En mi barrio acabamos de celebrar el I Campeonato del Mundo de Ternura. El jurado debía medir las lágrimas que los aspirantes al título eran capaces de provocar entre el público y el entusiasmo que despertaban entre los asistentes. Pasó un centenar de candidatos al título con sus mascotas, decenas de ellos con sus niños, sus viejos, sus amigos necesitados. Todos ellos despertaban simpatía en el público y hacían resbalar alguna lágrima. Pero nadie ganó, porque fueron descalificados por poco sinceros, empalagosos y hasta artificiales. Ante el miedo de dejar desierto tan original concurso hubo que buscar de urgencia algún candidato creíble y a la organización se le ocurrió llamar a una pareja de ancianos formada por doña Isabel con su cachaba y a Elías, medio ciego, que siempre iba cosido al brazo de su esposa para no caerse al caminar por el pueblo. Se les dijo que habían sido elegidos por quererse tanto y tanto tiempo. En el escenario se apretaron aún más las manos y de los ojos opacos del señor Elías cayó una lágrima que enjugó la señora Isabel con su ya vieja frase de "no llores, tonto". Los altavoces no guardaron ningún secreto. Y fueron muchas las lágrimas que surcaron las mejillas de los asistentes, tantas que no hubo duda en otorgarles el premio de, eso decía la placa, Ganadores del I Campeonato del Mundo de Ternura.
NOTA: Texto presentado en el concurso de febrero de Creatividad Literaria. Condiciones: Entre 1000/1500 caracteres e "Historias de amor" como tema. Finalista y mención especial del jurado.
__________