Enterramos al abuelo amortajado con su mejor traje. No nos dimos cuenta de que en uno de sus bolsillos olvidamos el teléfono móvil y acabamos sufriendo pesadillas, porque en los días sucesivos empezamos a recibir avisos del difunto. Eran enlaces que nos llevaban a un blog en el que nuestro querido abuelo daba consejos para un mejor vivir, como él decía. Yo calculé que, por lo menos, le quedaría más de un mes a publicación diaria. Todos los familiares acabamos eliminando su teléfono de la agenda, aquello era tenebroso.
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