Tampoco
hoy encontré trabajo en la ciudad. Soy damasquinador, como mi padre,
abuelo y más antepasados. Soy capaz de incrustar hilos de metales
preciosos en otros metales con una maestría insuperable. Pero hoy
día nadie aprecia este arte, no hay demanda. Mi hijo, que es más
listo que yo, es tatuador profesional. Por lo menos, dice, este
oficio se parece al tuyo. Triste consuelo. No me veo yo incrustando
hilos de oro en la piel de cualquiera. ¿O sí?
NOTA: Texto presentado , el 28-9-19, en la XII Edición de Relatos en Cadena, concurso de microrrelatos de la Cadena Ser, cuya condición de inicio es dar comienzo al relato con la última frase o fragmento del cuento ganador de la semana anterior.
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