6 jun 2014

Deuda enquistada

Allá por sus años mozos Inocencio de la Rica prestó 2.000 pesetas de las antiguas a su amigo Plácido de Armengol, que olvidó la deuda la misma noche en la que se produjo.
El confiado amigo esperó ingenuamente un cobro que no se produjo jamás. Tampoco lo reclamó por pura vergüenza, timidez o cobardía.
Han pasado los años y ambos son dos profesionales de una reputación contrastada en lo alto de la judicatura del país y muchos dan por hecho que más que colegas, son incluso amigos.

Pero no es así, pues Inocencio de la Rica mantiene en su memoria la deuda pasada, como un escollo insuperable para establecer lazos de amistad. Es más, nunca en el Consejo del Poder Judicial ha dado su voto para favorecer los ascensos de su colega. Y eso es algo que no entiende Álvaro.
-No sé, no sé -les comenta éste a sus amigos- Parece que como si me tuviera atravesado y no entiendo el porqué... -y añade-. Para ser juez su postura es bastante irracional.
A los oídos del señor juez han llegado alguna vez estos comentarios y ha sentido el viejo placer que produce la venganza, pues sabe que, aún por muchos años más, seguirá cobrando la antigua deuda.

4 jun 2014

Y yo le amo

Los tabiques de mi casa son delgados, apenas resisten el paso de un murmullo. El constructor se preocupó de que sólo fueran opacos, no más. De modo que sé que mi vecino llora todas las noches desde las 12:00 hasta las 12:30, que luego calla y al poco ronca. Su despertador suena a las 7:30 y de inmediato los ruidos se trasladan a las paredes del baño y la cocina. Oigo como se suena las narices con estruendo mientras se ducha y escucha la misma emisora de radio que yo, conozco hasta el sonido de aviso de su microondas, se me hace familiar el ruido de las persianas al alzarse, su taconeo al andar ya con zapatos y hasta el portazo y ruido de llaves al cerrar la puerta de su casa. 
Por Lisbeth http://lisbeth-heridasdelalma.blogspot.com/
Por supuesto que sé cuál es su música favorita, cuáles son sus conversaciones habituales en el teléfono, sé también que tiene una relación confusa con su madre y agresiva con su padre, sé que es un hombre solitario y discreto, sensible y tierno, que siente que la vida no es dadivosa con él y que no tiene amigas.
Yo le entiendo cabalmente, porque a mí misma me pasa igual. Yo también soy muy desgraciada. Y yo tampoco sé luchar contra mis fantasmas. A pesar de que este vecino ya me resulta entrañable, cada vez que me cruzo con él en la escalera nos tratamos como extraños y no cruzamos palabra alguna, salvo las de rigor, por más que yo esté deseando.
Somos dos solitarios irrecuperables
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2 jun 2014

El porqué de un disidencia

Las palomas emprendieron el vuelo hacia el sur, siguiendo una línea imaginaria que les marcaba su instinto migratorio. Todas volaban en perfecta formación tras la líder que aleteaba sin cesar. Pero una paloma empezó a separase por la izquierda de la formación, escorándose sin remedio hacia el este, con lo que al poco tiempo acabó perdida quién sabe dónde.
-Son los peligros de la izquierda -dijo un palomo conservador.
-Son las consecuencias del individualismo de los más jóvenes -dijo una paloma piadosa.
-Hay mucho snob en la peña -dijo un palomino obediente.
Los demás apenas prestaban oídos a los comentarios, concentrados en aletear enérgicamente para no perder la estela de la líder. Mientras tanto, la paloma perdida gemía desconsolada.
-Esta jodida artrosis en el ala izquierda me va a acabar matando -decía.
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30 may 2014

Razones para el orgullo

El cerezo florido rebosaba satisfacción por sus doscientas ramas cargadas de flores y de frutos en proceso de cuajar como mandan las leyes de la naturaleza. Sus extremos se balanceaban a merced del viento y el tronco se erguía orgulloso mostrando la exuberancia de su ramaje, pugnado por ser el más fuerte y bello de todos los frutales del entorno.
El manzano iba más rezagado en su proceso de florecimiento y cuajado. No se sentía humillado, ni ofendido por su tardanza, todo lo contrario. Su soberbia estaba escondida, pues sabía de sobra que el cerezo perdería sus frutos en menos de un mes y él, sin embargo, tenía tiempo de presumir de los suyos hasta bien entrado el otoño. 

El olmo, al que nunca nadie le ha visto con frutas, y menos con peras como dicen que dice el famoso dicho, apartado en una esquina del huerto, los miraba con hastío. Sabía de sobra que las heladas traidoras de la primavera atlántica podían dejar a los dos árboles presumidos apenas con el follaje. El año anterior, sin ir más lejos, él fue el más elegante del lugar, pues todos perdieron sus frutos y quedaron reducidos a puros árboles llenos de hojas, no más.
Mientras, la humilde ortiga crecía a la sombra de aquel bosque cargado de egos y sonreía para sus adentros, pensando que aquellos árboles presumidos eran unos fatuos, pues no querían darse cuenta de que andaban los pobres medio año desnudos. No como ella que mantenía su poder intimidatorio y frescura durante todo el año.
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28 may 2014

La imposible felicidad


-Al final del túnel se ve la luz -argumenta el optimista.
-Siempre que no sea de noche -replica el pesimista.

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26 may 2014

Venganza

Tomó el melón en ambas manos, lo golpeó contra la balaustrada de mármol y se apresuró a morder uno de los trozos resultantes, sorbiendo la pulpa con ansiedad, sin importarle que algunas gotas se escurrieran por las comisuras de sus labios y mancharan sus ropas. No era una náufrago necesitado, ni siquiera un caminante perdido en el desierto, no.
Era sencillamente la venganza que tanto tiempo había planeado contra las severas normas de urbanidad que había cumplido con celo durante su vida laboral. Era Anselmo, el mayordomo de la baronesa de Sancocho en el día de su jubilación.
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