombrices que abandonan la húmeda tierra del jardín y se adentran en el frío cemento del porche en busca de una muerte segura. Locas, están locas saliendo del mundo subterráneo donde abunda el humus y están seguras. No te lo creas, me comenta mi amigo. Son unos invertebrados anélidos de larga vida, hasta 8 años alargan su existencia, que salen de noche a la superficie y que alguna que otra vez olvidan el camino de regreso. Llegan a vivir a dos metros del suelo, ingieren a diario el 90% de su peso y, por si te interesa, me dicen, contiene hasta un 72% de proteínas, distribuidas a lo largo de los 150 anillos de su cuerpo. ¡Madre mía! Pues hay más, prosiguió, normalmente buscan pareja para su reproducción, pero, llegado el caso son exitosamente hermafroditas, pues llegan a tener un millar de descendientes al año. ¡Vaya! Además son fundamentales en la regeneración de suelo agrícola... Osea, que no es un gusano estúpido que viene a morir en una baldosa de mi casa, ¿no? Ni mucho menos, pregúntaselo a las flores, nunca hablan mal de las lombrices. ¡Ah! O pregúntaselo a la noche, a la luna, a la lluvia suave que humedece el ambiente, a la brisa del amanecer, a los grillos que amenizan sus paseos, a...
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22 mar 2017

Colisión de intereses

La lechuza era muy metódica y puntual. Todos los días y sobre la misma hora entraba en el pórtico de la iglesia románica a buscar refugio para la noche. Ella trataba de pasar desapercibida, pero no, no era así, que al amanecer abandonaba el lugar dejando rastros de su presencia, unas manchas blancas en el suelo que se iban después de mucho frotar y unas bolas de tamaño considerable al lado. No me las toque, dijo un biólogo de una ONG, que son egagrópilas de mucho valor. Eso es mierda, con perdón explicaba la sacristana. Bueno, son regurgitaciones del ave, permiten conocer su alimentación y la fauna que habita el entorno. A la buena de Marcelina ya no le pudo caer bien el ecologista aquel. Mira que coleccionar mierdas de lechuza, se decía. Pero llegó el día que se acabó la investigación para el de la ONG, pues la lechuza dejó de pernoctar allí. La culpa de ello era de la sacristana que todas las noches encerraba un perro en el pórtico con un buen corrusco de pan, con la clara intención de espantar a la intrusa. Por Dios, ¿cómo me hace eso?, se quejaba el ecologista. ¡Por la Virgen, mire cómo ha dejado el capitel ese bicho asqueroso...! La verdad era que, apoyada en uno de los vértices, había una egagrópila en equilibrio inverosímil. El estudioso se largó frustrado, nadie nos toma en serio a los ecologistas, se quejaba. Lo que me ha costado colocar esa mierda en el capitel, se regocijaba la señora Marcelina, mientras despejaba el capitel de un escobazo.
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22 feb 2017

A cuestas con mi insomnio

Las noches en la montaña son largas y tristes. Cada vez que me desvelo, mis ojos tratan inútilmente de perforar la oscuridad y saber dónde se esconde el alba. Sólo el reloj de la torre de la parroquia me ayuda con sus campanadas, aliviando mi soledad y marcándome el tiempo de espera. Sé también de sobra cuándo llueve, cuándo arrecia el viento, cuándo la luna se pavonea en lo alto recorriendo de punta a punta el umbral de mi ventana y sé cuándo nieva. No tengo ni siquiera que abrir los ojos para comprobarlo, es sólo el tañido apagado de la campana del reloj de la iglesia el que me dice que un manto blanco posado en el bronce hace que los golpes del badajo sean apenas perceptibles. Y entonces ya no hace falta que el alba me despierte, me levanto y me asomo a la ventana para contemplar esa metamorfosis que hace que todo el mundo que me rodea parezca perfecto. Siempre sucumbo ante el encanto de una nevada, no lo puedo evitar. Y eso que tengo ya muchas a mis espaldas, tengo 92 inviernos en mi carnet de identidad. 
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25 abr 2016

Y yo sin enterarme

De niño me sentía trasladado a un mundo fantástico cuando me hablaban de peces voladores o de aves que se zambullían en el agua y nadaban con pericia. Mi admiración llegó a la incredulidad cuando vi por primera vez gaviotas reidoras que se lanzaba de cabeza al mar, se sumergían y buceaban hasta aparecer a unos metros del lugar de zambullida. Más tardes aluciné con los cormoranes que se aposentaron en las riberas de los ríos de mi ciudad y fueron diezmando la población piscícola hasta el punto de alarmar a las autoridades medioambientales. Todo esto se lo explicaba yo a mi abuelo, incluso se lo hice visionar en un vídeo donde un alcatraz gigantesco se lanzaba en picado a las aguas del océano y emergía al poco con un pez en el gaznate. Yo esperaba un comentario de sorpresa y admiración en mi abuelo, pero el sorprendido fui yo.
-No hace falta que vayas tan lejos para ver eso mismo, que eso ya lo hace el martín pescador aquí al lado, a dos palmos de tus narices. ¿Tantos años por aquí y no lo conoces?
De verdad que me dolió tener que responder que no, que no conocía.
-Sabrás que para ti ha pasado desapercibido uno de lo pájaros con el plumaje más vistoso que existe en nuestro río... Nada menos que colores azules, verdosos y anaranjados en tonos brillantes y metálicos -y sacó una conclusión curiosa-. Parece un ave tropical trasladada a nuestros ríos -que acompañó con un reproche-. Deja de ver el mundo por la televisión y mira más por la ventana.
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25 ene 2016

Tormenta y paz

Cayó el rayo y desgajó varias ramas de un alto pino, causando un incendio inmediato que se ahogó sólo por fuerza de la lluvia. Cayó un segundo rayo y dejó fundida la esfera del reloj de la torre de la iglesia local. Cayó un tercer rayo y penetró por la ventana del dormitorio de la casa cural y se oyeron grandes voces en su interior. Cesó por fin la tormenta y ya no cayó nada más, simplemente todo calló, hasta los cielos callaron en honor de tantos caídos.
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23 dic 2015

Rencillas cósmicas

El otoño llamó a la puerta para poder entrar.
-Traigo nostalgia, susurros en el bosque, olor a hojas caídas, frutos de la cosecha final.
El verano, que ya estaba escapándose por una ventana, no esperó más, pues no quería oír la bienvenida de los habitantes de la casa.
-¡Demontres! -protestó- Hace unos meses me recibieron contentos y ya veo que se han cansado.
-Traigo noches más largas, tiempo de tertulias, de encuentro, traigo calor de hogar -decía el otoño.
-Siempre me equivoco -pensó el verano-, yo siempre ofrezco aire y sol que acarician el rostro, noches interminables, compañía y tiempo para el amor.
-Conmigo...
Ya no quiso escuchar más la estación del estío y se fue murmurando.
-Tengo que hablar con el invierno para que le dé un escarmiento a este presuntuoso -y se afirmó en ello-. Esto de los solsticios y equinoccios me trae loco desde siempre.
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