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9 may 2022

El medio hace el mensaje

Salieron a la calle a hacer prosélitos la cordura y la estupidez. La primera escogió un día soleado y plácido para transmitir su mensaje con buenas vibraciones. La segunda eligió atolondradamente un día de mucho viento y confusión. Y llegó lejos, muy lejos, mucho más lejos de lo que pensáis.

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8 dic 2021

Desnaturalización

La gallina Turuleca estaba entrenada para dar espectáculo. En cuanto los conocidos payasos iniciaban la canción, ella misma se plantaba en el centro del escenario y agitaba las alas al compás de la música haciendo vistosos círculos frente a los espectadores que, por cierto, quedaban cautivados y pedían siempre un bis. El colmo era cuando, muy de vez en cuando, depositaba un huevo en el proscenio que luego era sorteado, no subastado, entre el público asistente. El caso es que la gallina Turuleca un día se perdió. Se extravió parte del equipaje en un vuelo y quedó cautiva en el aeropuesto de una ciudad cuyo nombre ella nunca supo. Un empleado honrado, viendo sus penurias y sin saber su valor intangible, la liberó. Literalmente, la dejó en un descampado donde no tuvo más remedio que buscarse la vida. Ella siguió con su modus operandi. Se plantaba delante de un grupo concurrido de humanos y ejecutaba su baile esperando que le dieran de comer. Pero de nada sirvió, porque tuvo que aprender a correr huyendo de lo que luego supo eran depredadores de verdad. Encontró un gallinero acogedor y un gallo que se ofreció a protegerla. Así aprendió de verdad el oficio de gallina campera y picasuelos. Y le fue mejor. Supo vivir como sus congéneres y a los tres meses consiguó poner de nuevo un huevo rosadito y hermoso. Esto es vida, de verdad, se le oyó decir. 

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1 dic 2021

Dejarse llevar del orgullo, malo

El amor propio, si es desmedido, lleva a la ruina a muchos individuos, comentaba don Cosme en el Ateneo Halicarnaso. Miren, si no, este caso que les cuento. Un criado de poca monta al que yo conocí siendo un niño, tuvo que llevar una carga al molino y guio al asno cogido del rozal hasta el lugar. En llegando, ató al animal a un poste y se dispuso a descargar los dos sacos de la albarda. El caso es que por su poca maña tropezó, el cargamento le cayó encima e incomodó al animal que se despachó con una coz tremenda. El saco voló por los aires y cayó al agua, echando a perder el grano de la molienda. El mozo de cuerda, enfadado, propinó una patada al burro a modo de escarmiento y qué consiguió? Pues que la segunda carga de trigo cayera también al río. Llevado de su orgullo malherido el mozo arreó fustazos sin cuento al animal que se defendió de nuevo con una coz que dejó descalabrado por mucho tiempo al criado necio. Cuando al cabo de dos días el pobre hombre se despabiló, se enteró de que su amo lo había despedido y se tuvo que marchar con el rabo entre las piernas. Pasó junto al pollino y no pudo por menos que pensar que el más burro había sido él mismo. Lo sé, porque el protagonista de la historia me lo contó en persona, explicaba don Cosme. Pero, ¿no era tu abuelito? preguntó un nieto que por allí pululaba y que no había perdido ni una palabra del cuento. Don Cosme, en aquel preciso momento, perdió la compostura y arreó un soberano bofetón al niño que salió huyendo como un poseso desparramando unas cuantas copas de vino de reserva que el narrador de esta historia había ponderado como el mejor de su bodega.

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29 ene 2021

Dónde se esconde la sabiduría


Voy a contar lo que pasó el día que llovieron guijarros de manera inmisericorde sobre nuestras cabezas. Acabábamos de cometer un pecado de juventud faltando al respeto a los ancianos de la aldea. Les habíamos llamado descaradamente inútiles. Entonces, el Dios de la Furia descargó su ira contra nosotros y rompió varias clavículas, un antebrazo y dañó seriamente tres cráneos, uno de ellos gravemente. Yo me salvé. Mi abuela me explicó que eso de llamar inútiles a los mayores es castigado severamante por los dioses. Ahora, durante un tiempo, los inútiles serán tus amigos y uno de ellos probablemente inválido para siempre. Así aprenderéis a respetar la única fuente de sabiduría que tenemos en la aldea.

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9 oct 2020

Bosque justiciero

Erase una vez un leñador que penetró en el bosque para conseguir cargas de leña y venderlas en el mercado de la aldea. Pero, él lo sabía bien, debía esperar a que las astillas se secaran durante seis meses, así que buscó un claro en el bosque, cerca de un arroyo, y construyó un techado donde guardar la madera cortada. De paso, añadió un chamizo donde resguardarse, ya que las jornadas de trabajo eran intensas y necesitaba comer y descansar. Como el ambiente le empezó a gustar, buscó un árbol joven para que le diera sombra y se trajo un sauce llorón que plantó orientado al sur, cerca del arroyo y frente a la casa. Se alegró mucho de verlo crecer tan rápido y lo cuidó con mimo. He sido listo, pensó. En aquella primavera y verano trabajó duro y esperó la llegada del invierno para poder vender la leña en el mercado. Tuvo mucho éxito y casi se hizo rico. Como le faltaba muy poco para ser adinerado, contrató dos criados para la siguiente campaña y se pusieron a trabajar duro. Su ambición era tal, que hasta taló sin compasión el sauce bajo el que se cobijaba en la jornadas de sol. Y ocurrió que aquel invierno vendió mucho y por fin se hizo rico. Y se quedó en la ciudad. Y no volvió al bosque. Y vivió gastándose toda la pequeña fortuna que había logrado. Y empezó a vivir con más apariencias de las deseadas. Y al cabo de unos años no tuvo más remedio que volver al bosque y reiniciar su actividad de leñador. Y, por más que porfió, no encontró su cobertizo, ni el claro del bosque donde lo construyó. Había desaparecido. Solo quedaba el arroyo de agua clara y sonido alegre. Finalmente, distinguió unos troncos retorcidos y en mal estado, encontró su viejo camastro comido por las zarzas entre un ejército de ramas de sauce que brotaban del suelo a centenares. Entonces se percató de lo ocurrido. El sauce querido, una vez tallado, cumplió con su obligación, y del tocón y de sus raíces brotaron cientos de hijos que colmaron el antiguo claro del bosque y arrasaron hasta los recuerdos del leñador ambicioso. El llorón, en aquel momento, fue él.

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15 jun 2020

Lecciones para un parlamento

 
La lechuza novata agitó con vehemencia el ala derecha y se pegó un trompazo. En el siguiente esfuerzo trató de equilibrar el vuelo con el ala izquierda y le fue mejor. Si pongo de acuerdo a los dos flancos volaré, pensó. Vaya que sí voló. Hasta llegó a vieja y todo. 
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17 may 2019

La fábula que nunca quise escribir

En la última asamblea de pájaros y aves de mi valle salió a colación el tema del cambio climático, tan en boga entre los humanos. Hablaron primero las golondrinas que informaron de que cada vez el mundo estaba más envenenado. Los cuervos se quejaron de que el plástico aparecía por cualquier lado. Incluso los murciélagos, que no ven nada, protestaron por el aire irrespirable que encontraban muchas noches. Y las abubillas hablaron del calor asfixiante que encontraban en sus nidos, las cigüeñas de la falta de agua, los pájaros carpinteros de la deforestación, el petirrojo de la escasez de insectos... ¡Silencio, escuchadme!, avisó el búho ululando cada sílaba como pocas veces hacía. No debéis creer eso del cambio climático que dicen los humanos, no. Parece que es la naturaleza y el planeta el que cambia acelerando los procesos. No os lo creáis, eso es un eufemismo. En realidad nos ha tocado vivir una época en la que los bípedos esos de ahí abajo están matando el mundo, lo destruyen, por lo que parece, sin remedio. Todos enmudeciron y quedaron apesadumbrados. No en vano el búho era símbolo de la sabiduría. Un buitre comenzó a llorar y todas las demás aves y pájaros se unieron a coro en el llanto.
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29 mar 2019

Los arácnidos y la eutanasia

 Érase una vez una araña que tejía su tela todos los días con un empeño digno de mejor final. Pero eligió un mal sitio, el quicio de una puerta que se abría y cerraba sin cesar y que quebraba de continuo la trampa de seda que la araña montaba. Mas no todo era mala suerte, que en aquella cuadra las moscas se agolpaban y siempre daba tiempo a montar un banquete diario. No trabajo en balde, mirad qué hermosa estoy, decía, como el triple que todas mis colegas. Era cierto y muchas de sus compañeras de establo la imitaron colocando sus trampas mortales en el mismo lugar. Hasta que le llegó la vejez acompañada de artrosis y se vio imposibilitada de trabajar diariamente en la recomposición de la malla de seda. Mas ahí también encontró otra oportunidad. Mirad, llegada mi vejez, expuso, y visto que no puedo vivir en condiciones, cualquier dia me coloco en el quicio de la puerta y me dejo aplastar. Sus colegas araña quedaron pensativas. Aquella araña era una precursora, estaba claro, una pionera.
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30 jul 2018

El almendro que mece el viento

Se cuenta que había una vez un almendro que vivía en un lugar poco adecuado. Todos los lugareños sabían que los sitios soleados y secos eran los más indicados para ello, pero nuestro árbol, estaba situado muy a su pesar en un colina donde todos los vientos azotaban sin piedad. El caso es que siempre creció hermoso, pero apenas daba flores en marzo, pocas se transformaban en fruto en abril y nunca maduraban a tiempo. Es decir, aunque su belleza resultaba evidente, no producía nada. Y surgió un debate en la aldea que llegó hasta el Consejo de Ancianos. Se les plateó su mantenimiento o su tala. Los partidarios de lo práctico pidieron convertirlo en leña para alimentar las chimeneas en invierno y los amantes de lo bello propusieron mantenerlo en su lugar, pues su porte altanero y su grácil balanceo alegraban la vista y, decían, daba ganas de vivir. Es inútil, improductivo, estéril, inservible, sobrante y superfluo, argumentaban los unos; falso, contratacaban los otros, provoca alegría, euforia, optimismo, ilusión, quietud, paz... Así estuvieron días y noches, hasta que pidió la voz el anciano más tullido de la aldea. Ya veis, dijo, yo no valgo para mucho, soy una carga y un estorbo; tampoco entusiasmo a nadie y le alegro el vivir, así que, según vuestros argumentos, sobro por todos los lados. Pero, aquí hizo una pausa y continuó, pero..., ¡tengo ganas de vivir como el que más! ¿Por qué no le pedís la opinión al almendro? Aún pervive.
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20 jul 2018

Cómo reinar un país

Un día el rey pidió que le trajeran una persona sabia. Mis consejeros me engañan, se quejó, me dicen lo que les conviene. Partieron los emisarios y después de rastrear todo el reino encontraron en una aldea una anciana que, decían, poseía una gran sabiduría. Y la llevaron ante el rey que le preguntó sin más. ¿Eres una mujer sabia? ¡Qué va! Sólo soy una vieja sin ambición, sólo quiero los bienes de este mundo para los demás. El rey se quedó callado. Al poco miró con ojos iracundos a sus consejeros y señalándo la puerta con el dedo índice les gritó. ¡Fuera de aquí!
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12 ene 2018

Tampoco hay consenso en el bosque

El pastor hizo su trabajo y recogió todas sus ovejas, menos una que se quedó despistada bajo un olivo. Era invierno. Y se puso de inmediato a dar lástima con sus balidos. Casualmente, el agricultor también había hecho su trabajo y recogido todas las aceitunas, menos una que seguía prendida a una rama. Y la pobre estaba molesta con la oveja ruidosa que tenía por vecina. Que yo sepa, le dijo, mañana el rebaño volverá por aquí, así que calla y espera, que podemos dormir juntas y en paz. Y además, le recriminó con duras palabras, eres una gregaria, que no sabes vivir sola como yo, que fuera del rebaño te ves perdida. La oveja prestó atención a la voz amiga y siguiendo más su instinto que el buen sentido común, se la comió. Cuando la aceituna ya se vio aprisionada por las mandibulas del ovino, gritó lo que tantas veces había pensado. ¡Las ovejas son tontas, cuando están juntas y cuando están solas! No le valió de nada y abandonó este mundo de forma cruel. La oveja depredadora ni se inmutó. Al día siguiente solucionó su problema y dejó como recuerdo, perdón por la sinceridad, unos excrementos redonditos y negros, parecidos a granos de café, que el olivo entendió como una muestra de agradecimiento por su hospitalidad. Qué amable ovejita, pensó. Y saludó al sol con una amplia sonrisa.
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25 dic 2017

¡Ay, qué no hacer por un beso!



El cucudrulo feroz tiene un problema en la encía derecha, le sangra y no puede beber ron los fines de semana con sus amigos reptiles. Ha hecho de tripas corazón y le ha pedido a la rana Jacinta que le ausculte. Ella es de confianza y no debe temer, porque ni siquiera es apetitosa, que no llega ni para un antojo gastronómico. Pues nada, que el batracio le ha hecho una limpieza dental en regla y le ha mandado mascar regaliz que es un santo remedio. El problema ha llegado cuando la rana odontóloga, y romántica donde las haya, le ha pedido un beso de despedida y el cucudrulu feroz ha tenido que preguntar que qué era eso. Superado el punto de ignorancia y después de varios intentos, parece que le ha tomado gusto y ahora es corriente ver en el pantanal cómo practican ambos dos. Y es que en cosas de amor, dicen, no hay barreras.
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30 oct 2017

Razón no les falta

Salvé a una abeja de morir ahogada en un charco. Coloqué una ramita, ella trepó con dificultad y se secó a pleno sol. Observé todo el proceso y, no debe extrañar en estos tiempos de tanta convulsión climática, el insecto me habló. Y la abeja, para más señas doméstica, me dijo que estos son malos tiempos melíferos, que son pocos insectos para tanto trabajo, que estaba agotada. Y me lo explicó: los himenópteros nos dedicamos a polinizar plantas, siendo responsables de la germinación de miles, millones, trillones..., qué sé yo, de plantas. Pero, pregunté, hacéis miel, ¿no? Lo de producir miel es un beneficio colateral, que se diría, sirve para nuestra propia manutención y no para los sa-que-a-do-res humanos, me dijo remarcando las sílabas. ¡Ah!, exclamé, con un deje de arrepentimiento pelín hipócrita. Pero, piensa, alma de cántaro, me increpó, piensa. Mira, para hacer un kilo de miel somos necesarias más de 2500 abejas que recorremos más de 180.000 km recolectando polen de 4'5 millones de flores. Y en el camino polinizamos todo lo que se menea, ¿te enteras? Me sentí culpable. Sólo me consolaba pensar que la había salvado.
Osea que tú al año, fecundas muchas flores, ¿no? Unas 4.000, me contestó. ¡Ah! La miré fijamente viendo cómo estiraba sus alas y sus patas recuperaban la alegría. Creí ver a una diosa.
Y me hice egipcio de por vida, porque, para los antiguos pobladores del bajo Nilo las abejas eran lágrimas derramadas sobre la tierra por el Dios Ra, el dios solar, el dador de vida. 
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11 sept 2017

Iluso


Se queja de mí diciendo que soy poco cariñoso. ¡Qué se habrá creído el erizo!
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25 ago 2017

Soy un priviligiado

No lo pienses, ésta es tu oportunidad, le dijo el cerdito mayor al más joven. Después de pasar tantas penurias con el lobo, aquello no dejaba de ser un buen consejo. Así que el menor de los héroes, tan bien retratados en los cuentos de los Hermanos Grimm, se subió al camión y se dejó llevar a su destino. Al mes le whatsappeó a su hermano. No hago más que comer y dormir, esto es Jauja, nada que ver con los sinsabores que nos hizo pasar el lobo. Y 5 meses más tarde esta última afirmación se convirtió en realidad. Yo mismo compré una ristra de chorizos proveniente de la granja de engorde. Antes de zamparme el bocadillo pude leer la etiqueta y el eslogan: Embutidos y Jamones Jauja. Tienes en tus manos lo que tanto deseó el lobo feroz. Eres un privilegiado.
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16 ago 2017

Hibernación

Llegó la primavera y la rana mejoró el ritmo de sus constantes vitales. Salió a la superficie de la charca y vio el mismo mundo de siempre. Así que se zampó todos los insectos que acompañaban a las vacas que abrevaban en su hogar, engordó lo que pudo y hasta mantuvo un romance breve con un don Juan que apareció por allí. Con la sequía de agosto, el agua dio paso al lodo y ella tuvo que esconderse en el fondo y paralizar su organismo a la espera de mejores tiempos. De nuevo durmió con sus constantes vitales a baja velocidad. Nunca supo explicar qué le producía más placer, si vivir medio muerta o vivir en este mundo donde los mortales somos, mal que nos pese, todos.
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2 jun 2017

Carold y Bertold

Estás perdiendo adherencia en la curvas, le advirtió su hermano mayor, dentro de poco derraparás y a saber qué es lo que te pasa. Bertold atendió la indicación y en el siguiente recodo inclinó menos su cuerpo, aunque no pudo trazar bien la curva y acabó saliendo bruscamente del camino quedando colgado en un precipicio de rocas afiladas sobre un río de aguas rugientes. Su hermano mayor, Carold, consternado, se acercó a ver el desenlace. Allí estaba, el imprudente Bertold, asido al escarpe más vertical que uno se pueda imaginar, con todo el cuerpo lleno de mocos. Menos mal que soy un caracol, dijo a modo de consuelo.
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24 feb 2017

Terapias para un grillo a punto de jubilación

Yo nací grillo, grillo macho y, por ende, cantor. Desde mi más tierna infancia crecí devorando hierbas tiernas, semillas y algún insecto incauto que corría menos que yo. Ya de adulto aprendí a cantar, mi mayor orgullo. Froto mis alas a más de 60 chirridos por minuto y le saco un sonido nítido, potente y cautivador, os lo juro, a la vista de las hembras que se me acercan. Pero el traumatólogo de grillos del seguro me ha dado una mala noticia, resulta que mis alas acusan ya un ligero desgaste y mi canto ha perdido alcance, ya no se me oye a más de un metro. Vamos, que he perdido cobertura. Yo pensaba que esto era mi final reproductivo y que tenía que pasar al ostracismo, una cosa que también nos pasa a los grillos. Pero no, que con esto de las nuevas tecnologías hay solución para todo. El psicólogo de grillos del seguro, él se llama pomposamente coucher medioambiental, me ha iniciado en un invento que se llama WhatsApp y no veáis cómo he mejorado mi cobertura y mi atractivo... ¡Ja, ja! Bueno, me voy que me reclaman. ¡Adiooos!
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30 nov 2016

El cuentacuentos de la pradera

Miren, señores y señoras, yo soy un conejo que escribe cuentos, así como lo oyen. Lo hago muy fácil, estiro mis orejas por encima de las hierbas que mece el viento, recojo los rumores que me caen del cielo, los condimento con las miserias de este mundo, con una pizquita de bondad y un poquito de salero, y pongo a llorar a moco tendido a todos mis seguidores de la pradera. El truco es fácil, hago que los buenos siempre pierdan hasta el último minuto y luego, en la última frase, esquivo el destino y hago justicia. Los oyentes, que son unos sentimentales, me aplauden a rabiar. Pero no piensen que me hago rico con mis narraciones, no. Lo que consigo es que los pastizales se llenen de lágrimas y la hierba gane en sabor, sea más apetitosa y que yo me ahorre tener que ir a morder arcilla como hacen las vacas y las ovejas. Por eso soy el conejo mejor alimentado del entorno con, incluso, tiempo para dedicarme a la vida intelectual que, como se ve, no me va mal. Ya se sabe, después de satisfacer las necesidades primarias, vienen las secundarias. ¡Je, je, no me lo discutan!
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28 sept 2016

Algo de milenarismo

Esto ocurrió en el año 1000 del calendario juliano instaurado por Julio César en el año 46 a.C., cuando se llegó a pensar que, dada un cifra tan redonda, el mundo se acababa. Y es que el viento creyó la patraña y, tras muchos años de soplar en todas direcciones, hizo un parón para ver cómo se descalabraba el mundo. Inmediatamente quedaron quietas las nubes, las olas del mar desaparecieron y las hojas del bosque dejaron de murmurar.
Esto hay que arreglarlo, se quejaron las veletas, nos aburrimos dijeron los campos de cereal, me muero dijo un barquito velero, no existo ya, protestó una bandera importante... Viendo las inquietudes desatadas, el viento se arrepintió y reanudó su danza. Soy muy importante, se dijo, sin mí no hay nada que hacer en los mil años venideros. Y reforzado en su estatus siguió soplando con fuerza hasta hoy, olvidando parar en este segundo milenio del calendario puesto en marcha por el papa Gregorio XIII en 1582. Todo, porque a su edad ya no tiene afortunadamente ni memoria ni ganas de incordiar con embustes a los humanos de esta época.
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