4 jul 2014

Desesperación

Pidió ayuda a gritos a la musa literaria y no le contestó. Observó desde la ventana de su buhardilla el mundo y no encontró inspiración. Salió a la calle en busca de historias y no las halló. Miró dentro de sí y únicamente vio soledad y desolación. Por eso bebió hasta emborracharse y alcanzar el delirio, encontrando al amanecer una historia triste que contar, la del hombre que vivía solo y sin compañía, sin ni siquiera un pensamiento optimista en que ocupar su mente. Buscó en vano una soga que abrazara su cuello, un medicamento que acabara con sus latidos, un precipicio desde el que volar para siempre, un final rápido, en una palabra, y... en aquel trance le llegó la luz.

Hoy es un reconocido y firme defensor de la muerte voluntaria, una página web que ayuda a quienes lo desean a desaparecer de este mundo de una manera cómoda, discreta y neutra.

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2 jul 2014

Risas públicas

La estruendosa carcajada llamó la atención de todos los comensales del restaurante. En una de las mesas uno de los clientes se convulsionaba de pura risa, en un ataque incontrolable que hacía pasar vergüenza a su acompañante, una mujer de mejillas enrojecidas y mirada de compromiso que mantenía los ojos clavados en el mantel de la mesa.
Cesados los espasmos y convulsiones del comensal, todo volvió a la normalidad, más cuando el protagonista de la escena miró a todos los presentes y alzó la mano como pidiendo disculpas. La cena continuó siguiendo el guión, pero ya no fue igual. Todos los presentes en aquel restaurante empezaron a sentir curiosidad por saber el motivo de aquella explosión de risa, pero no pudieron saciarla, pues su exquisita educación les impedía indagar al respecto. Ni siquiera el camarero en los sucesivos servicios se aventuró a preguntar por ello. Sólo un niño que correteaba entre las piernas de los camareros se le acercó y le miró fijamente a la cara mientras apoyaba su dedo índice en el labio inferior. El comensal, que aún mantenía los ojos humedecidos, le invitó a acercarse y le mostró la pantalla de su móvil.

El niño miró sucesivamente la cara sonriente del hombre y la imagen mostrada y sonrió. Rápidamente se giró y emprendió una carrera hacia sus padres diciendo en voz alta.
-Se ha reído de un culo.
Y era cierto.

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30 jun 2014

Cómo romper la rutina escolar

El profesor presentó a su alumnado un texto plagado de modismos y frases hechas. Estaba orgulloso del ejercicio, ya que era de su propia cosecha y se adaptaba bien a los objetivos planificados. Indicó a sus alumnos un enlace en la web y esperó a ver en pantalla los primeros resultados.
Los estudiantes se enfrascaron rápidamente en la lectura e interpretación de un diálogo un tanto forzado entre dos viejos amigos. Era éste:


-Me costó un ojo de la cara ascender a secretario del comité, ¿te acuerdas? -decía uno.
-A mí me salió caro pasar muchas horas echando canas al aire en vez de centrarme en la organización -decía el otro.
-Pero todo se fastidió cuando puse la mano en el fuego por aquel compañero de partido que acabó en la cárcel por meter la mano en el cesto -insistía el uno.
-Reconozco que yo metí la pata en ese caso -confesaba el otro.
-Se me hizo un nudo en la garganta cuando el comité me exculpó -se sinceró el uno.
-Es que siempre hemos sido gente de peso en la organización -añadía el otro.
-La verdad es que nos hemos roto el alma por el partido -afirmaba el uno.
-Nos ha costado un riñón defender nuestras ideas, está claro -sentenció el otro.


Al poco el profesor observó cómo sus discípulos iban subrayando los modismos y frases hechas e indicaban con bastante acierto su significación. Pero se quedó muy sorprendido cuando vio en pantalla las conclusiones de Juanito Agudín. Decía:


Son dos amigos que se llaman Uno y Otro. Cuentan cosas que les ha pasado en la vida o cosas que han hecho. Por lo que yo deduzco lo siguiente:
El Uno es tuerto, tiene quemaduras en una mano, habla con voz ronca y tiene rota el alma, algo que yo no sé cómo puede ocurrir.
El Otro tiene que ser calvo, andar mal de una pata, está gordo y además, como le falta un riñón, debe andar con diálisis.
La verdad es que están los dos para el arrastre.


-Juanito, ven aquí -gritó el profesor.
El alumno que se temía lo peor, retrasó lo que pudo el paseo, lo cual sirvió para que el docente contara hasta diez y le preguntara directamente a aquel alumno vacilón el significado de “estar para el arrastre”.
-Es un modismo, don Luis.
El profesor guardó silencio y sonrió para sus adentros. Aquel niño llegaría lejos, pensó.

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27 jun 2014

He ahí la cuestión

-Tengo al hijo en casa con dudas existenciales -comentó el tío Machuca a su amigo de todos los días.
-No me digas que te va a salir filósofo -ironizaba el abuelo Simón.
-No te rías, que va en serio. Está pensando si casarse o no casarse.
-¿Tú que le has dicho?
-Que es cosa de él, pero que haga lo que haga, que lo haga convencido.
-Pues dile de parte del abuelo Simón -le replicaba -, que hay una máxima que se cumple siempre.
-¿Cuál? 
Y en medio de una sonora carcajada, le obsequió con una de sus sentencias.
-Pues que haga lo que haga, siempre se arrepentirá.

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25 jun 2014

El hueco

Aquel hombre tan famoso llegó a la ancianidad convencido de que su desaparición era un mal irreparable para él y para los demás, ya que se sentía irreemplazable. Su ausencia se dejaría sentir, quedando un hueco difícil de llenar. En una palabra, se veía imprescindible, dada su valía y su singular aportación a la sociedad de su tiempo.
Y llegó el día fatal.


Fue todo un problema hallarle hueco en el cementerio, donde la abundancia de tumbas imposibilitaba encontrar espacio para la inhumación. Su familia lo resolvió con mucho sentido práctico, nada menos que depositando en una urna sus cenizas tras la cremación. Así descansó en paz, en un trámite imprescindible, un hombre prescindible.

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23 jun 2014

Humillaciones pasadas

-El conde tenía muy mala reputación por sus abusos continuados y delitos -contaba el juez en la tertulia de amigos del Casino Regio.
-Era reputadísimo -aseguró el maestro que tenía un punto de anarquista.
-Por Dios -replicaba don Honorato, el boticario del pueblo-. No haga chistes con cosas tan serias.
-Si le parece, me pongo a llorar pensando en mi abuela que, gracias al conde, tuvo un hijo bastardo que a su vez fue mi padre...

Todos callaron. Era la primera vez que se decía en público algo que todos sabían, pero nadie comentaba.
El maestro se levantó, miró a todos y, antes de darse la vuelta y salir de la sala, les dijo.
-He tenido que esperar hasta el siglo XXI para poder quejarme en voz alta.

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