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13 mar 2024

La vieja escuela

El maestro le puso delante de un tablero de ajedrez y le preguntó al niño que cuántos cuadros había en total. El alumno empezó contándolos de uno en uno señalándolos con el dedo. Espera, se adelantó el docente, mira qué fácil lo puedes hacer. ¿Ves 8 cuadraditos en cada lado? Pues si digo 8 x 8 igual a 64, acierto y acabo antes. El chaval no se lo creía, así que los contó de verdad moviendo el dedo por el tablero. Es verdad, ¿cómo se hace eso? Multiplicando, le explicó. Es como sumar a toda velocidad los 8 cuadros de la primera fila 8 veces, 8 + 8 + 8 + 8 + 8... La tabla de multiplicar es lo único que vas a tener que aprender de memoria. Enséname. Y así fue como Luisito aprendió a multiplicar en un pispás. Hoy día esta anécdota la repite a menudo don Luis, catedrático emérito de la Facultad de Ciencias Exactas de una prestigiosa universidad. A mí me enseñaron a estudiar y a aprender razonando, no de memoria como se hace a menudo, comenta ufano. Y acaba siempre rematando la historia con la misma frase: Se llamaba don Gerardo, aquel maestro que hoy estará disfrutando de la compañía del mismísimo Pitágoras. 

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15 nov 2023

Educar o enseñar, he ahí la cuestión

Aquel niño era un cascabel, infatigable, curioso, amable y dispuesto a todo lo que se le ofreciera. Pero tuvo mala suerte, porque una profesora se atravesó en su camino. Eres muy charlatán, no te enteras de nada y distraes a la clase, le dijo. Encima eres malo para las matemáticas. El viernes quiero hablar con tus padres, le advirtió. El chaval quedó hundido y entró en una fase de pánico. La mujer que le cuidaba en horario de trabajo de los padres se percató de ello y habló con la madre. Este niño tiene un bajón importante de autoestima, con 7 años no se le puede desanimar tanto, se siente una mierda. Esa maestra le tiene que encauzar. La madre y el padre lo hablaron y ambos fueron el viernes anunciado a hablar con la docente. Desde luego, el chaval se sintió arropado. La conversación fue un tanto sinuosa, pero, vamos, llegaron a un acuerdo, que no fue otro que reconocer que ella tenía que reconducir el asunto. No te conformes con enseñar, el padre argumentó, eres pedagoga, haz que aprenda. La docente se sintió incómoda, pero, eso le decía a un compañero, no me puedo enfadar, porque han sido educados y encima, tienen razón. 

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16 jun 2023

El nuevo maestro

En el WhatsApp de padres y madres de la escuela, Progenitores/4A, nos ha llegado una comunicación del nuevo maestro de nuestra hija. Nos informa que van a hacer una salida esta semana al campo de fútbol del barrio, pero no para jugar, sino para aprender geometría. Exactamente se propone extraer las dimensiones del campo y calcular superficies. Después de ello les mandará de deberes que hagan lo mismo con la cocina y habitación de su propia casa y que quizás tengamos que ayudarles. Hasta aquí la información del propósito de la salida. Lo más gracioso viene a continuación. Nos tranquiliza diciendo que no nos preocupemos por la seguridad de nuestros vástagos, que él hizo un master en animación de grupos, que tiene un diploma de primeros auxilios, que preparó unas oposiciones a bombero y que toca la guitarra, por lo que, si llueve, dice, se lo pasarán muy bien cantando sentados en la tribuna. Se despide diciendo que será un placer conocernos en la próxima reunión. Mi mujer ha sentido curiosidad por saber más y he tenido que ponerme serio para que no conteste al mensaje con la pregunta capciosa de si también está soltero. Eso es chismorreo, le he dicho. Pues a alguna le vendría bien este chico tan divertido. No he protestado más. Pero, a mi parecer, hay una cosa clara: En la próxima reunión estaremos todos los padres y madres.

18 ene 2021

En la niñez se filosofa

Hay pocas cosas que recuerdo de mi infancia en la escuela. Pero hay una historia que nunca olvido y es lo que quiero contar. En una ocasión la maestra nos hizo una pregunta retórica. ¿Qué animal creéis que será el más feliz del mundo? Hubo respuestas para todos los gustos, pero al final, desde las limitaciones de nuestras mentes infantiles, acabamos discutiendo de si los animales sufrían o no. Sabíamos seguro que eran sensibles al dolor y que agradecían el cariño y el buen trato, que disfrutaban del bienestar, pero sufrir psicológicamente, como sufrimos nosotros, no lo veíamos. Nos lo aclaró Rosana cuando dijo si habíamos visto llorar a algún animal cuando le dejaba el novio o la novia o cuando se le morían los padres, o... Pedrito, que era una autoridad en estos temas porque su madre era psicóloga, nos aseguró que si apenas entendemos nuestra mente qué narices hacíamos pensando en las entretelas del cerebro de los animales. Eduardo, que ya entonces escribía poesías en las puertas del baño, nos dijo que seguro que la perdiz y la lombriz sabían qué es ser feliz. Le abucheamos un poco. Pero todos nos quedamos callados cuando pidió la palabra María. Era huérfana y vivía con un abuelo al que ella tenía que cuidar con apenas 10 años. Lo que yo sé es que ser feliz, nos dijo, les cuesta mucho a los humanos, y a algunos, nos cuesta más que a otros. La maestra, puso fin a aquella sesión de filosofía, bien pensado de eso iba la clase, recordándonos que hay ratos malos y ratos felices para todo el mundo, que nadie se libra y que los buenos hay que disfrutarlos. Yo, por lo menos, nos confesó, he sido feliz escuchándoos. Nos hizo aplaudir a todos, se levantó de la mesa y le dio un beso a María. Yo vi que las dos tenían una lagrimilla resbalando por sus mejillas.

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13 ene 2020

Escuelas para la vida

 
Hoy he visto a un viejo profesor que tenía toda la pinta de ser abuelo. Que conste, con autoridad y mando. ¿Por qué? Iba con su grupo de niños y niñas a la piscina con un relativo ruido de voces. Todo en orden. El ha desaparecido y su alumnado ha estado en la pileta de agua con los monitores de turno. También en orden. Al finalizar la sesión me lo he encontrado de nuevo a la salida de vestuarios, justo en el pasillo donde se alinean en una de las paredes una colección de espejos y al menos 25 secadores. ¿Qué hacía? Secar el pelo a sus niños y niñas. ¿Edad de las criaturas? 6 ó 7 años. Me ha llamado la atención la naturalidad de la escena. Estos infantes, he pensado, viven relajados en un mundo en el que todo se hace deprisa, por desgracia. Al tomar el ascensor me he topado con un grupito de niños revoltosos tirados por el suelo. Parecían pegarse. La víctima me ha mirado y ha soltado una queja. Éste me ha pegado, me ha dicho riéndose. Para mí que te gusta, le he dicho. Infancia feliz. Me han dado ganas de felicitar al viejo profesor.
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1 ene 2020

Mi escuela literaria

Los primeros cuentos breves que conocí me cautivaron. El autor era Julián, omito el apellido por deferencia, el peor alumno de la clase, un gamberro que no respetaba la literatura, ni las matemáticas, ni el orden natural. Este pudo ser el primero:

"Van dos y se cayó el de en medio".

Me dejó un tiempo pensativo e intrigado. Además me entraron unas ganas de emulación de la que aún no me he librado. El segundo no se quedó a la zaga:

"Va un caracol y derrapa en una curva".

Lo completó unos días más tarde cuando el profesor nos pidió crear un pareado. Ya se sabe, dos versos que rimen de once sílabas. Pues mi compañero, Julián, no tuvo empacho en soltar algo así como:

Hallé en una ventana vacía

una gran serpiente que se reía.

El profesor se enfadó mucho por su falta de coherencia y le llamó de todo. Desde entonces admiro mucho a Julián, callo de nuevo el apellido por lealtad, y repito, dejó una impronta en mi estilo. Humildemente lo reconozco.
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25 nov 2019

Secretos a voces


Antes de ver lo que Arturito, el repetidor, llevaba en su caja de compases, don Gerardo respiró hondo. Todos se reían cuando mostraba su interior. ¿Qué iba a hacer con aquel mequetrefe tan difícil de domar? Lo castigo y punto, se prometió. Al fin miró dentro de la caja y se quedó perplejo. Acto seguido le soltó un sonoro bofetón. Arturito, rompió a llorar, incapaz de entender aquel ataque de ira. Al fin y al cabo, sólo había dibujado un corazón atravesado por una flecha con el nombre de don Gerardo y doña Isabelita, la maestra de los mayores. El maestro se puso rojo, muy rojo. Se acabó lo de ser amante secreto.

NOTA: Texto presentado , el 12-11-19, en la  XII Edición de Relatos en Cadena, concurso de microrrelatos de la Cadena Ser, cuya condición de inicio es dar comienzo al relato con la última frase o fragmento del cuento ganador de la semana anterior.
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26 jul 2019

Cuando en la escuela había pluma y tintero

Como Angel Doce era un alumno espabilado, el maestro le pedía algunos esfuerzos extras para el buen funcionamiento del aula. Por ejemplo, tenía que proveer de tinta a sus compañeros. Angel volcaba en una botella de cuello ancho una cucharada de un polvo oscuro, la llenaba de agua hasta el borde, colocaba un tapón, agitaba el recipiente y luego iba sirviendo el líquido en el tintero de cada pupitre. Así aprendíamos todos caligrafía en letra bastardilla. Como lo hacía tan bien, el maestro le encargó, además, que preparara la leche que nos daban a todos los niños de la posguerra. El procedimiento era parecido. Llenaba una cantina de agua caliente, volcaba tres cazos de leche en polvo y los agitaba con un cucharón para conseguir una leche homogable con la de la peor vaca del pueblo. Se esforzaba por evitar los grumos y hay que reconocer que no siempre lo conseguía. Pero un día provocó el enfado del maestro, don Gerardo, porque la leche cambió un poco de color. Es que me he confundido y se me ha caído un poco de polvo de tinta, lloraba. Dio igual, porque nos la bebimos todos, menos Quique, el hijo del boticario.
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22 jul 2019

Visita nocturna de la autoridad


El único alumno de clase que supo explicar qué era un claro de luna fue Edu. Los demás no acertamos. Es cuando en la oscuridad de la noche se ven los caminos, dijo. La maestra sonrió y le puso buena nota. Al día siguiente Edu y Pedrín se pegaron en el recreo. La maestra les castigó pensando que era una riña infantil. Pero todos sabíamos que Pedrín se había chivado. Su padre era sargento de carabineros. El de Edu, contrabandista recalcitrante.

NOTA: Relato enviado al V Concurso Literario de Minicuentos "Al claro de la luna" en la Web "Mundo Escritura" de junio de 2019. Acabó siendo finalista y recibió una mención del Jurado. Se agradece.
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27 feb 2019

Las matemáticas de Alvarito

Un día el maestro nos dio una cinta métrica y nos pidió que midiéramos las dimensiones del aula. Al principio nos liamos, pero mi grupo fue el primero en presentar resultados. El mérito fue de Alvarito, que es hijo de pintor de brocha gorda y está al día en eso de hacer presupuestos con su padre. Nos dijo a los de mi grupo que midiéramos cuánto tenía de largo, ancho y alto la clase. Luego, Alvarito multiplicó 11'50 m. por 7'00 m. y dijo que el aula tenía 80'50 m2 de superficie, con 4 paredes que sumaban 98'50 m2 y un techo igual a la superficie del suelo. Los colegas nos quedamos con la boca abierta ante tanta sabiduría y celeridad. Y le pedimos que fuera él el que presentara los resultados de nuestras pesquisas al profesor. Hizo una exposición brillante y todos nos felicitábamos por la nota. Pero no fue así. Al listo de Alvarito le pudo el sentido comercial de su padre y endosó un 10% más a todas las cifras finales. El profesor, muerto de risa, se lo explicó. He pedido las dimensiones del aula, no un presupuesto de pintura, pero me gusta tu pericia aritmética. No le matamos a Alvarito, pero aquel día todos aprendimos un montón.
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20 feb 2019

Exenta de natación

Me enteré que se llamaba María. Siete años. Estaba al borde de la piscina mientras sus compañeros de clase seguían las instrucciones de una monitora que se empeñaba en hacerles nadar de manera ortodoxa. Pero pronto se quedó en un segundo plano. María se puso al frente de la calle en la chapoteaban sus colegas de aula y empezó a corregir gestos e indicar movimientos. Los que estaban a remojo le hacían caso como si fuera Napoleón o Alejandro Magno aleccionando a sus tropas. De lejos vi acercarse a un monitor, no imaginaba con qué intención, llegó hasta la niña y le colocó encima una camiseta azul que le llegaba hasta las rodillas. Fue lo más parecido a la investidura de un jefe de gobierno. Los espectadores nos percatamos que era la vestimenta oficial de los monitores. Sonreímos abiertamente y sólo nos faltó aplaudir. Ya nos lo explicó la monitora que dirigía el grupo. Cuando viene María, siete años recuerdo, yo descanso, je, je.
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4 dic 2017

Azoramientos poco recomendables

El maestro reprende duramente al discípulo, haciéndole ver cuál es su error. Llega a perder los papeles por un instante. Al final el docente se siente incómodo y pide disculpas por el tono y las formas. Que sepa usted, le dice al alumno, que dijo Epicuro que en toda disputa gana más el que es derrotado, porque aprende más. El alumno levanta la vista y deja en el aire la última frase. Hoy aprendemos los dos.
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23 jun 2017

Crepúsculo

Ayer el maestro se enfadó mucho con mi amigo Jarko. Es un chico finlandés muy listo que ha llegado a mi escuela este mismo año. Habla mal el castellano, aunque entiende todo. Si no, que se lo digan al profe que ayer se enfadó con él sin razón. Todo empezó por lo del crepúsculo. Jarko estaba conmigo en el rincón de conversación que nos han puesto en la clase para conseguir que el chaval se vaya soltando y él, claro, cuando oyó la palabra esa me dijo que eso sonaba mal, por eso de las dos últimas sílabas, mira qué fino. Yo se lo expliqué y él lo miró por su cuenta en la wikipedia finlandesa y se informó mejor. Total, que cuando el maestro dijo que crepúsculo es palabra esdrújula Jarko lo aceptó sin rechistar, pero cuando explicó su significado, mi amigo levantó la mano para afirmar que crepúsculo no solo es la claridad especial del cielo justo antes del anochecer o del amanecer, sino también del mediodía. A mí me vas a decir qué es crepúsculo, anda, no me expliques cómo funciona el mundo, le contestó el profesor molesto. Jarko se calló con una medio sonrisa que demuestra lo listo que es. Luego, en el recreo, ya me dijo que en su país, en invierno llaman “kaamos”, a las dos horas de crepúsculo que tienen al mediodía. Mira qué información tiene el profe, me dijo con su misma media sonrisa de siempre. Yo, por aquello de defender el orgullo patrio le pedí que, por favor, no diga crepusculo, sin tilde, que eso sí que suena mal. ¡Ah, que es esdrujula! Me lo dijo sin tilde, a propósito, porque le vi otra vez en los labios la media sonrisa. Claro, Jeremías, le dije yo, sabiendo que no le gustaba nada que le llamara por su nombre traducido. A este finlandés le tengo que poner yo en su sitio.
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12 jun 2017

Alumno listo

A ver, chavales, dijo el maestro, estoy harto de veros construir textos con dos nexos fáciles de usar. En la próxima hora de clase queda prohibido unir oraciones con la conjunción copulativa “y”, la adversativa “pero”, ¿vale? Todos asintieron, dando a entender que la consigna estaba clara. Así, continuó el profesor, que me hacéis una frase con un nexo menos usual, por ejemplo, “por el contrario”. Y escribió una oración en la pizarra del aula. “Ayer hicimos trabajo oral, hoy, por el contrario, toca escribir”. Todos hicieron más o menos dignamente el encargo, salvo el emigrante que estaba no muy ducho en el manejo del idioma. El maestro no dio por malo el resultado, aunque todos los presentes se rieron mucho cuando escucharon que “ayer perdimos el partido por el contrario, que metió un gol más que nosotros”.
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17 mar 2017

Redacción escolar

Sentados en pupitres contiguos, un niño y una niña discutían sobre las verdaderas necesidades de los humanos. El chico sostenía que era necesario comer y beber, dormir, tener una casa, dinero, ropa, televisión, lavadora, vitrocerámica, frigorífico y móvil. La niña ponía pegas, como que había gente que vivía desnuda, sin televisión ni teléfono y casi sin cocina y argumentaba que lo importante era tener padres que le cuiden a uno. Ya, respondía el chaval, también hay gente sin padres, ¿no? Pero siempre, se defendía la chica, hay alguien que les cuida para que no se mueran. Llegados a este trance, la conversación se detuvo. Eso de vivir y no morirse les parecía una necesidad de mucha importancia.
Así que al día siguiente la maestra recibió dos trabajos que, bajo el pomposo título de qué es lo importante en esta vida, daban sendas respuestas. Lo más importante es la Seguridad Social para que cuide tu salud, firmaba Ricardito. La maestra sonrió. En el otro texto, también de un solo renglón, se optaba por otra propuesta. Lo más necesario de lo más de lo más, decía, es que te quieran. Firmaba Susanita. A la maestra se le escapó una lágrima.
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25 nov 2016

El agobio de una coma

Todos tropezaban en la lectura del mismo pasaje y el maestro les reprendía quejándose de que no hacían la pausa requerida. Isabelita sirvió de ejemplo a todos cuando leyó todo de un tirón sin respirar y se desmayó sin acabar el párrafo siquiera. Las comas, decía don Hipólito, se han hecho para respirar y hacer entender el texto. Y les propuso un ejercicio en el que únicamente tenían que acertar a poner una coma en una oración. Escribió en el pizarrón: “No quiero ser castigado por supuesto”. Todos escribieron la frase en el cuaderno y colocaron la coma según su entender. La mitad de ellos pusieron el signo gráfico detrás del no, ya que el maestro había dejado intencionadamente un hueco tras ella. Don Hipólito se paseó entre las mesas, revisó los cuadernos y asestó dos sonoros golpes con la regla en la palma de la mano de los alumnos fallones. Me han puesto, fue toda su explicación, que quieren ser castigados, así que yo lo cumplo. Sólo se salvó Isabelita, que aún estaba convaleciente del sofocón. Así eran los maestros de antes.
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8 ago 2016

Picias de internado

Ramiro Coscojales se quedó pensativo cuando leyó la esquela con el nombre de un viejo profesor, el padre Jerónimo Ortega. Le vinieron a la cabeza las peripecias que vivió en el internado, y la dura disciplina que el difunto puso en práctica especialmente con él. Para ser adolescente, yo no era tan complicado, pensó. Sin embargo, Ramiro Coscojales tuvo una más que merecida fama precisamente por sus “picias”, que era como antes se denominaban las travesuras de los estudiantes. Y en este prestigio influyó lo suyo el padre Jerónimo que siempre fue muy severo y poco amigo de perdonar las cosas, y que tuvo una obsesión con domar a aquel adolescente inquieto. Ramiro Coscojales todavía recordaba el día que, leyendo las notas trimestrales de los alumnos en el salón de actos delante de los 500 estudiantes, silabeó ce-ro en Geografía cuando llegó su turno y lo adornó con un discurso inesperado. Sí usted, Coscojales, tiene un di-ez en Picaresca, porque sólo a usted se le ocurre pegar una chuleta en la espalda de la sotana del profesor que paseaba entre los pupitres. Y esta noche viene a mi despacho.
Aquel era un terrible castigo que extendió el temor entre los compañeros y les aumentó las ganas de portarse bien. El agachó la cabeza, dando los hechos como reconocidos y el castigo aceptado. A la noche, cuando sus compañeros se acostaban, él tocó con los nudillos la puerta de la habitación de don Jerónimo y muerto de miedo pasó cuando le dieron permiso. Se va a pasar toda la noche fuera, de pie en la puerta, le dijo, y no se siente o mueva, porque le veo los pies por debajo. Y así empezó la tortura de aquel adolescente tramposo. Se apostó en la puerta, de pie, y aguantó una, dos, tres, cuatro horas. La luz de la habitación permanecía encendida, el padre Jerónimo en vela y Ramiro Coscojales agotado y firme en su posición, tanto que sus pies no se movían de puro orgullo. Bueno, eso era lo que pensaba don Jerónimo que, dadas las dos de la mañana, salió al exterior a dar por terminado el castigo y vio que allí solo estaban los zapatos. El adolescente inquieto hacía tiempo que había abandonado su posición descalzo y estaba dormido en el pasillo recuperando fuerzas para el día siguiente. Lo alucinante fue, recordaba Ramiro Coscojales, que a la mañana no me reprendió, solo me lanzaba un “¿has aprendido, gaznápiro?” Don Jerónimo Ortega estaba satisfecho de su castigo, pues durante dos horas vio cambiar los zapatos de posición y después ya notó demasiada quietud. Y eso le parecía suficiente. Lo que no supo nunca, recordaba el reo, es que estuvo desde el primer minuto descalzo sentado en el suelo y que se pasó dos horas moviendo los zapatos... 
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15 jul 2016

Eurocentrismo

A la maestra te tocaba explicar el cultivo de los cereales, así que colocó unas imágenes en la pizarra digital e inició la exposición. Pero antes, para motivar el interés del alumnado, lanzó varias preguntas.
-A ver, ¿quién sabe para qué sirve el trigo?
Un niño, que era de campo, comentó que para hacer pan, galletas y que para alimentar el ganado. Una niña dijo que su padre tomaba unas pastillas de trigo para rebajar el colesterol y otra niña, la hija del panadero, añadió que para hacer harina. La maestra elogió a todos e hizo otra pregunta.
-¿Sabéis qué hay que hacer para cultivarlo?
El niño de pueblo dijo que tener tierra, un tractor y semillas. Todos los demás se callaron, porque eran de ciudad y nunca habían podido observar de cerca el proceso. Todos menos Shengor, un niño senegalés que levantaba la mano pidiendo la palabra.
-Hace falta espantar a los animales para que no se coman la siembra.
Todos rieron, hasta la maestra, que inició un discurso en el que habló de la preparación del terreno, la forma y momento de hacer la siembra, el abonado, los herbicidas para evitar otras plantas invasoras y la manera y momento de la cosecha. Como se ve, todo muy ordenado y claro. Y acabó con una pregunta retórica y el conocido chiste de todos los días.
-¿Hay alguna duda? El que la tenga, que la manifieste ahora o se calle para siempre.
Shengor, recomido por un interrogante que se le había ido acrecentando en la mente, levantó de nuevo la mano.
-Pero, eso no sirve si luego por la noche van los hipopótamos y pastan en el sembrado.
Ya la carcajada fue general. La maestra acalló el tumulto y tranquilizó al niño.
-Eso pasa en África, Shengor, aquí el ganado y animales salvajes no molestan.
Y dio la clase por acabada. Shengor quedó pensativo en su mesa, sin ganas de hablar con sus compañeros. Era otra decepción más que se llevaba con esa forma de ver el mundo que tienen los europeos. Parece que sólo ellos conocen el mundo, se dijo.
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3 jun 2016

El disléxico

La maestra tuvo un lapsus gracioso.
-Son cuatro puntas por pregunto.
Aquel día Ricardito se rió mucho, había captado todo a la primera.
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15 ene 2016

Maestros de antes

Nací rodeado de gaznápiros, cernícalos y filibusteros, no es fantasía. Como se presume, un servidor tuvo infancia, escuela y maestros, ¿no? Uno de ellos, que algo tuvo que ver en asentar en mí las habilidades escolares que tan útiles me fueron posteriormente, no paraba de estimularnos a todos los niños del aula con insultos de los más tremebundos.
-¡Eres un gaznápiro! ¡Cernícalo! ¡Parecéis una banda de filibusteros!
Nunca supe el significado de tales palabras, aunque me parecían demoledoras. Así que, sólo por el hecho de librarme de tan atroces calificativos, me esforcé en ser buen alumno. En ello me iba la vida.
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