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17 feb 2023

Odio al arte

Aquel visitante de museos era un disconforme y un contestatario. No estaba de acuerdo con el culto que se rinde al arte, ni con la admiración devota que se tiene a las obras en sí. Y pensaba que merecían un poco de falta de respeto. Dicho y hecho. Burlaba la vigilancia de los cuidadores de sala, de las cámaras de seguridad y siempre colocaba algo irreverente en las obras. Que si un papelito entre los dedos de una estatua, que si un estornudo enfrente a un cuadro, que si mover una pieza de una instalación de arte efímero, que si tocar con sus dedos un lienzo... Alguna vez le llamaron la atención por acercarse demasiado, pero siempre se disculpaba educada e hipócritamente. Finalmente, en un museo saltó la alarma y pusieron en marcha su equipo de seguridad. Y acabó saliendo en todos los periódicos la noticia de que había sido identificado y denunciado un vándalo que profanaba obras de arte, dejando algo impropio en ellas. Como muestra, presentaban la prueba del delito: Todo fue que encontraron muestras biológicas esparcidas en las salas, en concreto, un moco, con perdón, que encontraron pegado en el culo del discóbolo de Mirón y cuyo ADN permitió identificar al desconsiderado individuo. 

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26 feb 2021

El águila calva

Me cuenta el abuelo Simón que hace poco estuvo viendo una exposición de Lee Krasner, una mujer pionera en la pintura del llamado expresionismo abstracto norteamericano de principios del S. XX. Dicen, que alguien con nombre y apellidos y, por supuesto, buena intención, dijo de ella que su pintura era tan buena que nunca diría que lo hacía una mujer. Pues no se lo tomó como un piropo, me comenta mi interlocutor, tanto que ella misma lo contaba con sorna y pizca de decepción. Y como su amigo, el tío Machuca, ya empezaba a pasar de la disertación de su amigo, éste varió el guión. ¿Sabes qué te quiero contar? Obviamente dije que no. Me impresionó mucho el cuadro titulado "Águila calva". ¿Por qué? Mira, me enteré que esta mujer hizo una serie de dibujos en blanco y negro que colgó en las paredes de su estudio. Pero le acabaron disgustando y los rompió arrojándolos al suelo. Era mujer de ideas claras, ¿eh? Eso parece. Pues resulta que al cabo de unas semanas regresó al taller y se encontró con la inspiración. Miró los restos de su obra diseminados por el suelo y vio "algo". Tomó 12 cuadros presentados en una exposición anterior, aunque celebrados no vendidos, los hizo trizas y con los restos montó collages, uno de los cuales fue su famoso y celebrado cuadro de "El águila calva". Ya, enfaticé yo, dando a entender que entendía el proceso y el resultado. El tío Machuca, sin embargo, se mostraba incrédulo. Pero ¿se visiona en el lienzo un águila? ¡Qué va! Era un collage endiablado, pero te juro que anteriormente debió ser un águila calva, lo que pasa es que ahora los trozos estaban dispuestos en otro orden. Ya, dijo entonces su amigo. Y ¿volaba? Vete al carajo. Estamos hablando de pintura abstracta, no figurativa. Ya, ya, dijimos los dos. El abuelo Simón nos dirigió una mirada pelín airada y cerró el diálogo con una conclusión. Reconoceréis por lo menos que era una mujer con inspiración y arrestos, ¿no? Y méritos sobrados, añadí yo. Sí, sí, corroboró el tío Machuca sin titubear. Lee Krasner, recordó el abuelo Simón, era su nombre, no lo olvidéis.

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24 ene 2020

Admirar el arte


El profesor de arte trata de explicar que en la época de Rubens el erotismo existía, que aquellas insinuantes pinturas que él colgaba en los palacios de las cortes europeas eran capaces de provocar emociones entre el público o que la imaginación se desatara por encima de los límites de la moral establecida. Aquellos cuerpos exuberantes de féminas eran todo un placer para la vista en las grandes mansiones de aquella sociedad barroca. Los alumnos del posgrado que le escuchan, es un decir, comprueban en sus pantallas, obras de Rubens y miran con indiferencia y displicencia las escenas. Esto no pone, comenta uno. Será bonito, pero es viejuno, se queja el otro. ¡Puaf! Las tías que posan son gordis, protesta una chica. El profe se rinde. Estos chicos tienen demasiada información sobre el cuerpo humano para que esto les resulte atractivo, creo que tengo que explicárselo de otra manera. Y sin pensarlo dos veces se arranca. ¿Sabéis que Pedro Pablo Rubens fue uno de los primeros de entender el mercado del arte? Fue un emprendedor exitoso. Muchas cabezas se levantan y comienzan a mostrar más interés. Ellos están allí para aprender, para triunfar. El experimentado profesor acaba de captar su atención. Y prosigue. Pedro Pablo Rubens encontró una forma de explotar el arte sacando al mercado lo que más gustaba entonces, pero, recalca, de un modo revolucionario. Montó un taller o factoría de cuadros que trabajaba en cadena. En el mundo hay 3.000 obras con su firma, nada menos. Para aquel momento del discurso ya todas las cabezas estan alzadas, los oídos prestos y los ojos clavados en la imagen que aparece en el power point: Las tres Gracias. Este cuadro es el más icónico del autor, lo compró, después de morir el artista, nada menos que Felipe IV, un fan del pintor. Hoy está en el Museo de El Prado. El alumnado ya no critica las gorduras de las damas, está cautivado por el olfato comercial del autor. Está claro que les gusta el dinero. 
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2 ene 2019

Culto a la belleza

Era un escultor tan bueno que creaba obras de un hiperrealismo colosal. Fue consciente de ello el día que tuvo que llamar a la ambulancia para que atendieran a su modelo. La pobre tenía clavado un escoplo en una cadera. Quise hacer más esbelta su figura, explicó a los sanitarios.


NOTA: Publicado el 2-01-2019 en Cincuenta Palabras, blog que edita relatos de exactamente 50 palabras
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14 feb 2018

Toma castaña

Confieso que soy amigo de visitar museos. El otro día, sin ir más lejos, estuve en una visita guiada en la que me hablaban sin cesar sobre el hiperrealismo de Tony De Wolf, una pintora nacida en 1961 en Amberes. Un lienzo en particular me llamó la atención: Mandarinas y vaso de cristal sobre mesa con mantel azul. Vamos, un título que muestra la distancia en esmerarse en la pintura y pasar de la literatura. Imperdonable en un creador que se precie. Sin embargo, el guía puso énfasis en mencionar que se trataba de un bodegón minimalista e hiperrealista pintado al óleo sobre lienzo, con gran suavidad en los trazos y lleno de pinceladas resplandecientes y uniformes que hacían a la autora única en sus limpios bodegones. No discuto, ni discutí, el mérito de la artista, ni escatimo adjetivos en su honor. La admiro sinceramente. Pero, ya de paso, ¿por qué el guía no mencionó su habilidad para mondar el cítrico en un corte helicoidal que desenmascaraba el vacío existencial que padecían los gajos del fruto en su contingencia? Me hubiera alegrado definitivamente el día.
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6 dic 2017

Enamorado de El Bosco

Cada vez que traspasaba la puerta del museo más importante de mi ciudad me quedaba detenido y preso en la misma puerta de entrada. Al menos durante una década me fue prácticamente imposible traspasar el umbral. ¿Era una medida preventiva contra desaprensivos, ladrones, gamberros, gentes de mala catadura? No, era por amistad. Resulta que uno de los empleados del museo, Recaredo de nombre por más señas, era muy amigo de mi abuelo, José Badaya, y que, como hacía tiempo que no se veían, quería suplir conmigo las conversaciones que se debían entre ambos. No fueron dos, ni cinco, las veces que esto ocurrió, que fueron más. Yo recuerdo que apenas me daba para recorrer una galería, porque ya el tiempo se me echaba encima y tenía que salir corriendo. Así que pienso que este hombre, el bueno de Recaredo, me robó a mí muchas conversaciones con el Bosco, el mejor amigo que yo tenía en el museo, pues siempre me invitaba a participar en su “Festín burlesco”. Bueno, eso pensaba yo, que la historia no acaba aquí, que hay más. La pintura flamenca que figuraba en el museo, que a mí tanto me cautivaba y que era atribuida a El Bosco, ha resultado un fiasco. En una reciente restauración se ha comprobado que era de un discípulo de El Bosco, Jan Mandijn, que para mí desde hoy es un fenómeno. Pero, que uno no gana para disgustos, que desde hace poco, el Instituto Neerlandés para la Historia del Arte, asegura que Festín burlesco, óleo sobre tabla, 98,5 x 147 cm, se debe atribuir a un tal Verbeeck. Un tal, dicen, porque en Malinas localizan quince pintores con ese apellido. Con lo que, a modo de epílogo, solo queda decir que no sé realmente de quién me enamoré, bueno si, de El Bosco y de su escuela, que en esto del arte soy un tanto promiscuo. Y mando un saludo al bueno de Recaredo o descendientes. ¿No se apellidarán Verbeeck, verdad?
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