Cuentan las crónicas que hay un país donde se ama el fútbol con locura y viven cada victoria de su equipo nacional con una pasión inusitada. Los dirigentes políticos lo agradecen, porque así sobrellevan mejor las penurias de la vida que ellos no pueden evitar y hacen posible alcanzar el éxtasis que hace que todo lo malo se olvide. Los intelectuales, del mismo país por supuesto, analizan el caso concienzudamente y llegan a una conclusión. Eso no es una alienación que les aleje de la cordura, la conciencia o el equilibrio mental. Es, por el contrario, una forma de adaptación evolutiva que permite al individuo encajar ventajosamente con el medio. No se diga más.
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