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14 abr 2023

Mensajes póstumos

 

Enterramos al abuelo amortajado con su mejor traje. No nos dimos cuenta de que en uno de sus bolsillos olvidamos el teléfono móvil y acabamos sufriendo pesadillas, porque en los días sucesivos empezamos a recibir avisos del difunto. Eran enlaces que nos llevaban a un blog en el que nuestro querido abuelo daba consejos para un mejor vivir, como él decía. Yo calculé que, por lo menos, le quedaría más de un mes a publicación diaria. Todos los familiares acabamos eliminando su teléfono de la agenda, aquello era tenebroso.

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7 dic 2022

Post mortem


En mi primera noche en el cementerio comenté que no me había sentido querido en vida. Se oyeron grandes carcajadas.

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10 oct 2022

Amigo de la muerte

 

Se acercó La Parca. Es tu turno. Séase, dijo el señalado. Nadie es tan manso, me asombras. La Muerte vaciló y alguien se ganó una prórroga. 

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17 ene 2022

Ganas de vivir

Cuando García escuchó cierta conversación, aparentemente intrascendente, en el autobús se puso en guardia. Una chica aseguraba con firmeza que ella no quería morir, sólo quería dejar de sufrir. Su interlocutor, un amigo por lo que se supone, le preguntaba por cuál era la salida que se planteaba. Desaparecer, no hay otra, le dijo. García se quedó traspuesto. Eso era lo que él sentía cada vez que se le venía a la cabeza la idea de suicidarse. Observó a la chica, le leyó el alma en aquel instante y se sintió obligado a hacer algo. Se bajó en la misma parada que ella, la siguió y buscó el momento de abordarla. Tendrían mucho que compartir, pensó. Aceleró el paso y se puso a su altura. Perdona, soy García, le dijo, ¿podemos hablar? Di lo que quieras. Creo que la vida ofrece más oportunidades de gozar que de sufrir. Es cuestión de esperar. La chica abrió desmesuramente los ojos, como si estuviera ante uno de los siete arcángeles que venía a preocuparse por su alma. Y no calló ante tamaña aparición. Tengo una enfermedad terminal. Pido la eutanasia, estoy en mi derecho, ¿no? García calló. Se dio media vuelta, aunque no pudo dejar de escuchar un consejo final. Y no te suicides, que se te ven las ganas en la cara. Hay que aguantar hasta el último día... A él sí que se le apareció aquel día un arcángel, quizás San Gabriel, ¿por qué no?

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23 ago 2021

Consuelos y desconsuelos

El Tío Machuca le contaba a su amigo que ayer se enteró que había muerto Sebas, un amigo de infancia, dos meses más joven que él. Aseguraba, además, que en aquel instante era capaz de recordar con precisión cientos de andanzas compartidas, los juegos que practicaban, quiénes eran su padre o su madre, sus abuelos, hermanos, sus estudios, sus compañeros de escuela, el pupitre doble que compartían y hasta el penalti que le paró en un recreo... Todo. A partir de los 20 años los recuerdos ya se me hacen borrosos. La verdad es que lo siento por el bueno de Sebas, la vida le dio más penas de las necesarias. El Abuelo Simón, que guardaba silencio ante el pesar de su amigo, no tardó en hablar. ¿Sabes? Eso de la memoria es un síntoma de que llegamos a viejos. Nos acordamos perfectamente de historias muy lejanas en el tiempo y apenas recordamos las inmediatas. Tú y yo hemos empezado ya a morirnos un poco, es una señal. El Tío Machuca se sobresaltó. No me pongas fecha al entierro, por favor. Tranquilo, que a nosotros nos salva la mascarilla, que somos muy cumplidores. Bueno, eso es porque tenemos ganas de vivir. Ambos sonrieron.

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5 jul 2021

De testamentos

El notario acudió a casa del enfermo dispuesto a dejar constancia de la última voluntad del enfermo. Llevaba un texto base en el que incluyó los datos personales del testador y las fórmulas establecidas en las que daba fe de que actuaba libremente y en plenitud de facultades mentales. Pero hubo algo que le detuvo en seco e impidió que siguiera en su labor de fedatario. Fue cuando oyó aquello de "yo, postrado en el lecho del dolor, próximo a mi fin y en plenitud de facultades, nombro heredero de todos mis bienes a mi gato Fisturelio". Y no fue el asombro el que detuvo al escribiente, ni la dificultad de escribir aquel nombre inaudito. Fue sencillamente que dudó de que el moribundo estuviera en sus cabales. El notario elevó su mirada y clavó los ojos en aquel hombre que de verdad parecía cerca de la muerte y escuchó atónito su explicación. Ven Fisturelio, ven. Allí apareció un buen hombre, arrugado y humilde. Es mi único sobrino, el que me cuida y el destinatario de mis bienes. Le llamo gato, porque es mudo y apenas articula palabra. ¿Es eso cierto?, preguntó el notario. El tal Fisturelio asintió con la cabeza y dejó escapar un sonido débil e inconfundible para cualquiera. Era como un "miaaauuu" triste y desvaído. El escribiente agachó la cabeza y prosiguió en su trabajo de fedatario.

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18 jun 2021

Yuyu, mucho yuyu

El difunto abuelo era un hombre muy justo y meticuloso que dividió sus bienes de manera tan equitativa que llegó a cometer alguna excentricidad. Me refiero a un caso en concreto que tiene que ver con el cementerio. Dando por hecho que en el resto de sus bienes hizo bien el reparto, no sé si en lo del campo santo acertó. Lo explico. En su testamento figuraban 9 hijos o hijas y a cada uno de ellos les asignó un nicho en el cementerio. A todos los nichos les puso una placa de mármol blanco con el nombre de cada heredero y, obviamente, no puso la fecha de fallecimiento, aunque creo que ganas no le faltaron. ¿Qué ha supuesto todo ello? Pues que por lo menos yo esté traumado, no sé el resto de la familia. Me ocurre que cada vez que visito las tumbas de la familia veo el nombre de mi abuelo y abuela en una lápida, y en unos nichos perfectamente ordenados los nombres de todos mis tíos, aún vivos afortunadamente, y el de mi padre, con el que, por cierto, comparto nombre y primer apellido. Y con esto de las urnas funerarias, que son tan manejables y ocupan tan poco, me da por pensar que ya sé en qué sitio acabarán las cenizas de todo mi núcleo familiar. La placa no servirá, pienso, para tanto nombre, pero ya se me ocurre que podremos figurar todos en código QR. ¿Veis? Ya me estoy volviendo majareta.

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6 ene 2021

Sociedades exquisitas


En la cárcel de penados de Estakitnon se sigue un protocolo en todas las penas de muerte que se dictan. Por supuesto, se elige al reo tras un juicio en el que se tiene que demostrar que ha hecho méritos para morir ejecutado. Vamos, que esto no es una lotería que le puede tocar a cualquiera. Luego se le explican los diferentes modos de morir y se le deja elegir uno, el que más le plazca. Y la noche anterior al ajusticiamiento se la pasa reunidocon el verdugo, para que puedan intimar y eliminar las reticencias entre ambos. Cuando llega el momento definitivo, se suele ver al reo en el cadalso inundado de una paz celestial, con una faz relajada y en perfecta armonía con su verdugo, que le despide con un abrazo y hecho un mar de lágrimas. Cuando el convicto ya es cadáver se suele ver al ejecutor rasgarse las vestiduras y pedir para sí la misma suerte que su víctima. Pero el aplauso atronador del público acaba por poner las cosas en su sitio y consiguen que vuelva la calma y que el del verduguillo vuelva a su casa. Entonces llega la hora del enterrador, pero eso lo dejamos para otro cuento. Parece también muy interesante.

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18 mar 2020

Predifunto

La tía Carmen murió joven, apenas 24 años. De muerte repentina. Se tendió en la cama de la habitación principal con la escusa de que le dolía la cabeza y allí la encontraron exánime. En la familia dejó un hueco tremendo y aún hoy, 40 años transcurridos, aparece como un drama en las conversaciones familiares. Nadie de la casa se atrevía a usar aquella habitación por respeto a la difunta y por temor. Yo sí, a mí me engañaron, porque tenía 5 años y no entendía del drama de la muerte. Allí dormí muy a menudo y aún hoy es mi lecho, si es que voy de visita. Mi madre siempre dijo que reaccioné muy bien, que era un niño muy maduro. La verdad es que nadie lo sabe, pero yo hoy día sigo hablando todas las noches con la tía Carmen. Siempre me dice que esté tranquilo, que ya me avisará con tiempo el día que se me acerque la Dama de la Guadaña.
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20 ene 2020

Por sodomita

Big Killer era un verdugo que miraba fíjamente a los ojos de sus víctimas antes de ejecutarlas de un certero hachazo. Antes hacía una venia a las autoridades e iniciaba la ceremonia con una pasmosa lentitud. Los asistentes no perdían detalle y todos sentían escalofríos al contemplar la escena, sobre todo cuando colocaba su rostro frente al reo y lo taladraba con los ojos. Era la viva imagen de quien domina y dispone de alguien con insultante prepotencia. Pasa de la vida a la muerte con una sangre fría desafiante, se comentaba entre el público. Pero llegó un día en el cambiaron las tornas, porque el intimidante Big Killer tuvo que colocar su cuello sobre un madero y esperar a que la separaran de su tronco. Después de matar a cientos de hombres, resulta que me ejecutan a mí por amar a uno, argumentó, con cara de mármol y frialdad en los ojos, mirando fijamente al novel e imberbe verdugo que tenía delante.
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9 sept 2019

Las cosas como son

Visito el cementerio a menudo, porque me gusta y relaja. Paseo entre las tumbas, leo lápidas y trato de relacionar los apellidos con gente conocida. Cada vez paso más tiempo donde yacen mis ancestros. Sé que el olvido es su peor castigo y trato de mitigarlo. Es imposible mantener conversación con ellos y lo lamento. ¡Cuántas cosas tendría que preguntar! Últimamente he ido ganando confianza y ya me siento en un sepulcro de piedra y mármol oscuro. Ya me he acostumbrado a los ruidos que se oyen en el interior. Sé que son ratones. ¿Y si no lo son? Me da igual, soy un hombre triste y hasta patibulario, no quiero que nadie se inmiscuya en mi vida. Y menos mi abuela que yace bajo mis nalgas.
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16 ago 2019

El peso de un apellido

Tuve un antepasado verdugo, lo sé. Era una funcionario de la corte que trabajaba en las caballerrizas, pero los días de cadalso, escondido tras un verduguillo, se transformaba en un implacable ejecutor de cuantos reos le mandaban los jueces. Lo sé, porque este secreto se conserva en la memoria familiar después de por los menos 8 generaciones. A mí esta cuestión me parece vergonzosa y, por supuesto no hablo con nadie de ello. Es más, no lo voy a transmitir a ninguno de mis hijos o hijas. Conmigo muere el asunto. Mi madre no me da la razón, dice que es imposible ocultarlo. ¿Acaso tú no te apellidas Verdugo? ¡Uf! Lo tengo difícil, sí.
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7 ago 2019

La vida que se escurre entre los dedos

El hombretón aquel entró en la taberna empujando un coche de niño en el que un infante dormitaba a conciencia. A todas luces se trataba de un abuelo canguro. Se tomó un café, ojeó el periódico y pagó. Al salir reparó en un parroquiano conocido al que saludó. ¡Hombre! ¿Cómo va la vida? Se inició un diálogo rápido y breve que a mí me sorprendió por su crudeza y sinceridad. ¿Qué tal tu mujer? Mal, al final no ha podido ser. ¿? No pudo con el bicho. ¿En serio? Sí, murió la semana pasada. Pero, si la vi hace poco por la calle. Sí, pero... ¡Joder, lo siento! ¡Qué mala noticia me das! Así es la vida. Pues ánimo. aquí estamos los demás. Yo, que era un testigo de primera fila, ví al abuelo alejarse apesadumbrado por la noticia. Al viudo, sin embargo, lo noté sereno y hasta contento de poder compartir sus penas con la gente. Esto sólo pasa en los pueblos, le dije al camarero. ¿Pues? En una ciudad no hay tanto poso de humanidad. Se quedó pensativo.
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5 jun 2019

Catalepsia


A lo largo de su vida vivió dos experiencias extremas que le procuraron muchas noches de pesadillas e insomnios. La primera vez, tuvo que pasar una noche caido en un pozo hasta que le recataron al amanecer guiados por los ladridos de su perro. Quise darle de beber al can, explicó angustiado al psicólogo que guio su terapia. La segunda vez le tocó ver cómo su propia casa era arrastrada por un torrente que apareció una mañana sin avisar. Desde entonces siempre vive en una ladera. Y ahora, en su vejez, postrado en la cama de un hospital, teme que no se muera de verdad y que le entierren con un hálito de vida.
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22 may 2019

El día después


A Jorge Vivián le ofrecieron un seguro de vida, qué ironía, en el que le aseguraban hasta las honras fúnebres, el ataúd e incluso el enterramiento. Le dejaron elegir nicho, tumba o hasta panteón. Jorge Vivián se quedó perplejo, porque en estas cosas no había pensado nunca y pidió tiempo para contestar. En el primer día libre que tuvo se fue al cementerio y paseó curioseando por todas partes. No sacó buena impresión. Notó más las huellas del olvido, que el calor de los deudos. Observó las humedades de las tumbas, las grietas en los panteones, las letras borrosas de muchas lápidas, la soledad que se mascaba en el ambiente. Sacó alguna conclusión. Supo que el paso postrero es directamente el olvido, el silencio, la nada. Volvió a casa y llamó a la Aseguradora El Consuelo. Acepto la mitad de la oferta, sólo quiero un seguro en vida, por si me vienen mal dadas. Lo de la muerte me trae al pairo. ¿Cómo? Mire, no le digo más, he visto orinar un perro en una tumba.
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19 oct 2018

Los pies colgados

En el taller de cuentos el monitor nos ha pedido que escribamos un texto que lleve el mismo título que este relato. Rafa ha hablado de un niño sentado en una banqueta muy alta, Isa de su abuela cuando se echa la siesta en el sofá, Germán de los niños que se sientan en las vallas para ver pasar la cabalgata de Reyes. Yo quería hablar de un trapecista de fuertes brazos y agilidad impresionante. Pero no he podido, porque he visto enseguida que Pedro ha comenzado a llorar. Lo he cogido de los hombros y me lo he llevado a la calle. Me ha costado un cigarrillo conseguir que se calme y una retahíla de chistes que, el pobre, me ha oído contar innumerables veces. La verdad, es muy difícil sacarle de la cabeza el cuerpo oscilante de su abuelo que encontró en el desván ya hace unos años.
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4 jul 2018

Cuando matar era obligatorio

Abuelo, ¿tú estuviste en la guerra? Sí, me movilizaron a la fuerza. ¿Contra quién luchabas? Contra los malos. ¿Acabaste con todos? No, los enemigos de entonces, sus hijos y nietos, siguen viviendo. Entonces, ¿para qué hiciste la guerra? Nunca lo he sabido, te juro que no lo sé. Pues vaya, no mataste a todos, claro. No, menos mal. Y eso que tú estabas en un pelotón de fusilamiento... Al abuelo se le torció el morro y se le acabaron las ganas de hablar. Levantó el periódico para esconder su turbación. Le vino a la cabeza la imagen de aquella vez que le obligaron a formar frente a las tapias de un cementerio y disparar contra unos prisioneros, victimas de un juicio sumarísimo, a todas luces injusto y vengativo. Aquel recuerdo le perseguía en todos sus sueños como una maldición. Apretó los puños y agitó sus patillero buscando ayuda para salir de aquel ahogo y superar el enésimo brote de ansiedad. 
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25 jun 2018

Hoy no, decía.

Aquella mañana se levantó con la clara conciencia de ser un desgraciado. Ni el sueño le había quitado la certeza con la que se acostó. Abrió la ventana de su habitación y miró al precipicio. Imaginó la caída en el vacio, los instantes de incertidumbre, el estruendo del golpe final y, por fin, la nada. No se atrevió, era un cobarde. Seguiría otro día más siendo el hombre más infeliz del mundo.
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30 may 2018

Muchas pompas

Se ha muerto Genarín, el sacristán y campanero oficial del pueblo. Hoy a las 18:00 horas es el funeral al que, seguro, acudirá mucha gente. El párroco me ha pedido a mí que suba al campanario media hora antes y que haga tañir las campanas con fuerza, porque Genarín se lo merece, me ha dicho. Y aquí estoy yo, que no tengo mucha idea, en todo lo alto de la iglesia, dispuesto a voltear la campana mayor y repicar con el badajo de la menor. Y parece que todo me va bien, porque ya gira una y acompaso los toques con la otra. Es impresionate este sonido. Cierro los ojos y sigo tirando rímicamente de una soga con la mano derecha y atraigo hacia mí el badajo con la izquierda. En este momento me siento muy cerca del fallecido Genarín, tan cerca, tan cerca, que ¡horror, voy a acabar a su lado!, que la campana mayor, en su enloquecido movimiento, me ha agarrrado por la cabeza y me ha lanzado por los aires hasta aterrizar, creo, justo en el atrio de la iglesia, junto al coche fúnebre que lleva a Genarín. Soy hombre muer...
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4 may 2018

Toque de difuntos

Las campanadas de la iglesia se escucharon pausadamente, con una lentitud dramática que cargó el ambiente de incertidumbre y temor. Anunciaban, seguro, un nuevo muerto en la aldea. Todos acudieron a comprobar quién era. Y se toparon con Anacleto, el sacristán, en pleno reportaje para National Geographic. Casi lo matan.
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NOTA: Publicado el 02-05-2018 en  Cincuenta Palabras, blog que edita relatos de exactamente 50 palabras. 
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