Aquí,
en el lago Tantacoco hay una playa donde se acumulan desechos que
arrastra la corriente. A lo lejos también hay una isla llena de
cocoteros y, por lo que he podido indagar, hay un náufrago que se
perdió allí hace muchos años y que no encuentra el camino de
vuelta. Lo sé, porque una vez llegó a la playa una botella con un
mensaje en su interior. Como los habitantes del lago son analfabetos
no se pudo hacer nada por él. La botella, sin embargo, convertida en
un totem, ha sido colocada en un altar donde todos los fieles
imploran la llegada del profeta Elías, el hombre que, dicen, les va
a ayudar a alcanzar el cielo. Es su gran esperanza. Nadie, salvo yo,
sabe que el rótulo visible del mensaje de la botella sagrada deja
leer casi 4 palabras: Soy
Elías, el enviad... No
sé si debo organizar su rescate o dejar las cosas como están, que
las culturas deben evolucionar a su aire. Además, tengo casi la
certeza de que el náufrago es un misionero evangelista. Más razón
aún para evitar un choque cultural.
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