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Es cierto que detrás de cada ser humano se esconde una historia, pero no es menos cierto que a cada persona le acompañan otras muchas más historias, tantas cuantas dinosaurios encuentra en cada despertar...
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20 dic 2023
¿Somos contingentes y necesarios?
Durante muchos años tuvo la percepción de ser una persona útil y necesaria en el mundo en el que vivía. Al mismo tiempo le acompañaba la convicción de ser una persona con cierto prestigio, respetada y valorada en su entorno. Tuvo un itinerario laboral de consideración, pensaba, y la vida le sonrió. Ahora que es ya un jubilado mira hacia atrás y considera que fue feliz, aunque quizás no se dio cuenta de ello en su momento. Es curioso, mirando hacia atrás se siente alguien y mirando al futuro se siente muy pequeñito, como si fuera un ser anónimo en el que nadie repara, al que nadie valora, ni siquiera le pide ayuda. Soy yo siempre el que primero saluda, se dice, y los demás me contestan por educación, soy insignificante, como que sobro en este mundo. Así lleva su autoestima este buen hombre. Otra cosa sería, medita, de no haberme quedado viudo. Tendría con quien estar, hablar, discutir, ser alguien. Y este anciano ya sucumbe a la nostalgia, se calla, mira a lo lejos y observa cómo el viento mece las ramas de un viejo roble que tiene al lado. Me das envidia, le dice, eres útil, fuerte, respetado... Y con una energía impropia blande el bastón que lleva en la mano y aplasta una hormiga que pasaba a su lado. Qué culpa tendrás tú de todo esto, exclama antes de aletargarse definitivamente.
8 nov 2023
Lagrimal activo
El abuelo es un hombre muy sentimental, un hombre de lágrima fácil. No hay acontecimiento familiar mínimamente emotivo, aconteceres deportivos, películas románticas, noticias dramáticas o amores televisados en los que no se deshaga en un torrente de lágrimas. Ya nos tiene acostumbrados y, como mucho, le acercamos un pañuelo para que no se destiña la corbata que siempre lleva. Pero últimamente ha cundido la alarma, pues hemos sabido, gracias a los Servicios Sociales que nos han avisado, que pasa muchas horas en la estación de tren haciendo de voyeur, sí voyeur, porque observa y se deleita en todas las despedidas de pasajeros donde abunden los abrazos y lágrimas. Ayer mismamente nos aconsejaron hablar con algún profesional, porque también se ha hecho asiduo al cementerio, donde no se pierde ninguna inhumación. La abuela, que es una mujer práctica de mucho sentido común, ya ha tomado la primera medida: Le ha puesto a picar cebollas. De momento, parece feliz.
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22 oct 2021
El día que me percaté de que soy viejo
El guarda forestal se me acercó. Oye Juan, ¿sabes dónde está la fuente de Unanguilo? Y me explicó el porqué de su pregunta. Estoy catalogando todos los manantiales del valle y no encuentro éste, por más que pregunto a toda la gente del lugar. Le referí lo que sabía. Tengo oído en casa que, a principios del siglo pasado, se quiso hacer una captación de agua potable para el pueblo, que para ello trajeron unos poceros que excavaron un agujero en el mismo manantial que buscas, que para acelerar la perforación hicieron explotar un barreno y que definitivamente desapareció el agua de allí, seguramente huyendo espantada por otro vericueto del subsuelo. Y por lo que sé, no queda rastro del primitivo manantial. Yo mismo, proseguí explicando, he recorrido el arroyo de Unanguilo y no he encontrado rastro alguno. Yo tampoco, aseguró el guarda forestal. A partir de esto seguimos hablando de otros manantiales que yo conocía desde la infancia, no así él. ¿Te importa venir conmigo una mañana y los visitamos? No, en absoluto, le contesté. Y quedamos para otro día. Cuando comenté este encuentro en casa, mi mujer me puso los pies en el suelo. ¿No hay nadie más que sepa estas cosas? No parece, le dije. Entonces tú eres el único que puede explicar el pasado, eres el depositario del saber de la comunidad, el último vestigio del conocimiento ancestral... En resumen, eres el más viejo del pueblo. Esto último lo silabeó con fuerza. Por falta de sorna que no quede...
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2 dic 2020
Ganas de vivir
Mientras chirrían tus arrugadas costuras de bronce, calla la gente y observa pensativa las huellas que deja el paso del tiempo. Y se asustan pensando que ellos y ellas pasarán por el mismo trance que tú. Es la vida así, se lamenta uno, nos apagamos como una vela, lamenta otro, todos acabaremos del mismo modo, añade un tercero. Tú todo lo oyes y hasta agradeces la compasión ajena, pero sabes que no te rendirás fácilmente. Sobre todo cuando entre aquel gentío surge una voz radiante que te levanta el ánimo. ¡Abuelito!
NOTA: Texto presentado el 25-11-20, en la XIV Edición de Relatos en Cadena, concurso de microrrelatos de la Cadena Ser, cuya condición de inicio es dar comienzo al relato con la última frase o fragmento del cuento ganador de la semana anterior.
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1 jul 2020
Jodida memoria
A
mi vecina Mari Pili le he pedido prestadas cuatro pinzas. Me ha
prometido mandármelas por medio de su hijo pequeño. Cuando ha
sonado el timbre he acudido a la puerta y me he encontrado con un
señor de bigote que me ofrecía las pinzas en la palma de la mano.
Me he sentido confusa, pero bueno, he conseguido darle las gracias y
despedirlo con la excusa de que tenía mucha prisa. Más tarde Mari
Pili me ha contado que, efectivamente es su hijo menor, que estaba de
visita hoy en casa, que está soltero, que trabaja de acomodador en
un cine, que es muy majo, que... ¡Eh, para! ¿No querrás
encajármelo de marido? Hay que reconocer que Mari Pili es una mujer
sin doblez y sincera, porque con un hilillo de voz me ha dicho que
sí. Me ha desarmado. Le he tenido que decir con toda brusquedad que
somos pensionistas, ambas viudas y viejas revenidas con achaques.
¡Joder, cuánto cuesta tener la cabeza en su sitio!
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10 ene 2020
Fragilidad
Le
obligaron a sentarse en el sofá, junto a sus zapatos, con los
calcetines agujereados bien a la vista. Que vea la familia cómo te
asoman los dedos de los pies y lo descuidado que eres, se quejó
ella. A ver si aprendes de una vez, protestó él. Fue un intento
baldío. El abuelo ya no tenía memoria.
NOTA: Texto presentado el 08-01-20, en la XII Edición de Relatos en Cadena, concurso de microrrelatos de la Cadena Ser, cuya condición de inicio es dar comienzo al relato con la última frase o fragmento del cuento ganador de la semana anterior.
NOTA: Texto presentado el 08-01-20, en la XII Edición de Relatos en Cadena, concurso de microrrelatos de la Cadena Ser, cuya condición de inicio es dar comienzo al relato con la última frase o fragmento del cuento ganador de la semana anterior.
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26 jun 2019
El frío y la elegancia
Los
señores ricos de mi pueblo llevaban corbata. Mi abuelo, que era
menos rico, siempre se ataba el primer botón de la camisa. Nunca
conseguimos que dejara ver libremente el gaznate, porque, decía,
tenía frío. El día de mi boda se vistió, por primera vez en su
vida, con corbata. Esto, dijo, es cómodo, me calienta el pescuezo. Y
desde entonces ya nunca se la quita. Es el pobre del pueblo más
señoriamente vestido. Este invierno, explicó el primer año, es el
que menos he tosido. Mi abuela confesó luego, que hay noches que
hasta dormía con la dichosa prenda. Yo misma me veo como una
marquesa, dijo.
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12 jun 2019
Médico, cuídate a ti mismo
Doctor,
yo le juro que el abuelo está bien alimentado, que no pasa hambre y
que no entiendo por qué lleva siempre un mendrugo de pan en el
bolsillo. El anciano médico me dejó hablar como si fuera la música
de un torrente cantarín. Cuando se cansó, me miró fijamente a los
ojos y me hizo el diagnóstico. Mi padre murió con un trozo de pan
en el bolsillo, me contó. Era hijo de la guerra, en su infancia supo
qué era el hambre, esto no es más que una reminiscencia de una
época de desamparo, así calmaba sus miedos. No se preocupe. Me
quedé pensativo, podría tener razón. Acompañé al abuelo a la
salida y nos despedimos. Al entornar la puerta vi con mis propios
ojos cómo el doctor extraía de su propio bolsillo un mendrugo de
pan.
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17 abr 2019
Impotencia
A,
e, i, o, u, recité de
carrerilla. La monitora añadió "el
burrito sabe más que tú",
algo que me enervó. Que a mí, con demencia senil, me traten como un
niño me enciende. Alcé el brazo para asesinarla y espanté una
mosca. La jodida de la monitora me aplaudió.
NOTA: Minirrelato destinado a ser publicado en el blog de Cincuenta Palabras, tristemente desparecido en 2019,
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16 nov 2018
Un día en la ópera, perdón en...
En
el Centro de Jubilados se lee la prensa en voz alta. Un viejillo con
voz de tenor anuncia que acaban de inventar en Sillicon Walley unos
pantalones hiperventilados que proporcionan calor en invierno y
frescor en verano. Más o menos. Explica que llevan un chip que capta
la temperatura corporal del usuario y la coteja con el ambiente
meteorológico, para proporcionar la temperatura de máximo confort.
Aseguran que es un éxito. Doña Mercedes, sin embargo, se muestra
desconfiada. Con los sofocones que yo padezco, esto ¿me servirá
para algo? El abuelo Simón se ríe. Seguro que también me dirá
cuando tengo que ir al WC. Y no calla el Tío Machuca. Si corro a
coger el bus ¿me inhibirá las gládulas sudoríparas? Otro
jubilado, cuyo nombre no citamos por aquello de la Ley de Protección
de Datos, se alegra mucho. Notaré menos la incontinencia ¿no? El
viejillo con voz de tenor pone orden. Os calláis o no leo más.
Todos obedecen, menos Ignacio de Lapera, el sordo. ¿Qué ha dichooo
ésteee?
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24 ago 2018
Juegos de infancia
De
niño jugábamos mucho al escondite, ya se sabe, ese juego en el que
uno se pone frente a una pared con los ojos cerrados y cuenta en voz
alta hasta 20 o lo que sea, mientras todos los demás se esconden. Al
acabar tiene que ir localizando a los otros jugadores diciendo el
nombre de los que va pillando, eso sí, tocando la pared. Si algún
jugador llega antes que él a la pared se libra, no sólo él, sino
todos los cazados anteriormente. Pierde el que es pillado y no
liberado por otros y éste es el que da inicio a un nuevo juego de
escondite. Pues bien, yo era muy malo en eso, porque me escondía y
dejaba a todos hartos y aburridos, porque no me encontraban nunca. O
me pillaban a la primera y siempre me "quedaba" de
buscador, corriendo todo el rato para que no libraran mis compañeros.
Ahora que soy mayor ya no puedo jugar a lo mismo, pero sí que hay
alguien que sigue jugando conmigo al escondite. Por decir, yo empiezo
a contar algo y cuando voy por la mitad ya se me ha escondido no sé
en qué parte de la cabeza la mitad de lo que iba a contar. Las
pastillas también se ocultan. Y los nombres de las cosas y de la
gente se me pierden y no los encuentro. Y los cumpleaños, las citas,
la cartera, los nombres de las calles, las llaves del coche, el
paraguas.... Yo creo que la vida no es puro teatro, como dice La
Lupe.
Yo creo que la vida es puro escondite.
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16 mar 2018
Retranca
Doña
Mercedes acudió a la consulta del podólogo acompañada de una amiga.
Entre las dos tomaron un taxi y llegaron puntuales a la cita. Una vez
resueltos los problemas del juanete que le acompañaba en los últimos
años, quisieron regresar en taxi y lo solicitaron por teléfono. La
gestión falló y estuvieron a la intemperie más de 20 minutos.
Insistieron en la llamada y le aseguraron que en 5 minutos llegaría
el servicio. Y no llegó tan pronto. Mientras tanto un apuesto señor
aparcó un coche blanco a su vera y ellas, convencidas de que era lo
que esperaban, se acercaron a él, abriendo la puerta trasera
directamente e indicando la dirección final del viaje. ¿Dónde van
ustedes?, protestó el conductor. ¿Esto no es un taxi?, preguntó
doña Mercedes. El del volante se enervó. Señora, ¿cuándo ha
visto usted un Porche como taxi? Las dos amigas enmudecieron. Miraron
alrededor, fueron conscientes de su error y, para colmo, vieron que
un coche blanco con una luz verde en el techo se detenía detrás.
Perdón, dijo la amiga cerrando la puerta, ¡qué torpes! Doña
Mercedes se retiró con una sonrisa maliciosa y la frase ya en la comisura de los labios: Este dandy no duerme
hoy a gusto. ¿Por qué? Porque le hemos visto cara de taxista. Las
dos amigas se morían de risa.
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31 ene 2018
Nuevos lectores
Abuelo,
tengo que contarte que he escrito un libro. ¿Sí? ¿De qué va?
¿Cuántas páginas tiene? ¿Me lo regalarás, no? Bueno, es que no
tiene hojas, no es de papel. Entonces no es un libro, coño. Sí, es
un libro digital, se lee en el teléfono móvil, por ejemplo. ¡Bah,
una pejiguera moderna más! Trata de un viaje que hizo un alemán
acá, cuando la guerra y cuenta lo que vio, lo que tantas veces he
oído contar yo en casa. ¿De los facistas? ¿Salgo yo? Sí, claro. A
ver, pónmelo aquí en mi teléfono. Aquel día se le olvidó al
abuelo ir a comer, a cenar, a dormir...
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11 dic 2017
Trucos para alargar la vida
Los
dos amigos hablaban sentados bajo el árbol de las confidencias.
Mira, decía el tío Machuca, tenemos muchas posibilidades de llegar
a ser centenarios, algo que ahora es mucho más frecuente que hace
medio siglo. Ya sabes por qué, argumentaba el abuelo Simón, ahora
la medicina no nos deja morir con tanto chequeo, medicación y
gaitas. Y también la alimentación influye, las jornadas de trabajo
de 8 horas, el deporte que hacemos... Bueno, el abuelo Simón tuvo
que hacer una puntualización, aunque tú y yo los músculos que más
ejercitamos son los glúteos. Claro, siempre sentados, puntualizó el
amigo. Pero, el abuelo Simón estaba ya lanzado, la mala leche
también influye. ¿Cómo? El mal genio alarga la vida, ¿no sabes?
Es como el vinagre que aumenta la duración de los alimentos, las
guindillas por ejemplo... Una sonrisa amplia iluminaba ya su cara y
el tío Machuca se puso en guardia. Dice algún médico inteligente
que la emociones intensas alargan la vida de los ancianos, cada
ataque de ira 5 minutos. Pues tú vas a hacer la competencia a
Matusalén, le espetó el amigo. A estas alturas el abuelo Simón
reía ya abiertamente.
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20 nov 2017
Camino de la inmortalidad
El
anciano llevaba una vida llena de penurias que no aliviaba ni su
propia familia. No eres más que un estorbo, le recriminaba su hija. No
sé cómo vives tanto, viejo, le echaba en cara el yerno. Por mis
rezos, contestaba él. Era cierto, pasaba todos los días 5 minutos
arrebolado ante una imagen de la Virgen de los Desamparados. Tanto
que la familia llegó a pensar que tenía una oración milagrosa que
alargaba la vida de aquel centenario gruñón. Así que encargaron a
don Genaro, el cura de parroquia, qué averiguara qué plegaria tan
especial era la que daba tan buenos resultados. Y se quedaron de un
pieza cuando oyeron la respuesta. Pide todos los días a la Virgen de
los Desamparados, contó el cura, que le dé un solo día de amor
antes de morir.
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6 sept 2017
Escenas que emocionan
El era
un jubilado parlanchín que tomaba el aperitivo en una cafetería de
la playa. Parece que era parroquiano asiduo, porque inició
conversación con toda naturalidad con la camarera. Biri, tú duermes
poco, le dijo. Ella no le atendió, enfrascada como estaba, en otras
comandas. Al poco regresó y ambos se enfrascaron en una
conversación. Es que ayer te vi desde la ventana de mi casa a las
2:00 y te vi trabajando y hoy, a las 9:00, ya estabas enredando entre
las mesas. Es que no dormimos ni tú ni yo, le comentó ella. Será
porque tenemos muchas ganas de vivir, explicaba el jubilado. Y así
un rato platicaron. Yo, desde una mesa contigua, seguía la
conversación con una sonrisa de oreja a oreja. La supuesta camarera
era la dueña del local. Él, un cliente ojeroso que iba siempre acompañado
de una esposa que mostraba todos los síntomas de un Alzheimer
avanzado. Todo ternura.
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18 ago 2017
Jubilados
Le
llamaron del antiguo trabajo para que echara una mano. Tú, de esto
sabías, le dijeron. Acudió puntual y nervioso y se puso frente al
ordenador a poner en marcha lo que tantas veces había hecho. Y se
quedó embebido en la pantalla, hasta el punto que llegó a ver la
sala vacía cuando alzó la vista. Vaya, se han ido a tomar café,
pensó. Yo también me voy. Y
salió al exterior, camino de la cafetería de siempre. Y se quedó
sorprendido en cuanto cruzó el umbral. Todos estaban sentados en
sillas de oficina, sillas de ésas que van sobre ruedas y que servían
de vehículo improvisado a los compañeros del tajo. ¿Y eso? La
pregunta tuvo rápida respuesta en forma de interrogantes obvios. ¿No
te das cuenta que todos somos pensionistas reincorporados a la
empresa? ¿Sabes lo que nos cuesta movernos con tanta artrosis? ¿Vas
a ser el único que va y vuelve a pie? Les miró a todos a la cara,
uno a uno. Reconoció a sus antiguos colegas, todos más viejos,
todos más sabios, todos más tristes, todos más pobres. ¡Maldita
crisis!, exclamó.
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7 ago 2017
Insumisa
Doña
Mercedes está enfadada con los semáforos de la ciudad. Se han
puesto muy exigentes, que hasta nos marcan los segundos que nos
conceden para atravesar la calle, cuenta enfadada. Es para facilitar
el paso al peatón, le argumenta su nieto. ¡Narices! Aquí quieren
que estemos sometidos a un reloj. ¿Y qué vas a hacer? Cruzar a mi
antojo. Y desde el día siguiente no se hacen más que oír toques de
claxon por la zona.
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2 ago 2017
La importancia de los años
Entro
en un bar y leo en un cartel, escondido entre cientos de botellas,
una frase que asegura que la edad es sólo importante en los vinos y en el queso.
Evidentemente sonrío. Pero la procesión va por dentro.
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9 jun 2017
Batallas domésticas, quizás guerras
¿Dónde
he dejado los calcetines?, preguntó él sin ser consciente de la
situación que él mismo creaba. Los tienes puestos, dijo ella. ¡Ah!,
exclamó él. A tenor de la sonrisa que inundó la boca de ella,
aquello era una victoria más. Para él, sin embargo, no dejaba de
ser una humillación. Habrá respuesta, pensó.
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