Sabe
que ella es la jefa del grupo de narcotraficantes, que recoge el
género y que se vale de un grupito de camellos que la distribuye por
el barrio. Ella no da la cara, siempre se escuda en sus subalternos.
Además, siempre está rodeada de sus cuatro niños que lleva en un
carrito o corretean a su alrededor. El comisario, Severo del Dedo
Blando sabe que cuenta con sobradas pruebas para detenerla y llevarla
ante el juez, pero no lo hace, se le parte el alma cuando ve cómo
cuida a su prole y piensa en lo desamparados que quedarían los
pequeños si lo hace. Está en un dilema. Así lleva meses, sin
decidirse. Pero un día, sin embargo, el escenario de piedad y
delincuencia se acaba. Otro comisario, Justo Duro y Firme, lo hace
rompiendo los planes de Severo del Dedo Blando. Éste pide
explicaciones, hace ver la situación delicada en la que quedan los
pequeños y afea el proceder del compañero. No hay discusión.
¿Sabes? dice el uno al otro en ese lenguaje tan directo de los
policías duros e implacables que abundan en el cine y en la
literatura. Es muy guapa, quiero conocerla más de cerca en
comisaría. Pero... ¡Y mando yo, punto pelota! A Severo del Dedo
Blando sólo le quedaron ganas para llamar al Servicio de Atención
al Menor e informar de la situación creada.
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