25 ago 2025

Y, sin embargo, se hace

Un día el niño gafoso que sufría bullying en la escuela recibió la nota de un trabajo de redacción que había corregido su maestro con un bolígrafo rojo. Tienes un 6’30 puntos sobre 10. El niño se atrevió a preguntar por qué. Es lo que me ha parecido objetivo viendo tu desempeño y resultado. Y eso que parece tan medido, se atrevió a preguntar el niño, ¿cómo se mide? El maestro se sintió incómodo, no tenía ganas de explicarlo. Pero quedó atónito con el razonamiento del niño. Supongo que usted es un 7’56 de simpático, un 5’32 de destrezas conducir, un 8’35 de paciente y tiene un sentido del humor de 6’99. Rio el maestro. Bueno, te subo la nota a 8’59. Esto parecen los precios de una gasolinera, protestó. No, esos van con milésimas de euro, replicó el niño. Bueno, ya te subo nota en la redacción, veo que eres ocurrente, me gusta tu forma de razonar. Y a mí no me gusta su forma de evaluar. Es mejor apreciar aprendizaje que calificarlo, me dices. Claro. Lo intento, verás. Aquel día ambos se hicieron más amigos.

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