19 ene 2026

Fanfarrón

Todos los días en los que organizaba el aperitivo en su jardín le gustaba tirar los huesos de aceituna al césped delante de sus invitados. Si un día veis crecer un olivo os regalo la casa, presumía. Y ese día llegó. Su suegra le señaló al final de la siguiente primavera en una esquina del seto cómo brotaba una plantita con tres hojas inconfundibles. Era un olivo. Eres hombre de palabra, retó ella. Él la miró amenazadoramente. Tengo fotos y testigos, se defendió ella levantando las palmas de la mano con una sonrisa malévola. Es un embuste, argumentó él. No, hay más, parece esto el huerto de los olivos. La evidencia era abrumadora. Hoy día él sigue viviendo en la casa, es el jardinero, su esposa y la madre de la susodicha viven como marquesas.

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16 ene 2026

El fair play que pocas veces se cuenta

Hubo una vez una Olimpiada en la que dos rivales se ayudaron más de lo esperado. El que tenía todas las posibilidades de ganar medalla de oro, según iba la prueba, se acercó a su contrincante, que ya había hecho dos saltos nulos en longitud, y le aconsejó. Arranca a correr 20 cm. más atrás, yo te pondré un pañuelo blanco en el suelo donde tienes que batir. De esa manera superó la eliminatoria el uno e hizo un amigo el otro. Llegó la final y ambos compitieron como grandes favoritos, el uno saltó 8’06 m. y el otro se quedó en 7’87 m. Oro y plata. Sus nombres eran Jesse Owens y Lutz Long. Y lo hicieron en Berlín, en 1936, delante de los morros de Adolf Hitler. El uno quedó como un triunfador, el otro, para muchos, fue un traidor. Pero eso sí, ambos fueron amigos para siempre. Long fue movilizado en la 2ª Guerra Mundial en la Wehrmacht y murió en la invasión aliada de Sicilia el 14 de julio de 1943. En la última carta que se cruzaron entre sí, Long le pedía a Owens que explicara a su hijo cómo era los tiempos “cuando no estábamos separados por la guerra, cómo las cosas pueden ser entre los hombres en esta tierra". Y Owens, amigo fiel, acabó siendo el padrino de Kai Long-hijo en su boda. El afroamericano nos dejó una frase redonda: "Se podrían fundir todas las medallas y copas que gané, y no valdrían nada frente a la amistad de 24 quilates que hice con Lutz Long". Otro fair play que no se cuenta.
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14 ene 2026

Argumentario barato

Se juntaron una vez dos contertulios televisivos avezados, uno sobrado de orgullo y otro más prudente y educado. El primero se hartó de opinar de todo, profiriendo insultos y descalificando a medio Congreso. El segundo callaba, mientras el furibundo le desafiaba. ¿Qué? ¿No tengo razón? Estoy esperando, respondió el aludido con voz queda, a que cese el desahogo y empiecen los argumentos.
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12 ene 2026

Cuculus canorus

Una vez encontré un cuco herido y lo llevé a casa. Curé su ala maltrecha y lo alimenté durante su convalecencia con orugas que encontraba en los desechos de la leñera. Se hizo amigo y se tomó su tiempo para irse. Y hablábamos mucho. Tu madre, le pregunté un día, puso un huevo en nido ajeno y te abandonó, luego tú creciste como un parásito con progenitores de otra especie, ¿no? Movió la cabeza en sentido afirmativo. Y ¿cómo aprendiste tú la trampa de camuflar tus huevos en otros nidos, si tú no tuviste educación de tus padres? El tunante de él se reía abriendo el pico. ¿Por instinto? Ahora se reía más moviendo el pico de arriba abajo. Eres un felón y embustero. Me miró fijamente y negó con la cabeza. Pero yo seguí incordiándole. Dicen que eres un ave con poderes, casi divina, que anuncias tu llegada en marzo con tu “cucu” y eres mudo en verano. Él negaba rotundo girando la cabeza. Y también se cuenta, añadía yo, que el cuco por San Juan se vuelve gavilán. Ahora cerraba los ojos y negaba enérgico con la cabeza. ¡Ah! Hasta los griegos defienden que mutas, lo explicaba Plinio el Viejo hace más de dos mil años. El seguía gesticulando con el pico girando de un lado a otro. Menos mal que Aristóteles sostuvo que erais dos aves diferentes. Ahí esbozó una medio sonrisa y creo que hasta guiñó un ojo. O sea, que es una superstición. Agitó de arriba abajo el pico puntiagudo. Ya, pues no sabes qué decían los celtas de ti. Abrió los ojos. En todos sus mitos aparecen los cucos entre hadas y duendes, además pensaban que os podíais mover por el mundo de los vivos y de los muertos. Encogió las alas como yo encojo los hombros cuando no entiendo nada. Y no te lo pierdas, añadí. En Europa hay creencias varias sobre ti, como que cuando se oye el primer canto del cuco en primavera, si llevas una moneda en el bolsillo no te faltará dinero ese año, si tienes el estómago lleno, no pasarás hambre y si estás sano, no sufrirás enfermedades. ¿Ves en qué consideración te tenemos? Llegados a este punto el cuco se sujetaba la tripa con las alas y no paraba de reírse. Yo, mientras tanto, reía y palpaba mi bolsillo temeroso de estar sin blanca. Y menos mal que no le conté que en los relojes de pared suizos ellos son los encargados de dar la hora. 

NOTA: Fuente "El arca de no sé"
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