29 ago 2025

El campo del cerezo

Llevé a los dos nietos a jugar un partido de fútbol a un lugar remoto. La cancha, como se dice por América, tenía mucho encanto, ya que en el medio tenía un cerezo. El partido entre dos pueblos vecinos discurrió con normalidad, si quitamos el detalle de que el árbol estorbaba lo suyo. Sin embargo, los jugadores ni se inmutaron con el intruso. Me acerqué a un viejito que, apoyado en su cachaba, presenciaba el envite deportivo. ¿Por qué no se quita el árbol? Por nada del mundo. No vea usted las cerezas que da en junio. Además, hace 3 años una tormenta rajó el tronco y lo hemos tenido vendado hasta la semana pasada. ¿No ve usted la cicatriz? Era verdad, tenía en el talle las marcas del vendaje. Eso es amar a la naturaleza, le dije antes de despedirme.
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