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11 mar 2015

Historia del viudo de traje gris marengo

Se casó con una mujer que él eligió, siguiendo los impulsos de su corazón, pero al poco empezó a notar en ella una preocupante relación con el alcohol que, con el tiempo llegó a ser alarmante.
Acuciado por el problema trató de buscar consejo. Y de primeras acudió a casa de la madre de ella para ver el modo de enderezar la situación. Llamó a la puerta y tras un buen rato le abrió una mujer de cabellos desordenados, y a todas luces ebria, que a duras penas mantenía un orden mínimo en la casa. Descorazonado salió a la calle y contó sus penas al primero que encontró, un viejecito del barrio que reposaba a la sombra de un árbol. Tras escuchar sus cuitas en silencio, el anciano zanjó el tema con una sentencia que descompuso aún más a nuestro amigo y le dejó sin palabras.
-Ninguna cabra ha parido cordero.
Y se marchó desconsolado, hasta hoy.
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9 mar 2015

Tomasín

Era un borracho simpático que frecuentaba las tabernas del lugar, siguiendo un orden riguroso y ordenado que hizo que contara con el aprecio y comprensión de muchos parroquianos y taberneros. Pero llegó el día en el que tuvo que enfrentarse a la realidad haciendo frente a su tremenda dependencia y acudió a la nunca bien ponderada Asociación de Alcohólicos Anónimos, donde encontró apoyo, fuerzas y razones para sobrevivir a su adicción notoria. Pero no dejó de visitar a sus mejores amigos, los taberneros con los que compartía miles de confidencias.

-Jesus Mari -le contaba a uno de sus mejores cómplices-, que yo soy borracho de vocación es sabido por todo el mundo, ¿no?
-Bueno -le replicaba su amigo tras la barra del bar, mientras le servía un refresco de limón que le había costado encontrar en los estantes.
-Pues menuda sorpresa en la primera reunión -le explicaba levantando el dedo índice al modo en que Cicerón lo hacía en el foro romano-. Allí estaban los que menos te podías esperar...
-¿?
--Mi vecino del 5º, el sacristán, el director jubilado del banco, aquel calvo que aporreaba el tambor en las procesiones de Semana Santa, el monitor del polideportivo, el estanquero...
-Bueno, bueno, que tienes que ser discreto como en el secreto de confesión -le cortó Jesús Mari, preocupado por lo que parecía ya una nueva plaga bíblica.
-Parece que son clientes tuyos...
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2 oct 2013

Exquisito veneno

Dos caracoles apesadumbrados por las fatigas que les ocasionaba la vida salieron una noche a disfrutar con desenfreno.
-Hay que beber para olvidar -decía el uno.
-¡Que la vida es corta, amigo! -le argumentaba el otro.
Tomaron una vía rápida, lisa y húmeda, para llegar cuanto antes al lechugal más cercano que, ¡oh casualidad!, era el del abuelo Simón, un buen hortelano caracterizado por el respeto a la vida animal inocua y de muy mal genio para la fauna que mermaba sus hortalizas. 
-Es de noche, estará durmiendo -dijo el uno.
-Ya le oigo roncar, tranquilo -dijo el otro.
Se acercaron con sigilo y se apostaron junto a un canal construido en el perímetro de la huerta en el que reposaba un líquido brillante y espumoso que ellos sorbieron lenta y plácidamente, alternando con suspiros de placer. Al poco volvieron las grupas y rehicieron el camino a la inversa con más eses que si les hubiera guiado una culebra.
-Cada vez nos pone cerveza de mejor calidad -decía el uno con las antenas ya fláccidas.
-Es que el abuelo Simón es un benefactor de la fauna –contestaba el otro que iba tanteando con la única antena medio enhiesta que le quedaba el rastro del compañero.
-Me encantan, ¡glup!, las trampas para caracoles -decía el uno.
-El abuelo Simón es un hombre, ¡glup!, adelantado para sus tiempos -replicaba el otro.
-Pero nosotros no somos menos, ¡glup! -se explicaba el uno- que sabemos beber en su justa medida.
-Te estás poniendo negro -le dijo sorprendido el otro al uno.
-¡Joder!, ¡glup! Ya nos ha vuelto a poner cerveza negra -contestó el uno antes de quedarse dormido debajo de una hoja gigante de calabaza.
Su amigo solidario se acostó a su lado, bien pegadito a su cascarón, para darse calor mutuamente y hacer así mejor la digestión del exquisito veneno que les preparaba su benefactor.
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14 feb 2013

Triste hombre triste

-¿Qué se puede esperar de un hombre que bebe cerveza sin parar en un rincón de la barra del bar y que mantiene una mirada tan opaca que llega hasta el fin del universo sin detenerse en nadie que esté a su alrededor?
-Nada, nada que se precie. Está deliberadamente buscando emborracharse para superar sus penas que son suyas propias, insuperables e intransferibles. ¡Ihup!
-Y mañana, ¿qué será de él? ¿En qué pensará al levantarse? ¿Qué...?
-En la puta y triste vida que lleva. Seguro que tiene un conflicto laboral o matrimonial o paterno-filial o financiero o... ¡Ihup, ihup!
-¡Joder, pues lo tiene crudo como no lo resuelva pronto!
-Eso digo yo, que está jodido, que mañana estará en la puta calle buscando cartones para dormir a la entemperie... ¡Ihup, ihup...!
-Querrás decir a la intemperie, ¿no?
-Hala deja de hablar de mí, camarera chismosa... ¡Ihup!
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22 ene 2013

Nunca segundas partes fueron buenas


Tanta virtud encerraba algún secreto. Era...
Un hombre fiel. Jamás cambió de bar ni de bebida.
Y leal. Tampoco cambió de marca.
Puntual y honesto. Cumplía el horario de apertura y cierre.
Noble y legal. Siempre pagaba e, incluso, invitaba.
También perseverante y entrañable. 
Murió alcoholizado, fundidas sus entrañas.

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20 ene 2013

De mayorg


Espero serg escritorr, aunque anteg tengo que dejarr de beberr.


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