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Es cierto que detrás de cada ser humano se esconde una historia, pero no es menos cierto que a cada persona le acompañan otras muchas más historias, tantas cuantas dinosaurios encuentra en cada despertar...
20 jul 2026
Cómo ensalzaban la fidelidad en Grecia
En el árbol de las confidencias los dos amigos han descubierto un nido de tórtola. Lo saben por el canto repetitivo del ave. Como su banco no corre peligro ellos charlan tranquilamente. ¿Sabes que ya los griegos admiraban estas aves por su fidelidad? Son monógamas vocacionales explicaba el abuelo Simón. Viven como tortolitos, se reía el tío Machuca. Parece que eso cuesta más en el género humano. Ya, pero siempre se ha valorado en muchas culturas. Fíjate, los griegos ponderaban mucho a Penelope. Cuenta, cuenta, que lo tengo olvidado, pedía Machuca. A ver si lo recuerdo bien. Sabes que Ulises se fue a la guerra de Troya y tardó 20 años en volver. Su mujer, Penélope, le fue fiel. Aguantó las proposiciones de muchos nobles con la argucia de que lo haría el día en el que acabara de tejer un sudario para su suegro. Pero ella, cuca, por la noche deshacía el trabajo del día y así nunca acabó. Oye, interrumpió Machuca, pero ¿qué pasó cuando regresó Odiseo? Llegó disfrazado de mendigo y no le reconoció nadie. Miento, su perro Argos lo reconoció, movió la cola y murió en paz por el reencuentro, je, je. ¿Y Penélope? No, tampoco lo reconoció. Ella, para hacer tiempo seguía con sus argucias; tenía preparada una prueba imposible, quien la superara sería su marido. ¿Por qué imposible? Los aspirantes a conquistar su corazón tenían que disparar el arco de Ulisses a través del ojo de 12 hachas alineadas. Oye, pues nada, todos fracasaron para satisfacción de la reina de Ítaca. Y la sorpresa llegó cuando el mendigo se acercó al arco, parecía una broma. Pero el invitado inesperado, lo tensó con habilidad, soltó la flecha y ésta voló a través de los ojos de las doce hachas alineadas y se clavó en la diana entre la admiración de todos los presentes. Entonces el ganador se despojó del disfraz, se identificó y con una la sangre fría inesperada se dedicó a matar uno por uno a los pretendientes que buscaban como podían un escondrijo. Todo muy trágico, como gustaba en Grecia, ya ves. ¿Y Penélope? Machuca, no seas ansioso. Penélope, tan prudente ella en los 20 años anteriores, reaccionó con cautela y desconfianza. ¿Era un sueño? ¿Era verdad? Preparó otra prueba que solo el verdadero Ulises podía superar. Esta noche, propuso, dormirás tú en el lecho nupcial, después de que mis criados saquen la cama de mi alcoba. Ulises la miró sorprendido. Es imposible, protestó. Y dio detalles que solo el verdadero Ulises podía saber. A saber, Machuca, que la cama la talló él en un olivo centenario que crecía allí mismo, que dio forma al lecho con sus propias manos y que las raíces todavía penetraban en tierra haciendo imposible moverla. Ante la revelación de aquel secreto conyugal, Penélope se derrumbó y creo que aún estará consolándose en brazos de Ulises. A Machuca se le caía la baba. Bonito, ¿no? Precioso Simón, qué memoria tienes para las cosas románticas. Calla, que tú eres un blando. Yo me regodeo en la historia viendo la cara que pones, ja, ja, ja. Y te perdono lo de Odiseo, que es el nombre griego. Ulises es más corriente, es latín. El tío Machuca ya no oía más.
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