17 jul 2026

Educando infantes

Quiero vivir bien, conocer mundo y ser feliz. Mira, eres un crío, tienes mucho que aprender. ¿Qué? Pues mira, necesitas una tierra que te dé de comer, una casa donde refugiarte y cuidar la prole, buena compañía y crecer y engordar, que es lo mejor que puedes hacer. ¿Y no puedo hacerlo solo? No, eso nunca. Mejor es vivir en grupo, estarás protegido y podrás dormir tranquilo. Pero es que a mí me gusta la libertad, hacer lo que me da la gana... Cállate tonto, que eres un suricata. ¿Y eso que es? Mira que eres tonto. Eres una mangosta que vive en el Kalahari, rodeado de unos animales que te comen de un bocado o te aplastan de un pisotón, de noche te metes en madrigueras que entre todos excavamos y que forman un laberinto subterráneo que nos protege y de día sales a comer insectos y pequeños invertebrados con unos colegas que vigilan al enemigo que llega por tierra y aire. ¿Te enteras? Ya, respondía el “suricatito”, cantan suavemente si no hay peligro o pegan unos gritos estridentes que nos pone a todos a correr hacia alguna entrada de la madriguera. Pues eso es vivir en la sociedad suricata. Aprende pronto que si no te arrepentirás. El pequeño preguntón se calló. Solo no eres nadie, zoquete, fue el último consejo que le dio su abuelo. Este sonreía cuando lo vio correr hacia sus hermanos y empezar a juguetear. El canto monocorde y suave de los vigías invitaba a ello.
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