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2 ago 2021

Vaya hortelano

Mi amigo Lisandro es un sentimental. También es hortelano por horas y muy preguntón. Así que el vicio tiene la penitencia. Lo digo porque ha cultivado con éxito en una jardinera de su terraza tres tomateras. Siguiendo mis reiterados consejos, las ha regado regularmente, les ha colocado tutores para que crezcan rectas, ha podado los chupones que salen en el tronco y hasta les ha hablado para estimular su crecimiento. Los tomatitos aparecieron, acabaron cogiendo peso y tamaño y algunos, para su satisfacción, ya han pasado por el plato. Toda una experiencia mística, dice. Pero ha surgido un problema, unos insectos diminutos se han adueñado de la hojas que han quedado enrolladas sobre sí mismas y pegajosas. Pulgón, tienen pulgón, le he dicho. Le he recomendado un tratamiento ecológico, como rociar la planta con agua jabonosa o con agua de ortigas maceradas... Pero ha aparecido un amigo común, El Kolgao, en medio de la conversación y ha dado al traste con toda la estrategia. A ver si os cargáis a Gregorio Samsa con tanto tratamiento. Kafka no os lo perdonaría, nos ha advertido. Lisandro, que ya he dicho que es un sentimental, se lo ha pensado y ha dejado en suspenso el plan. Y lo ha argumentado. Los escarabajos comen pulgones, ¿no?

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3 feb 2021

Iba a contar una historia...

Siempre me han querido convencer de que los contextos muy prolongados enturbian cualquier relato. Ya lo dijo el gran pensador belga Van Avermaet, experto en tildes diacríticas del medievo neerlandés que... ¡Joder, he perdido el hilo! 

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25 dic 2020

Inolvidable

 

Un día le confesé a un viejo profesor que de niño comencé a leer un libro maravilloso que no puede acabar. Me paré en la primera página y no pude seguir. ¿Por qué? Me quedé como en trance en las dos primeras líneas, eran increíbles. Y ¿qué contaba? Grandes historias en pocas palabras, fíjese:
Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.

NOTA: Relato finalista en el VI Concurso Literario de minicuentos "Un caleidoscopio de letras". Ver Mundo escritura. Noviembre 2020. (http://www.mundoescritura.com/concursos/microrrelatos.php).

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18 sept 2020

Yo soy yo


Una vez Kafka me ofreció ser personaje en uno de sus libros y lo rechacé. Me parece que hizo sufrir mucho a Gregorio Samsa y eso no va conmigo. Quién sabe si a mí, que soy una pulga, no me transformaría en un humilde garbanzo.
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24 jun 2020

Diálogo apócrifo de un nieto de los Grimm

Abuelo, ¿cómo se hace un cuento?

Juntando palabras.

¿Sin más?

No, con orden y concierto.

No entiendo.

Mira, empiezas con un “érase una vez”, donde aparece un mendigo, una rana o una nube desgraciada. Luego metes un “pero de repente”, donde cuentas que todo empeora malamente. Y para remediarlo, buscas un desenlace que nos deje a todos felices con un “colorín colorado”.

¿Así de fácil?

¡Uf, nietecito! Prueba, prueba.
 
NOTA: Relato finalista en el VI Concurso Literario de minicuentos "Un caleidoscopio de letras". Ver Mundo escritura. Mayo 2020. (http://www.mundoescritura.com/concursos/microrrelatos.php).

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22 may 2020

Los goces y gozos de un lector



Hay veces que ocurren historias casuales que tienen su aquél. Eso le ocurrió al que esto escribe y que lo va a contar siguiendo el canon más clásico. Veamos, pues. Érase una vez un confinado por causa de una pandemia que leyó una crítica de un reputado escritor sobre el libro Dublineses escrito por James Joyce, allá por el lejano 1905. De repente, al ciudadano encerrado se le desató la curiosidad y buscó el texto del irlandés en forma digital. En dos días lo dio por leído. No eran más que trece cuentos de índole realista en el que aparecían gentes, hechos y ambientes de la sociedad dublinesa de primeros del S. XX. No le pareció aburrido, más bien fue para él un acercamiento a la vida corriente, a los anhelos, penas, sudores, dichas y convencionalidades de aquellas gentes que, a pesar del tiempo transcurrido, no dejaban de parecerse mucho a los seres humanos que respiran los aires del actual siglo. Y le gustó. Pero quisieron los hados que aquello tuviera un bonito final y, cosas de confinamiento obligado al que estaba sometido, fue que halló perdido en un anaquel de su biblioteca doméstica una DVD con la película Dublineses (Los muertos), dirigida por Jonh Huston en 1987. Éste es, casualmente, el último cuento del libro de Joyce. Y fue un colofón perfecto, pues el protagonista de esta historia tejida de tantas casualidades, quedó muy satisfecho. Y desde entonces, colorín colorado, el afortunado lector da gracias a los tres creadores que tanto disfrute le proporcionaron. A saber, Mario Vargas Llosa por su acercamiento crítico (La verdad), James Joyce por el libro y John Huston por el film. Menudos tres.
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4 oct 2019

Taller de minicuentos en marcha

Ahí va el microrrelato de esta semana, señor profesor. Vale, vale, proceda. Resulta que me he liado un poco, pero bueno empiezo con la introducción o contexto. Espero haber acertado. Venga, venga, comience la lectura. Voy. Pues en el año 1657 de la era cristiana, en el mes de junio, recién iniciado el verano, cuando las mariposas deambulaban de flor en flor libando con sus trompas el néctar de cuantas flores encontraban, y los ruiseñores alegraban con sus trinos los afortunados tímpanos de los mortales, hallábase a la sazón, una joven princesa al borde de una lago donde la brisa mecía, no sin cierta sensualidad, las lánguidas ramas de un sauce llorón. Al tiempo un milano real desplegaba sus alas y mostraba cuán cerca del cielo puede hallarse cualquier mortal. Pero quisieron los cielos que aquella felicidad tuviera su fin cuando un relámpago primero y un trueno después rompieron la paz de aquel paraíso... ¡Calle, calle de una vez! Lleva ya 117 palabras y aún no ha entrado en el conflicto. No siga. El profesor, se ve, estaba muy enfadado. Váyase a vivir al S. XVIII y escriba 100 novelas describiendo durante horas y horas escenarios. ¡Por dios, esto son microcuentooooossss! ¡Breveeeeesssss! ¡Al granoooo!
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16 sept 2019

Confesión personal de Augusto Monterroso

 
No podía dejar de llorar después de ver que el dinosaurio seguía a mi lado.
 
NOTA: Texto presentado , el 13-9-19, en la  XII Edición de Relatos en Cadena, concurso de microrrelatos de la Cadena Ser, cuya condición de inicio es dar comienzo al relato con la última frase o fragmento del cuento ganador de la semana anterior. 

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11 sept 2019

Metamorfosis

Cada vez que un lector abre la primera página del libro, a mí ya me avisan. Vete a tu puesto y espera a que Gregorio Samsa te pida que lo reemplaces. ¡Jo, ya cansa esto!, me quejo. Es inútil. cuando el lector llega a la página 8, allá que me presento yo en forma de escarabajo o cucaracha, que no se sabe a ciencia cierta qué soy, ya que eso depende del traductor. Me tocan 30 páginas más de trabajo hasta que me muero de incomprensión, soledad y desprecio. Encima, todavía sigo con el convenio laboral de 1915. Estos editores no dejan de explotarme. ¡Lector, solidaridad! 
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28 ene 2019

No os fiéis de los escritores

Cuando se corrió la voz de que al coronel no había quién le escribiera, ocurrió que todos compramos sobres y papel de cartas. Así quisimos consolar al viejo militar, pero nadie encontró la dirección donde remitirlas. Todo fue un truco publicitario y tramposo de Gabriel García Márquez. Macondo no existe.
NOTA: Publicado el 26-02-2019 en Cincuenta Palabras, blog que edita relatos de exactamente 50 palabras
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7 abr 2017

Consejos de tú a tú entre escritores

Escribir un relato breve es muy sencillo, tú te marcas un reto, digamos un conflicto, y lo resuelves en cuatro líneas. Por ejemplo, dices como que voy a escribir una historia de un triunfador o de un fracasado. Y empiezas dando detalles del individuo, su contexto, sus anhelos, metas o pretensiones, luego pones pegas o palos en las ruedas y con un golpe de suerte, de astucia, del destino o de la fatalidad, tienes que encontrar un final que incomode o guste al lector. Si no, siempre puedes plantear que quieres suicidarte, porque no encuentras la historia perfecta. Pero, esto plantea problemas, tienes que hacerlo en directo y tiene sus inconvenientes, sobre todo que no puedes firmar, así que te recomiendo la primera opción. Es la que yo sigo.
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21 sept 2016

La importancia y valor de las letras

Cada una de las hojas contenía muchas palabras, todas en orden, sin romper el renglón ni usurpar los márgenes, todas con una altura regular y todas teñidas de negro sobre fondo blanco. Habían jurado al impresor mantener la disciplina y seguir en su lugar, que esa era, así les habían dicho, la única manera de trasportar sentido y significado, una misión de la que estaban muy orgullosas. Cada vez que unos ojos ansiosos observaban los caracteres de imprenta y los dedos pasaban las hojas, sentían cumplida su misión y se llenaban de orgullo. De esa manera se armaban de moral y fuerza para aguantar las temporadas interminables que se pasaban quietas y paradas en el libro olvidado en un anaquel, sobre una mesa, en un cajón. Pero todo quedaba compensada en el instante que alguien tomaba de nuevo el libro en su manos, deslizaba su mirada sobre cada una de las letras allí impresas, sin olvidar ni una de ellas. Eran entonces felices, cumplían su misión. 
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12 sept 2016

Cómo saber de las vidas ajenas

Era una lectora empedernida, tanto que llegaba a recorrer muchos kilómetros andando por la playa con su desgastado ebook entre las manos. Las olas acariciaban sus pies y las vidas de otras gentes se desperdigaban por su memoria. Para los otros paseantes era la mujer de la pamela que leía sin parar. Para ella, quienes le circundaban, no veían que en realidad volaba como las gaviotas y contemplaba las historias que todos ellos llevaban a sus espaldas.
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5 sept 2016

El placer de releer

El último tifón que se paseó por la ciudad en la que vivo, tuvo el sádico detalle de recrearse unos segundos en mi biblioteca, destrozando todo el orden y concierto que allí había. No hablo del caos que montó en la casa, por aquello de no extenderme demasiado, hablo de mis libros. Recuperé todas las hojas de los ejemplares deslomados y traté de ponerlas en su sitio, recuperando tanto texto herido. Así ocurrió que hice una segunda, tercera, cuarta y hasta una enésima lectura de cada uno de mis autores, encontrando un mundo apasionante y lleno de sugerencias en lo que antes había masticado con indolencia. Me ha llevado años, pero juro que he disfrutado hasta el éxtasis con las mil lecturas del mismo texto y con las discusiones invisibles con los cientos de personajes que viven, sin yo darme cuenta, en mi casa.
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10 jun 2016

Gonerilda, Regania y Cordelia

Érase una vez un rey viejo y cansado que decidió abdicar y dejar paso a sus tres hijas, de tal modo que repartió su reino, cedió el gobierno y sólo se reservó el derecho a residir en el castillo de cada una de sus herederas no más de un mes seguido. Las dos primeras se portaron mal con su progenitor, primero haciéndole desprecios e ignorándole y después usurpando descaradamente su trono, por lo que se refugió en la mansión de la hija pequeña a la que injustamente había desheredado en un arrebato de orgullo. Y ésta, lejos de guardarle rencor, lo acogió en su hogar y le dispensó un buen trato.
En paralelo se fue desarrollando otra historia plagada de ambición. Gonerilda y Regania, las dos hijas mayores, y sus consortes entraron en rencillas y guerras particulares. Y ése fue el momento en el que Cordelia, la hija menor, ya casada con un rey vecino, entró en guerra con sus hermanas y acabó coronándose reina soberana en el trono paterno, haciendo que el destino premiara a la que más lo merecía.
Pero no acaba ahí la historia, pues el reinado de la hija menor no fue tan feliz, pues con el tiempo los hijos de sus dos hermanas mayores se alzaron en armas contra ella y la hicieron prisionera, momento en el que Cordelia, desencantada de la vida, aprovechó para suicidarse.
Ya se ve, un argumento enrevesado y torpemente desarrollado por Juan Badaya, aunque parezca un digna trama de culebrón. Por cierto, él cree que Shakespeare, el genial dramaturgo inglés, le ha plagiado. Sí, estos hechos se parecen mucho a la historia de uno de sus personajes, uno que se hacía llamar el Rey Lear. Por lo menos, los nombres de las tres hijas y hermanas coinciden... Mírenlo y le avisan.
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30 nov 2015

Muerte literaria

Se asomó tanto al balcón de su casa que al final perdió el equilibrio y cayó de frente, al vacío, sin encontrar ningún asidero que evitara la fatal caída.
Confundido por la certeza de llegar al final de sus días, tuvo tiempo durante el descenso vertiginoso de pensar con serenidad en la fugacidad de la vida y, para su deleite, revivió en su mente el drama del desencantado de Gabriel García Márquez, hasta el punto que llegó a coincidir el final del relato del gran escritor con el estrépito final del impacto contra el suelo. Fue todo un tránsito feliz.

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23 oct 2015

Marinero en tierra




-Elemental, mi querido Watson.

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NOTA DE AUTOR: Texto presentado en setiembre-2015 en el concurso Calendario Microcuentista 2016, del blog Internacional Microcuentista - Revista de lo breve

7 oct 2015

De Víctor Hugo

En el campo de batalla de Waterloo, Thenardier se arrastraba entre cadáveres hurgando sin escrúpulos en los bolsillos para apropiarse de las pertenencias de los caídos. Bajo un montón de cuerpos vio una mano que se movía y vio un hermoso anillo en el dedo. Le costó librar el cuerpo del herido al que quitó de encima todo lo que llevaba. Convencido de que su víctima estaba en las últimas no dudó en decirle su nombre.
-Gracias, sargento Thenardier por salvarme -le contestó el moribundo coronel Pontmercy.
El expoliador de cadáveres inmediatamente desertó y sin uniforme ni galones se pasó a la vida civil, donde consiguió llevar una vida miserable muy acorde con la altura de miras de su espíritu. Mas quiso la fortuna que el coronel herido tuviera tiempo de dictar un testamento en el que quiso premiar a su pretendido salvador y pasó el encargo a su hijo.
Éste, desconocedor de los hechos reales, cumplió su voluntad localizando al felón y entregándole una importante suma de dinero.
Mas fue tanto el desasosiego que le produjo al escritor tamaña historia que trató de dejar las cosas en su sitio con un final justo donde el Thenardier cobrara su merecido. No en vano don Víctor Hugo habla de miserables. Yo mismo, durante la lectura, acompañé al autor en su angustia por no dejar sin castigo al poco edificante Thenardier.
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23 ene 2015

Última palabra del señor K

-Oye -le reclamó días más tarde el abuelo Simón a su compañero- ¿Sabes que Bertolt Brecht no habla de fascistas, sino de nacionalistas?
-Los nacional sindicalistas nazis, ¿no? -le replicó el tío Machuca.
-Esos eran capaces de hacer brotar nacionalistas debajo de las piedras.
-De signo contrario ¿no?
-En realidad el señor K dice que la estupidez ajena te arrastra a ti a ser estúpido.
-Es difícil resistirse a veces, ¿no?
-Ya dijo Einstein en su momento que nunca discutas con un estúpido, pues corres el peligro de convertirte en estúpido y, además, seguramente perderás en la discusión.
-Sabio consejo, ¿no?
-Deja de decir ¿no? -amenazó el abuelo Simón.
-Es que como sabes tanto....
-Lo he leído, ¿no?
-Ves, tú también dices ¿no? -se defendió
-A este paso nos volvemos los dos estúpidos. No aprendemos nada -dijo el abuelo Simón enfurruñado.
Y siguieron juntos, en silencio, bajo la sombra del árbol de las confidencias, mirando los dos amigos a lo lejos, como si no hubiera nadie a su lado. No más de cinco minutos, conste.
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