14 ago 2026

Meiying

El otro día, Machuca, Badaya me contó un cuento precioso. Y ¿no lo va a escribir en el blog? No, que dice él que no hace plagios. Explica. Pues resulta que es un cuento chino tradicional, de autor desconocido, y que no quiere presumir de lo que escribieron otros. Vale, vale, pero cómo es. Te lo resumo. Mira, era una vez un príncipe en edad de casarse que no tenía claro con quién. Le dio muchas vueltas y pensó que su prometida, además de guapa, sana e inteligente, debía poseer alguna virtud especial. Cuando lo vio claro citó en la corte a todas las mujeres del reino que quisieran “opositar”, o como se dice ahora, hacer un casting. Jopé, qué animado, decía Machuca. Pero no veas lo que hizo. Les dio a todas una pequeña maceta donde él había enterrado unas semillas y las citó de nuevo con esta promesa: Quién dentro de 6 meses me traiga la flor más hermosa, esa será la elegida. Entre las aspirantes a consorte estaba la hija de la cocinera real, era trabajadora, inteligente y muy humilde, quizás demasiado humilde. Esta chica puso mucho empeño en cuidar la maceta y no consiguió nada, allí ninguna flor asomaba la cabeza, por más que la cuidó y mimó. No me digas, Simón, que esta va a ser la princesa. Calla, no seas ansioso. Lo que pasó el día del encuentro fue que todas las candidatas llevaron flores hermosas hasta cansar la vista del príncipe que se paseó por delante de todas. Cuando llegó donde estaba la hija de la cocinera, se detuvo y preguntó: ¿Cómo no traes una flor? Entre lágrimas le confesó la verdad. Y ante el estupor de los presentes el príncipe la tomó del brazo y la subió al balcón del palacio donde explicó lo que todas las chicas presentes se estaban preguntando. ¿Por qué ella? Yo adoro la sinceridad y la honradez, algo que Meiying posee. Yo no puse ninguna semilla en las macetas, todas no escondían vida en su interior. La única que ha actuado con honestidad ha sido ella. ¡Viva la reina!, gritó el príncipe. En fin, Machuca, te puedes imaginar que solo los cortesanos aplaudieron. Todas las pretendientas lloraban y la que más, la humilde Meiying. ¿Te ha gustado el cuento que no quería escribir Badaya? Mucho, respondía Machuca con una sonrisa de oreja a oreja. Pero qué romántico eres, jubileta, se burlaba el abuelo Simón. Y ambos quedaron callados un buen rato envueltos en el suave rumor de las hojas temblonas del árbol de las confidencias.


NOTA: En chino mandarín Meiying es flor hermosa.

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12 ago 2026

Cerebro en off

Se subió a la bicicleta, ajustó los rastreles como en los viejos tiempos, palpó el botellín de agua, se colocó bien las gafas, la gorra y empezó a pedalear sudando pronto la gota gorda. Recordó el día que subió el Galibier en tercera posición, cómo lo vitoreaban los espectadores, cómo alguien le daba un empujoncito y cómo al llegar a la cima le dieron un periódico para enfundárselo bajo el maillot y aguantar el frío que le provocaba el sudor de su cuerpo al chocar con el viento. Estaba pletórico, aquel era un mundo donde sufría como un perro y gozaba como un ave rapaz meciéndose en las corrientes de aire que le arrastraban por el cielo. Hasta que sintió un pinchazo en el pie que le hizo soltar el pedal. ¡Ay!, protestó. Abrió los ojos para saber qué o quién era y una voz lo acercó a la realidad. ¡Ha despertado! ¡Ha salido del coma! Intentó moverse, intentó gritar. Imposible, se sintió atado a una cama y se vio cosido a tubos que le mantenían vivo. Allí estaba su mujer, envejecida, quieta y silenciosa soltando unos lagrimones enormes y enseguida estuvo rodeado de sanitarios que aplaudían y le daban golpecitos. No siento nada, no me puedo mover, quiso decir, pero no emitió sonido alguno. Confuso, acabó entendiendo las lágrimas de su mujer y adivinó que su futuro era negro, muy negro. Cerró los ojos y se concentró en la bajada del Galibier, trazando las curvas con temeridad, queriendo pillar a los dos escapados que iban por delante y ver si la victoria era suya o no. Esa era la batalla que quería ganar y no volver a aquel mundo agitado que había visto en un fogonazo de consciencia. Y vio que llegaba primero, que levantaba los brazos, que le abrazaban, que le llenaban la boca de agua, que decían su nombre. Y despertó de verdad, vaya que sí despertó. Digamos que para siempre.
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10 ago 2026

Idiotas morales

Simón se acercó enojado. Machuca, hoy me he cruzado con un idiota moral de cuerpo entero. Explica, explica. Nada, el típico individuo que no sabe distinguir entre el bien y el mal, que convierte cualquier cabronada en una anécdota intrascendente, que cuenta sus fechorías como gracias para luego reírse y presumir delante de sus amigos, que hace oídos sordos a las penas ajen... Pero, Machuca interrumpió para poder entender algo, ¿qué te ha pasado? Que me han robado las chancletas. El amigo del alma no aguantó la risa, aunque sabía que iba a aumentar su enfado. ¿Dónde? Mira he estado en la piscina haciendo unos largos y, cuando he salido, ¡no estaban! O sea, te han robado. Eso mismo. Y ¿qué has hecho! Dos cosas, mirar a todo el mundo a los pies durante media hora e ir a protestar. ¿Resultado? Nulo. ¿Valían mucho? ¡Qué va! ¿Cuánto? Ni 5 cervezas. Ya, tú siempre recurres a la moneda de cambio internacional, comentaba entre risas Machuca. Pues he ido descalzo hasta el vestuario y las duchas, exponiéndome a infección de hongos. No creo, hoy no hay quien se te acerque. ¿Eran nuevas? Del siglo pasado. Pues ya es hora de que cambies, cómprate unas de color fucsia, nadie se atreverá. La mirada de Simón fue fulminante y dio por cerrada la conversación con la imprecación de las grandes ocasiones. ¡Mecagüën los imbéciles morales!

7 ago 2026

Crudo oeste

Llegó el deshielo y los caminos se llenaron de barro, pero no importaba, él siempre iba en una carreta tirada por un mulo de aquí para allá, ofreciendo sus servicios. Aquel invierno había sido muy duro y esperaba encontrar clientes. El primero fue un hombre fornido que presentaba un flemón tremendo. Le arrancó la muela sin miramientos, tirando de un alicate que antes esterilizó quemando pólvora negra en un yunque. Ante los gritos de la víctima hizo dos cosas. Su ayudante tocó con un cornetín una marcha militar que había aprendido en su juventud y, segundo, le ofreció una botella de ron que lo dejó borracho y manso sentado en el suelo. La siguiente fue una niña frágil que mostró una muela desgastada que claramente estorbaba en su boca. En este caso fue más delicado y primero le dio un trago de ron que la dejó anestesiada. No hizo falta la música militar. Cuando despertaron se sintieron mejor y pagaron sin rechistar. El siguiente fue el pastor de la iglesia que era abstemio. Dijo que ofrecía su sufrimiento para salvar a los pecadores del pueblo. Y se puso a rezar a gritos. El sacamuelas le dio un perolazo que lo apaciguó. Al despertar pidió permiso para enterrar las tres muelas, porque así las podrían recuperar el día de la resurrección. Tuvo que esperar a tres pacientes más para poder ir al cementerio. Cobró 50 centavos por cada extracción, aunque perdonó al pastor para calmar a su esposa, pues se quejó a gritos de que el caballo se había comi
do sus flores. Y cambió de pueblo.

5 ago 2026

El insomne feliz

Una racha de calor desbocado hizo que don Víctor estuviera asomado a una ventana a las 6,30 de la mañana. Mientras disfrutaba de la brisa mañanera que le barría el sudor de la frente se entretuvo observando una paloma que andaba buscando qué comer en la terraza vacía de un bar. Le sacó de ello el ruido de la puerta vecinal que acababa de cerrarse con estrépito. ¿Quién será? Enseguida vio avanzar al vecino del 3A camino del trabajo. En la mano llevaba una bolsa de basura que no depositó en el contenedor, sino en una papelera de la acera. Mira qué cívico es. Ya me gustaría decirle cuatro cosas. Sonó de nuevo la puerta y esperó a ver aparecer al causante. Era la pareja del 5F que se despedían con un tierno beso e iban en direcciones opuestas. Mira qué enamorados. Claro, son jóvenes y no les falta ilusión. Al poco otro golpe seco le hizo fijarse en la acera. Allí apareció la señora del 1B, que dejó que su perro se desahogara en el árbol de al lado mientras ella prendía un cigarro. Pronto empieza la fresca de ella, pensó don Víctor. Luego encontraremos la colilla en la puerta. Por la plazoleta se acercaba un hombre haciendo eses. ¡Ahí va, si es el del 4C! Menudo golfo tenemos en la escalera, je, je. No le gustó verle con el periódico en la mano. Seguro que ha abierto el paquete y lo ha robado antes de que llegue el quiosquero. Así estuvo un rato más pasando revista al barrio hasta que empezó a sentir frío. Me voy, se dijo a sí mismo, esto del insomnio me gusta, mañana repito, ¿no?

NOTA: Texto presentado en  el concurso de Creatividad Literaria, modalidad  "cuento breve", del mes de junio. Condiciones: Entre 1000/1500 caracteres, incluidos espacios, y "héroes cotidianos" como tema. Finalista y GANADOR.

3 ago 2026

Cruzada permanente

Al vendedor del quiosco le llevan los demonios cada vez que ve un perro en el jardín de la plazoleta. Hay un cartel que indica claramente la prohibición de acceder a los canes, pero es inútil, pues decenas de ellos hacen “sus cosas” por allí ante la indolencia de los dueños. Pero son inofensivos, suele decirle su mujer. ¿Sabes que fui 20 años jardinero? Por eso tiene colocado en secreto un ahuyentador electrónico que aleja a los chuchos, no a sus clientes. Me gusta ver flores, comenta sonriente.
NOTA: Texto finalista presentado en el concurso Creatividad Literaria del mes de junio de 2026. Condiciones: No más de 500 caracteres, incluidos los espacios, y "calzando tus zapatos aprendí" como tema. 
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