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19 jul 2017

Lo fundamental

Las cosas son como son y no se pueden cambiar, dice doña Mercedes. Su nieto levanta los ojos del plato y se queda expectante. Sí, le explica un poco indignada, el tenedor siempre a la izquierda y la cuchara a la derecha, así como el cuchillo... Abuela, no siempre es así, le replica el joven, que los japoneses comen con palillos y los dejan sobre el plato. ¡Ejem, jovencito! Ahí también hay modales, porque deberías saber que los palillos nunca se sueltan, ni siquiera para beber, cuando se acaba la comida se dejan en la mesa y no deben cruzarse, y tampoco se debe gesticular con ellos ni apuntar hacia nadie, porque se considera agresivo. ¡Uy, abuela, me dejas apabullado! Además, nieto descarado, los palillos son de origen chino y se usan también en Corea y Japón. Bueno, bueno, abuela, el próximo día pondré mejor la mesa. ¿Cómo sabes tanto? Fui maitre en un hotel, ¿no lo sabías? Hay que respetar el orden establecido, hace la vida bonita, entretenida y previsible, que es lo que me gusta. Ambos se callaron y siguieron comiendo la sopa, el nieto con los mejores modales que tenía en el repertorio y la abuela, ufana por la lección dada. No era cuestión de pervertir el mundo, pensaba. El joven, entre sorbo y sorbo, tenía otro pensamiento en la cabeza. ¿Podía ser más peleona con la pensión? Pero no habló, que la crema de calabaza estaba deliciosa.
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