Viajaba en el tren en un trayecto largo de esos que dan para charlar con otros pasajeros, mirar el paisaje, tomarse un tentempié e incluso dormir. Dormir, eso es lo que me pasó. Cerré los ojos y no sé el tiempo que estuve totalmente perdido en los brazos de Morfeo. Al despertar vi que algunos me estaban imitando, otros seguían en vela impasibles. De pronto me entró una angustia al comprobar que no tenía el móvil. Registré mis bolsillos, miré en el suelo, en mi asiento y no lo hallé. Me lo han robado, pensé. Escruté la cara de todos y todos se convirtieron en sospechosos, en todos vi indicios de la autoría, a todos odié y temí, de todos hice hipótesis que les incriminaban. Al poco noté un sonido suave y familiar que siguió in crescendo. El corazón me dio un vuelco y la sensación de alivio ocupó mi mente. Palpé uno de los bolsillos de mi chaqueta que no había revisado antes y allí, efectivamente allí, estaba el causante de mi zozobra. Otra sensación empezó a dominarme. Me sentí un miserable.
_________
No hay comentarios:
Publicar un comentario