18 dic 2017

Se salvó por los pelos

Se pasó gran parte de su vida abriendo y cerrando puertas. Era ordenanza. Y muy educado. De su boca únicamente surgían frases amables. Buenos días, don Pelayo, adiós doña Isabel, bienvenido don Pedro, que tenga buena tarde don Jorge... Todo esto lo ejecutaba abriendo y cerrando la puerta del banco con una ligera inclinación de cabeza que engordaba el ego de los gerifaltes que, por cierto, parecían estar muy satisfechos con aquel empleado. Pero puso en peligro su futuro laboral por culpa de doña Inés, la esposa del apoderado, que había acudido de visita con su gato Michifú en brazos.
Porque de forma inesperada el felino doméstico saltó sobre Anselmo, éste era el nombre del protagonista, se llevó por delante la gorra de plato y el peluquín del buen hombre, dejando al aire una calva reluciente y una cicatriz de lado a lado del cráneo. El conserje, confuso y apurado, recompuso rápidamente su figura y sonrió cuanto pudo a la propietaria del gato Michifú. Pero ahí no acabó la cosa, pues quedó en el aire que aquel hombre era calvo, algo esperable, y que ocultaba un terrible pasado que intrigó pronto al staff de la empresa. Al final, Anselmo confesó a don Ignacio, su protector en el Consejo de Administración, que la cicatriz era fruto de una reyerta en su juventud en la que hubo un muerto y que le retuvo un tiempo en prisión. Todo ocurrió cuando estaba alistado en la legión, defendiendo heróicamente su país. Esto último fue determinante para que le mantuvieran en su puesto de trabajo. Don Ignacio, un hombre enclenque y enfermizo, nieto de un general, muy patriota él, supo argumentar lo justo ante el Consejo de Administración del banco para que las cosas siguieran en su sitio.
_____ o _____

No hay comentarios:

Publicar un comentario