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16 ene 2023

Narcisismo 


En la lápida de su tumba dejó escrito en código QR su elogiosa y nunca bien ponderada biografía. 


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3 jun 2019

Ser o no ser

Se quedó de piedra cuando vio el rótulo de aquel negocio. "Gabinete de Psicología Animal", rezaba. Bueno, más que de piedra, quedó próximo a la desesperación. Él, el hombre que arrastraba dentro de sí un demonio que le comía la moral y el gusto del vivir, el hombre que estaba sin trabajo, separado desde hacía tiempo y, para colmo, con su equipo de fútbol en segunda división, él, repito, se dio por ofendido, porque hasta un can podía encontrar consuelo y remedio a su males antes que él. Sintió un repentino deseo de desaparecer, de ahogar su corazón, de cegar la mente, de huir, de... En aquel instante entró en confusión y se dirigió al "Gabinete de Psicología Animal". Una secretaria, vestida de blanco impecable, le miró expectante. Él sólo hizo el gesto de juntar las manos apuntando hacia abajo, a la altura del pecho. La mujer, elevó las cejas, curiosa. Él sólo acertó a ladrar. Fueron dos ladridos lastimeros.
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15 may 2019

Espejito mágico

Aquel gato cada vez que se miraba en el espejo veía un león, poderoso y temible. La lagartija que templaba sus músculos al sol del mediodía se creía un cocodrilo amedrantador frente al espejo. Y yo, un simple trabajador de la limpìeza, encargado de dar brillo al vidrio dichoso, me veía a mí mismo como Brad Pitt o Donald Trump. Algo tenía aquel espejo que a todos nos hacía crecer en autoestima. Pero aquel embrujo acabó perdiéndose en el olvido cuando me hice mayor, porque el espejo de mi casa funcionaba al revés. Me deprimía, debía haber un defecto de fabricación.
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19 abr 2019

Confianza en sí mismo

Cuando se repartieron las virtudes y los defectos tuve suerte, decía el vanidoso. Yo, en cambio, salí poco favorecido, protestaba el hombre vulgar. Cierto es que tengo algunos defectillos, pero no son nada comparados con mis virtudes, insistía el afortunado en dones de la naturaleza. Pues yo tengo muchas cosas positivas, argumentaba el malparado por la fortuna, pero es que no se me ven. El uno sonreía ufano, el otro fruncía el ceño. Yo podría llegar a presidente, presumía el jactancioso. Yo solo valgo para comparsa. Aquello parecía una letanía interminable en la que a cada elogio seguía una mortificación. Y así quedó, que no era más que una conversación de juventud. Pero pasaron los años y las cosas fueron quedando en su sitio. Ni el uno llegó tan alto ni el otro quedó sumido en el olvido. Se vieron de reojo en el funeral de un amigo común. Viejos, calvos, gordos y sin lustre. La vida les había baqueteado por igual. El vanidoso miraba con disimulo pensando que él era un ser superior, ciego ante las evidencias. El humilde se reía para sus adentros, que la vida no le había ido tan mal. El uno estaba rodeado de orgullo, lo único que tuvo siempre en abundancia. El hombre vulgar se reía de sí mismo y del mundo en general, pensando que la vejez les había igualado. El siempre había tenido mucho sentido común.
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28 dic 2018

Pues vale

El maestro lo decía claramente: Hay dos clases de historias, las que hablan de los demás y las que tratan directamente de uno mismo. Las primeras son a menudo insulsas, las segundas interesantes. Juan Badaya se mostró dubitativo. Quizás debería dejar de escribir, se dijo. ¡No, no, no!, gritaron sus lectores, ¡tus textos nos gustan de todos modos! Allá vosotros, amenazó, quedáis condenados para siempre a ser torturados por mis demonios. ¡Bien!, exclamaron todos al unísono, ¡nos gustan!
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23 nov 2018

La necesidad de ser querido

 
Acudía a trabajar en bicicleta todos los días y eso aumentaba su autoestima. Necesito 15 minutos exactos para venir, en bus tardaría 30 minutos y coche no se sabe, presumía. Los días de lluvia y nieve no cejaba en el empeño. Un buen impermeable, más sudor y 5 minutos más de viaje, comentaba. Su autoestima seguía en alza. El año pasado, con las inundaciones que asolaron las ciudad, alcanzó ya un reconocimiento general. Una torrentera espontánea lo atrapó en el camino y pudo milagrosamente refugiarse en la copa de un castaño de indias que fue testigo mudo de sus penas. Allí estuvieron juntos y abrazados una noche entera hasta que a las 11'00 horas del día siguiente los bomberos le rescataron en helicóptero. Fue portada en los noticiarios locales y hasta del país. Tuvo tal subidón de autoestima que a los dos meses, olvidado el eco mediático y repuesto del ajetreo, enfermó de pena. ¿Qué hago yo ahora? Amigo mío, le dijo el psiquiatra puesto por el ayuntamiento, tienes un ego voraz, acomódate a las circunstancias. Y desde ese día, permanece trémulo y ensimismado, considerando el alcance de tan profundo consejo.
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8 oct 2018

Catarsis

Todas las mañanas realizaba una mirada introspectiva, girando sus ojos 180º para ver su yo más profundo. Siempre encontraba un ser insatisfecho, sediento de nuevas sensaciones y experiencias. Un día se desahogó con un taxista, convencido de que no iba a entenderle ni a consolarle. Pero se llevó un revés. Usted, le dijo, sufre demasiado por lo poco que le falta y goza poco de lo mucho que tiene. A la mañana siguiente hizo un reajuste y desde entonces sus ojos solamente miran hacia delante. 
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23 jul 2018

Donde dije digo digo Diego

Alfonso Juan Alvaro Enrique García de Rocamora y Pérez-Sánchez exigía que todos sus nombres y apellidos aparecieran en los documentos oficiales, argumentando que sólo era por respeto a sus mayores. Fueron numerosos los incidentes burocráticos que protagonizó, pero siempre salió triunfante. Al menos eso contaba. Pero todos sabían de buena fuente que en casa era Fonso, a secas.
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14 may 2018

La importancia de reírse de uno mismo

Una angustia se me coló en casa y me destrozó. Empezó por una comezón que me mordía por dentro, con un nudo en la garganta que me obligaba a balbucear. Eran mis demonios que me robaban el ánimo y la firmeza, convirtiéndome en un pelele. Me bañé en alcohol y la derroté por momentos, pero acabó resurgiendo aún con más fuerza. Pedí ayuda al dios del sueño y todo se transformó en tortura. Pensé en una soga de nudo correrizo, en un precipicio, en las vías de un tren, pensé en cortar por lo sano. ¿Sano? Esta expresión, así dicha, me arrancó una sonrisa, que era imposible coquetear con la muerte y mencionar lo de sano. Entendí que el humor podría ser mi refugio. Y así derroté a mi angustia. Hoy me río de ella.
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29 mar 2017

Verdades de a puño

Se asomó al brocal del pozo y miró al interior. Vio su cara reflejada y no pudo menos que sonreír. ¡Eh!, gritó y le respondió el eco. Aquello era un descubrimiento y dijo más cosas, su nombre, Juan, y quedó traspuesto cuando oyó la réplica: ¡Juaaannnnn! Animado se dedicó un piropo: ¡Guapo! Y le reafirmaron con un ¡Guapoooo! E hizo una pregunta final, ¿quién eres tú? Túúúúúúúú, le respondieron. Y se fue muy satisfecho, porque era verdad.
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20 feb 2017

Ya soy ingeniero

Leyendo el periódico he visto que en mi ciudad van a construir un nuevo puente. He seguido la información con mucho interés y ya sé un montón sobre pilares, apoyos, tableros, tirantes, luces, así como también del subsuelo de mi ciudad que, dicen, está asentada en una terraza aluvial de cantos rodados y lodos. Además ya sé qué sectores urbanos va a comunicar y de qué modo aliviará el tráfico de otras zonas más densas. No sé, pero me da como que me he sentido experto en urbanismo, geología, construcción... Y ya un poco crecido por la sensación me he aventurado a internarme en un buscador on line para conocer más a fondo el mundo de la construcción de puentes. Animado porque he entendido rápidamente la definición de puente, estructura construida para cruzar un cauce (río, barranco, etcétera) o bien atravesar otra vía de comunicación, me he lanzado directamente a los párrafos siguientes. A los diez minutos ya tenía aprendida la lección de humildad que me correspondía. Eso de los pilares, estribos, cimientos, resulta que se completa con aspectos como la estabilidad, resistencia de materiales al desplazamiento y a la rotura, pretensados, protección catódica de materiales en medios marinos, flexión y compresión de arcos y armaduras, cargas dinámicas en tablero, arriostrados laterales o vientos... ¡Qué locura! Os lo juro, y ya podéis perdonar, se me ha acabado el cuento.
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11 nov 2016

Seres únicos y sin igual

El profesor explicaba lo que tocaba aquel día.
-No quiero aburrir a nadie, pero no tengo más remedio que admitir que todos tenemos cuatro abuelos, ocho bisabuelos y dieciséis tatarabuelos. Y no es cuestión de seguir recordando que procedemos de una red impresionante de antepasados que cruzaron sus genes hasta dar con un ser tan singular como el que habla con ustedes o como el que escucha ahora mismo.

Marcel Depres, un alumno de baja autoestima, se quedó encandilado con la idea y prestó oídos como nunca.
-Cada uno de nosotros somos el resultado de una combinación de educación, genética y factores sociales que moldean nuestra personalidad.
El alumno de baja autoestima entró en alarma, porque el tercer factor le rompía sus expectativas.
-Por ejemplo, si uno de ustedes crece en un ambiente sin afectos será probablemente un introvertido, si por el contrario se siente valorado llegará probablemente, repito, a ser un adulto seguro de sí mismo.
 
El alumno encandilado empezó a sentirse mal, aquello empezada a ser inquietante.
-Y si uno crece en ambiente familiar donde hay equilibrio, confianza, respeto, seguridad económica y emocional, llegará a tener una personalidad armónica mayor que si crece en un entorno familiar lleno de desavenencias, inseguridad económica y relación insatisfactoria.
Aquello era demoledor. El alumno atento se perdió en el pozo oscuro de sus pensamientos, aunque alcanzó a oír aún algo más.
-También influye en la conformación de la personalidad la escolarización, la comunidad social en la que se crece que nos proyecta una imagen de nosotros mismos que nos acompañará toda la vida. 
Y en aquel preciso momento, Marcel Depres desconectó ya del todo, perdido en el sumidero de sus pensamientos más tenebrosos. Su compañeros no entendieron por qué el compañero más torpe de la clase se pasó toda la tarde borracho.
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7 sept 2016

Sobre las certezas personales

Que yo sepa, decía, yo soy un buen tipo. Y a partir de aquella afirmación no quería darle muchas vueltas a las críticas, creía que razonables, aunque desatinadas, de su mujer, ni de las quejas de su madre, ni de las protestas de sus hijos, ni de las reivindicaciones de sus empleados, pero, se preguntaba, ¿porqué se me vitupera pública y privadamente?
En aquel preciso momento elevó los ojos al cielo y vio como una nube colgada en lo alto tomaba forma dibujando un interrogante perfecto. Entendió que el mismo cosmos era quien le hablaba. Y así es como, por fin, empezó a dudar de sus firmezas, de sus convicciones más profundas, de sus ideas. 
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13 jun 2016

Beneficios de la literatura

Desde la página 5 del libro que estoy leyendo aparece mi nombre y apellido, tal cual. Al principio me ha impactado mucho y hasta me he sentido molesto. Pero en cuanto he avanzado en la lectura, he encontrado un personaje muy humano que sabe moverse por la vida con alegría y nervio. Esto me ha tranquilizado mucho y he decidido no reclamar nada a la autora. Es más, voy a recomendar su lectura a todos mis amigos y conocidos, porque voy a quedar, eso creo, muy bien. Incluso, estoy tentado de incorporarlo a mi curriculum vitae, que algún efecto positivo producirá.
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1 abr 2016

Juego de roles


A media mañana la gentes del lugar se juntan en el manantial de la aldea para llenar sus cantinas y bidones. Todos son vecinos y todos carecen de agua potable en casa, por lo que acuden diariamente al abastecimiento. Hay curiosos personajes.
Esteban Lua es el encargado de mantener el orden y buen uso del manantial, por eso lleva una gorra con el anagrama de la aldea y sopla un silbato para marcar los tiempos de aprovisionamiento. Está orgulloso de ser la autoridad y hace uso de ella para atizar bastonazos a discreción en los altercados que suele haber.
Eulalia Sinde exhibe un embarazo evidente. Está orgullosa de su nuevo estatus de casada y de madre en breve, y parece convencida de que alrededor de su cabeza luce un aura que le abre todas las puertas, incluso le facilita el llenado de un cántaro que todos le ayudan a colocar en la cabeza.
Rael es un niño mendigo que malvive de dar pena. Sabe que es lo más inteligente que puede hacer, suscitar la piedad entre sus convecinos, así que hace cola en actitud humilde, espera su turno y carga un pesado bidón con el que podrá conseguir un plato de comida cuando realice el trueque con una anciana del lugar.
El señor Hermes se sienta plácido a la sombra del árbol que él mismo plantó en su juventud. El ayudó a abrir el pozo, preparó el brocal y él mismo en persona colocó la polea que aún siguen usando. Cada vez que alguien hace asomar el balde lleno de agua, el abuelo Hermes se siente orgulloso. Él trajo el progreso a la comunidad.
Sony Butama es el enfermero del lugar. Él es el responsable de garantizar la potabilidad del agua y él es el que ha conseguido colocar un dosificador de cloro en la pared interior del pozo. Le costó mucho convencer al intendente y, precisamente por eso, está eufórico por su aportación a la comunidad.
La señora Paula Par es una gran conversadora y siempre resulta entretenido estar en la cola cerca de ella, por sus comentarios amenos y su buen humor. Ella también está muy satisfecha de su personalidad y disfruta mucho en el ir y venir a por agua.
Hasta el perro de Esteban Lua está contento, pues cumple muy bien el mandato de ahuyentar a todo animal de cuatro patas que confunde el pozo con el abrevadero que han ubicado a unos metros. Los visitantes del pozo se lo agradecen y le dispensan buen trato.
Como se ve es un pozo especial, tan singular que hasta él mismo es consciente de su peso en la comunidad. Por eso hace esfuerzos por atraer todo el líquido que circula por la capa freática circundante y dejar satisfechos a todos sus clientes. Si pudiera hablar pediría al intendente que colocara un rótulo que ensalzara su papel en la comunidad, por ejemplo, que dijera algo así como “Pozo de la Satisfacción”.
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19 dic 2014

Autocompasión


Se llevó un buen susto cuando descubrió que su cuerpo no arrastraba sombra alguna. 
-¿Estoy muerto? ¿Soy invisible? ¿Existo? -se preguntó.
Y lloró de pena al ver que no le acompañaba ni siquiera su reflejo.
-Hasta el sol, que no escatima rayos con nada ni con nadie, me ignora... -decía compungido.
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8 dic 2014

Realismo plebeyo

El marqués y su consorte dormían en habitaciones separadas, atendido cada uno de ellos por su asistente de confianza. Pero una vez al mes hacían una excepción. Don Alfonso del Tálamo abandonaba su habitación, embutido en un caduco traje de cuero negro y armado de un látigo que hacía restallar a su paso, y pasaba la noche con doña Inés del Cortijo Real. Al amanecer, con la vestimenta desordenada, regresaba a sus aposentos donde el asistente atendía sus confidencias y le ayudaba a recomponer la figura y el ánimo.
-Anselmo -le decía a su ayudante-, la marquesa es una fiera.
-Sí, señor marqués -siempre se ha rumoreado que usted es un gran amante.
-El que tuvo, retuvo, Anselmo, cuéntalo a la servidumbre.
-Sí señor marqués, así lo haré.
Y de inmediato reunía a las 15 personas del servicio y...
-Síganle la broma -aconsejaba-. A sus 96 años necesita motivos para vivir. Si no -les advertía-, perderemos la colocación.
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11 jul 2014

Autoestima, que no falte ni en la cárcel

-Todos debemos tener un concepto positivo de uno mismo, sabemos que en algunas cosas somos buenos, que valemos de verdad para algo... -explicaba un experto en técnicas de autoayuda a los penados reunidos en el aula de la penitenciaría de Carabanchel.
-Te confieso un secreto -se sinceraba un colega que llevaba en prisión 8 años y aún debía rendir unos años más de condena-. Yo mismo quise ser policía, creo que valgo para eso.
-Pues yo -replicaba un compañero, manco por más señas de ambas manos- puedo llegar a ser un buen torero.
-Y yo -añadía un tercero, condenado por asesinar y descuartizar a sus víctimas- creo que valgo para ser un gran cirujano.
-Calléisos tos -contaba un cuarto reo acusado de quemar librerías-, que en to er mundo naide escribiría mejor que el mua.

El educador sintió un escalofrío de orgullo recorriéndole la espina dorsal. Estaba consiguiendo su objetivo de reinsertar a aquellas gentes. Por lo menos ya se habían atrevido a trepar por el primer peldaño de la redención: creer en ellos mismos.
-Pues yo -dijo un hombretón detenido por reiterados delitos contra la propiedad con resultado de lesiones en numerosas ocasiones-. Yo, cuando salga del trullo voy a ser ladrón de guante blanco, que eso de atracar viejas no es para mí. Para eso me estoy preparando aquí con “El Dandy”..
Esta vez el educador sintió un vértigo especial. De nuevo comenzó a dudar de su capacitación para aquel trabajo. Y lo acabó de rematar el manco.
-Yo intentaré probar como ladrón de bancos -y sonrió-. Nunca encontrarán las huellas dactilares...
El educador bebió un largo trago de agua, cerró los ojos para respirar hondo y reunió energías para pasar al siguiente ejercicio. Y sintió un intenso ataque de ansiedad al ver su título: “Seguridad en uno mismo, clave de éxito”.

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7 mar 2014

Hombre en apuros

Justiniano del Real tenía un acendrado sentido del deber, tanto que jamás incumplió ninguno de sus compromisos, ya fueran verbales o escritos, nunca faltó a sus obligaciones ciudadanas y ni tan siquiera se saltó un semáforo o cruzó la vía pública por donde no estuviera marcado.
-La ley cumplida hace buenas las sociedades -solía decir.

Ayer fue su entierro. Falleció en un incendio ocurrido en su apartamento, digamos que por ser fiel cumplidor de normas. La escalera que le tendieron los bomberos para que descendiera desde su ventana llevaba un texto con instrucciones que se entretuvo tanto tiempo en leer que una llamarada traidora lo calcinó en un instante. Era tan ortodoxo que no le dio tiempo a cumplir con lo prescrito, ya que se atascó en la interpretación de una consigna que rezaba así: “Por su seguridad al subir o bajar, mantener en todo momento tres puntos en contacto con la escalera: dos manos y un pie o dos pies y una mano”.
Demasiado largo y exigente para un hombre en apuros, para Justiniano del Real.
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16 sept 2013

Pedigrí

Olvidó pronto que su madre seguía en la aldea malviviendo con los escasos recursos que poseía, ni que ella pertenecía a la clase social más pobre del país. Pero se dejaba acariciar por la idea de ascender socialmente en aquel balneario en el que trataba con gente importante. Era no más que una camarera de tercera planta. Primero empezó por mejorar su vestuario, en el que invirtió gran parte de sus ganancias, luego trató de imitar el lenguaje de aquella gente envidiada, más tarde se esforzó en frecuentar ambientes de postín, empaparse de sus temas de conversación, repetir sus formalismos, en fin, consiguió ser una mala copia de una burguesa. Al tiempo, se distanció de la gente de su mismo origen, olvidó las visitas a su anciana madre, a sus amigos de infancia...
Su desarraigo alcanzó una cota notable, hasta el punto de no ser aceptada con naturalidad en ninguno de los grupos a los que se acercaba. Consumió la última parte de su vida consolada por sus dos grandes amigos: el gato Mefistos y la perra de aguas Ariadna, estos sí, envidiados por su alto pedigrí gatuno y canino.
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