Meiying
El otro día, Machuca, Badaya me contó un cuento precioso. Y ¿no lo va a escribir en el blog? No, que dice él que no hace plagios. Explica. Pues resulta que es un cuento chino tradicional, de autor desconocido, y que no quiere presumir de lo que escribieron otros. Vale, vale, pero cómo es. Te lo resumo. Mira, era una vez un príncipe en edad de casarse que no tenía claro con quién. Le dio muchas vueltas y pensó que su prometida, además de guapa, sana e inteligente, debía poseer alguna virtud especial. Cuando lo vio claro citó en la corte a todas las mujeres del reino que quisieran “opositar”, o como se dice ahora, hacer un casting. Jopé, qué animado, decía Machuca. Pero no veas lo que hizo. Les dio a todas una pequeña maceta donde él había enterrado unas semillas y las citó de nuevo con esta promesa: Quién dentro de 6 meses me traiga la flor más hermosa, esa será la elegida. Entre las aspirantes a consorte estaba la hija de la cocinera real, era trabajadora, inteligente y muy humilde, quizás demasiado humilde. Esta chica puso mucho empeño en cuidar la maceta y no consiguió nada, allí ninguna flor asomaba la cabeza, por más que la cuidó y mimó. No me digas, Simón, que esta va a ser la princesa. Calla, no seas ansioso. Lo que pasó el día del encuentro fue que todas las candidatas llevaron flores hermosas hasta cansar la vista del príncipe que se paseó por delante de todas. Cuando llegó donde estaba la hija de la cocinera, se detuvo y preguntó: ¿Cómo no traes una flor? Entre lágrimas le confesó la verdad. Y ante el estupor de los presentes el príncipe la tomó del brazo y la subió al balcón del palacio donde explicó lo que todas las chicas presentes se estaban preguntando. ¿Por qué ella? Yo adoro la sinceridad y la honradez, algo que Meiying posee. Yo no puse ninguna semilla en las macetas, todas no escondían vida en su interior. La única que ha actuado con honestidad ha sido ella. ¡Viva la reina!, gritó el príncipe. En fin, Machuca, te puedes imaginar que solo los cortesanos aplaudieron. Todas las pretendientas lloraban y la que más, la humilde Meiying. ¿Te ha gustado el cuento que no quería escribir Badaya? Mucho, respondía Machuca con una sonrisa de oreja a oreja. Pero qué romántico eres, jubileta, se burlaba el abuelo Simón. Y ambos quedaron callados un buen rato envueltos en el suave rumor de las hojas temblonas del árbol de las confidencias.
NOTA: En chino mandarín Meiying es flor hermosa.
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