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8 abr 2022

Robos con rastro

Manolo robó un camión que encontró con las llaves puestas en el estacionamiento de una fábrica de automóviles. Nadie se dio cuenta y pudo alejarse del lugar sin sospechas. Enfiló el vehículo hacia un polígono industrial abandonado y llamó a un colega para que le ayudara a inspeccionar el botín y darle salida en el mercado negro. Cuando estaban en ello, se presentó la policía que los detuvo a ambos. Manolo se resignó una vez más, aquello era su sino, siempre acababa en comisaría, luego ante el juez y finalmente, aunque no siempre, en prisión. Pero hizo dos preguntas a la policía. Está claro que esto es hurto y no robo, ¿no? Las llaves estaban puestas. El sargento al mando del operativo asintió con la cabeza. Ya se conocían de otras andanzas. Y una curiosidad, insistió el detenido, ¿cómo me han localizado tan pronto? El sargento Vargas le miró a los ojos y le espetó con cara de estar harto de andar tras él un día sí y otro también. Has pillado un cargamento de chips chinos destinados a la automoción. Menuda huella dejabas en el GPS, so tonto. Manolo se encogió de hombros. El no había nacido para luchar contra la tecnología del momento.

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3 dic 2021

Por qué una nuez no acaba un cuento

Como el otoño ya estaba empezado, aquella nuez tuvo la ocurrencia de soltarse del árbol y caer al suelo. Quedó tendida y olvidada entre unas hierbas y sintió un poco de soledad. No veía siquiera a colega alguno y como mucho adivinaba, allá en lo alto, a otras compañeras que seguían suspendidas y moviéndose al sol del viento. Pues estoy jodida, se dijo. Pronto detectó una presencia cercana, era una niña que iba recogiendo del suelo otras nueces caídas. Lo notó por el ruido que hacían al golpearse unas con otras en el bolsillo de la recolectora. Ella pasó desapercibida y siguió en su sitio. Así pudo presenciar seguidamente cómo la niña golpeaba con una piedra las nueces de una en una y se comía el fruto que con tanto esfuerzo guardaban en su interior. Sufrió muchos escalofríos mientras duró la operación y mucho alivio por haberse librado de aquel final tan cruel. Mientras se consolaba con aquellos pensamientos no advirtió que por su espalda se acercaba una oveja pastando. Iba derecha hacia ella. Notó cómo una lengua tibia la envolvía y cómo la introducía en una boca llena de dientes amenazadores. Captó un crujido, cómo se le quebraba el cuerpo, cómo era arrastrada por un oscuro conducto y perdió la conciencia. Tanto es así, que ya no pudo seguir con este cuento inacabado

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