27 ago 2025

Intrahistoria de un río

Por un pueblo de ganaderos y agricultores pasaba un río no muy caudaloso que iba encajonado entre árboles que ocultaban la visión del mundo más allá del follaje. Las gotas recién caídas en el último aguacero se quejaban, porque no disfrutaban del paisaje. Nosotras que veíamos todo desde el cielo ahora nos aburrimos, sobre todo en los remansos, se quejaban ellas. Y como sentían mucha curiosidad, un día de lluvias torrenciales aprovecharon para salirse del cauce. Y así vieron terrenos vallados con alambradas que tenían animales encerrados dentro, campos con plantas domesticadas que crecían con mucho orden y control, y se sorprendieron al ver muchas líneas rectas que dividían el terreno en parcelas y servían también para señalar los caminos y las propiedades. Y les pareció todo aburrido y soso. Tanto tiempo mirando con curiosidad desde la altura estos sitios y ahora mira lo que tenemos que ver de cerca, se quejaban. En cuanto amainó el temporal y volvieron a su cauce se sintieron felices, viendo las curvas y meandros que trazaba el río, la vegetación exuberante que lo acompañaba, los rayos de sol que atravesaban la cúpula vegetal y rebotaban en el agua clara, el canto de los pájaros que danzaban de rama en rama, los saltos de los peces, el croar de las ranas, las madrigueras de los castores, los insectos que pululaban de aquí para allá, la sombra y el frescor que lo acompañaba y ...se sintieron felices. Aquello era un caos muy ordenado donde todos cabían y gozaban libres y a gusto. Y las gotas de lluvia, que ya sabían distinguir entre el bien y el mal, pidieron al río que no volviera a desbordarse más, que no querían ver fuera un mundo sometido y tan falto de libertad.
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