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4 sept 2026

Getas

En la cola del supermercado se acercó un hombre nervioso que nos explicó a unos cuantos clientes que tenía prisa, que su madre mayor estaba sola en casa... ¿Me dejan pasar adelante? Permiso concedido. Llevaba unas cervezas y comida precocinada. Son muy amables, nos dijo y salió corriendo. De camino a casa me lo encontré tomando un vermú con una mujer en una terraza. Levantando la bolsa de mi compra y muy sonriente le dije que saludara de mi parte a su madre. El idiota de él agradeció mi buen humor.
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31 ago 2026

Árbol familiar

Cuando era niño vi cómo se secaba un cerezo que los abuelos tenían en la entrada de la casa de pescadores donde vivían. Ocupaba un hueco pegado al tejado y servía de garaje para la camioneta. A todos nos dio mucha pena y nos despedimos de él como si fuera uno más de la familia. Cuando volvimos en navidades nos llevamos una sorpresa. Allí seguía el tronco seco y sus ramas limpias pintadas de esos colores que los pescadores dan a sus embarcaciones, un rojo escarlata que nos enamoró. La abuela colgaba la ropa a secar bajo su inexistente sombra y ya se convirtió de nuevo en uno más. Pasó el tiempo, murieron los abuelos, heredamos la casa y hoy es el día que el propietario soy yo, que sigo admirando al difunto cerezo como un miembro imprescindible en la familia y una referencia fotográfica para todos los paseantes del nuevo paseo marítimo del pueblo. Yo golpeo su tronco con los nudillos y compruebo que sigue vigoroso y con ganas de no morirse del todo. Para más sorpresas, la municipalidad me ha pedido permiso para colgar adornos navideños para fin de año, ya que es muy vistoso y gustará a los convecinos. Yo les he dicho que sí, siempre que sea compatible con el contrato de explotación que estoy a punto de firmar con un megaempresario que manda cohetes al espacio y que lo quiere utilizar como imagen de marca. Se han quedado boquiabiertos. Yo me he muerto de risa y les he avisado. Es broma, pero no lo descarto, eso puede ocurrir. Cómo se reirían mis abuelos si vieran lo querido que es nuestro cerezo, ja, ja, ja.
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28 ago 2026

Precursor olvidado

Cuentan que Noé atracó su arca flotante sin quererlo, dado que las aguas descendieron y no le quedó más remedio. Allí soltó a todos sus animales y se repartieron por el mundo dejando al bueno de Noé sin ocupación. Total, que no le quedó más remedio que cultivar la tierra que era la posibilidad laboral más a mano que tenía. Y metido en estas lides, aprendió a hacer zumo de uva, con el que se deleitaba él y, por supuesto, toda la familia. Pero ¿qué pasó un día? Pues que tuvo excedente de producción y dejó olvidada una tinaja con el jugoso líquido. Y pasó algo que no sabía. Ocurrió que tras dos semanas el zumo fermentó, se posaron en el fondo los pellejos y otras impurezas y quedó un líquido claro y de color rojo profundo que se dejaba beber más que bien, tanto que se emborrachó quedándose profundamente dormido y, lo que es peor, desnudo. Algo que avergonzó a todos los hijos, menos a uno que fue con el cuento y la mofa por ahí y resultó ser el malo de la historia. No sigo con el resto del relato bíblico, que me quiero centrar en el ninguneo de este buen hombre. Hay que reconocer que Noé descubrió el vino, algo que la humanidad ha sabido agradecer, aun no sabiendo quién fue el autor. Va por él.
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26 ago 2026

Estupefacto

Concertó una cita, bien cara, por cierto, con un adivino que le asó a preguntas. Que si usted cómo se llama, que dónde trabaja, qué ingresos tiene, cómo va de salud, si piensa hacer un viaje, cómo es su núcleo familiar, que... Aquel interrogatorio le llevó a dudar al cliente de las dotes de adivino de aquel señor tan preguntón. Y más cuando se percató de que no paraba de teclear en su portátil, tanto que no se cortó a la hora de preguntarle. ¿No estará usted consultando a la IA? ¿Usted también es adivino? Lo ha clavado.
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21 ago 2026

Rodeado de sospechosos

Viajaba en el tren en un trayecto largo de esos que dan para charlar con otros pasajeros, mirar el paisaje, tomarse un tentempié e incluso dormir. Dormir, eso es lo que me pasó. Cerré los ojos y no sé el tiempo que estuve totalmente perdido en los brazos de Morfeo. Al despertar vi que algunos me estaban imitando, otros seguían en vela impasibles. De pronto me entró una angustia al comprobar que no tenía el móvil. Registré mis bolsillos, miré en el suelo, en mi asiento y no lo hallé. Me lo han robado, pensé. Escruté la cara de todos y todos se convirtieron en sospechosos, en todos vi indicios de la autoría, a todos odié y temí, de todos hice hipótesis que les incriminaban. Al poco noté un sonido suave y familiar que siguió in crescendo. El corazón me dio un vuelco y la sensación de alivio ocupó mi mente. Palpé uno de los bolsillos de mi chaqueta que no había revisado antes y allí, efectivamente allí, estaba el causante de mi zozobra. Otra sensación empezó a dominarme. Me sentí un miserable.

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17 ago 2026

A veces triunfa la verdad

Lucía fue injustamente acusada de robar. Frecuentemente faltaban cosas en las mochilas de sus amigas y toda la clase se puso en guardia. La maestra habló de registrar las mochilas al salir y aquello parece que se calmó. No obstante, las sospechas circulaban de boca en boca y, sin pruebas, comenzó a rodar la acusación infundada de que había sido ella. Nada se puede hacer para demostrar mi inocencia, lloraba en casa la niña. ¿Cómo que no?, protestó la madre. Mañana iré yo a aclararlo con la maestra. Y así lo hizo. Ambas admitieron que a niña lo negaba todo, que sufría por ello y ambas la apoyaron, pero más no se puedo hacer. Así que Lucía vivió siempre con ese sambenito. Pasaron los años y vida siguió dando vueltas, pero en una fiesta donde la desinhibición campa a sus anchas una antigua compañera le desveló entre risas que la ladrona era ella, que eso eran cosas de crías, que no tenía importancia. Lucía se quedó atónita y solo acertó a tirarle a la cara todo el vaso de cerveza que tenía entre manos. Qué rencorosa eres, oyó que le decían. Te estoy pidiendo perdón. Días más tarde en una red, que visitaban la mayoría de excompañeras de estudios de las citadas, apareció una entrada que decía: Mirad a Lucía con otros ojos, ella no fue la ladrona en 6º de Primaria, fue Araceli, repito, A-ra-ce-li. Se lo confesé yo misma hace unos días. Yo solo quiero quitarme de encima un peso que he llevado en los últimos 10 años. Desde hoy, por favor y por honradez, miradla con otros ojos. Ella se lo merece.
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10 ago 2026

Idiotas morales

Simón se acercó enojado. Machuca, hoy me he cruzado con un idiota moral de cuerpo entero. Explica, explica. Nada, el típico individuo que no sabe distinguir entre el bien y el mal, que convierte cualquier cabronada en una anécdota intrascendente, que cuenta sus fechorías como gracias para luego reírse y presumir delante de sus amigos, que hace oídos sordos a las penas ajen... Pero, Machuca interrumpió para poder entender algo, ¿qué te ha pasado? Que me han robado las chancletas. El amigo del alma no aguantó la risa, aunque sabía que iba a aumentar su enfado. ¿Dónde? Mira he estado en la piscina haciendo unos largos y, cuando he salido, ¡no estaban! O sea, te han robado. Eso mismo. Y ¿qué has hecho! Dos cosas, mirar a todo el mundo a los pies durante media hora e ir a protestar. ¿Resultado? Nulo. ¿Valían mucho? ¡Qué va! ¿Cuánto? Ni 5 cervezas. Ya, tú siempre recurres a la moneda de cambio internacional, comentaba entre risas Machuca. Pues he ido descalzo hasta el vestuario y las duchas, exponiéndome a infección de hongos. No creo, hoy no hay quien se te acerque. ¿Eran nuevas? Del siglo pasado. Pues ya es hora de que cambies, cómprate unas de color fucsia, nadie se atreverá. La mirada de Simón fue fulminante y dio por cerrada la conversación con la imprecación de las grandes ocasiones. ¡Mecagüën los imbéciles morales!

31 jul 2026

Pocos ven cuándo llega el momento de envejecer

Al pie de la obra un peón, a todas luces emigrante recién llegado, escuchaba órdenes de un veterano albañil. Sube tú estas cosas al piso cuarto, que eres joven. El chaval inició el ascenso por el andamio, dejando un comentario estimulante para su compañero. Tú viejo no, tú tienes mucha correa. Ya, le respondió el otro; yo ya soy viejo y estoy jugando la prórroga.
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6 jul 2026

Musas que no faltan

Cuando era niña su madre le leía cuentos al acostarse. Los fines de semana su padre, sentado en la cama, le contaba unas historias que él mismo inventaba. La madre, escritora aficionada, no se explicaba la súbita creatividad del marido. ¿Cómo tienes tanta imaginación? Es innato, sonreía él encogiendo los hombros. Pero no tardó en saberse la verdad, En el ordenador de casa apareció un día el historial de búsquedas en la IA. Allí estaba el cuerpo del delito.
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1 jul 2026

Concurso de talentos infantiles

Señoras y señores, amable público. Ante ustedes el hijo del carpintero. (Se oyó una salva de aplausos. Acto seguido, en medio de una música ruidosa, un niño serró una tabla de pino dándole forma de pájaro carpintero, se entiende el porqué, ¿no?). Aplaudan, señoras y señores, aplaudan. Tenemos un artista. Aquí hay talento. (Los aplausos sonaron largo rato).

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29 jun 2026

Encima era camarero en el bar de enfrente

El éxito editorial llegó a la vida de aquel hombre discreto que tardó tantos años en publicar su primera novela. Y se extendió en las redes, porque un amigo se la convirtió en podcast, otro en ebook y de postre en un libro de 5 x 8 pulgadas, en tapa blanda y papel crema. No le dio dinero, pero fama sí, porque pronto se hicieron eco los medios de aquellas historias tan bien contadas y divertidas. Hablaba con desapego de la vida, en un tono irónico y sugestivo que hizo que el boca a boca atrajera a otros muchos aficionados a la lectura. Pero llegó el momento más temido para aquel hombre discreto, su primera entrevista radiofónica. Pidió encarecidamente que no revelaran su nombre, que en la conversación usaran su alias y que no pidieran detalles sobre su vida. Pero tuvo, dicen, un desliz imperdonable. En un momento dado citó a modo de anécdota, que muchos de sus personajes se inspiraban en los clientes de la taberna Adelaida, donde él paraba a menudo. Las mentes morbosas pidieron a la IA que localizara el lugar y con dos detalles más sacados de la entrevista, pronto quedó casi, repito, casi desvelada la identidad del escritor. Y se montó un escándalo, porque muchos protestaron por invadir la vida privada de un hombre que había pedido lo contrario. Otros echaban le culpaban por su involuntaria indiscreción. Otros a la IA. Y así transcurrió el tiempo sin que se pudiera asegurar a ciencia cierta quién era el famoso autor. Este, mientras tanto en la acera de enfrente, se moría de risa  viendo el discurrir de la historia y escuchando la versión de sus parroquianos en la que, de verdad, era su taberna preferida, el Café “Averlasvenir”, así escrito, todo junto. ¡Hala!
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26 jun 2026

El día que llamaron maleducado al abuelo Simón

Llegó al bar, se aceró a la barra y esperó a que el camarero acabara la conversación con un cliente. De repente se dirigió a él con una sonrisa preguntándole qué deseaba. Un café cortado, dijo. El cliente de al lado se giró hacia él. ¿De dónde es usted? De aquí mismo. Y tuvo un subidón inesperado. “Buenos días, me sirve un café, por favor...”. Así es como se pide, le adoctrinó. Le miró de arriba abajo. ¿Y de dónde es usted? De Venezuela. ¡Huy! Allí son muy educados y amables, es cierto. Aquí no hay educación, aseguró el maestro inesperado. Aquí somos más secos, no usamos sus modales, pero educación no nos falta, no confunda. Y siguió hablando conteniendo la ira. Yo, por ejemplo, educadamente no he interrumpido su conversación y he esperado a que el camarero, que no me ha saludado a pesar de ser su compatriota, me haga la comanda. Se calló él. Pero no el abuelo Simón. Mire, yo no dejaría nunca encima del mostrador la gorra y la carpeta que ha dejado usted, está invadiendo un espacio de trabajo ajeno. Para mí eso es también educación. Se hizo el silencio. Aquel día, Machuca, te lo juro, no hice amigos.
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19 jun 2026

Mendigo con ideas

En mi barrio lleva tiempo instalado un mendigo que come, duerme y, en definitiva, vive en la calle. Acumula toda clase de trastos que lleva en un carro de supermercado y que cuida su perro. La gente le ayuda a vivir a su manera, aunque no hay forma de que cambie de rumbo. Ayer le oí hablar en alto y capté una frase desconcertante: “Las camas deberían tener amortiguadores”. Sic. Se lo conté por la tarde a mi amigo Simón. Y esto es lo que me dijo: “Para uno que duerme en el suelo esto se llama pensar en los demás”.
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15 jun 2026

Cuando se ama la naturaleza

El abuelo Juan subió con bastante agilidad al campanario a dar cuerda al viejo reloj de la torre. En las empinadas escaleras se topó con un nido rudimentario y un huevo blanco en medio. Fue una sorpresa. Miró a todos lados y no vio nada. Mientras subía las pesas que movían la maquinaria pensó qué hacer. Llamó a un centro próximo dedicado a recuperar fauna salvaje y expuso su caso. No pasa nada, le explicaron. Si sube una vez cada 10 días, el ave se acostumbrará. No la incomode. Además, le aleccionó. Las lechuzas son escasas, viven con una pareja toda la vida y si muere uno de los miembros, el otro acaba siguiendo el mismo camino. Vale, le haré caso, contestó el abuelo Juan. ¡Ay! Ha pasado más de un año y la historia ha sido otra. El huevo sigue abandonado en el mismo lugar, la lechuza apareció muerta una mañana de agosto y no hay rastro del otro congénere, ni siquiera las egagrópilas, esos restos de comida que regurgitan y abandonan en mitad del campanario. El abuelo lo cuenta con pena. Esta familia se acabó. Estaremos otra temporada sin estos visitantes tan enigmáticos. Ya pasó cuando enterramos a la Irene. Volteamos las campanas con tanta fuerza que tardaron 5 años en volver.
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29 may 2026

Topé con un sabio

Las maderas se dilatan siempre a lo ancho, las sintéticas a lo largo. Esto contaba el carpintero que vino a mi casa a recomponer un suelo de parquet flotante que estaba abombado. Mientras yo me rascaba la cabeza siguió explicando: La humedad, la condensación o el calor dilatan, la madera es un ser vivo que siempre se mueve. Dicho esto, fue directamente a una puerta que lindaba con la cocina, desatornilló la pletina del suelo y descubrió el cuerpo del delito: No había junta de dilatación y la madera empujaba sin piedad a las baldosas haciendo abombarse al resto de piezas del pasillo. Me miró como pidiéndome perdón por las chapuzas del gremio y liberó unos 15 mm de hueco. Luego saltó sobre las tablas abombadas y éstas volvieron dócilmente a su lugar, dejando la mitad del espacio para los agobios del calor o el frío. Ahora, me comentó aquel sabio que mucho sabía como se ve, el suelo podrá expandirse libremente sin levantarse. Le hice la ola.
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20 abr 2026

Procesiones de Semana Santa

La niña tenía poco más de 4 años, unos ojos que observaban todo y una mente bien aguda como quedará demostrado en las siguientes líneas. Los abuelos la llevaron de paseo a presenciar la procesión del Santo Cristo del Enredo y ella, ante aquella exhibición de tremendismo ya fue mentalmente protegida, que aquello no era ocasión de sufrir viendo un cuerpo marcado por los latigazos y abrumado por el peso de una cruz, semidesnudo y casi congelado. ¿Por qué cuento esto? Me lo chivó una de sus tías. Resulta que a poca distancia había otra niña, mayor que ella, hecha un mar de lágrimas. ¿Por qué llora?, preguntó. Es que, le respondió la abuela, va a morir Jesucristo. Enmudeció la niña curiosona, pero por poco tiempo, porque como el llanto de la otra arreciaba, quiso consolarla a gritos con una frase que en la familia se recordará mucho tiempo. ¡Oye, niña! ¡No llores que va a resucitar mañana!
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30 mar 2026

Sabiduría que da la vida

Ya he contado que doña Mercedes es una buena amiga con la que disfruto charlando. El otro día estuve celebrado su cumpleaños, 93 hizo, y pasamos un buen rato con sus recuerdos. Reconozco que Juan Badaya a menudo busca inspiración en ella. Tal es el caso de este texto, porque cuando nos despedimos me dio un consejo que cuento: “Disfruta, disfruta de la vida; de esta vida, que la otra son fantasías”. Fue una frase tan redonda que aún sigo dándole vueltas.
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23 mar 2026

Cuentos de otros

Foto archivo Gabriel García Márquez, Harry Ransom Center
Dicen que un escritor desesperado por no poder hacer a tiempo la entrega de su último trabajo, se acabó tirando por la ventana de un rascacielos. Cuentan que, mientras iba descendiendo, no dejó de mirar las ventanas de sus vecinos. Y cuentan, que vio tantas historias como para completar algún ensayo, por lo menos tres novelas y seguramente centenares de microrrelatos. Pero, si hemos de creer a Gabriel García Márquez, ya era tarde para hacerlo.

NOTA: Recreación del microcuento “El drama del desencantado” de García Márquez.
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20 mar 2026

Esta sociedad insulsa

Por la forma de moverse se notaban que eran jóvenes decididos y resueltos, gente con ganas de comerse el mundo y ser tenidos en consideración. Vestidos con traje y una mochila a la espalda, seguramente con un ordenador, conversaban animosamente seguramente sobre sus andanzas laborales. Daban toda la pinta de ser la generación que estaba a punto de tomar las riendas de la sociedad. Inspiraban confianza, a no ser por un detalle que no le pasó desapercibido al Abuelo Simón. Mira, Machuca, llevan una copa cada uno en la mano. Otros que no saben que están robando, comienzan con un trago en una taberna y acaban con la copa en Sebastopol, protestó el amigo. A estos individuos se les llama “idiotas morales”. Te lo he oído más veces. Sí. Son los que no saben distinguir entre el bien y el mal, los bobos que no piensan en el impacto de sus acciones en los demás... Te veo muy duro. Ya, Machuca, se empieza por no pensar en el perjuicio que causan al tabernero y acaban haciendo lo mismo cuando están en cargos políticos y empresariales. En aquel momento uno de los aludidos depositó la copa en un banco, con delicadeza para evitar que se rompiera. Al acercarse los dos amigos no pudieron dejar de mirar la inscripción en el cristal. Mira de quién es, de Galarza, exclamó Machuca sonriente. El Abuelo Simón la tomó en sus manos y metió en una bolsa de plástico donde llevaba las compras. A la vuelta se la llevamos. ¿Sin fregar? Entera, que no es poco.
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18 mar 2026

A buscar amigos

Juanito había encontrado un amigo de su edad donde menos se lo esperaba, en el pozo artesiano de la aldea. Todos los días se acercaba al brocal y entablaba conversación con él. Le gustaba cómo reía y gesticulaba, aunque no le hablara. Debe ser mudo, como Antoñito, el hijo de Esmeralda, se decía. Cada vez que alguien se acercaba a por agua le avisaba. Escóndete, que te van a ver. Cuando se iban le llamaba y de nuevo reanudaban sus juegos. Tuvo un disgusto un día de verano, cuando el pozo se secó y se lo contó a su madre. Esta se percató de la ensoñación y se lo contó al cura y al boticario. Uno le aconsejó rezar y dejar limosnas Santa Dimpna, patrona de las personas que sufren enfermedades mentales y cuya vida, por cierto, merece un relato aparte. El otro, con más sentido común, le pidió al alcalde que pusiera un espejo en la parte superior del pozo, capaz de reflejar luz del sol en el fondo de la lámina de agua. Así se rompió el hechizo y el niño, sin entender nada, se quedó sin amigo. Anda, juega con Antoñito, le aconsejaba la madre. El niño se marchó enfurruñado y ya no le contó a nadie más que los días nublados su amigo venía al pozo a saludar a Juanito. Bueno, sí, se lo contó a Antoñito, que ése no se chivaba de nada.
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