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19 ene 2018

Trastornos

Acudí a la policía, preocupado, porque había perdido mi segundo apellido. Me interrogaron amablemente, escribieron un informe de no más de un folio y me llevaron a la Unidad de Psiquiatría del hospital del que salí a los dos días. Estoy leyendo en el diagnóstico que presento un ligero trastorno de personalidad y síntomas leves de demencia senil, pues confundo mi pseudónimo literario con mi verdadera identidad. ¡Ahí va, lo que me faltaba! Resulta que ahora soy escritor. Tendré que hablar con mi abogado.
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7 oct 2016

Por Sócrates

Justo cuando la tormenta se encontraba en su momento más álgido, con una fábrica de rayos y truenos capaz de abrumar al más valiente, el famoso gallo de Asclepio se puso a cantar. La señora Eulacia de Samos se acercó al gallinero a calmar al inquilino. No son horas de anunciar el amanecer, le reprochó. Pues lo parece, se disculpó el ave, pido perdón, aunque tengo un presentimiento fúnebre, anunció. Calló la dueña por puros remordimientos y no dijo que el día anterior había convenido con un tal Sócrates vendérselo para poderlo sacrificar en el altar de Asclepio, dios griego que tenía el don de la curación. Los hechos se precipitaron y primero murió el gallo por imperativo religioso en el ara sagrada y después el filósofo griego por efecto de la cicuta y por decisión de los rigurosos guardianes del orden establecido, no sin que antes, en plena agonía, Sócrates pronunciara las últimas palabras de su vida: "Critón, le debemos un gallo a Asclepio. Paga mi deuda y no la olvides". Es así como el gallo de Esculapio, para los romanos, Asclepio para los griegos, alcanzó la fama universal, fama que no sirvió para convertirse en símbolo de la salud que, por cierto, le birló la serpiente que vemos en la farmacopea.
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7 mar 2016

Cambian los tiempos

Garbancito fue tirando migas de pan por el camino para dejar pistas que le permitieran volver a casa sin perderse. Esta artimaña sirvió para mostrar la astucia del chaval, pero puso muy nerviosos a sus padres que pensaron que era temerario pensar que las migas iban a permanecer en su sitio sin que ningún ave o roedor se las comiera o que el viento o la lluvia las hicieran desaparecer. Así que decidieron reprender a su vástago y de paso darle algunas nuevas ideas para el futuro.
 -Hijo –le dijo la madre-, la próxima vez llevas el teléfono con el GPS y geolocalizador activado.
-Mejor que lleves un garrote de los que se usan en béisbol – propuso el padre que estaba un poco chapado a la antigua.
-Pero –se defendió el pequeño Garbancito-, yo tengo firmado un contrato de imagen con mi editor en el que sólo puedo hacer de niño indefenso a la par que astuto. Sólo así puedo ir de referente para la chavalería -y se defendió con un sólido argumento-. Además, me pagan.
Y los papás de aquel niño brillante se quedaron sin réplica.
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25 abr 2014

Sócrates

El famoso filósofo ateniense que, por cierto, era de fuertes convicciones religiosas, fue procesado en el año 399 a. C. por despreciar a los dioses de la ciudad y, por ende, corromper a los jóvenes. El veredicto, para un hombre que sólo pecó con la palabra, fue terrible: pena de muerte. Visto que la decisión se tomó por escasa mayoría, el filósofo se atrevió a hacer alguna propuesta.
-Dado el poco valor que tiene un filósofo, podrían conmutar la pena máxima por una multa...
Esta ironía enervó tanto al tribunal que ratificaron la sentencia con más fuerza.
El día de la ejecución, presumió de buen ciudadano ante sus discípulos y asumió que debía cumplir las leyes. Incluso, tuvo una última pregunta para sus seguidores.
-A vosotros os toca vivir, a mí morir. Dios sabe cuál de las dos cosas es mejor.
Era Sócrates, el irrepetible creador de dudas.

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13 may 2013

En el diván



-Cada vez que me miro al espejo siempre veo a un tal Hyde -comentaba el doctor Jeckill. 
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10 may 2013

Cuando algo huele a podrido

Coincidieron en la otra vida Hamlet y Sancho Panza.
-Vida de penurias llevé -confesaba el escudero.
-En un palacio entre intrigas y codicia viví -explicaba el príncipe.
-Serví a un loco que repartía justicia a lanzadas y espadazos.
-Me enzarcé en una venganza que acabó en tragedia: el rey usurpador, mi madre Gertrudis, Ofelia, Polonio, Laertes, yo mismo…
-¡Brutal! Lo mío se cuenta sin sangre, con enjundia y salero.
-Pues yo en el cuarto acto entre espadas y veneno me obceco en demasía.
-Mi señor cumplía un refrán, fingir locura a veces es cordura.
-¡Y yo...!
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10 abr 2013

Crueldades de libro

Der Glöckner von Notre Dame - William Dieterle

En una de las pocas ocasiones en que Enma Bovary pudo olvidar su insípido matrimonio acudió a París, donde admiró Notre Dame. Le resultó tan atractivo el tañido de las campanas que pidió conocer al autor. Le presentaron a Quasimodo, el pelirrojo deforme y mal encarado. Al verlo, dejó escapar una lágrima.
–Victor Hugo fue cruel contigo, pero al menos te dejó un resquicio por donde palpar la felicidad –le razonó–. A mí Flaubert me hizo inmensamente desgraciada.
–No crea, señora –contestó el jorobado con indignación–. Hugo amó de verdad a Notre Dame, yo era un reclamo.
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10 mar 2013

Marketing editorial

Los variopintos personajes de las letras hispanas fueron citados al encuentro anual para elegir al personaje literario del año. Por esas cosas inexplicables que ocurren en los concursos, ganó la cebolla de la nana de Miguel Hernández. Suponían los promotores que estimularía el alicaído panorama editorial.
Pero erraron sus cálculos, porque ya desde el primer momento la cebolla se presentó en toda su naturalidad, desnuda y lozana, provocando ríos de lágrimas entre los presentes y convirtiendo la fiesta en un congreso de plañideras.
El único que aguantaba el tipo era, por razones obvias, el espíritu de Maese Pérez, el organista.
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10 feb 2013

Parias del ayer, frikis del hoy



Max Estrella se escapó una noche de Luces de Bohemia y estuvo deambulando por Madrid, fuera de la disciplina de su personaje. Se topó con Antoñito el Camborio, harto de aguantar la métrica del poema lorquiano. Juntos formaron una pareja de crápulas que, con el tiempo acabó arrasando en los reality-shows de las cadenas televisivas en boga.
-Por hablar sin cortapisas, te dan manutención -explicaba el escarmentado Max.
-El mundo cambia una barbaridad -decía el Camborio-. Me palmean los picoletos.
-Ya no somos antisistema, nos llaman “frikis”.
-¡Por mis muertos, soy Antonio Torres Heredia, hijo y nieto de Camborios!
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