24 ago 2026

La Perejila

Así se llama la vendedora del puesto de legumbres de la plaza de San Fernando. Es el nombre que ha heredado de su madre, su abuela y de no se sabe cuántas antepasadas. Su puesto se compone de una silla donde asienta sus posaderas, unos sacos siempre abiertos donde muestra su mercancía y una lona que, atada por un lado a las cartolas de un carro y por el frente a una farola de la calle, protege a la mercancía y a ella del sol y de la lluvia ocasional. Tiene una lengua muy suelta y una cabeza ocurrente, por lo que no faltan curiosos y compradores en el puesto. Ayer, por ejemplo, me acerqué allí y vi cómo separaba los garbanzos negros de un saco y se los tiraba al burro que tenía detrás ramoneando en un arbusto. Un paisano no pudo resistir la curiosidad. Perejila, falta le hacen al pollino, que lo tienes muy flaco. Bien listo que se ha vuelto, respondió. Pocos garbanzos te dieron de pequeño, ahora te vendría bien a ti para mejorar tu inteligencia, que tu familia... Para, para, se defendió el aludido. Dame un kg. Las risas acompañaron la venta, pero todos acabamos comprando algo ante la amenaza de La Perejila. El que no me compre garbanzos se queda tonto para toda la vida, si no, fíjense en el burro. Todos miramos al asno y, oh sorpresa, vimos que llevaba puestas unas gafas que parecían, por lo menos, graduadas. De verdad, parecía un CEO.
_________

No hay comentarios:

Publicar un comentario